Viajes

Lo nuevo de Pipa, la playa de moda en Brasil

El destino que alguna vez fue considerado casi un secreto, hoy es uno de los hitos clave en el auge del Nordeste brasileño y un sitio cada vez más popular entre los viajeros de toda América Latina.

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Pipa es un destino de moda que este verano tiene varias novedades.

Jueves en la mañana y la gente hace lo que parece inevitable aquí: andar en buggy. Como antes habíamos recorrido las dunas de Genipabú, vamos ahora al litoral Sur, de Pipa hasta Sagi, la última playa del estado de Rio Grande do Norte, en un circuito que incluye veloces tramos por arenas blancas y suaves.

La mayoría de las playas en los alrededores de Pipa están rodeadas de acantilados. Como Chapadão, al Sur de Praia do Amor —la preferida de los surfistas—, un terreno plano y de tierra rojiza que fue talado durante la Segunda Guerra Mundial por el Ejército de Estados Unidos, quienes tenían base en la zona. Por eso hoy no tiene vegetación y es, básicamente, un mirador. Pero a un costado de la planicie se ve una construcción diferente: Amô abrió hace tres meses y es una tapiocaria típica del Nordeste brasileño, donde se hace esta especie de panqueque de harina de yuca. Un notable toque local en una zona donde todos los restaurantes parecen aspirar a la cocina "internacional".

Amô es esencialmente una colorida casa de estilo playero en lo alto del acantilado. Tiene una pizarra que muestra lo que se sirve y por una ventana grande se puede ver cómo se hacen las tapiocas en su horno de piedra. El imperdible es la tapioca de camarón, que es símbolo del estado (del Nordeste sale la mayor parte de la producción de camarón del país), y puede terminar con un brownioca, que es una fusión entre un brownie y la masa de una tapioca.

Lo mejor es la vista sobre Praia do Amor que se tiene desde el local, al que pronto debieran habilitarle una bajada a la playa y también una piscina propia. Es una seña de cómo se han dado las cosas en esta región. "Si el dólar está alto, Pipa está alto", dice Gilson, el jeepero que nos lleva por estas playas. Tiene razón: a pesar de la crisis en Brasil, una de las áreas menos afectadas ha sido el turismo. Y muchos brasileños que antes salían del país en sus vacaciones ahora prefieren quedarse en sitios como Pipa, que se suman a los extranjeros atraídos por el real a bajo precio. Eso explica además otra de las transformaciones de Pipa: los jeeps todoterreno que han comenzado a competir con el imperio del buggy, haciendo circuitos similares, pero más barato. De los 70 bugueiros que había, ahora queda una treintena, dice Gilson.

La primera posada verde.

"Bakano" es la expresión local para describir las cosas que son "legales", como dicen acá. Buena onda. Diferentes. La que explica esto se llama Grace Medeiros y no requiere decir más para que uno entienda por qué su posada se llama así.

Bakano es la primera ecoposada construida en containers marítimos. Lo que hizo Grace fue acondicionar estos contenedores dados de baja para convertirlos en habitaciones, pero sin modificarlos demasiado. Y así abrió: cada container fue pintado con formas coloridas por un artista bonaerense y su diseño le da nombre a cada habitación: Tartaruga tiene una tortuga, Cajú se identifica con un árbol de esa especie y en Calango se ve una lagartija.

Son solo diez habitaciones (y aunque llevan poco tiempo, ya proyectan sumar seis más), todas sencillas, con baño privado, aire acondicionado y, lo que en este caso se agradece, sin televisión.

Pero más allá de la estructura, Bakano gira en torno a la filosofía de la sustentabilidad. Usan placas solares para calentar el agua y todos los muebles y decoraciones están fabricados con materiales reciclados, como aglomerado, neumáticos, latas, palets y botellas. Un estilo que combina bien con el ambiente del lugar, que es una de sus mejores cosas: completamente natural, con mucha vegetación y espacio para caminar sin toparse con nadie. Y esto se debe a su ubicación: la calle Sucupira, a la cual se puede entrar sin necesidad de pasar por el centro del poblado: poco antes de que la carretera se convierta en la Avenida dos Golfinhos, la principal, hay un desvío que lleva a calles como esta. Y otras como Mangaba, donde uno puede toparse con Sophie, una gata que es como la cara visible de un proyecto de los españoles Sonia Moevius y Juan Carrillo, quienes llegaron a Pipa hace ocho años desde Barcelona, y hace un par inauguraron Recanto de Sophie, cinco casas para cuatro o cinco personas, con piscina, en medio de la vegetación. Y ahora, estrenaron Sophie Loft, cuatro departamentos de un ambiente que están pegados al proyecto original, que tiene una gata en su logo.

La más nueva incorporación de Sophie abrió hace apenas unas semanas: Copa Café, un bar restaurante de espíritu español tradicional, con carnes, pan tumaca, arroz negro, quesos y jamones, pero donde la recomendación es probar otro clásico: la paella. El café está abierto no solo a los que alojan en el lugar, y tiene algunos buenos cócteles para pasar el rato al aire libre, rodeado de selva y silencio, algo cada vez más difícil en el centro de Pipa.

Doble premio.

Es viernes y la Avenida dos Golfinhos está en su esplendor. Autos transitan por los adoquines, las veredas están llenas y los hoteles, copados. Hoy comienza un festival gastronómico que se viene realizando hace 10 años, y donde más de 40 restaurantes compiten con preparaciones en cuatro categorías que sirven durante el evento.

El año pasado el ganador de la categoría de plato principal fue Ú Bistrô, restaurante del hotel Marlins, el mismo que este año ganó en la categoría de postre (en la votación del jurado técnico, porque hay otro jurado, el popular, que escogió a Tapiocaria Amô por su brownioca). Buenos resultados para un sitio que abrió hace solo un año y está bajo el mando de Altemar Cardoso, considerado actualmente el mejor chef de Pipa.

Pero la novedad en este lugar no es solamente el restaurante. Marlins también cambió hace poco: lo que era una posada al estilo clásico de la zona se convirtió en el primer hospedaje boutique de Pipa. Especial para parejas (no reciben niños), es un sitio sofisticado, con bonita decoración y ambiente, solo 10 habitaciones con vista al mar (además de siete flats), piscina, sauna y su propia bajada a la playa (es el único hotel de la zona que tiene). Y aunque está en la calle Beija-Flor, que da a Avenida dos Golfinhos, el sonido del mar envuelve todo y logra sobrepasar los ruidos del gentío en la calle.

El escape de Pipa.

La noche anterior habíamos ido a una fiesta de forró, baile típico del interior del Nordeste brasileño, en un callejón afuera del bar Ágora. La cosa había estado animada: con locales y extranjeros mezclando sus muy diversos niveles de experticia en el baile. Eso fue ayer. Hoy, que es viernes, las discotecas y pubs y bares de la calle principal están copadísimos. Para caminar hay que esquivar una masa de gente que deambula por todos lados, probablemente haciéndose la misma pregunta que nos hacemos: ¿Dónde ir?

La respuesta que no todos encuentran todavía —por suerte— es una vista a Tibau do Sul, un poblado que está a solo 10 minutos de Pipa, sobre todo ahora que cuenta con un nuevo restaurante: Capitão dos Mares. El dueño de Capitão se llama Feliphe Cavalcanti, tiene 29 años, es de Carpina, en Pernambuco, y recién hace tres meses que abrió este, su propio restaurante.

Feliphe es lo que podría considerarse un caso típico en Pipa. Visitante asiduo de esta playa, un día decidió quedarse por la calidad de vida que hay en la zona y, también, porque era una buena oportunidad de inversión. "La crisis tuvo un impacto mínimo en el turismo en Brasil, no pasó lo que pasó en otras áreas que se vinieron abajo", dice. Como Pipa ya estaba bastante desarrollado, y poblado de opciones, se jugó por hacer algo distinto en Tibau, donde podría impulsar algo único y exclusivo. Un restaurante más sofisticado, como no hay otro en este caserío y pocos en Pipa misma. Y, lo mejor, a buen precio. Así que es una opción imperdible para probar, con la misma calidad, pescados, camarones y, otro de los platos símbolos de su carta, la moqueca. Todo al lado del mar. Con mucho sabor en los platos, y poca, muy poca gente alrededor.

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