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Con los ojos bien abiertos

Unos 700 guardavidas se encargan de vigilar y proteger las playas. Cómo se forman, cómo trabajan y cómo son los rescates.

Los guardavidas trabajan los siete días de la semana en temporada.. (Foto: Fernando Ponzetto)
Los guardavidas trabajan los siete días de la semana en temporada.. (Foto: Fernando Ponzetto)
Un aspirante a guardavidas durante una prueba (Foto: Ricardo Figueredo).
Un aspirante a guardavidas durante una prueba (Foto: Ricardo Figueredo).
La tarea de prevención es esencial para los guardavidas. (Foto: Marcelo Bonjour)
La tarea de prevención es esencial para los guardavidas. (Foto: Marcelo Bonjour)
Alejandra Bazán en su puesto de Pocitos. (Foto: Fernando Ponzetto)
Alejandra Bazán en su puesto de Pocitos. (Foto: Fernando Ponzetto)
Nelson Clavera, presidente de la Asociación Nacional de Guardavidas. (Foto: Fernando Ponzetto)
Nelson Clavera, presidente de la Asociación Nacional de Guardavidas. (Foto: Fernando Ponzetto)
Guillermo Rodríguez y Daniel Molina, guardavidas en la playa Brava de Atlántida. (Foto: Fernando Ponzetto)
Guillermo Rodríguez y Daniel Molina, guardavidas en la playa Brava de Atlántida. (Foto: Fernando Ponzetto)

LUIS PRATS

En un segundo, el veraneo feliz se estaba convirtiendo en drama. El hombre perdió pie en Montoya y desapareció bajo las aguas. José Luis Salazar, guardavidas desde hace 30 años en playas de Maldonado, lo vio, corrió y se zambulló para rescatarlo. "Como el agua es cristalina, uno ve las caras de las personas que se hunden. Iba corriendo y lo veía. Recuerdo aquel rostro, tenía barba. Parecía Jesucristo ahogándose. Lo último que vi fue su mano que se estiraba hacia mí. Alcancé a tomarlo de la mano y pude rescatarlo", relata.

Cuando se producen estos episodios límite, la felicidad playera se convierte en angustia y cientos de ojos buscan a los funcionarios de remera roja. Ocurrió también hace pocos días en Cabo Polonio, con el mismo final feliz del rescate de una mujer y su sobrina, que despertó el aplauso de la gente.

Ellos están allí siempre, aunque a menudo despierten menos atención que el tamaño de las olas o las nubes que se vienen, los muchachos que juegan al fútbol en la orilla, el tamaño de los bikinis, el hombre que hace gimnasia o la mujer que conversa en voz demasiado alta. A veces salen en la prensa debido a alguna controversia con las autoridades, "porque aquí nadie se acuerda que siempre, después de la primavera, viene el verano y se cae en la improvisación", según comenta Nelson Clavera, presidente de la Asociación Nacional de Guardavidas y coordinador del curso de la especialidad en Montevideo.

Pero cuando llega el verano, están de lunes a domingos, sin días francos, atentos al devenir de las olas y a los movimientos de los bañistas. Alrededor de 700 personas cumplen la tarea de guardavidas en todo el país (en Montevideo son unos 170). "No sabemos si son todos titulados, a veces las intendencias contratan baqueanos con conocimientos de natación", dice Clavera. Muchos llegan de actividades vinculadas con el agua: nadadores, surfistas, buceadores, competidoras de nado sincronizado.

El ingreso.

Cada año el Instituto Superior de Educación Física (ISEF) realiza un curso para la especialidad, precedido de un exigente examen en Montevideo y, alternadamente, en Maldonado y Paysandú. Se inscriben entre 120 y 150 personas y el cupo para la prueba es de 45, pero no siempre se llega porque los aspirantes no reúnen las condiciones.

Además, la propia prueba es severa, con nado en aguas abiertas, corridas y siempre con requerimiento de tiempos mínimos. El año pasado apenas 26 aprobaron. Quienes lo superan inician un curso de 16 semanas en dos módulos, que incluyen temas tan diversos como técnicas de salvamento, meteorología, ética del guardavidas, dinámica costera y primeros auxilios, entre otros puntos. Los que salvan están en condiciones de integrarse a las brigadas, que son municipales.

Su régimen.

"Nos dicen a veces: Qué vivo sos, te pasás el verano en la playa. Y no saben que estamos los siete días de la semana en la playa, sin descansos, hasta que termina la temporada", comenta Guillermo Rodríguez, quien desde 2003 trabaja en Atlántida.

El régimen difiere según la intendencia que se trate, pero en general los guardavidas trabajan de corrido todo el verano. Después se toman la licencia anual y los francos generados por estar presentes incluso sábados, domingos y feriados. Los que están presupuestados se dedican el resto del año a dar apoyo a clases de natación para niños (pero no enseñan estilos, para no invadir el área de los profesores de educación física), brindar talleres sobre seguridad en el agua o actuar en la preservación de las costas. Por ejemplo, en varios clubes del Municipio E montevideano se cumple desde hace cinco años el programa "Todos al agua", con alumnos de escuelas públicas. Y, por supuesto, entrenan para estar en forma cuando el servicio los llama.

En Montevideo son tan empleados municipales como tantos otros. Tienen su escalafón y un sistema de calificación (las playas a atender cada año se eligen de acuerdo a un sistema de antigüedad calificada). Los zafrales son los últimos en escoger y generalmente forman los retenes, asignados a una zona más amplia para cubrir eventuales ausencias de otros guardavidas.

Cada turno es de seis horas. Existen relojes para marcar la entrada y la salida (se hace con el dedo) en las principales playas de Montevideo. Es obligatorio concurrir, aunque se trate de un día tormentoso. La función tiene otras complicaciones: no hay baños especiales para los guardavidas y deben utilizar los baños químicos generales, algo bastante engorroso los domingos, por ejemplo.

Los riesgos.

"En ISEF hicimos una investigación y resultó que 94% de los ahogados se debió a que se bañaban en zonas no habilitadas, sin guardavidas o fuera del horario de los guardavidas", explica Clavera.

"A nivel mundial, el 80% de los accidentes se debe a la acción de las corrientes de retorno, que algunos llaman corrientes de la muerte. En el Río de la Plata no es tan notorio, pero sí en el océano. El agua que llega a la playa se tiene que ir por alguna parte y generalmente lo hace por las puntas, donde incluso se forman canaletas", indica en tanto Armando Martínez en la playa de los Ingleses (Montevideo).

Salazar cuenta que a diez metros de su puesto en Montoya se formó un canal con la corriente de retorno que le está complicando el trabajo. Esas corrientes también cambian de lugar dentro de la bahía debido a la dinámica del océano. En plena entrevista, Salazar observa un surfista en problemas, pero ya está corriendo hacia allí su compañero de puesto. El accidentado tiene una tabla grande y sale a flote.

Los guardavidas entrevistados sostienen que el comportamiento de la gente es un problema más importante que la peligrosidad de la playa. "La evaluación que cada uno hace del peligro frecuentemente es equivocada. Muchos creen que tienen más herramientas que las que cuentan si se produce una situación de peligro", cuenta Daniel Molina en su casilla de la Brava de Atlántida. Hace poco tuvo que sacar del agua a una mujer con elevado nivel de alcohol en la sangre, pero también hay peligro si el niño es chico, cuando la madre descuida al chico y lo tapa la ola, aclara.

Rodríguez, su compañero de puesto, destaca que "cada playa es un mundo, con dinámicas diferentes, gente y costumbres diferentes. Yo trabajé en un río, en la desembocadura de un arroyo, una playa brava y otra mansa". Agrega que la procedencia del público también juega su papel: "Por ejemplo, al Buceo llegan varios ómnibus que traen gente de otros barrios alejados de la costa. Cuando el público de la playa es local ya conoce más los riesgos", dice.

La Mansa de Atlántida casi no tiene oleaje, pero los espigones que surcan la playa son un problema desde su propia construcción, que generó un cambio en la arena. Además, el espigón se ensancha bajo el agua y en algunos casos hay hierros que sobresalen de la estructura. "Por eso es muy peligroso bañarse cerca y más zambullirse desde ahí", asegura Molina.

La respuesta.

La emergencia de un ahogamiento no es la que recrean las películas o las historietas: el damnificado no agita los brazos y grita pidiendo socorro, simplemente se hunde. En un momento está y luego desaparece. Para prevenir las crisis, "el guardavidas tiene que ser muy observador, casi chusma", asegura Clavera. "Miramos todo, desde que la gente baja a la playa, para anticipar su comportamiento".

El guardavidas que observa un accidente tiene que salir de inmediato al rescate con los implementos de salvamento, pero antes avisa a su compañero. Este debe comunicarlo a su vez a los puestos más cercanos. Los guardavidas de los costados van a cubrir ese lugar que quedó vacío por el rescate. Luego de llegar junto a la persona accidentada, se espera al compañero para que colabore. Con técnicas de remolque se saca al accidentado. Ya en el agua se inician las técnicas de reanimación, que continúan en la orilla. Mientras tanto, se llama a la emergencia médica (en Montevideo UCM cubre todas las playas por convenio).

En Montoya, donde puede haber más de 600 personas en el agua al mismo tiempo, sin contar los surfistas, se adoptó una idea nacida en Australia: establecer zonas de baño entre dos banderas. Los surfistas pueden ir allí a practicar su deporte y así evitar los posibles accidentes. El lugar de baños puede cambiar de ubicación según las condiciones del mar, que es muy dinámico. "La idea ha resultado y la propia gente nos pide marcar esa zona", cuenta Salazar.

Después de cada accidente, los guardavidas tienen que hacer un parte para registrar las características del mismo, las del accidentado y cómo sucedió. Toda información es guardada y analizada, para generar estadísticas y apuntalar la prevención.

Sin embargo, Molina y Rodríguez se anticipan a las estadísticas: para ellos, los días más complicados son los festivos en primer lugar (25 y 31 de diciembre, 1° y 6 de enero), luego los domingos, después los sábados. "Son los días de más trabajo simplemente porque viene más gente a la playa", aseguran.

"Hay gente que ni siquiera conoce el significado de las banderas verde, amarilla o roja. Por eso es muy importante la tarea de divulgación que hacen los guardavidas en las escuelas", sostiene Rodríguez.

Otros problemas.

Todas las tardes, Alejandra Bazán está en Pocitos, a la altura de la calle Martí. Hace 20 años que es guardavidas y desde 2000 está en esa playa. Además, es profesora de educación física y trabaja en el club Nautilus. Es una de las alrededor de 15 mujeres guardavidas en Montevideo.

"Siempre alguna broma hay, como que me recuerden a las chicas de Baywatch o me digan Si me estoy ahogando salvame vos, pero nunca me faltaron el respeto", cuenta sonriendo.

La parte central de Pocitos, asegura ella, es tranquila. Los mayores problemas se dan del lado de Buxareo, más profundo, donde hubo varios rescates la semana pasada. "Lo que se dan son accidentes en la arena, algún ataque de epilepsia. Si eso ocurre, también tengo que intervenir para dar primeros auxilios. Y enseguida se avisa al personal médico que está en la punta de la playa. Hace poco vi a una persona que estaba en el agua en una actitud rara. Luego descubrí que había perdido el equilibrio y quedó flotando pese a que era una zona donde se hace pie. Cuando llegamos hasta él vimos que tenía espuma en la boca. Era una crisis de epilepsia. Enseguida lo sacamos y recuperó los signos vitales. Por esta zona hay que caminar mucho para no hacer pie, pero el riesgo está donde haya agua. El problema mayor es la imprudencia de la gente", explica.

En playas muy concurridas, como Pocitos o Buceo, se registran problemas que nada tienen que ver con el mar, como robos y violencia. El año pasado hubo un herido de arma blanca por una discusión en un partido de fútbol cerca del estadio Arenas del Plata, siempre en Pocitos. "Este año viene más tranquilo", según Bazán.

Equipo.

"La tarea de prevención, el cuidado de los niños y el público en general es muy gratificante. Darle la mano a alguien cuando se está debatiendo entre la vida y la muerte eso también queda", asegura Salazar.

El guardavidas de Montoya observa que las playas en Punta del Este y en el resto de la costa océanica "vienen complicadas este año".

"No hay que distraerse, por eso una reinvindicación básica es el trabajo en equipo —enfatiza—. Que seamos por lo menos dos por puesto. No queremos dejar solo al compañero. A veces, al final del turno, nos quedamos un rato más cuando hay mucha gente en la playa. Los guardavidas somos un mundo, pero la solidaridad en el servicio se va transmitiendo de generación en generación. Cuando yo llegué existía ese mismo sentimiento. Si un compañero hace un rescate es una satisfacción para todos. No hay palabras para esa tranquilidad".

Con torpedo, faja y patas de rana.

El equipo para los salvamentos consiste en un flotador (conocido como torpedo), de origen estadounidense, una faja de un material flexible que se le coloca al accidentado para sacarlo del agua, de origen australiano y las patas de rana. A ello se agrega un largavistas, celular con claves y hasta protector solar, además de la característica indumentaria de color rojo. Todo provisto por las intendencias. "Algo que se aprende durante la formación es la utilización de los materiales. No usarlos puede ser considerado negligencia", comenta Nelson Clavera.

Rojo, verde, amarillo y hay más.

El color de la bandera que se coloca en la casilla representa una decisión del guardavidas, de acuerdo a su experiencia y conocimientos sobre la playa que le toca cuidar. A las ya tradicionales banderas verde, amarilla y roja, que siguen los códigos de los semáforos, se agregó hace tres años la bandera sanitaria (roja con una cruz verde), por la eventual presencia de cianobacterias o colifecales. Los guardavidas hicieron cursos y tienen instructivos por escrito para tomar también esta decisión, además de la información que aportan las mediciones de los servicios municipales. En Canelones, Maldonado y Rocha se implantó una bandera negra con un rayo, para indicar tormenta eléctrica (en Montevideo todavía no se protocolizó esta señal y para estos casos se usa la bandera roja). Y en Maldonado se estrenó otra con el dibujo de dos medusas, que señala la presencia de aguavivas. Además están las banderines de la orilla, que señalan peligros concretos y permanentes, como rocas o corrientes de retorno.

Procuran una ley que regule y defienda su labor.

Los guardavidas son, en todo el país, funcionarios municipales, aunque su situación varía mucho según el departamento. La principal diferencia existe entre los presupuestados y los zafrales. En Rocha, por ejemplo, todos tienen un contrato a término por siete meses y medio. Tras el conflicto desarrollado a fines del año pasado lograron que para la próxima temporada el contrato llegue a ocho meses.

"Pretendíamos lograr una anualidad tendiente a nuestra presupuestación. Cuando se termina el contrato quedamos sin cobertura médica. Y no tenemos aportes jubilatorios. Un guardavidas en Rocha no se puede jubilar", explica Horacio Speroni, presidente de la Asociación de Guardavidas de Rocha.

Tras el conflicto se instaló una mesa de trabajo con ministerios, las intendencias y las diferentes brigadas para impulsar una ley que regule a nivel nacional la tarea de los guardavidas. Hay un proyecto de ley desde 2002 y los guardavidas pretenden actualizarlo y lograr su aprobación en esta legislatura.

En Rocha, al término del contrato, algunos se desempeñan como profesores de educación física, pero hay quienes trabajan en la construcción o algún otro oficio.

"Hay muchos guardavidas que hacen labores educativas y de extensión pero son honorarias. Creemos que son tareas que debemos hacer pero como parte de nuestra profesión para completar la anualidad", señala Speroni.

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