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Miles de recursos para la salud

El mundo de la medicina y la salud no ha permanecido ajeno a la explosión de aplicaciones que se vienen desarrollando en estos últimos tiempos. Las hay en gran cantidad para prácticamente todas las áreas y la mayoría se pueden bajar en forma gratuita en cualquier tablet o celular.

Se estima que actualmente las apps englobadas en lo que se conoce como mobile Health (mHealth) son cerca de 100 mil, y su crecimiento va en franco aumento.

Algunas de estas apps están destinadas a los médicos, brindándoles herramientas importantes para el desarrollo de su profesión, no solo en cuanto a tener acceso rápido y completo, por ejemplo a la información de los distintos medicamentos, sus dosis y efectos adversos, sino también para facilitar el contacto con colegas tanto de su país como de otras partes del mundo.

Pero, la mayoría, están pensadas para el público en general, abarcando una amplísima variedad de opciones. Algunas, por ejemplo, ayudan a controlar la diabetes, otras se dedican a registrar la ingesta de calorías relacionándolas con el peso y la actividad física, o las hay también que ayudan a que las mujeres puedan determinar los días más fértiles del ciclo menstrual.

Según un estudio, poco menos de un tercio de las apps en español son de carácter informativo, alrededor de 20% están destinadas a la monitorización de parámetros físicos, y un porcentaje algo menor están dedicadas al seguimiento del tratamiento, la formación de los profesionales, la gestión o la ayuda diagnóstica.

Pero, uno de los problemas que se ha planteado en el sector científico es cómo certificar que esas aplicaciones sean veraces, útiles para el paciente y por supuesto, no sean contraproducentes en el objetivo de mejorar su calidad de vida.

Pocos meses atrás, la Food and Drug Administration (FDA), el ente regulador de Estados Unidos, estableció una definición acerca de lo que debe ser considerado una verdadera app médica. En conclusión, si bien la mayoría de las existentes hoy en día no lo son, aquellas que sí entran en esa categoría deben ser tratadas como verdaderos dispositivos médicos. Las más claras son las que se usan en conjunto a otros aparatos médicos tanto de diagnóstico, como por ejemplo un ecógrafo, o de tratamiento, como un láser.

De todas formas, son muchos los que tienen una visión positiva sobre el buen uso de las aplicaciones, y hay quienes incluso afirman que en un futuro muy próximo serán una gran contribución para la reducción de los costos del sistema sanitario, ayudando a mejorar la salud de la población a través de la promoción de hábitos y alimentación saludables, así como colaborando con el autodiagnóstico precoz de enfermedades, y facilitando el manejo de patologías crónicas.

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