VIAJES

Paraísos escondidos para visitar en Argentina

Si ya fue a Buenos Aires, Cataratas y el Glaciar Perito Moreno, lo invitamos a desafiar sus conocimientos del vecino país y acercarse a destinos con paisajes increíbles e historias para recordar.

Bañado La Estrella, Formosa. Foto: La Nación
Campo de Piedra Pómez, El Peñón, Catamarca. Foto: La Nación
Iglesia de Nuestra Señora del Rosario. Foto: La Nación

Los viajes pueden llegar a hacerse vicio. Uno va primero a Iguazú, al PN Talampaya, la Quebrada de Humahuaca y el Glaciar Perito Moreno y se entusiasma. Quiere más. Escucha un nombre que no le suena y se da cuenta de que involuntariamente "para la oreja". ¿Mar Chiquita en Córdoba? ¿La Payunia en Mendoza? ¿Jasimaná en Salta? A continuación, una selección de sitios ideal para quienes buscan ir más allá de los lugares conocidos.

Tolar Grande, Salta

Son tres pequeñas lagunas celestes en medio de un salar blanco inmaculado en las afueras de Tolar Grande. Si los salares son de por sí raros, estas lagunas del color del mar Caribe, sorprenden aún más. Para protegerlas, la municipalidad armó un pequeño estacionamiento, senderos y cartelería que explican que no sólo es peligroso acercarse al borde de las lagunas porque el terreno es frágil y quebradizo, sino que, sobre todo, es muy nocivo para el medio ambiente. Aunque esas alturas puedan parecer un entorno poco propicio para la vida, en 2009 la investigadora María Eugenia Farías, a cargo del Laboratorio de Investigaciones Microbiológicas de Lagunas Andinas, descubrió aquí la presencia de estromatolitos, unos microorganismos especializados en transformar el dióxido de carbono en oxígeno que datan de hace miles de millones de años. Son invisibles al ojo humano, pero están vivos y tienen un alto valor científico.

Gancedo, Chaco

Se trata de un área de 1.350 kilómetros cuadrados donde hace 4.000 años cayó una lluvia de meteoritos. Está justo en el límite con Santiago del Estero, y a 15 kilómetros de la localidad de Gancedo. Los qom piensan que son gotas de sudor del sol; los wichi afirman que son pedazos de la Luna que arrancaron los jaguares a zarpazos. El científico norteamericano William Cassidy, que investigó la zona a finales de los 60 con apoyo de la NASA, fue quien descubrió el meteorito El Chaco, de unas 28 toneladas, que fue —hasta 2016 cuando se descubrió el Gancedo de 30 toneladas — el segundo más grande del mundo después del Hoba (Namibia) y pesa 60 toneladas. Desde 2005 se realiza en Gancedo la Fiesta Nacional del Meteorito. Hay en el lugar un centro de interpretación donde se exhiben algunos meteoritos y se proyecta un documental en 3D.

Ischilín, Córdoba

Unos 120 kilómetros al Norte de Córdoba, este pueblo histórico en el camino entre Deán Funes y Capilla del Monte, se conserva casi como hace 400 años. Especialmente su iglesia de 1730, la única en Sudamérica que los jesuitas construyeron sin participación de esclavos. A cuatro kilómetros del pueblo, en el paraje Loza Corral, se encuentra la casa en la que vivió el pintor Fernando Fader, cuya residencia se ha transformado en un atractivo museo. Su nieto, Carlos Fader, fue quien se ocupó de restaurar buena parte del pueblo y abrió al público la posada La Rosada, que hoy está en manos de Ignacio Castro.

El Peñón, Catamarca

Es un lugar tan asombroso que ha empezado a oficiar de postal de la puna catamarqueña. En las afueras de El Peñón, muy cerca del volcán Carachi Pampa, la actividad volcánica gestó este campo de suelo arenoso donde dominan unas formaciones extrañas de roca color talco y ocre con puntas rosadas, como copos de merengue, que se recortan en diagonales contra el cielo azul. El área, a más de 3.000 metros de altura, tiene una extensión de 25 kilómetros y se la puede recorrer a pie, con la precaución de llevar gorro para el sol y agua. Un cartel sobre la RP 34 indica el acceso, entre el pequeño pueblo de El Peñón y Antofagasta de la Sierra. Es recomendable visitarlo con guía y 4x4, o asegurarse de contar con precisas coordenadas de GPS, porque es muy fácil perderse.

Vinchina, La Rioja

Altas y rojizas formaciones flanquean este pasaje de 12 kilómetros que atraviesa la Sierra de los Colorados por el lecho de un río seco. Fue escenario del rally Dakar, entre otras competencias internacionales, por sus formas imponentes, producto de la erosión del agua y el viento. Las laderas, estriadas de finas vetas de yeso, tienen una textura parecida a la del hojaldre, pero con una inclinación de 45º provocada por los movimientos tectónicos. Se accede desde El Condado, en las afueras de Villa Castelli, a 30 kilómetros de Vinchina, únicamente en 4x4 por un terreno accidentado y semidesértico, aunque también es posible ir en camioneta propia, siempre con un guía, como lo es Mariano Platero (celular llamando desde Uruguay 0054911380-467-5400).

Epecuén, Buenos Aires

Fue en noviembre de 1985, fecha de la gran inundación, cuando el destino esta localidad cambió. Todos sus esplendores quedaron sepultados bajo las aguas espesas del lago Epecuén; las mismas aguas sanadoras —clorosulfatadas, alcalinas, sódicas, bicarbonatadas, bromuradas, azufradas— que por décadas convocaron multitudes y mereció el florecimiento de la villa termal. Se fueron todos de acá y a nadie se le ocurrió apostar a un renacimiento. Solo el balneario municipal, restablecida la calma, volvió a activarse. Tampoco se fueron los flamencos, que siguen dando cuenta de la Artemia salina, crustáceo casi invisible aquí disponible. La Pompeya argentina, en la que destaca la emblemática silueta del matadero de Salamone, es imán para fotógrafos, directores de cine, producciones de moda. Calles desiertas, suelos agrietados, árboles blancos que todavía jalonan, inertes, la antigua avenida Colón; postes de luz caídos, con sus antiguos aislantes de porcelana aferrados al óxido; arquitecturas quebradas que devuelven imágenes inverosímiles de escaleras y ventanas en suspenso; los toboganes sin público de las piscinas; los carteles que indican lugares imaginarios, y los tamariscos cuyas ramas evidencian la dirección del viento en la madrugada fatídica que empujó el agua.

Las Lomitas, Formosa.

Es el tercer humedal más importante del continente americano, después del Pantanal de Brasil y los Esteros del Iberá. Tiene una superficie de 400.000 hectáreas y su origen se debe a los desbordes del río Pilcomayo de 1940, que se intensificaron a partir de 1966. El nuevo ecosistema significó la muerte del bosque nativo (formado por quebracho blanco y colorado, palo santo y algarrobo) y la aparición de otro tipo de flora. Los troncos que se mantienen en pie, hoy se ven cubiertos de enredaderas y las imágenes espectrales que tomaron inspiró a los lugareños llamando a esas figuras chámpalas o chámpales. Es posible observar gran cantidad de lobitos de río, yacarés, vizcachas, carpinchos y osos hormigueros. Las aves reinan, especialmente garzas, cigüeñas y jabirúes. El Jabirú organiza salidas con varios meses de anticipación en la mejor época, que es julio y agosto.

Laguna Diamante, Mendoza

Su lecho es el cráter de un volcán extinto, rodeado de cerros altísimos. Entre ellos se destaca el volcán Maipo, que se refleja en la laguna como un diamante perfecto. Con 14 kilómetros y una profundidad de 70 metros, se encuentra a 100 kilómetros de la localidad de Pareditas. Es uno de los principales reservorios de agua dulce de la provincia. El entorno de escorias volcánicas y aguas cristalinas fue descripto por Antoine de Saint-Exupéry después de que su amigo, el aviador francés Henri Guillaumet, realizara en 1927 un aterrizaje forzoso en la laguna. Estuvo perdido varios días en la cordillera, hasta que fue salvado por un puestero. El sinuoso trayecto que lleva a la laguna parte del refugio Alvarado, la base de guardaparques. Desde allí son 43 kilómetros que pueden hacerse con cuidado en auto común si el camino está habilitado. Entre mayo y septiembre, suele cerrarse por nevadas. La zona es árida y la vegetación, escasa. Suelen cruzarse manadas de guanacos. 

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