CULTURA

Los otros escenarios

Cada vez son más los bares que brindan un espacio para que artistas emergentes o aquellos que quieran un lugar diferente a una sala de teatro, puedan mostrar su arte.

Improblemas fue pensado para el formato de un bar. Foto: Endo Fotografía
Improblemas es un espectáculo de improvisación. Foto: Endo Fotografía
Feliz cumpleaños se estrenó también en Buenos Aires. Foto: Virginia Scarfia
Cuenta la historia de tres mujeres asesinas. Foto: Virginia Scarfia.
La poética del progreso fue escrita y dirigida por Martín Solari. Foto: Maira Canepa
Piensa reestrenarla en 2018. Foto: Maira Canepa

Sacar al arte de las paredes de un teatro. Llevarlo a un lugar distinto, bien distinto. Descontracturar el protocolo. Ofrecerlo para todos. Desde hace ya unos cuantos años, varios grupos de jóvenes eligen estrenar una obra en un bar. Es que en Montevideo son muchas las opciones que además de funcionar como bar, también son "teatros". Si bien es más común que estos lugares tengan espacios para que bandas y músicos puedan presentarse, también operan como salas para que directores y grupos independientes pongan sus piezas. Los motivos para elegir un bar y no un teatro convencional son, en general, variados: desde económicos hasta de puesta en escena, desde comerciales hasta la intimidad con el público. Lo cierto es que ir a un bar a tomar algo y disfrutar de una obra, es una experiencia distinta, distendida y recomendable para los teatreros y los no tanto.

Elegir.

Javiar Machado, Nicolás Muñoz y Franco Sena empezaron a hacer Improblemas por la propuesta de un bar. "Nos motivaron a crear un espectáculo de improvisación y ahí creamos una productora, Zeus", cuenta Javier. El espectáculo tiene un formato match: cuatro improvisadores, que rotan en cada uno de las funciones y un moderador, que crean diferentes escenas a partir de consignas distintas. El show, dice Javier, fue pensado exclusivamente para presentarse en un bar y desde que empezaron a hacerlo, el año pasado, siempre les ha funcionado. "Hay que saber qué propuestas son para llevar a un bar y cuáles no", aclara el actor. Así, lo que ellos plantean con este espectáculo, que se presenta todos los jueves en Tazu Teatro Bar, es un formato "más de previa, más de fiesta, donde la gente pueda ir y no tenga todo el protocolo de la sala, donde pueda comer, tomar algo, disfrutar. Que sea un evento y no tanto una propuesta teatral", dice. Los objetivos que persiguen con presentar esta propuesta en un bar son esencialmente comerciales.

En este sentido, dice Javier, el bar les ofrece algunas facilidades. En primer lugar, no les cobran el costo fijo que sí piden las salas y eso, para un grupo joven que hace teatro, es mucho. Pero además los bares los ayudan con la difusión del espectáculo. De esa forma no le llega solo al público que va al teatro, sino que también alcanza a quien sigue al bar. Y, aunque con Improblemas el objetivo principal era comercial, Javier cree que presentarse con un espectáculo en un lugar así los ayuda a captar gente: "Las personas que van al bar no son las mismas que van al teatro, eso te amplía el público, y no quedamos reducidos solo a la gente que va al teatro. En el bar se puede dar la posibilidad de gente que va a tomar una, se encuentra con el show y eso te ayuda a captar público potencial para una sala de teatro".

En 2013 Martín Solari escribió y dirigió la obra La poética del progreso, que ganó esa edición de la Movida Joven —un evento cultural para jóvenes de entre 12 y 35 años, organizado por la Secretaría de Infancia, Adolescencia y Juventud de la Intendencia de Montevideo—. La estrenó en la Farmacia Solís y en los dos años siguientes la presentó en el Bar Barbacana. "La obra se desarrollaba en un bar y tenía música en vivo, la escribí para un espacio así, en una sala no iba a funcionar", dice Martín, que es docente de teatro y está cursando la Tecnicatura en Dramaturgia de la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático. La poética del progreso era "una historia adentro de un bar donde diferentes personajes luchaban por la supervivencia. Había una figura que era como un ángel que iba controlando a todos los humanos y a medida que pasaba la noche se iban convirtiendo en animales", cuenta. Allí, dice Martín, podía manejarse como le pareciera: "Yo decidía los precios de las entradas, la forma en cómo poner al público, tenía una independencia que en una sala no existe".

Para Bruno Acevedo, su obra Feliz cumpleaños, también funcionaba en la lógica de un bar. "Mi intención es trabajar en espacios no convencionales y la atmósfera del relato invitaba a ser exhibido en bares. Generalmente las salas demandan un fijo para estrenar. Nosotros estamos emergiendo en el espectro teatral y elegimos usar otros espacios apostando a un público variado. Tomarse una cerveza y disfrutar de una obra es una experiencia altamente recomendable", dice.

La obra, escrita y dirigida por Bruno, cuenta la historia de tres mujeres asesinas, que a través de monólogos y poemas, develan el motivo de sus crímenes. Además, este año la montaron en el centro cultural y bar La hormiga de oro, en Buenos Aires, y luego en el bar Fénix, de Montevideo. "En Buenos Aires teníamos un escenario convencional enfrentado a las mesas de los comensales. Acá, acondicionamos el segundo piso del lugar para simular una pequeña salita de teatro".

Propuestas.

Tundra es un bar, pero también es un espacio de encuentro cultural. La idea, dice Nahuel, que junto con Carolina está al frente del lugar, es que haya una propuesta de arte variada. "Que vaya desde ferias de libros, exposiciones, ciclos de cine, música. Apuntamos a darle el espacio a bandas under, que de repente no tienen otros lugares para tocar. Siempre apostamos a los artistas independientes", cuenta. Así, en Tundra no solo se han presentado bandas, sino que se han hecho ciclos de lectura de poesías, ferias de publicaciones independientes y ciclos de cine.

En el bar Fénix, en tanto, ubicado en la esquina de Juan Carlos Gómez y Reconquista, las propuestas siempre son variadas. Allí, ya fueron dos las obras de teatro que se presentaron y Federico, al frente del lugar, va por más. En general, dice, el público responde bien a todas las propuestas culturales que se presentan allí. "Es un ambiente distinto al de un teatro, más íntimo, más cercano", explica.

Es que eso, la intimidad y cercanía, el ambiente distendido y la posibilidad de mostrar su arte al público, es lo que todos los artistas valoran de tener estos espacios.

Tazu Teatro Bar, que funciona desde agosto de este año, es un espacio ideal para las manifestaciones culturales: tiene un escenario (convencional) con muy buenas condiciones de iluminación y de sonido. Agustín Lezama, uno de los encargados, dice que el lugar está abierto a todas las propuestas culturales y artísticas que les lleguen, aunque intentan mantener cierto perfil. "La idea siempre es captar nuevas propuestas y nuevas opciones para que la gente pueda llegar a conocer un lugar que creemos que es un poco diferente a las opciones que hay en Montevideo", cuenta Agustín. De esta forma, brindan el espacio para que aristas emergentes puedan mostrarse, pero también para quienes quieran optar por un lugar distinto.

Nueva forma de consumir cultura.

De noche, especialmente los fines de semana, las propuestas culturales que ofrecen los bares son variadas y hay para todos los gustos. Algunos, como Tazu Teatro Bar, cuentan con un escenario convencional que permite a los artistas trabajar en buenas condiciones de iluminación y de sonido. En este sentido, cada vez son más los espacios no convencionales que combinan arte y entretenimiento, y que tienen diferentes ofertas cada noche. Ir a tomar algo y disfrutar de una obra de teatro, de escuchar a una banda en vivo, de ver buen cine, de escuchar poesías o de ver un show de stand up son otras formas válidas de consumo cultural, que se aleja en parte de estructura convencional y que, entre otras cosas, en ocasiones ayuda a que el público conozca diferentes propuestas. Entre otros, se podría mencionar a Fénix, Clandestino, Barra 7, Tundra y Escaramuza.

Un bar en cada orilla del río.

Feliz cumpleaños nació como un proyecto de egreso liceal, que después fue premiada como una mención especial en Movida Joven. La historia se centra en tres mujeres asesinas, parte de los feminicidios como disparador y aborda temas como la violencia doméstica, el acoso laboral y el abuso sexual infantil. Escrita y dirigida por Bruno Acevedo, siempre fue puesta en bares. Primero en Buenos Aires, donde tenían un escenario convencional y luego en Montevideo, donde acondicionaron el lugar para simular una sala de teatro.

Una obra que quiere volver.

Martín Solari estrenó su obra La poética del progreso en 2013 en la Farmacia Solís y luego estuvo por cuatro meses haciéndola en un bar que se adaptaba a la escenografía que requería. Tiene pensado reestrenarla el próximo año, también en un bar, que es el espacio idóneo para esta puesta. "Los bares tienen como un encanto diferente. Cuando vas a ver obras no convencionales, por ejemplo en el inicio, te metés en la historia desde antes. En una sala tenés que esperar hasta que se apaguen las luces, hacés como un clic, en un bar eso no sucede", explica.

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