Educación

La maravilla de equivocarse

El error es bueno, y mejor aún en los procesos de aprendizaje, sostienen dos académicas de Stanford, que revolucionan con su nueva mirada el éxito escolar.

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Es importante fomentar en los niños una mentalidad abierta. Foto: Shutterstock

La inglesa Jo Boaler, experta en educación matemática en la Universidad de Stanford y ganadora del premio de Excelencia de la Fundación Marie Curie en 2007, ilustra su cruzada con ejemplos. El más llamativo es el de los choferes de taxi londinenses. Lo explica Boaler en artículos y charlas, junto a su visión de un cerebro humano dúctil: "El cerebro tiene plasticidad, puede cambiar, reconectarse y crear neuronas y conexiones durante toda la vida. Es así cada vez que aprendemos algo: ese aprendizaje provoca el nacimiento de nuevas neuronas que se interconectan. Una investigación científica lo comprobó en un estudio con conductores de Londres. Los investigadores descubrieron que estos absorbían un caudal enorme de información para obtener su certificación. Nada menos que 320 rutas, 25 mil calles y 20 mil puntos de interés, en un período entre uno y cuatro años. Se comprobó que, después de su certificación, el hipocampo cerebral de estos choferes había crecido enormemente. Y, al jubilarse, volvía a achicarse".

Este y otros ejemplos —como el de una niña que perdió la mitad de su cerebro en una operación y que, después de estar semiparalizada, recuperó funciones porque su hemisferio izquierdo hizo nuevas conexiones neuronales— le sirven hoy a esta académica para ilustrar su cruzada, basada en evidencia empírica y estudios.

Jo Boaler quiere que profesores, padres y alumnos entiendan que todo el mundo puede y debe aprender matemáticas sin dificultad. Que nadie nace bueno o malo para los números, que no es verdad que existe o no innatamente facilidad para calcular, que lo abstracto de esta disciplina no condiciona la mente. Todos podemos entender, todos podemos aprender, dice ella, independientemente de sexo, etnia, condición social o coeficiente intelectual. Lo único que se necesita es no rendirse frente a la dificultad, perseverar, esforzarse y siempre creer que se llegará a la meta. De tanto entrenar la mente y persistir, se aprende. Y el aprendizaje hace que el cerebro cree nuevas conexiones neuronales: crece su potencia y las matemáticas empiezan a fluir. Porque, en el proceso, ha crecido la inteligencia.

Y esto es tanto así —Boaler enfatiza que son premisas comprobadas en el campo científico— que podría influir en mejorar las cifras de inequidad. Si las matemáticas se convierten en una disciplina amigable y comprensible a gran escala, tendremos más ingenieros, más científicos, más expertos en computación y tecnología mañana.

Para esta académica, quien también asesora a instituciones educacionales de Silicon Valley, ha sido un trabajo intenso y de gran convicción. Uno que comenzó en su aula de Stanford y se proyecta hoy a todo el mundo a través de la tecnología. Si su sitio web, www.youcubed.org, acumula ya más de dos millones de visitas, su clase online para aprender a educar en matemáticas, no baja de cien mil. Hace el año pasado fue lanzada en español.

"Me especializo en el aprendizaje y la enseñanza de las matemáticas: en cómo los maestros y padres enseñan, en cómo los estudiantes aprenden. Lo que hemos hecho en nuestro sitio web es convertir evidencia científica y de investigación, en elementos y cosas simples que padres, profesores y niños pueden usar. Les entregamos material curricular, videos, artículos, para usar como herramientas. No creo que haya otro sitio que haga lo que hace el nuestro."

Pero el entramado pedagógico que esta experta educacional armó durante más de un quinquenio no llegó al éxito en forma espontánea.Basándose en otra línea de investigación, la de la psicóloga y académica de Stanford, Carol Dweck, autora de Mindset: una nueva psicología del éxito, de 2006, un best seller del New York Times que se tradujo a 17 idiomas y revolucionó la psicología social, Jo Boaler aplicó los dos estados mentales que Dweck identifica en su obra—el Growth Mindset o Mentalidad Abierta y el Fixed Mindset o Mentalidad fija o cerrada— para explicar por qué todo niño y adolescente puede aprender matemáticas, o lo que sea, con facilidad. Basta entender que el cerebro tiene neuroplasticidad y cambia, y que, frente a un error, este se potencia. Por eso, explica, en vez de frustrarse hay que agradecer ese error, insistir y perseverar. No huir de los desafíos y las dificultades, sino enfrentarlos y persistir en el esfuerzo: así se crece y se aprende. Es el camino de los exitosos.

Y en esa mirada, el rol del educador es clave: la mentalidad abierta se puede enseñar y recrear en una sala de clases. Hay experimentos que lo prueban.

"Sabemos que cada persona tiene una actitud mental. Una creencia personal del propio potencial, de la propia capacidad para aprender. Quienes tienen una mentalidad abierta creen que la inteligencia es fluida y puede crecer, que siempre se puede aumentar la capacidad de aprendizaje. Con una mentalidad cerrada se está convencido de lo contrario: se nace inteligente o no", dice Boaler.

Y esa premisa es inmutable a lo largo de la vida. Una creencia que, asegura esta experta, es determinante al hablar del éxito. Hoy se sabe que aquellos estudiantes con mentalidad abierta tienen mejores notas en sus estudios y triunfan más en la vida. Y es que nunca dejarían de crecer.

Con estas diferencias vienen aparejadas conductas. Una mentalidad abierta lleva a ser más persistente, resiliente y esforzado porque se sabe, o se intuye, que se puede mejorar. Las capacidades no son estáticas, no están predeterminadas por el nacimiento ni por el sexo, origen étnico ni entorno, tampoco por el coeficiente intelectual. Las personas de mentalidad cerrada están convencidas de lo contrario y prefieren rehuir los desafíos: como la inteligencia (y los resultados) no puede modificarse, el esfuerzo es acotado.

—¿Por qué dice que, en pedagogía, el error debe ser bienvenido, que es bueno equivocarse?

—Cada vez que cometes un error, crece el cerebro. Mucho más que si tienes todas las respuestas correctas. Los errores detonan sinapsis en el cerebro y este reacciona: esto ha sido probado en estudios de personas que han hecho tests con resonancia magnética. Hacer entender a los niños esa idea, la idea de que el error es bueno, ha sido un cambio gigantesco para ellos.

Los estudiantes con mentalidad cerrada, quienes creen que inteligencia y performance escolar están determinadas por trazos incambiables, son menos resilientes, menos persistentes y más tímidos frente a las equivocaciones. No quieren desafíos. Huyen del error y prefieren no arriesgar su zona de confort. En Estados Unidos, el mayor grupo de estudiantes con mentalidad cerrada está compuesto por niñas de alto rendimiento escolar, explica Boaler.

La buena noticia, agrega, es que un educador o un padre puede lograr que un niño en formación cambie de mentalidad y se beneficie del error. 

LA EXPERIENCIA DE CAROL DWEK.

Una "niña perfecta" que se dedicó a entender el cerebro.

La doctora en psicología de Stanford, Carol Dweck, quien se doctoró en Yale y ha dado clases en las universidades de Columbia y Harvard, fue quien revolucionó, hace nueve años, el mundo de la psicología social con su hallazgo sobre mentalidades abiertas o en crecimiento y mentalidades cerradas. Sus investigaciones de varios decenios han estado centradas en tres áreas: motivación, personalidad y desarrollo. Si bien como docente y escritora contribuyó en sus universidades desde siempre, fue su libro Mindset, de 2006, el que echó luz sobre nuevas maneras de ver la inteligencia humana aplicada a la educación.

"Yo era una niña perfecta. Siempre fui la top de mi clase y tenía la mejor ortografía, pero nunca quise competir en el campeonato regional. Fui la mejor en otras cosas, pero jamás competí a gran escala. Yo no quería arriesgarme: ya era perfecta. En mi clase, la profesora nos sentaba por orden de coeficiente intelectual. Así crecí".

Dweck, de 69 años, habla con sinceridad desde su charla TED, para intentar explicar por qué y cómo fue que se interesó y casi ha dedicado lo mejor de su carrera de académica al tema de la inteligencia y del aprendizaje. Ella, que de niña pudo haberse considerado como dueña de una paradigmática mentalidad cerrada, supo y pudo cambiar. Sus hallazgos científicos fueron una de las bases del trabajo reciente de Jo Boaler, quien los aplicó a las matemáticas, pero que pueden extrapolarse a cualquier área del saber humano.

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