COMPORTAMIENTO

Esos miedos extraños

Las fobias son temores irracionales que se sienten ante situaciones que no son peligrosas. Sin embargo, cualquier objeto puede provocarlas: desde un pájaro a una bicicleta.

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Es posible tenerle fobia a cualquier objeto

Noemí (40) estaba sola cuando se sintió mal y se puso a llorar: necesitaba vomitar. Estuvo a punto de pedirle a su hijo de seis años que la acompañara. "Necesito que alguien me agarre la mano", cuenta.

Durante su infancia, Noemí sufría mucho del estómago. "Necesitaba que mi madre me diera la mano, porque sola no podía". Ahora, cuando se siente mal, se angustia, no por el dolor, sino por tener que vomitar. "Si estoy sola y me dan ganas de vomitar me pongo a llorar. Es miedo, no a vomitar en sí, sino que es una sensación rara, me da como pánico", asegura.

La fobia constituye "un temor irracional, ya que se experimenta ante sucesos o situaciones que no son peligrosas o que no lo son tanto como para justificar el temor", explica Alberto Chertok, psiquiatra y terapeuta cognitivo conductual.

Así, si bien la mayoría de las personas sufren fobias que son frecuentes, como las sociales o la agorafobia, el psicoanalista Jorge Bafico asegura que se puede tener fobia a cualquier objeto o situación.

Las fobias sociales, en tanto, son entendidas como el miedo a las relaciones "individuales o colectivas con el prójimo", según Bafico, mientras que la agorafobia es el miedo a experimentar un ataque de pánico en cualquier situación de la que no sea fácil escapar o donde no sea posible recibir ayuda, explica Chertok.

De esta forma, lo que siente Noemí cuando tiene que vomitar es un miedo que no tiene explicación ni fundamento. "Cuando me siento mal empiezo a temblar y a transpirar porque sé que voy a vomitar. Es como que tengo la necesidad de que alguien me agarre para no irme yo también", explica y admite que cada vez que se siente mal hace cualquier cosa con tal de no tener que vomitar. "La gente me dice que si lo hago se me va a pasar el malestar, pero yo prefiero aguantar todo lo que sea con tal de no llegar a hacerlo". Esto le pasa desde que era niña: "No me acuerdo cómo empezó, pero sé que siempre que me dolía el estómago, terminaba mal en el médico".

Si bien las fobias pueden surgir en cualquier momento de la vida, Chertok explica que "la mayoría se van gestando desde la infancia y la adolescencia y se consolidan con el paso del tiempo".

El psiquiatra sostiene que las fobias son irracionales porque el temor es exagerado y desproporcionado "ante una situación que bajo ciertas condiciones podría ser efectivamente riesgosa" y afirma que "generalmente se desarrollan temores ante sucesos u objetos que revisten cierto peligro y no ante situaciones totalmente neutras".

Sin embargo, lo que le ocurre a Agustina (23) es experimentar rechazo hacia todos los objetos que tengan una apariencia metálica y entren en contacto con la piel. "No hay nada que me dé más fobia que cuando alguien me pide que le alcance un anillo o algo así, y si me piden que ayude con un tapón de una caravana, quedo blanca", dice. Y al igual que Noemí, esto le pasa desde que tiene "uso de memoria".

No usa anillos, ni pulseas, ni caravanas, ni cadenas, ni nada que se le parezca. Lo único que puede usar es un reloj.

Bafico asegura que una fobia "está caracterizada por la sistematización de la angustia sobre personas, cosas, situaciones o actos, que se convierten en el objeto de un terror paralizador". Así, el psiquiatra explica las fobias a través del mecanismo de desplazamiento, que consiste, básicamente, en "trasladar la carga de una representación de carácter penoso a otra que no lo es". De esta forma, siguiendo una corriente lacaniana, sostiene que primero surge en alguien la angustia por alguna situación; así, la fobia es un mecanismo defensivo que transforma esa angustia en miedo, "concentrándolo en un objeto específico".

Según el psiquiatra Chertok, las fobias tienen ciertas características que pueden reducirse a: "La respuesta de ansiedad o repulsión ante aquello que se teme; la conducta de evitación, ya que el sujeto no enfrenta el suceso temido o se expone a la situación a costa de soportar una gran ansiedad; el estado de alerta, ya que el fóbico está pendiente de la aparición de aquello que teme; y la ansiedad anticipatoria, que experimenta antes de enfrentar el suceso que teme".

María (23) cruza la calle cada vez que ve un pájaro, especialmente una paloma: le tiene fobia a todo animal que tenga plumas.

Cuando tenía siete años, estaba jugando con sus hermanos en el campo y quiso tocar a un pollito. No se dio cuenta de que la madre estaba cerca y la gallina intentó atacarla. No recuerda si ese fue el momento definitivo que provocó que le tuviera pánico a las aves, pero hoy camina por la calle pendiente de evitar estar cerca de una paloma.

Una vez, un pájaro le rozó el pelo mientras caminaba por 18 de Julio. Empezó a temblar y a transpirar y estuvo a punto de largarse a llorar. Otra vez, caminaba por la calle Corrientes, en Buenos Aires con su madre y sus hermanas. Llegaron a una esquina, cambió el semáforo y cruzaron la calle. Cuando iban por la mitad, a una señora de la senda de enfrente se le cayó algo que generó que un montón de palomas se abalanzaran juntas sobre la mujer. No les quedó otra opción que pasar caminando por el medio de los animales. María pasó con los ojos cerrados, de la mano de su madre y cubriéndose la cabeza con la otra mano. Las palomas volaron alrededor de ellas pero no se fueron.

Como esas, María ha pasado muchas situaciones en las que tiene que enfrentarse a su miedo. Cada vez que está cerca de un pájaro, piensa: "Es un animal inofensivo, ellos deberían tenerme más miedo a mí que yo a ellos. No me van a hacer nada". Pero de nada sirve el ejercicio de autoconvicción. Cada vez que está próxima a un pájaro, cualquiera sea su especie, lo esquiva y si ve que no va a poder, cruza la calle.

Así, a María, al igual que a Noemí y Agustina, el miedo por los pájaros se acrecienta a medida que pasa el tiempo.

Sin embargo, según los especialistas consultados, es posible deshacerse de las fobias. Chertok asegura que una fobia puede tratarse con Terapia Cognitivo Conductual (TCC), "dado que (como cualquier temor) se adquieren por aprendizaje". De esta forma, el tratamiento consiste en un proceso de reaprendizaje activo: "Normalmente requiere la exposición gradual al suceso temido mediante técnicas que minimizan la ansiedad y otras que reestructuran las ideas o expectativas del sujeto acerca de la situación". Por otra parte, Bafico asegura que "hay diferentes tratamientos pero el psicoanálisis de orientación lacaniana es muy adecuado".

¿Cómo se clasifican las fobias?

El psiquiatra Alberto Chertok explica que las fobias pueden clasificarse en tres grupos. Las específicas, en las que "la ansiedad y el temor se despiertan ante estímulos ambientales, animales, situacionales, sangre, inyecciones, heridas y otras menos comunes como ruidos intensos, mimos y personas disfrazadas, la posibilidad de atragantarse con la comida y las plumas entre otros estímulos".

Las fobias sociales, en tanto, consisten en la ansiedad al hablar o actuar en público. Implican, además, el temor a ser observado, pasar vergüenza o ponerse en una situación embarazosa.

El último grupo es el de la agorafobia: miedo a experimentar un ataque de pánico en cualquier situación de la que no sea fácil escapar. Según Chertok, aparece en situaciones tan diversas como viajar en ómnibus, asistir a un espectáculo y sentarse en el centro de una fila, encontrarse en lugares atestados.

Comportamientos obsesivos

Agustín (21) se lava las manos cada vez que va a abrir la heladera. Lo hace también antes de servirse agua, antes de acostarse o antes de sentarse a estudiar. Se baña también tres o cuatro veces por día y no comparte ni el vaso, ni los cubiertos ni nada que tenga contacto con los demás. "Las llamadas fobias obsesivas pertenecen en realidad al campo del TOC (Trastorno obsesivo compulsivo)", explica el psiquiatra Alberto Chertok. "En ellas se encuentra el temor obsesivo a la contaminación, a la suciedad, a padecer sida", entre otros.

La niñez ayuda a miedos futuros

Parece que es posible tenerle fobia a cualquier objeto. Y eso lo demostró el paciente de uno de los especialistas consultados: le tenía fobia a las bicicletas. No podía caminar cerca de una y recién cuando pudo trabajar con su psiquiatra aspectos de su niñez respecto a un accidente de su padre en una bicicleta, pudo acercarse. Tenía 40 años. Así, el psicoanalista Jorge Bafico, explica que la aparición de una fobia se puede dar en una persona por la estructuración psíquica, que tiene que ver con sus primeros años de vida y lo favorece a que sea propensa a padecerlas.

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