VIAJES

Lo mejor de Córdoba para turistas inquietos

Un completísimo city tour por esta magnética ciudad argentina con sus características sierras, que incluye sitios históricos, zonas que están de moda y también recomendados gastronómicos.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Los tours caminando son gratis y muy recomendables.

Córdoba tiene muchas aristas para interesar a los visitantes, desde la tradición jesuita y religiosa hasta haber sido cuna de varios hechos históricos. El humor, el cuarteto y la gastronomía tradicional (una fusión de los ingredientes de los pueblos originarios con las costumbres criollas) se suman a la arquitectura y a la historia como atractivos.

Destino de paso para extranjeros que van al Norte argentino, es elegida también por quienes llegan a las sierras y disponen de un día para recorrerla y por los asistentes a congresos y reuniones de negocios. Aquí algunas recomendaciones.

Media legua de oro cultural.

Desde la plaza San Martín hasta el parque Sarmiento (diseñado por el arquitecto Carlos Thays), a lo largo de unas 25 cuadras, están algunos de los espacios de mayor valor arquitectónico y artístico de la ciudad. La bautizaron —con algo de viveza criolla— tomando como referencia la Milla de Oro de la Quinta Avenida de Nueva York, donde están los principales museos de la ciudad.

Nace en el Teatro Real, inaugurado como cine en 1927 y restaurado completamente hace unos años; ahora aloja a los elencos estables provinciales. A pocas cuadras, está el Teatro Libertador, hasta hace poco el más viejo del país en funcionamiento (perdió esa posición cuando Corrientes recuperó el suyo).

Fue construido en 1891 por Francesco Tamburini, el mismo que diseñó la Casa Rosada y el actual edificio del Teatro Colón de Córdoba. La arquitectura luce menos que la del coliseo porteño porque está rodeado de edificios; en los años 90 se le añadió una cúpula decorada por el pintor Carlos Alonso.

El Libertador es uno de los pocos teatros del país con capacidad para producir óperas con su propia gente (cuenta con escenógrafos, vestuaristas, tramoyistas, coros, orquestas y ballets). Por su escenario pasaron figuras como María Guerrero y Enrico Caruso, que —cuentan— salió llevado en andas por sus seguidores. En una visita privada, Zubin Mehta, director de la Filarmónica de Israel, aseguró que tenía una de las mejores acústicas del mundo.

A diez minutos a pie está el centro cultural Buen Pastor, inaugurado en 2007 en el lugar que durante un siglo funcionó un asilo y cárcel de mujeres. En 1888, un grupo de religiosas francesas de la congregación "Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor" armó un taller para educar a niñas pobres y huérfanas.

Una década después se sumó la cárcel que se cerró a fines de los 70, las últimas ocupantes fueron presas políticas. En el 2000 la capilla se desacralizó y restauró para rescatar su planta en cruz griega y las pinturas murales.

Sobre la misma avenida Hipólito Yrigoyen están el Museo de Antropología de la Universidad Nacional de Córdoba que, además de colecciones arqueológicas y etnográficas de toda Argentina realiza un intenso trabajo de investigación, y el Museo Superior de Bellas Artes Evita, más conocido como Palacio Ferreyra.

Inaugurado como vivienda de la familia Ferreyra en 1919 es considerado uno de los mayores exponentes en la ciudad del clasicismo francés; su parque fue diseñado por Thays. El museo tiene como muestra permanente una selección de obras entre las que se cuentan pinturas de Emilio Caraffa, Antonio Seguí, José Malanca, la serie Manos Anónimas de Carlos Alonso, Lino Spilimbergo y Emilio Petorutti.

El Museo Caraffa está en la entrada del parque Sarmiento, su diseño original de 1914 fue ampliado y remodelado a mediados del 2000 y hoy, además de contar con el mayor depósito de arte de Argentina, exhibe seis muestras simultáneas mensuales. Al frente está el Dionissi, una casona del siglo XIX, dedicado a colecciones fotográficas.

Güemes, diseño y copas.

A comienzos del siglo XIX, la zona de Güemes era los arrabales de la ciudad. Hoy es zona de artesanos, diseñadores, anticuarios y propuestas gastronómicas diversas. Con la calle Belgrano como eje, el barrio empieza a desplegarse desde el céntrico Patio Olmos hasta la avenida Pueyrredón. El polo de bares y restaurantes tiene su pico de movimiento de jueves a domingo, cuando todos están abiertos. Mercado Central ofrece cocina fusión en un ambiente moderno mientras que Los infernales de Güemes es elegido por quienes se inclinan por los aires de peñas y las empanadas. Dadá Mini sirve buenos sándwiches y picadas en su patio estilo mexicano y en La Brunchería hay bagels, mix de limonadas y tortillas tentadoras.

Para meriendas, las bandejas materas son el fuerte de La Nieta, Alfonsina y Paradojas, mientras que los aficionados al té pueden elegir entre más de 60 blends en Mil Grullas. La noche, con barras bien provistas de tragos, es de Dont Worry, El Fabuloso, El Mentidero o La Cova del Drac. ¿Cervezas? El lugar es Capitán que, bajo el lema birras que unen a la gente, tiene muchas artesanales para elegir.

Los fines de semana la que fuera la Plaza de las Carretas convoca a los artesanos que arman sus puestos durante la tarde. Músicos callejeros; vendedores de panes rellenos; buscadores de padres adoptivos para cachorros; pintores de retratos y diseñadores independientes se mezclan para darle color a la estructura que, a comienzos de los 80, diseñara el arquitecto Miguel Ángel Roca, referente del urbanismo argentino en el mundo, no exento de polémica.

Casonas y buena gastronomía.

El Cerro de las Rosas es un barrio residencial que surgió a fines de 1920 en la zona Norte de la ciudad. Durante décadas fue la residencia de familias adineradas por lo que hay casonas cuya construcción y diseño todavía impactan.

En el inicio del barrio hay un espacio verde, el Parque Autóctono, que hace las veces de mirador natural. Las avenidas Rafael Núñez y Fernando Fader son las vías principales para recorrer la zona, aunque lo mejor es abandonarlas y caminar por las calles internas. La Mujer Urbana, una escultura de Antonio Seguí marca una suerte de límite natural del sector al comienzo de la Recta Martinoli.

En los 80 fue zona de boliches bailables, ahora concentrados en los alrededores del estadio Mario Kempes. Ofrece decenas de propuestas gastronómicas y de bares que cubren todos los gustos. Comida asiática y sushi en Teppanyaki, Zhao, Casa China, Buda Town; naturista en Chia y Siamo; Pamplona es la marisquería obligada; Sofra el lugar de los que eligen la cocina árabe y De Botanas, de los que prefieren la mexicana. Son clásicos Pirola, que inauguró en el 30 y el Rancho Grande, de los 60.

Las cupcakes, tortas y variedades de tés, infusiones y jugos se destacan en Eat and Tea y María Antonieta, dos espacios que se ganaron el amor de los más golosos.

A la gorra o con tecnología.

Hace apenas un año que desembarcaron en la ciudad los free walking tours, caminatas de dos horas y media a través de los sitios más emblemáticos guiada por jóvenes. No hay un precio establecido, sino que son "a la gorra". Salen de lunes a viernes a las 11 desde la plaza San Martín y los sábados y domingos, a las 11 y a las 16. Los guías están identificados con un chaleco rojo. Son en inglés pero —de ser necesario— van traduciendo entre una parada y otra para que nadie quede afuera de las historias.

Uno de los impulsores de La Docta Free Walkings Tour, Stefano Reginato Rivelli, cuenta que se "esmeran" en ser entretenidos, van mezclando anécdotas, personajes y rasgos de la idiosincrasia cordobesa entre los datos históricos y arquitectónicos.

Recorren el caso antiguo de la ciudad, la Catedral (a donde ingresan), el Cabildo, el Museo Márquez de Sobremonte, La Mundial (el edificio más angosto de Sudamérica) y el patio y museo de la Universidad Nacional de Córdoba (corazón de la Manzana Jesuítica). Siguen después por La Cañada (el arroyo encausado que atraviesa la ciudad) hasta barrio Gúemes y regresan por Nueva Córdoba, con paradas (sin entrar) en el Museo Evita y en la iglesia del Sagrado Corazón de los Capuchinos (estilo neogótico de mediados de 1920).

La visita termina con una clase improvisada de cuarteto junto a la estatua de Rodrigo en el paseo del Buen Pastor; antes hubo una degustación de los tradicionales alfajores cordobeses.

Otra opción es, desde la página Web de la Municipalidad de Córdoba, descargar circuitos autoguiados. 

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