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Llegó la hora de sumarse a la "limpieza primaveral"

El spring cleaning es un hábito sajón antiguo que plantea deshacerse hasta de la última migaja de suciedad que pueda haber dentro de la casa apenas se va el invierno. Una tradición que cada día gana más adeptos.

Limpieza primaveral

Tirar la casa por la ventana. Así describe Gregory McNamee, escritor estadounidense especializado en temas históricos, a un hábito conocido como spring cleaning o limpieza primaveral. No se refiere a celebrar una fiesta, sino a tareas tan poco elegantes —y muy poco gozosas, hay que decirlo, al menos no en primera instancia— como lavar las paredes, todas ellas y con total fruición; airear los manteles y la ropa de cama, colchón incluido, y a la vista de los vecinos; sacar de las habitaciones "todo lo que no esté clavado o amurado" y dejarlo al sol; limpiar los vidrios y aspirar los ductos de ventilación, pasar un paño por todos los cajones, uno por uno, y en fin: dejar la casa reluciente como un espejo. Un ritual que sin duda agota el cuerpo, pero que —asegura McNamee— a la vez repone el alma.

En algunas familias existe la tradición de embarcarse en una limpieza profunda de la casa junto con la llegada del año nuevo, para comenzar el siguiente en un entorno renovado. Pero en el siglo pasado y desde el 1800, en los países fríos del Hemisferio Norte —cuenta McNamee en el blog de la Enciclopedia Británica— familias completas se sumían en esta tarea apenas llegaban los primeros rayos de sol tibios.

Y hay una buena explicación para ello. El invierno entonces no solo era más duro, sino también más contaminante: luego de meses de encierro junto a lámparas a kerosene o alimentadas con aceite de ballena y con braseros prendidos por largas horas, todo lo que hubiera puertas adentro —desde la ropa hasta los muros; desde los manteles hasta los muebles— se volvía aceitoso, ahumado o ennegrecido por el hollín. La primavera surgió entonces como el momento perfecto para deshacerse de todo ello: en esa época del año, aún no hace tanto calor como para atraer desagradables insectos y el viento suave, típico de esos días, ayuda mucho a refrescarlo todo.

Se podría pensar que, con la llegada de las aspiradoras y los sistemas de calefacción central, la costumbre de realizar estas limpiezas primaverales cedería ante la modernidad. Pero no ha sido así. Al revés: la tradición sigue más viva que nunca y sus adeptos son muchos.

"Las casas de hoy no pueden respirar. Están llenas de químicos y gases que nuestros ancestros jamás conocieron y que provienen, por ejemplo, de las ceras para pisos o la microfibra de las alfombras", explica McNamee desde su casa en Tucson, Arizona. Y agrega: "Nos hemos vuelto más antisépticos y temerosos de los gérmenes, por lo que las casas de hoy son ciertamente más limpias a nivel microbiano. Pero, al mismo tiempo, gracias al hiperconsumo impulsado por el capitalismo, están mucho más llenas de ollas, zapatos, libros, discos, carteras, fuentes, adornos y un sinfín de objetos que hacen mucho más difícil mantener la limpieza. En este sentido, las casas de antes eran más ordenadas y ciertamente más manejables".

Manos a la obra.

Dos grandes referentes del estilo de vida estadounidense —la célebre decoradora Martha Stewart y la no menos célebre presentadora de televisión Oprah Winfrey— han escrito en sus respectivos medios de comunicación sobre el spring cleaning, lo cual da cuenta de que se trata de un tema que trasciende lo doméstico y que puede incluso vestirse con una cuota de glamour.

En su libro, Martha Stewarts Homekeeping Book, un manual editado en 2006 por Clarksin Potter Publishers, la diva de la decoración estadounidense despliega un extenso y algo abrumador checklist con todas las actividades requeridas para una buena limpieza primaveral, desde el lavado de los muros hasta el cambio de baterías de los detectores de humo, si los hay.

Pero el largo de la lista, asegura, no debiera desmotivar a nadie. "Hay pocos rituales más satisfactorios que este", apunta. "Aunque la limpieza primaveral requiere de esfuerzo, es un proyecto que se puede hacer más manejable e incluso disfrutarse". Para ello, dice, es fundamental adaptar su listado a la situación de cada cual y trabajar con un calendario realista.

El tiempo para ello puede variar, pero Stewart asegura que es necesario contar con más de un fin de semana completo. Oprah, en cambio, propone un plan de apenas ocho horas, que comienzan a las 9 de la mañana encargándose del más mínimo milímetro de suciedad que pueda haber en el baño y terminan con un premio: pedir una pizza. O sushi. O lo que sea que reponga el cuerpo. El punto es premiarse por el trabajo realizado con algo más que el mero placer de observar los espacios impolutos.

En la misma línea, la revista Good Housekeeping propone un plan de 30 días, donde el bicarbonato es el principal ayudante y la primera actividad es meter en la lavadora de platos —si se tiene— todo aquello que quepa adentro, que nunca ha sido lavado así y puede resistirlo. Esto incluye desde juguetes de plástico hasta los pocillos en los que se guardan los cepillos de dientes en el baño. Para terminar, sugiere limpiar las carteras, blanco tan favorito como insospechado de cientos de bacterias.

Ir de a poco.

Aunque reconoce ser un gran coleccionista de objetos varios —en su biblioteca tiene más de 8 mil libros—, McNamee es un férreo defensor de la limpieza primaveral anual, que siempre realiza, y propone una estrategia para abocarse a esta tarea de la manera más eficiente posible, que al menos a él le ha dado buenos resultados: trabajar por medio día, durante dos fines de semana consecutivos, y comenzar por las habitaciones más sucias y desordenadas.

Si quedan tareas pendientes, siempre se puede seguir con una o dos horas de trabajo, como máximo, en los fines de semana siguientes, que va anotando en una suerte de tabla o planilla que tiene pegada en la pared de su cocina.

Ir de a poco, dice, siempre rinde más frutos. "Esto es como escribir un libro: si te lo planteás así, pensarás que es una tarea titánica y nunca te abocarás a ella. En cambio, si te propones escribir un par de páginas al día, en doce meses tendrás tu libro", acota.

"Muchos no tenemos un fin de semana completo para dedicarle a la limpieza, pero sí podemos hacer una tarea simple al día, para hacer de la limpieza primaveral algo manejable", concuerda la escritora inglesa Jamie Novak, experta en organización, que ganó fama a partir de 2015 con su libro Keep This, Toss that (Guarda esto, tira eso otro). "No importa que puedas pagar por alguien que haga aseo: si estás lleno de objetos innecesarios, necesitas comenzar por ordenar tú mismo y deshacerte de varias cosas", afirma.

Novak está convencida de que el spring cleaning de antaño no ha perdido terreno en la sociedad de hoy, porque permite disfrutar más los espacios propios y aporta una brisa de aire fresco que renueva la vida. En su país, de hecho, todos los años en marzo se celebra el Spring Cleaning Week (la semana de la limpieza primaveral), iniciativa impulsada por la agencia de relaciones públicas The Relations Group que busca "inspirar y educar a la gente a spring clean no solo sus casas, sino también sus vidas".

El punto, dice, es buscar maneras de evitar el tedio y convertir a las tareas de limpieza en algo divertido. Y ella tiene su propio método. "Puedes poner música con un buen ritmo para aumentar la motivación. O cronometrar diez minutos para plantearte el desafío de cuánto puedes lograr en ese tiempo. O pensar en cómo premiarse al final. Lo importante es mantenerlo simple". 

Una tradición que se da en varias culturas.

La limpieza de primavera es un antiguo ritual en China. En ese país es tradición limpiar sus viviendas, ropas y espíritus antes de la llegada del Año Nuevo Chino y del Festival de Primavera. El propósito es deshacerse de la mala suerte y desgracias que puedan haber quedado del año anterior.

- La cultura cherokee celebra ceremonias anuales entre marzo y noviembre sobre las bases de las fases de las lunas nuevas. "Cuando la hierba comienza a crecer y los árboles envían sus pálidas nuevas hojas", dice la tradición. Celebrada el mes de marzo, coincide con el inicio de la temporada de siembra. Son siete días con bailes y renovación del fuego sagrado, que auguran el éxito en los cultivos.

-En Tailandia se celebra el comienzo de la primavera con el festival de Songkran, en el que es usual limpiar sus casas y especialmente las figuras de Buda. La tradición es hacerlo en púbico en el marco de un desfile, mientras que la gente se rocía una a otra con una mezcla de perfume, agua y hierbas olorosas para desearse bendiciones y buena suerte para el año que va a comenzar.

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