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Con tu música a todas partes

Soy tu piano es un proyecto sin fines de lucro que apuesta a intervenir espacios públicos con un instrumento que cualquiera puede tocar. Ahora, en la terminal Tres Cruces.

Soy tu piano estará hasta el miércoles 7 en Tres Cruces. Foto: Marcelo Bonjour.
Soy tu piano estará hasta el miércoles 7 en Tres Cruces. Foto: Marcelo Bonjour.
En la propuesta cualquiera puede tocar, sin importar los conocimientos o estilos musicales. Foto: Marcelo Bonjour.
En la propuesta cualquiera puede tocar, sin importar los conocimientos o estilos musicales. Foto: Marcelo Bonjour.
Además del público general, también hay "conciertos espontáneos" con artistas más conocidos. Foto: Fernando Ponzetto.
Además del público general, también hay "conciertos espontáneos" con artistas más conocidos. Foto: Fernando Ponzetto.
Con la primavera, está previsto que Soy tu piano vuelva a los espacios al aire libre. Foto: Fernando Ponzetto.
Con la primavera, está previsto que Soy tu piano vuelva a los espacios al aire libre. Foto: Fernando Ponzetto.

La primera vez que Joaquín Graña se sentó a tocar el piano francés Elcké fue en marzo, en la Plaza del Entrevero. Se dio por una sucesión de casualidades. Y no tanto. Estudiante de música y Bellas Artes, habitante de Las Piedras y melómano in extremis, algunas clases de Joaquín son en el Centro, cerca de 18 de Julio. Un día, una amiga le avisó que allí había un piano para quien quisiera despuntar el vicio y él no dudó en ir a probar. Durante las tres semanas que duró la "intervención", el muchacho de 20 años fue casi a diario. Por distancia, se le complicó para seguir al instrumento trashumante en la pasiva del Palacio Salvo y en el Mercado Agrícola. Pero hace un par de semanas, de camino a su casa, se volvió a topar con este piano centenario y pintado de colores. Esta vez fue en la terminal Tres Cruces. Y desde entonces pasa por allí al menos un rato cada día, producto de una cuasi necesidad. "El hecho de que la gente mire y escuche a otra persona ya es algo que mueve, que genera espacios, diálogos, preguntas... Poder tocar delante de otra gente te motiva a seguir haciéndolo", intenta explicar en un impasse entre tecla y tecla.

Joaquín es uno de los fanáticos de Soy tu piano, una iniciativa local inspirada en experiencias similares en Londres, París o Nueva York. Pero definitivamente no es el único. En promedio, sea donde sea, cada media hora una persona distinta se sienta frente al piano "a tocar una". Hay niños, jóvenes y adultos. Hay personas sin conocimientos de música y músicos expertos. Hay clásicos y rockeros. Hay tímidos y arriesgados. Hay gente que aporta su aplauso, otra solo su presencia. Hay de todo, porque esa es la consigna.

Cuando Mariale Perlini, alma máter del proyecto, imaginó Soy tu piano, justamenté pensó en la combinación de música y ciudad, sin restricciones ni ataduras. Así, su principal objetivo es la promoción y democratización del acceso a la cultura en espacios públicos, sensibilizando a la población a través de la música, impulsando la educación artística y fomentando la convivencia entre ciudadanos. En oposición al clásico cartel que reza "No tocar", en este proyecto la idea es que siempre se puede tocar.

Y en ese sentido, el arranque de la experiencia fue premonitoria. El piano, una donación que recibió Queyi, una artista española radicada en Uruguay, salió del taller de Casa Wang en Ciudad Vieja montado sobre ruedas. Convocadas espontáneamente, unas seis personas lo empujaron hasta la plaza del Entrevero, acompañando la travesía. Pero ya en la Plaza Matriz debieron hacer una pausa. "Y de repente, ahí, pasó un loco de traje y maletín, preguntó qué es esto y se sentó a tocar. Fue una emoción... fue la confirmación de que la magia sucede", recuerda Mariale.

Cada locación —donde permanece entre dos y cuatro semanas— genera su propia dinámica, pero en un mismo día han convivido alrededor del piano grupos de danza, cantantes líricos, clases de escolares, coros liceales, estudiantes de música, abuelos y nietos y un larguísimo y heterogéneo etcétera. "Un día llegó un grupo de danza folclórica y empezó a bailar, la gente como que se apropia del piano y el espacio", cuentan. La organización no convoca artistas, salvo cuando organiza "conciertos espontáneos" —sin difusión en medios o redes sociales— que le regala al público. Así, en la Plaza del Entrevero estuvo Hugo Fattoruso y en la terminal Carmen Pi. "No los anunciamos por un doble motivo, para que sea sorpresa y por respeto al menos conocido, porque creemos que todos tienen igual talento", explica Darío Maucione, también organizador de la propuesta.

A media tarde de un lunes, Carmen Pi revisa la caja de cuerdas y acomoda la silla. Arranca con Gee Baby Aint I Good to You y sigue con Puntos Cardinales. Y cuando el público en tránsito empieza a quedar detenido en stand by, Pi recibe ella una visita inesperada: un grupo de 17 niños de la Escuela de Educación Artística N° 265. Tímidamente, se sientan en el piso y desde allí empieza un diálogo con la pianista y cantante para decidir con cuál seguir. Juntos interpretan Muere con la sonrisa, del grupo Pareceres, y Comparsa silenciosa, del dúo Larbanois-Carrero. Se habla de música, de voces y de habilidades. En un grupo mayoritariamente femenino —había solo dos varones—, algunas se animaron a tocar el piano, que Carmen cedió generosamente.

Alrededor del improvisado espectáculo primero fueron diez, luego 15, 20 y hasta unas 30 personas. ¿Las reacciones? Tan diversas como el público en cuestión. Algunos solo miran, otros sacan fotos, graban o aplauden. "Nosotros decimos que son dos mundos. Uno es lo que pasa en el momento, lo que se vive, gente que se saluda, conversa, intercambia teléfonos...Y después está el mundo virtual, con personas que quizás nunca vieron el piano en vivo pero nos sigue en Facebook y comparte y comenta las fotos y los videos. Esto tiene mucho alcance, incluso hacia el exterior", dice Darío. En Facebook Soy tu piano tiene más de 3.500 seguidores y el video de Fattoruso, por ejemplo, alcanzó 40.000 reproducciones.

El proyecto tiene pocas reglas. En estos casi seis meses de actividad han sonado desde clásicos como Chopin o Tchaikovsky hasta Queen, La Trampa, Celine Dion, Yann Tiersen o la banda sonora de Game of Thrones. Hay lugar para la improvisación, no así para la amplificación. "Han venido con cajón peruano, con un violín o incluso han bailado... Pero no queremos micrófonos ni parlantes, porque la idea es que se genere algo íntimo, que no se pierda ese clima de cercanía".

Los niños son, sin duda, quienes más se animan a tocar. Mientras Joaquín agradece los aplausos, Chiara, de seis años y atuendo violeta, espera ansiosa su turno. Con un padre músico está aprendiendo teclado pero... "sueña con tocar el piano de verdad", explica Victoria, su mamá. Con sus dedos pequeños y largos, la niña se da maña y teclea las canciones que ella misma "sacó" de los dibujitos que mira en la televisión. También dice que sabe tocar con los ojos cerrados. Y hace la demostración. Son diez minutos de felicidad que ya anunció que quiere repetir.

En Tres Cruces, a modo de invitación, encima del piano hay un cartel en blanco y negro que dice: "Animate: tocá, jugá, disfrutá". Es que el público de la terminal suele ir con los minutos contados y, entre pasajes y bolsos, puede ser difícil hacerse un tiempo para la música. Sin embargo, hasta ahora las experiencias han sido siempre positivas. "Antes de empezar nos cuestionábamos si iba a ser difícil conseguir los permisos, si la gente no era demasiado vergonzosa, si le iba a costar animarse... y también cuánta gente tocaría el piano en Uruguay", recuerda Darío. "Y todo eso nos sorprendió para bien: se animan más y sabe tocar más gente de lo que creíamos, son pocos los momentos en que el piano queda solo". Además, la terminal tiene otra particularidad: es la primera vez que el instrumento está disponible 24 horas.

Con el correr de los días, las chicas que atienden el mostrador de Atención al cliente, frente al piano, han acumulado anécdotas. La señora de 87 años que tocó unos valses, el muchachos que se animó con Ridi Pagliaccio, el que eligió el tema de La Pantera Rosa o la pareja que escuchó música y se puso a bailar. Allí, en medio de la terminal, el colorido piano —intervenido por el Colectivo Pintadas— estará hasta el miércoles 7. La primavera seguramente lo devuelva a los escenarios al aire libre, con planes en la Peatonal Sarandí y la Plaza Seregni. "Y la idea es tener más de uno", adelanta Mariale, "que los pianos sean parte de nuestra identidad cultural".

Ya suenan en el mundo

Soy tu piano es un colectivo que surgió de la cabeza y el corazón de Mariale Perlini, inspirada en experiencias de varias ciudades de Europa. En el mundo, la más conocida es Play Me, IYours, una propuesta del artista británico Luke Jerram. Desde que comenzó en 2008, llegó a 10 millones de personas, con más de 1.500 pianos en alrededor de 50 ciudades, desde Londres hasta Nueva York. Después de esta primera etapa, la iniciativa uruguaya está armando un modelo de gestión que le permita funcionar y crecer siendo sustentable en el tiempo.

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