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Las nuevas rutas de los mochileros por el mundo

Lugares menos explorados y que ofrecen bajos precios, una combinación tentadora para los que buscan otros rumbos. De Montenegro a Laos, los destinos que eligen los sub 35 de hoy.

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Montenegro es un destino que ofrece atractivos todo el año

Hay ganas de aventura y de destinos exóticos. Pero también hay ganas de bellos paisajes, relax, naturaleza, experiencias inolvidables, todo eso con precios accesibles. Aquí, un resumen de los sitios que, con esas características, prefieren hoy los mochileros menores de 35 años.

Portugal con vista al mar.

La costa portuguesa tiene algunas de las playas que se vuelven cada vez más populares en Europa. Y además tiene una atractiva vida nocturna en ciudades como Coímbra o Lisboa (elegida por Lonely Planet como la octava mejor ciudad para ir en 2017). La capital puede ser el punto de salida perfecto, tomando un tren hacia Nazaré, a hora y media, para visitar sus mercados pesqueros o partir directo a aprender a surfear en Praia de Norte, de la que se dice tiene uno de los mejores climas de Europa (Nazaré Surf School da clases todo el año; NazareSurfSchool.pt). Para seguir a Coímbra puede tomar un ómnibus de The Rede Expressos (www.Rede-Expressos.pt). Recomendación: conviene reservar en Grande Hostel, casona centenaria renovada en el centro (US$ 14 la noche; GrandeHostelCoimbra.com).

Escala obligada: Visitar las Ruinas da Capela de Santana, en São Martinho do Porto. Un dato más: Home Lisbon, mejor hostel mediano 2016 (HomeLisbonHostel.com.es).

Descubrir Laos.

No es Tailandia ni Bali. Suficiente para que este país gane preferencias como uno de los más buscados por los mochileros, que encuentran las ventajas de los otros —bajos precios, tranquilidad y cultura—, sin tantos turistas. Tampoco tiene las playas. Pero hay otras compensaciones. Desde Huay Xai, noreste de Laos, se puede tomar un bote lento por el legendario río Mekong (sale todos los días a las 11 de la mañana; la alternativa rápida puede ser peligrosa). El viaje dura dos días con una noche en Pak Beng, poblado rural que está pegado al río, antes de llegar a Luang Prabang, conocida a su vez como el reino de un millón de elefantes, patrimonio de la humanidad según Unesco. Razones que suenan suficientemente bien como para quedarse un rato, pero hay más: es visualmente muy atractiva por su mezcla de estilos colonial francés y la arquitectura budista de sus templos. Además, Luang Prabang es barato tanto en hospedaje como en las comidas. Una par de buenos sitios para probar ambas cosas (junto con una Beerlaos, la cerveza típica local) son Utopia Bar, en Kingkitsarath Road (UtopiaLuangPrabang.com), y Singharat Guest House (cada vez más popular, así que hay que asegurarse con la reserva).

Escala obligada: las cascadas Kuang Si, a dos horas de Luang Prabang.Un dato más: Kitsalat Road, el mercado nocturno donde se puede comer platos típicos por menos de cinco dólares.

Australia para valientes.

Son más de 3.000 kilómetros —en auto o tren— para cruzar el desierto o Outback australiano, famoso por su soledad y ecosistemas, pero sobre todo por las culturas que lo habitan. Internarse en esta región es una decisión original y las recompensas son varias: desde atardeceres tan intensos que parecen fosforescentes al encuentro con etnias que mantienen intactas sus tradiciones. Una vez que se llega a Alice Spring, una de las ciudades más grandes del Outback, se puede visitar el Parque Desértico, donde aprenderá cómo se las arreglan los nativos para vivir en el desierto. O se puede pasar la noche en campings como los del NDhala Gorge Nature Park. Tras unas cinco a seis horas de viaje, se llega al Uluru-Kata Tjuta National Park (ParksAustralia.gov.auuluru), donde está Uluru, una especie de cerro rojizo que parece una isla en la planicie (y es considerado sagrado). Más adelante, ya en Adelaide —final del viaje—, se puede ir al Fringe Festival (17 de febrero a 19 de marzo. Escala obligada: El encuentro de carritos de comida Fork on the Road (ForkOnTheRoad.com.au). Un dato más: El santuario de canguros de Alice Spring (KangarooSanctuary.com).

La joya del Adriático.

Más económico que la muy popular Croacia, Montenegro tiene variedad de atractivos todo el año: desde senderismo en el Parque Nacional Durmitor hasta una atractiva vida nocturna en la ciudad costera de Budva, que es como una alternativa a la más famosa isla croata de Hvar. Vamos por parte. Desde Podgorica, capital montenegrina, se puede comenzar el recorrido por el Parque Nacional Durmitor, conocido por el cañón del río Tara, que tiene 1.300 metros de profundidad y unos 82 kilómetros de largo, lo que lo convierte en el segundo más largo tras el estadounidense Cañón del Colorado. Luego, hacia la costa del Adriático, rodeada por montañas y murallas de 20 metros de alto (construidas en el siglo XV, como respuesta a los ataques del Imperio Otomano), está Kotor, una ciudad que algunos mochileros comparan con Dubrovnik, pero menos retocada. Y luego está la mencionada Budva, que es el destino más popular entre los mochileros más jóvenes, porque el centro está repleto de bares y discotecas.

Escala obligada: Sveti Stefan, un lujoso hotel en una especie de isleta, donde alguna vez se hospedaron celebridades como Marilyn Monroe y Elizabeth Taylor (Aman.com.resorts/aman-sveti-stefan). Dato: En Budva, Paris, una discoteca que tiene su propia Torre Eiffel en el centro de la pista de baile. Es uno de los mejores clubes de la ciudad (ClubParis.me).

Un mes por el Amazonas.

La forma más sencilla y económica de recorrer los casi 6.500 kilómetros del río Amazonas es en los barcos de carga que la gente que vive en la zona usa como medio de transporte. El recorrido podría comenzar en Pucallpa, la primera ciudad grande del Amazonas peruano, y terminar en la triple frontera de este país con Colombia y Brasil. Claro, también se puede seguir más allá, hasta llegar a Belém, en Brasil, pasando por la gran ciudad amazónica de Manaos. Pero eso requiere más tiempo. El primer tramo en barco desde Pucallpa termina en Iquitos y durante el viaje —que dura entre tres y cuatro días— hay que dormir en hamacas en la cubierta. Al llegar a Iquitos, se puede tomar otro barco hasta la frontera con Brasil, donde están Santa Teresa en el lado peruano, Leticia en la parte colombiana y Tabatinga en Brasil. Esta es una buena zona para realizar caminatas por la selva o visitar comunidades indígenas. De los tres pueblos, Leticia es el más seguro (en los otros se sugiere no salir tarde en la noche) y el que tiene la mayor oferta turística (AmazonasLeticia.co).

Escala obligada: Belén, un barrio de Iquitos que se convirtió en zona turística, entre otras cosas, por sus palafitos al borde del río. Dato: Camino a la frontera está Pebas, donde vive el artista peruano Francisco Grippa en una casa que se observa desde cualquier punto de la ciudad. Si tiene suerte, podría alojarlo ahí y llevarlo a conocer una tribu de Boras.

Playa, desierto y famosos.

Playa, desierto y famosos. Marruecos es un destino mochilero por ambiente y precios, y sobre todo por su fama pop, fundada en las personalidades que ha atraído y en clásicos como Casablanca, película que tiene el nombre de la ciudad donde se puede visitar la Mezquita de Hassan II, y el Musée Abderrahman Slaoui. Para seguir a Essaouira (famoso por su Festival Gnaoua et des musiques du Monde y porque el músico Jimmy Hendrix vivió aquí), se puede tomar un tren en el aeropuerto de Casablanca. Quizá cuando se asome a la ciudad, le suene familiar: fue locación para la tercera temporada de Game of Thrones. Más adelante, ya en Marrakech hay que recorrer la plaza Jemaa El Fna (donde tocaron Robert Plant y Jimmy Page), y luego puede probar el meze, la versión local de las tapas, en Souk Kafé. Escala obligada: Sidi Kaouki, una playa al sur de Essaouira (SurfEssaouira.com). Un dato más: Conocer el desierto de Zagora, a 8 horas de Marrakech. 

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