Cabeza de Turco I WASHINGTON ABDALA

Pánico a bordo

Hubo una vez en la que los grandes chantas nos vendieron que el debate era entre justicia, igualdad y libertad. Con rostros cual Platón nos dijeron que la clave era cómo la justicia tenía que producir primero igualdad para luego, recién, generar libertad.

WASHINGTON ABDALA

Así, los fieles al mundo "progre latinoamericano" compraron la existencia de una "sociedad justa" en base al sueño de igualdad, sacrificando para ello —si era necesario— cuotas de libertad. Nada de eso existió ni por broma pero como había plata todos callaban cínicamente. ¿Y que pasó? ¡Vivan los shoppings! ¡Vivan los préstamos de dinero! ¡Viva el plástico comprador! Los otros, los que creían que la sociedad justa arribaría por el lado de la libertad —como primer asunto— también se habían equivocado: el capitalismo no se estresa por los pobres, solo los explota, dando la remota chance de salir de ese agujero si se logra avanzar dentro de la movilidad social por alguna razón. Allí aparece la "educación" como motor. Ese fue el pecado criminal del presente. Planes berretas, gente berreta solo produce resultados berretas. ¡Gracias Pepe!

La verdad es que las sociedades justas son las que consolidan la libertad como asunto previo para luego inventar, crear, hacer y producir. Los indicadores son elocuentes: los países con mejor desarrollo del mundo son los primeros en calidad de vida en desarrollo humano, y casualmente, son todos capitalistas. Punto. Allí se va hacia energías alternativas y se buscan alimentos que no nos envenenen. El resto anda pidiendo limosna y viendo cómo garronear un fainá hecho con agua limpia. Allí la expectativa de vida crece mientras en África los matan todas las pestes. Es verdad, ya no hay espacio para el capitalismo asesino de Henry Ford, se requiere ahora de un capitalismo distinto. Hay que entenderlo y no temerle. El prejuicio solo nos hace tontos. Está lleno de vivos de izquierda que lo entienden mejor que los viejos patricios de derecha.

Señores, hay que decirlo con todas las letras: el capitalismo con un Estado sensato produce libertad con algún grado de justicia (no toda la requerida, es cierto, pero no hay otra) y desde esa plataforma se puede buscar más igualdad. Todo lo demás son estupideces. Marx también se equivocó en esto con sus erradas predicciones creyendo que la dictadura del proletariado algún día vendría a salvarnos. Una chotada mayúscula. Y sus malos seguidores aún más imbéciles. ¿Está claro? (díganle a Olesker que se morfó un chuco). Acá, en la región, nos gobernaron con el cuentito de creer que se decretaba la felicidad colectiva con Estados que no se ocuparon de lo central (desarrollar economías) mientras se reproducían cleptocracias en la administración con los recursos de la gente (nunca un apellido como el de "Sendic" tuvo tanta mitología y va a terminar siendo una palabra pecaminosa). Eso le pasó a buena parte de los mesianismos latinoamericanos: fundieron lo poco que había, creyendo que todo iría mejor con ellos por que sí. Como siempre, la verdad está en el justo medio: es necesario un capitalismo real que permita el progreso de la gente con Estados que orienten esos procesos sin succionar a las clases medias (que son el motor de las economías) y sin clientelizar a los pobres como mercancía prebendaria y voteril. Todo lo demás es pura cháchara. ¡Ah! Y no nos enamoremos del capitalismo, solo soportémoslo. Pero no hay otro asunto, hasta la dictatorial China lo sabe, o el propio Vietnam donde fueron de visita los viejitos nuestros y no aprendieron nada. Solo comían y hacían reverencias. ¡Glashias! ¡Tolo al shanto botón! ¡Glashias!

Acá, ahora, para dolor de cabeza de los gobernantes, se instaló una revolución silenciosa de enojo colectivo porque ya no les creen. Torpes de marca mayor que desaprovecharon su tiempo histórico de prosperidad. La libertad con justicia no se construye con gente amateur. Uno mira los cuadros de gobierno y la mayoría son buenos muchachos que casi nadie contrataría en su propia empresa ni para vender chicles Plop (usados). Para alguna murga capaz sirve alguno, pero nada más. Solo terminaron allí por meritocracia política y obsecuencia. Ancap lo demostró. Estamos ante un lío de la gran siete. ¡Pánico a bordo!

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