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Pasión sin distancias

Este año son tres los representantes del Interior en el Carnaval montevideano, tragando kilómetros y durmiendo en el Velódromo.

La Redoblona en su casa de los fines de semana, el Velódromo Municipal (Foto: Ariel Colmegna)
La Redoblona en su casa de los fines de semana, el Velódromo Municipal (Foto: Ariel Colmegna)
La Clave se cambia al lado de su amigo de todos los días: el ómnibus (Foto: Fernando Ponzetto)
La Clave se cambia al lado de su amigo de todos los días: el ómnibus (Foto: Fernando Ponzetto)
Sociedad Anónima tiene un ida y vuelta diario a San José, con escala en Santa Lucía (Foto: Fernando Ponzetto)
Sociedad Anónima tiene un ida y vuelta diario a San José, con escala en Santa Lucía (Foto: Fernando Ponzetto)
Varios de los miembros de La Clave trabajan en la zafra veraniega del Este (Foto: Fernando Ponzetto)
Varios de los miembros de La Clave trabajan en la zafra veraniega del Este (Foto: Fernando Ponzetto)
Los de Fray Bentos se consideran una murga "clásica", nada de "stand up" (Foto: Ariel Colmegna)
Los de Fray Bentos se consideran una murga "clásica", nada de "stand up" (Foto: Ariel Colmegna)
La sede montevideana de Sociedad Anónima es la de AUTE (Foto: Fernando Ponzetto)
La sede montevideana de Sociedad Anónima es la de AUTE (Foto: Fernando Ponzetto)

LEONEL GARCÍA

Aún acostados en sus camas, todavía mateando con parsimonia, sería el colmo que la murga La Redoblona llegara tarde a su primera actuación en el tablado del Velódromo Municipal. Más que el colmo es imposible: viven ahí de viernes a domingo, repartidos en cuatro habitaciones en sus entrañas, alojamiento logrado gracias a una gestión de la Intendencia de Río Negro. Fray Bentos está a 310 kilómetros de Montevideo, pero ellos son más dueños de casa que cualquiera de los otros participantes en el Concurso Oficial del Carnaval. Son las 19.25, las caras ya están pintadas, las voces se calientan con cantos y las gargantas con un vaso de whisky que se reparten entre diecisiete. Es el primer año de estos fraybentinos en estas lides y están dispuestos a disfrutarlo, sorprendidos por el profesionalismo que hoy ostenta la fiesta, acostumbrándose a la puntualidad que exigen público y empresarios, gratificados por la efusividad de la gente. Esto último es algo muy resaltado por los conjuntos del Interior.

Desde que la murga La Salsa Picante llegara de San José a principios de los 60, se hizo habitual que los grupos del Interior se aventuraran en la más montevideana de las fiestas populares. En esta edición 2016 hay tres conjuntos no capitalinos: a los debutantes de La Redoblona se les suman la murga La Clave, que llegaron por primera vez desde San Carlos en 2009, y los hiperconsagrados humoristas maragatos Sociedad Anónima. El costo económico de los traslados y la estadía, o el tiempo usado en ir y volver en el día, es el principal obstáculo para que haya más embajadores.

"El sacrificio es impresionante. Y hoy es más difícil que antes porque la economía está más complicada", sostiene Rodolfo "Fito" Lacava, otrora director de la murga Los Rebeldes, de San José, que debutó en Montevideo en 1995 y sorprendió con un estilo con mucho parlamento y apuesta a lo teatral, tal como luego impondría el fenómeno de Murga Joven. "Y yo me pregunto, ¿cómo puede hacer esto esta gente? ¿Cuánto amor al Carnaval tienen que tener?".

Pasión.

El césped, ahí en plena calle fuera del Gigante del Buceo, hace las veces de vestuario para La Clave. Así, el ómnibus sirve de pantalla contra un viento que sopla bastante en Propios y Rivera. Ahí se ponen sus trajes, hechos de materiales reciclables como botellas de plástico, tapitas y guantes de látex.

Son las 20.50 y los carolinos, que partieron de su ciudad a eso de las 18.30, están por afrontar su primer día fuerte de tablados: tres. Aun si tuvieran uno solo, la murga iría y volvería igual a San Carlos, a 130 kilómetros de Montevideo; sería gratis ya que apenas les daría para pagar la locomoción, pero decir que no sería ponerse la lápida ante los dueños de escenarios. "Haciendo dos... nos da para un choripán, una cerveza y tá", ríe Álvaro "Pato" González, el director. Y hay que regresar. Además de la zafra de Carnaval, en el Este hay zafra estival. Y al conjunto lo integran obreros, pintores, mozos y empleados de supermercados que tienen que estar de pie a las siete porque Momo no les va a parar la olla. Si no hay pasión por esto —y mucha—, no se entiende. Al menos las dos horas de regreso sirven para dormir.

A las 21.12 asumen la difícil tarea de romper el hielo en el Buceo, ante un público más bien escaso. Terminan media hora después y parten hacia el Monumental de la Costa, en el Parque Roosevelt. De nuevo a escena a las 22.09, ante una audiencia mayor y una recepción mejor. 22.33: Aplausos, fotos, saludos y de nuevo salir volando, ahora al Velódromo. Alguno comenta que la programación la dio el enemigo: "No es changa esto de entrar, salir y volver a entrar a Montevideo".

Clave de Murga nació con ese nombre en 1998. Luego de participar en los concursos regionales decidieron embarcarse en la aventura mayor. "Muchachos, ¿les parece venir de tan lejos?", fue la alentadora bienvenida que le hicieron en Daecpu cuando se inscribieron para la prueba de admisión en 2008. Aún así, la acogida fue amable. "Éramos indefensos, no le hacíamos mal a nadie. La macana fue cuando comenzamos a terminar quintos (2010), terceros (2011). Ahí sentíamos que estábamos molestando", dice el Pato. Ahí, asegura, comenzaron a conocer "el lado feo" del Carnaval. Fiel a los códigos de Momo, no se explaya. El público, en cambio, siempre los abrigó.

Como La Redoblona, La Clave tiene un club propio en su ciudad para obtener financiación. La otra es la organización de festivales y la colaboración de la Junta local. Es difícil que las grandes firmas de la zona apoyen, así que son fundamentales los contactos con medianos empresarios amigos. "Básicamente, es ayudar a la murga del pueblo", señala el director. Letra, maquillaje, vestuario y puesta en escena les significa este año un millón de pesos, muy poco para los números que manejan otros conjuntos.

El "tú" y el acento del Este reinan en el ómnibus. El cocinero Daniel Tizios y el pintor Líber García no piensan en las pocas horas de sueño ni en los pocos pesos que le significan esta quijotada. Con ellos siempre sube Toto, el hijo de uno de los asistentes; tiene 31 años, síndrome de Down y desde hace 16 años es la mascota del grupo, siempre en los tablados, disfrazado como ellos. Así lo hizo mientras recorrían por amor al arte los doce escenarios del Carnaval de Maldonado; lo hace hoy en Montevideo. Y todos ellos vuelven con la felicidad de las ovaciones en el Velódromo, su última escala. "En San Carlos, la postura del público es tipo: a ver qué hacen estos. Acá en Montevideo la gente ríe más, va a disfrutar", dice Alejandro Núñez.

A las 23.34 termina su última actuación ante bastante público. A buscar dónde cenar (hoy podrán elegir) y a volver. "Lo nuestro es más aficionado que las murgas de Montevideo, pero con mucho amor", opina el Pato. "A pesar de las vicisitudes, de no dormir, lo seguimos haciendo año a año. Para nosotros es impensable no hacerlo, pese a no ganar plata. ¡Es fácil amar al Carnaval si es tu trabajo!".

Cercanía.

La camioneta JAC Sunray, con Sociedad Anónima adentro, llega a la sede del sindicato de UTE, AUTE, a las 19.40. Ese local, por Agraciada, es su base de operaciones montevideana. "Acá estamos, pegados a la comisaría (la Seccional 6°), ¡no sé si eso es bueno o malo!", dice Carlos Barceló, director, fundador, alma máter y ahora también chofer. Ahí los esperan la utilería y el vestuario, incluyendo las grandes botas de los Jilgueros de Cerro Ñato. Tienen un par de horas para afinar el espectáculo antes de arrancar la noche.

Más de uno asalta la panadería de enfrente. El viaje diario desde San José de Mayo, con escala por Santa Lucía para levantar a Pablo García e Ignacio Olveira, se hacen sentir en el estómago. Por noche de Carnaval hacen entre 220 y 250 kilómetros; ida, vuelta y recorrida entre escenarios. En total, son tres horas arriba de la van. Pero si algo no los asusta son los kilómetros. Con la agenda bastante completa todo el año y demanda en todo el país, aparte de los cien tablados que harán esta temporada, han sabido de fines de semana de 1.700 kilómetros.

En diciembre, Olveira comenzó a viajar todos los días de Santa Lucía a San José de Mayo a ensayar, 34 kilómetros de ida y de vuelta, de las 19 a las tres de la madrugada. Ahora lo pasan a buscar a las 18 horas, no volverá a casa hasta a las cuatro y se levantará a las siete. Es su primer año en Sociedad Anónima y en el Carnaval de Montevideo. Es administrativo en el Ministerio del Interior, docente y padre de un demandante niño de tres años. En su bolso hay una milanesa, un pan y dos barritas de cereales. Si hay algo que extraña el carnavalero es comer sentado. Pero está disfrutando la experiencia como loco, asombrado de que ya le hayan pedido autógrafos. "Acá hay más profesionalismo. Desde tener un director y ser una cooperativa hay una diferencia. Allá, en el Carnaval del Interior, es más un grupo de amigos el que sale, con una relación más horizontal, opinamos todos".

En el patio de AUTE, la coreógrafa Camila Caneiro no está muy conforme con la presentación y pide repetirla una y otra vez. De todas formas, el ambiente es muy distendido. Doce primeros premios y tres segundos en la categoría en los últimos quince carnavales dan mucha tranquilidad. Sociedad Anónima es el título más ganador de la historia de la categoría, ya están bien curtidos, pero aún permanecen fieles a lo suyo. "Creo que nuestro humor gustó porque reivindicamos a la comunidad pequeña y al pueblo chico. El montevideano extraña eso, es la nostalgia de su propio pasado", dice Barceló.

Los 95 kilómetros entre Montevideo y San José de Mayo permiten que ir y volver a diario no sea descabellado, pero no es la única cercanía que influye. En el Interior (y más en una ciudad de menos de 40 mil habitantes), el humor siempre va a afectar a un vecino, en el sentido más literal del término. "Eso hace que vos pienses cuatro veces qué vas a decir, que seas respetuoso del que piensa distinto. Nosotros vamos a respetar sí o sí, pero vamos a encontrarle la vuelta para decir lo nuestro".

Ana María Perdomo es la esposa de Carlos y también coordinadora del conjunto. A su vez, se alterna con Carlos el manejo de la camioneta; comprarla les salió lo mismo, 22 mil dólares, que pagar dos años de transporte solo para Montevideo. En el conjunto están Paula y Serrana, las hijas de ambos; todo queda en familia. Ana está desde los inicios de esta aventura maragata, en un 1993 con solo seis tablados, hasta este presente hegemónico. Varias veces se han quedado en la ruta y han tenido que acudir a sus paisanos (amigos, familiares, choferes de guinches) para llegar. Pero la gran rotura fue en 2015 y en Montevideo. "Habíamos alquilado un ómnibus para los tablados y luego del tercero, al lado del Cilindro, se rompió. ¡Y teníamos que ir al Geant! Pedimos ayuda por los altavoces y enseguida se prendieron dos autos, un camioncito, un micro y una camioneta. Todos del público y todos dispuestos a ayudar". Una gauchada para los Gauchos Patones.

Representar.

Los integrantes más jóvenes de La Redoblona eligieron una de las habitaciones para ellos. Los más añosos también hacen rancho aparte, pero para dormir mejor. La convivencia, alimentada por un año juntos en pos del sueño montevideano, es buena, matizada por algunos encontronazos a causa del baño del alojamiento: un inodoro y dos duchas para 24 personas. Si la naturaleza llama a más de uno a la vez, habrá que salir y meterse en los sanitarios de las gradas del Velódromo. No es un ambiente de concentración, la noche anterior uno de los miembros no durmió "en casa".

Nacida en 2002, La Redoblona arregló para venir solo los fines de semana. Aún así, esto significa que sus miembros perderán medio o un jornal entero en sus trabajos. No les importa. "Estuvimos tanto tiempo deseando este momento... Para un murguero ir al Teatro de Verano es un sueño. Y lo que más me llena es defender nuestro trabajo, porque el letrista y el arreglador es de Fray Bentos", dice Danilo Fripp, encargado de la puesta en escena, con el mismo tono cordial y grave de todos, tan identificable con el Interior. Solo dos integrantes de la murga habían estado en el Ramón Collazo con anterioridad al debut en el Concurso Oficial, el 25 de enero. Y ninguna de las grandes empresas de Fray Bentos (UPM, por caso), ni las no tan grandes, apoyó esta iniciativa. Así que se solventaron con rifas y la Sociedad Protectora de la Murga, creada por ellos hace cuatro meses, con 300 afiliados.

"Nuestro mayor sponsor es la gente", dice José Coselino, director responsable. Su estilo, resaltan con orgullo, es muy clásico, apegado a las raíces: cantan de principio a fin, alejándose totalmente "de la murga stand up que está de moda" y de la que parecen renegar. En todo caso, sienten que logrando el aplauso de la gente de acá están defendiendo el trabajo de la de allá. Y disfrutan con la fuerza que da no saber si esto se podrá repetir.

Mauro Coselino, hijo del director y uno de los encargados de los arreglos corales, resume la sensación. Está sorprendido por la efusividad del público montevideano y su puntualidad. "Aplauden más y no les cuesta aplaudirte; atienden y entienden más". Allá en Fray Bentos, explica, es posible que la gente se arrime recién cuando ellos arrancan. "Y lo de subir al Teatro de Verano, fue bravo de explicar... ¿vos sabés lo que es subir junto con amigos de toda la vida, de tu ciudad?", dice, calmando la ansiedad al borde del escenario. A las 20.18, con las ultimísimas luces del día y ante un público pocas veces centenario, La Redoblona sale al ruedo. Batería, guitarra, tré. "Muy buenas noches… Carnaval".

ETERNO PAGO DE DERECHO DE PISO

Pese a los más de veinte años de trayectoria y a los doce primeros premios, Sociedad Anónima siente que siempre está pagando derecho de piso. En 2013 "el que estaba haciendo el sonido, se echó a dormir durante nuestra actuación en el Teatro de Verano. Eso con un grupo grande de Montevideo no pasa. En 2014, un tipo de la organización nos hizo un apriete, también durante el Concurso. Tuvimos que aprender a convivir con esas cosas", dice Carlos Barceló. Y cuando ocurrió eso, Sociedad Anónima ya era un conjunto muy consagrado.

DE ARTIGAS, ESCALA EN FRAY BENTOS

Posiblemente ninguno de los participantes en el Carnaval haya recorrido tantos kilómetros como Pablo Ruiz (42). Es fraybentino como el resto de La Redoblona, pero hace 23 años vive en Artigas, donde trabaja en el Coro Municipal. Desde setiembre aproximadamente comenzó a viajar los fines de semana que podía a su tierra natal (a 415 kilómetros de distancia en ruta) para ensayar, cuando la posibilidad de ir a Montevideo comenzaba a convertirse en realidad. "La gente nos está haciendo sentir en casa, te hace sentir más cómodo", dice el murguista —debutante absoluto como casi todos en el Carnaval de Montevideo— en una habitación con cinco cuchetas y una cama bajo las gradas del Velódromo.

Cuando los fraybentinos vinieron a hacer la prueba de admisión, el 29 de noviembre pasado, se quedaron alojados en el Estadio Charrúa.

DE SAN JOSÉ VINIERON LOS NOMBRES QUE HICIERON MÁS RUIDO

A los pioneros de La Salsa Picante luego se les sumó la murga Los Maragatos, trasladándose a Montevideo la rivalidad que ya existía en San José. Varios títulos del Interior han venido a competir, con suerte y recuerdo dispar, en el Carnaval de Montevideo: La Cenicienta (Juan Lacaze), La Timbera (Mercedes), La Obligada (Rosario), Nunca Más (Colonia), entre otras murgas; Antifaces (Paysandú) y Los Traviesos (Durazno), como parodistas.

La periodista especializada en Carnaval Ana Laura de Brito, que comenta la fiesta para El País, dice que hasta el arribo de la murga Los Rebeldes de San José, los conjuntos del Interior eran vistos como "los canaritos" que venían a perder: "había una mirada de condescendencia y se creía que tenían un nivel inferior".

Según De Brito, el nivel artístico que se ve en los concursos del Interior no tiene nada que envidiarle al de Montevideo. "La gran diferencia es la inversión".

Los Rebeldes participaron entre 1995 y 2003. Y en épocas del clásico Diablos Verdes-Contrafarsa lograron hacerse notar: salieron terceros en 1996, 1998 y 2000, y su director, Rodolfo "Fito" Lacava, fue nombrado Figura Máxima del Carnaval 2000.

Si de primeros premios se habla, fue Sociedad Anónima, también maragata, la primera agrupación en lograr tal distinción. Hoy son los más ganadores de la categoría, con 12 títulos, seguidos de La Escuelita del Crimen (9) y Los Bubys (8). "Ellos le aportaron mucho a la categoría, la sostuvieron con nivel. Hubo años que eran casi ellos solos", afirma De Brito. "Y lo hicieron porque armaron un espectáculo distinto, basado en un guión. Eso es algo que no solían hacer los humoristas".

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