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Nunca habrá vasos vacíos

El entusiasmo por la cerveza le da impulso a quienes quieren hacer sus propios brebajes. La comunidad de cerveceros caseros crece y sigue cultivando su pasión.

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Foto: Fernando Ponzetto

Hace unos diez años salían las primeras cervezas artesanales al mercado uruguayo. Esos sabores conquistaron rápidamente muchos adeptos y complementaron la oferta industrial. La explosión de las cervezas artesanales fue la parte más visible del enamoramiento que muchos uruguayos empezaron a tener con los aromas y sabores que emanan de los vasos espumados. Ese crecimiento de la cultura cervecera —con sus IPA, EPA y otras abreviaciones y términos— ya venía gestándose. En 2003 se fundó el Club de Cerveceros Caseros del Uruguay (CCcUy), una organización que reúne a los más apasionados del brebaje, esos que no se contentan con comprar y tomar lo que hacen otros, sino que ponen manos a la obra para cocinarse sus propias cervezas.

Al principio, eran unos pocos y se hacía cuesta arriba producir la propia cerveza. No había una oferta amplia de ingredientes, ni tampoco demasiado conocimiento sobre los procedimientos. Pero gracias a Internet y, en algunos casos, viajes a Argentina, los cerveceros caseros empezaron a construir su propia comunidad, que hoy goza de buena salud.

Marcelo Girones recuerda que fue, justamente, en viajes a Argentina que se le despertaron las ganas de empezar a cocinar su propia cerveza. Amante de la bebida, siempre andaba buscando nuevos sabores. Unos primos que viven en Buenos Aires le llamaron la atención sobre unas nuevas cervezas disponibles y las probó. A partir de ahí, empezó a pensar en cómo podría hacerse su propia bebida.

Hace dos años arrancó: "Empecé por tutoriales y consiguiendo equipos muy básicos. Luego fui consultando en diferentes grupos que hay, tanto en otros países como acá. No encontraba asesoramiento para principiantes, como para evacuar las dudas básicas. Hasta que participé de un taller acá. Ahí me junté con varios que estaban con la misma inquietud y formé el grupo, éramos siete", dice sobre los comienzos de su grupo de Facebook, Cerveceros Novatos.

Hoy el grupo tiene más de 12.000 integrantes, entre ellos muchos argentinos, que según Girones se sumaron porque "la onda" del grupo es bastante más benévola que en otros. "El grupo creció tanto que ya hay gente que está dando los primeros pasos para convertirse en empresarios y empezar a vender", cuenta Girones. Pero él sigue siendo orgullosamente amateur, al menos por ahora: "Mi objetivo es sacar buenas y ricas cervezas", explica y agrega que seguirá estudiando y haciendo distintos tipos de cervezas, porque nunca se termina de aprender en el mundo de los cerveceros caseros.

En eso coincide Erik Schöderle, actual presidene del CCcUy. Parece que estaba destinado a ocupar ese puesto. Tanto por parte de padre como de madre tiene ascendencia alemana, y en su casa la cerveza siempre formó parte de la mesa familiar.

Erik Schöderle
Erik Schöderle, presidente del Club de Cerveceros Caseros del Uruguay

Además, en 2010 se ennovió con una alemana y se fue con ella a Núremberg, donde estuvo viviendo varios meses. "Descubrí un mundo nuevo", dice y cuenta que cuando regresó a Uruguay, entre examen y examen para recibirse de odontólogo se metía a Internet. Para estudiar y aprender.

Con un extenso manual en la mano —compilado de todo lo que sacó de la web— Schöderle recibe a Domingo en su casa para hablar de su pasión. "Lo que más me gusta es hacer cerveza. Me gusta tomarla, pero mucho más hacerla: pensar la receta, diseñarla, mejorar como cervecero. Y luego compartirla con amigos, con mi gente. No es que no me guste tomar, pero lo hago cada vez menos. Con el tiempo, uno se vuelve más exigente, más crítico", señala y muestra distintos recipientes en los que futuras partidas de la bebida están fermentando y madurando.

Ese hobby, además, lo unió más a su familia. "Si bien la cerveza siempre estuvo presente en mi casa, mis padres no eran fanáticos. Cuando recién arranqué, no tenía dónde hacerla y me puse a cocinar en la casa de ellos. Eso me unió a mi viejo, con quien no compartía muchas cosas, porque somos un poco diferentes. Pero el hobby nos acercó mucho. De hecho, nos fuimos juntos a Argentina a un encuentro cervecero en Bariloche, el primer viaje que hice con mi padre", recuerda.

También se acuerda de la primera cerveza que hizo (una IPA) en 2014, y muestra una foto que aún tiene como fondo de pantalla de su celular. "Fueron casi 40 litros, y por inexperiencia salió medio amarga de más, aunque estéticamente me quedó preciosa. Ahora, que ya hice cientos de litros más, tengo otro conocimiento. Fui mejorando", cuenta.

Schöderle es el cuarto presidente del club, y el más joven que ha ocupado el puesto. La organización tiene casi 400 miembros en todo el país, que pagan 2.000 pesos anuales. Ese dinero se destina a producir eventos con invitados, proyectos especiales como la venta de la primera "cerveza solidaria" —una muy rica doble IPA— que cuesta 200 pesos, que van para la Fundación Pérez Scremini, y cursos abiertos y gratuitos para quien quiera aprender a cocinar por su cuenta.

En eso está Pablo Saravia, quien con un amigo ya compró todo lo necesario para empezar. "Hace más o menos un año que estamos estudiando, yendo a cursos, armando nuestro equipo", comenta y añade que aunque le encanta la cerveza, lo que busca con esta actividad es "la idea de hacer algo divertido y que sea tuyo. A todos los que nos gusta la cerveza, nos gustaría hacer nuestra propia variante. Además, está buenísima la onda con la gente cervecera".

Entre reuniones, degustaciones, cursos y encuentros para pasarse información, los cerveceros caseros se van afianzando en el camino hacia esa meta tan elusiva como fascinante: hacer la cerveza "perfecta" y compartirla con amigos. Y seguir aprendiendo, claro. Porque el mundo de las cervezas es tan sabroso como inabarcable.

Recomendaciones para principiantes

"Lo primero", dice Erik Schöderle, "es estudiar. Es fácil hacer cerveza, pero el arte está en hacerla bien. Manejar conceptos como pH, manejar temperaturas, controlar la fermentación. Eso es lo más importante. Y simultáneamente probar muchas cervezas distintas, ir entrenando las papilas gustativas".

Para hacer cerveza se necsitan cuatro ingredientes: agua, cebada (aunque también se pueden usar otros granos como trigo, maíz o arroz), levadura y lúpulo. Todo eso está disponible en el mercado local, y a precios relativamente accesibles. De los cuatro ingredientes, tanto el agua como la cebada son de producción o existencia local. El lúpulo, y las levaduras se importan. "Hay dos tipos de levadura: ale y lager", explica Schöderle. "El cervecero casero empieza por lo general con ale, porque es más fácil controlar la temperatura". La cebada por lo general es malteada ("malta base"), a la que se le pueden agregar maltas especiales —que por el momento tienen que importarse— para darle distintos perfiles a las cervezas (las combinaciones son prácticamente infinitas). Schöderle dice que 500 pesos de ingredientes rinden para unos 25 litros de cerveza y el proceso lleva unas tres semanas.

Todo eso hay que hacerlo en un equipo, que puede comprarse por Internet ya pronto. "Pero no lo recomiendo. Es mejor estudiar y armar tu propio equipo comprando en ferreterías y supermercados. Y simplificar. Cuanto más simple, mejor. ", dice Schöderle. El kit básico es: dos ollas (mejor de acero inoxidable que de aluminio) y una para macerar. Un quemador para hervir la cerveza. Un instrumento para enfriarla rápidamente. Un recipiente para fermentar. Y una heladera para madurarla. "Luego ya podés embotellarla, y para eso es necesaria carbonatarla, que se puede hacer de manera natural", concluye el experto, que ya tiene la receta pronta para preparar la cerveza que llevará a la fiesta de fin de año en su lugar de trabajo. Como para despedir el año entre vasos espumantes.

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