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Niños con ADN digital

¿Cómo manejar la crianza de los hijos que quieren estar hiperconectados?

Foto: Gerardo Pérez. 

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Daniela Bluth

Cada martes por la tarde en lo de Sofía (8) y Matías (5) funciona el cibercafé. Así lo llama Alejandro (38), el padre, dejando en evidencia una brecha generacional: cuando él quería conectarse a Internet había que trasladarse hasta el local más cercano y esperar turno. Corrían los años `90. Ahora, en su casa y banda ancha mediante, basta apretar un botón para acceder a la mayor fuente de información y entretenimiento del mundo. Durante esas horas de conexión colectiva cada uno tiene su rutina. Sofía juega al Club Penguin en el notebook y Matías prefiere el Fifa 13 en el iPad. Alejandro no pierde el tiempo: chequea el correo y las redes sociales desde su smartphone. Para los niños, hay algunas reglas inquebrantables. Antes, tienen que hacer los deberes. Después, no puede haber lío para bañarse.

Que las nuevas tecnologías cambiaron la forma de vivir y relacionarse no es una novedad. En ese nuevo escenario, combinar en la justa medida las demandas de los pequeños nativos digitales con la voluntad de unos padres analógicos es un desafío tan real como cotidiano. Qué hacen o miran, y durante cuánto tiempo, son las principales preocupaciones. "Para las nuevas generaciones el estado por defecto es el de conexión", explica el psicólogo Roberto Balaguer, asesor en tecnología. "Hoy, alrededor del 90% del tiempo de juego de los chiquilines pasa por lo digital". Cuando no lo tienen, se sienten en menos. "Una vivencia comparable a la de los adultos cuando no tenemos el celular", ejemplifica.

Esta realidad se da en un Uruguay en el que la penetración de Internet es cada vez mayor. Según el Perfil del Internauta Uruguayo elaborado por la consultora Radar, en 2012 existían en el país 1.650.000 usuarios de Internet.

Un dato habla sobre la relación de grandes y chicos con la tecnología: al menos unos 80.000 adultos que antes no eran usuarios de Internet pasaron a serlo a partir de tener una XO en su hogar.

La nueva realidad sacude al statu quo. ¿Es positivo? ¿Es perjudicial? Los expertos coinciden en que no se puede evaluar en términos de blanco o negro. En el mundo digital, como en la vida real, todo debe ser en su justa medida. "Esa sensación de que estamos a dos cuadras del Apocalipsis me pone alerta. Todos hablamos bárbaro del Plan Ceibal y después decimos que la computadora es poco menos que una peste que va a terminar con la civilización. ¡Ni tan calvos ni con dos pelucas! Si no encontramos cierta forma de equilibrio los chiquilines quedan despistados... Somos nosotros, como adultos responsables, los que tenemos que ir guiándolos", opina el psicoterapeuta Luis Correa. Él sabe de lo que hablar: en su rol de director de secundaria de Los Maristas todos los días recibe la inquietud de algún padre preocupado por las horas que su hijo pasa frente a una pantalla.

Es que, justamente, en un entorno habitado por notebooks, iPads, Mp3, celulares, consolas de videojuegos y los más diversos dispositivos digitales lo difícil es encontrar el equilibrio. "Sin duda con las nuevas tecnologías se ha visto alterada la relación entre padres e hijos", dice la pediatra Alicia Fernández. "¿Qué nos lleva a afirmar esto? Los tiempos de conversación, de vida al aire libre, de comidas tranquilas que se ven interrumpidos por los timbres de los mensajes que llegan y no pueden demorar en ser contestados o por las horas conectados a las redes sociales". Para Fernández, expresidenta de la Sociedad Uruguaya de Pediatría, las reglas deben estar claras desde un comienzo y, para ello, la relación padre-hijo tiene que ser sólida y de confianza. "Creo que en eso estamos fallando, nos hemos visto sobrepasados".

Con el ejemplo.

Está claro que no es un tema solo de los chicos. "Esto se modela con el ejemplo", dice Balaguer. "No le podés decir desconectate si vivís siempre enchufado y nunca tenés el espacio para generar esa nada y luego la conversación".

De hecho, ya en 2010 Sherry Turkle, una investigadora del Massachusetts Institute of Technology, estudió cómo el uso de la tecnología por parte de los padres afecta a niños y adolescentes. Tras cinco años y 300 entrevistas concluyó que los más chicos se sienten dolidos y no quieren demostrarlo cuando los adultos usan sus dispositivos en vez de prestarles atención durante la comida o cuando los van a buscar a la escuela.

La palabra clave, para ambas partes, es "límites". "El criterio es el mismo que para cualquier actividad, en exceso es mala", sintetiza Balaguer.

Es que la tecnología modificó no solo la forma de divertirse, sino también los ratos de ocio. Los tiempos de espera en un restaurante o en el médico ya no existen. O al menos no existen sin tabletas o celulares. "Los adultos hemos cambiado la forma de relacionarnos con los niños para que la crianza resulte más llevadera. Los papás ya no bancan que el niño haga berrinche y le dan el iPad o el DVD, lo tienen entretenido... no se ponen a jugar al tatetí", opina la psicopedagoga Galia Leibovici.

En esa relación de compinches tecnológicos la edad influye. Para Balaguer, los padres menores de 30 tienen mucha más relación a través de la tecnología que los mayores de 40, que llegaron "un poco tarde" a este boom tecnológico. "Es más frecuente que jueguen videojuegos con sus hijos".

Conectarse a Internet o jugar a la computadora también se volvió premio y castigo. Hoy, la penitencia más frecuente es quedarse sin conexión. "Antes era no salir de la casa, pero eso ya no tiene sentido…", dice Balaguer. Algo de eso sabe Tiago (9) que estuvo dos semanas sin iPad por contestarle "no me jodas" a la maestra de Artes Plásticas. "Lo aceptó muy bien. Y el día que podía volver a jugar ni demostró interés por el aparatejo", comenta Jimena, su mamá, a las risas.

Bueno y malo.

La posibilidad de acceder a una cantidad ilimitada de información es, sin duda, una de las grandes revoluciones de la era digital. "Hoy cualquiera que se conecte a Internet tiene en su bolsillo más información que Bill Clinton cuando era presidente de Estados Unidos", dice José Ramón Silveira, asesor de tecnologías aplicadas a la educación. Para un niño curioso, los límites no existen.

Todas las mañanas Nicolás (6) pasa una hora en Youtube mirando videos sobre los planetas. Es su pasión. "Sabe más que todos nosotros", dice papá Rodrigo. Cuando termina su turno le toca a sus hermanas mayores: Martina (13) que usa Facebook y Paula (11) que prefiere jugar. Una clave: la computadora está ubicada en el estar de la casa y con el monitor a la vista. "Así no pueden cambiar de página o cerrar una ventana sin que me dé cuenta", dice.

Las consecuencias de esta exposición "temprana" todavía no están claras. Pero ya hay algunas pistas. "No hay que ser tremendista. Como todos los cambios, trae cosas buenas y cosas malas", señala Balaguer. Navegar por Internet, jugar videojuegos y sociabilizar en red son una suerte de gimnasia mental. "A nivel de cognitivo y perceptivo se van desarrollando una cantidad de habilidades y competencias que son propias del mundo digital y que se estimulan en la medida que uno juega y participa".

"¿Si son más inteligentes? No sé, pero sí son más rápidos a nivel del procesamiento de la información. Desarrollan la habilidad de tener varias ventanas abiertas a la vez. Si los mirás, tienen la computadora, la tele y el videojuego prendidos al mismo tiempo", dice Leibovici.

En contrapartida, lo "malo" está ligado a la desaparición de los espacios para no hacer nada -que estimulan imaginación y creatividad- y la disminución de los vínculos cara a cara. Además, a nivel físico "fomenta la inactividad y el sedentarismo", dos conductas que preocupan en el contexto de la epidemia global de obesidad que padece Uruguay, advierte Fernández.

Mundo virtual.

Julia (12) ahorró hasta que pudo comprarse un iPhone. Desde el teléfono se conecta todos los días a las redes sociales. También usa Instagram, Whatsapp y Viber. En las últimas dos tiene grupos -con las compañeras de generación y con sus "íntimas"-, por donde combina salidas, pregunta por deberes o "chismea", comenta Laura, su mamá.

Las redes sociales son la gran preocupación de los padres. Para registrarse en Facebook, la más utilizada en Uruguay, hay que tener 13 años. Sin embargo, con la complicidad de un adulto, muchos burlan ese requisito. Julia abrió su cuenta a finales de 2012, todavía con 11. La consigna para obtener su cuenta fue: tener a su madre como amiga, que esta sepa su contraseña y aceptar amistad solo de aquellos que conoce. "Hay que vigilar", opina Laura.

Para las nuevas generaciones, el mundo social virtual es una realidad. "Sin duda alguna, en el desarrollo emocional de esta generación intervienen Internet y los teléfonos celulares", dice Fernández. Conectarse es sinónimo de identidad y pertenencia, dos atributos más que valiosos. Para Balaguer, la bisagra está en los diez años. "Si no participás en las redes sociales es como no ver la telenovela, hay temas de conversación que te estás perdiendo", explica.

Los padres, por su parte, buscan mecanismos para controlar y vigilar. Pedirle "amistad" a sus hijos en Facebook es lo más frecuente. "No es necesario que estés siguiendo y monitoreando, pero sí haciendo tema de lo que hacen. ¿Quiénes son tus amigos? ¿Qué páginas visitás? ¿Qué criterios usás para elegir amigos?", sugiere Balaguer. Conocer el mundo digital también es fundamental para orientar a niños y adolescentes. "Los padres que quedan ausentes al mundo digital están como ciegos a buena parte de la socialización de sus hijos".

Claro que ser "amigos" de Facebook no es una garantía absoluta. "Me parece que crea una falsa ilusión de estar al comando de todo, cuando en realidad si (los hijos) no quieren mostrar algo tienen el conocimiento y los recursos para hacerlo", opina Correa. "Está bien que sean amigos de sus hijos en Facebook, pero fundamentalmente que sean amigos de sus hijos en la vida cotidiana", agrega Fernández.

A medida que crecen, es lógico que los chicos ganen independencia y privacidad tecnológica. Algo así como el diario íntimo con candado del siglo pasado. Y hay que respetarlo. Para ello, dicen los expertos, es importante que crezcan con una base sólida de lo que es sano y seguro en la red, con la confianza para preguntar y la certeza de que siempre va a haber un adulto dispuesto a ayudar. En Los Maristas, cuenta Correa, ya tienen su propio decálogo. "Actúa en la web como en la vida real, usa el sentido común", reza el primer punto.

¿ES ADICTIVO?

Los casos de un uso patológico de las nuevas tecnologías no son la regla, pero existen. Es más frecuente en jóvenes entre 12 y 20 años, sobre todo varones. "La tecnología está tradicionalmente más asociada a lo masculino y en las conductas adictivas ellos son los que tienen más prevalencia. Entonces, se suman las dos cosas", explica el psicólogo Roberto Balaguer. Sin embargo, la tecnología en sí -computadora, tableta, celular o consola- no suele ser el centro del conflicto. "El error es pensar que la instalación de una patología se debe al instrumento y no a los problemas preexistentes", dice el psicólogo Luis Correa.

De todos modos, para definir a los jóvenes que pasan muchas horas conectados a las redes y presentan signos clásicos de depresión hay un nuevo término: "depresión Facebook", dice la pediatra Alicia Fernández.

HAY QUE DESCONFIAR

Crucigramas sobre crías de animales, preguntas y respuestas sobre capitales del mundo, puzzles sobre el cuerpo humano, desafíos matemáticos. Hoy, es frecuente que el rótulo "didáctico" o "educativo" aparezca ligado a la palabra "juego" en portales y aplicaciones. "En algunos casos es cierto y en muchos otros es un tranquilizador para los padres. Desculpabiliza al adulto y le permite dejar que el niño juegue enchufado pensando que está haciendo algo productivo para él. De eso siempre hay que desconfiar", opina el especialista Roberto Balaguer.

Ni el popular Pacman de antaño ni el fenómeno de los Angry Birds actual parecen cumplir con esa etiqueta, muchas veces utilizada como un recurso "más comercial" que real. "No todos los juegos son didácticos ni todos tienen por qué serlo tampoco. Muchas veces los juegos que son demasiado didácticos son aburridos".

CONSEJOS ÚTILES

Lo que sí y lo que no

Psicólogo, consultor y autor de varios libros, Roberto Balaguer se ha especializado en nuevas tecnologías y es convocado por padres e instituciones en pos de ejercer un "buen uso" de la red. Aquí van algunas claves.

-No a la canilla libre. Cuando no hay límite de horas, muchas veces la conexión funciona como relleno. "Una cosa es disfrutar y aprovechar el tiempo y otra es ocuparlo".

-Hacer tema y preguntar. No es necesario que los padres persigan a sus hijos en las redes sociales, basta con conversar, preguntar, interesarse por lo que ellos hacen. "A veces los padres son demasiado confiados con niños que no tienen edad ni los criterios suficientes para manejar determinadas situaciones".

-Generar instancias de desconexión. "Así como los padres deberían conocer más del mundo digital, también deberían apostar a que haya momentos de desconexión, como puede ser la cena o el rato antes de ir a dormir", dice el especialista. Es importante entender que los "nativos digitales" son "inmigrantes en el mundo analógico", al que desconocen. "Hay que mostrarles que en ese otro mundo hay otras competencias y habilidades".

-Saber decir que no. Conectarse no debe ser la única actividad ni la única manera de premiar al niño. Tampoco puede tener lugar a cualquier hora del día. "En las horas previas a dormirse no es conveniente que el niño use ningún artefacto electrónico. Quedan enganchados y les cuesta mucho conciliar el sueño", opina.

INTERNET: UNA OPORTUNIDAD, NO UNA AMENAZA

En Uruguay el modelo educativo comenzó a cambiar en 2007, cuando se implementó el Plan Ceibal: todos los niños de las escuelas públicas del país recibieron una computadora portátil con conexión inalámbrica. "Con Internet se abre una batería de nuevos recursos que posibilitaría generar nuevas formas de aprendizaje", reflexiona José Ramón Silveira, asesor en tecnologías aplicadas a la educación, quien participó en el proyecto. "Lo que sin dudas la tecnología deja en ridículo es la forma anacrónica de concebir la educación, donde el docente es el poseedor del conocimiento". También cuestiona la forma "memorística" de abordar el aprendizaje.

Para la psicopedagoga Galia Leibovici, la tecnología debe ser una aliada y no una amenaza, tanto en la normalidad como ante las dificultades. "Es una excelente herramienta que permite usar diferentes dispositivos para sortear las dificultades de un montón de chicos". De todos modos, es complemento y no reemplazo de los métodos tradicionales. "Está comprobado que la mejor manera de aprender y retener información es utilizando al menos tres sentidos: escuchar, hacer y sentir".

LAS CIFRAS

1.650.00

Son los usuarios de Internet según el Perfil del Internauta Uruguayo realizado por Radar en 2012. Entre ellos, había más de 1,2 millones de usuarios de Facebook.

77%

De los uruguayos que se conectan a la red lo hacen para entrar a Facebook. Allí, los adolescentes son los que más comentan, suben fotos, se unen a grupos y chatean.

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