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¿Leer antes de la escuela?

Muchos padres se angustian si sus hijos no manejan las letras a edades tempranas. ¿Es conveniente? Expertos dicen qué hacer.

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Crear un ambiente propicio para la lectura es lo ideal (Foto: Shutterstock)

Los padres de Claudia están preocupados. La niña no demuestra apego por la lectura o escritura. Escriben delante de ella palabras muy simples: "Papá", "Mamá", "Oso", "Sol" y, si bien las identifica (no siempre), deja dudas si lo hace por mero ejercicio de memoria o por interpretación del código escrito. Y si de escribir se trata, sus conocimientos se limitan a su propio nombre. Claudia está en el Nivel 5 de Educación Inicial; recién dentro de un año, cuando esté en primer año de Primaria, deberá aprender a leer y escribir, como se estipula en el programa. Pero Claudia tiene un vecino, Diego, un año menor, que no solo lee cuentos cortos sino que se anima a redactar sus primeras frases. Y los papás de la niña no pueden evitar hacer lo que todo manual para padres desaconsejan de plano: comparar. Y angustiarse.

¿Tienen motivos? Según la Ley General de Educación, de 2009, el cometido de la educación inicial (de tres a cinco años) pasa más por estímulos al desarrollo integral del niño, así como su inclusión social y el conocimiento propio y del entorno. En Uruguay, el nivel educativo de antaño es evocado con variadas dosis de educación y nostalgia; sin embargo no fue hasta la ley 17.075, de octubre de 1998, hace menos de veinte años, que el nivel preescolar se hizo obligatorio, aunque entonces solo para los de cinco años. O sea, antes de eso, el sistema educativo tenía al primer año de Primaria (cuando los niños cumplen seis y siete años) como instancia para enseñar a leer y escribir. Pero hoy muchos padres —y no pocos educadores— piensan que sus hijos pueden perder el tren si no llegan a ese nivel con nociones ya adquiridas.

"Si bien hay niños que adquieren conceptos (de lectura y escritura), con estimulación y gracias al desarrollo de habilidades previas, el objetivo de aprender a leer y escribir sigue estando en primero de escuela", señala la licenciada Ana Laura Palombo, psicopedagoga, con una maestría en Intervención Psicopedagógica y experta en el tema. Para ella, no existe tal cosa como una edad ideal previa para esa adquisición de conceptos. "Lo que sí existen son conocimientos previos y necesarios para la buena adquisición de la lectura y la escritura. El escolar debe dominar el lenguaje oral y recién después pasar al escrito. Para eso, a nivel inicial hay que consolidar aprendizajes que funcionen como bases, sobre todo la conciencia fonológica". O sea, la habilidad de reconocer signos y sonidos.

Claro, decirle eso a padres como los de Claudia capaz que no resulta tranquilizador. "Hoy noto varias presiones. De la sociedad a los padres, de los padres a los niños y de la sociedad educativa a los niños", sostiene la psicóloga Silvana Barlocci, también asesora familiar, quien incluso ha escrito columnas al respecto en publicaciones internacionales. "Vivimos en una época de cuanto antes, mejor. Y si no aprenden rápido, se los comen. La intención de los padres no es mala, es buena: piensan que un aprendizaje temprano a la larga va a repercutir en una mejor inserción en el mercado laboral. El tema es que están mal asesorados sobre la manera, desconocen varios procesos que deben darse en el niño. Apresurados, los niños pueden terminar respondiendo, pero es va en contra de un aprendizaje más sólido. Y las consecuencias de forzar un proceso pueden ser problemas de aprendizaje, de atención, hartazgo, deserciones...".

Verónica De León, maestra de Primaria e Inicial con 17 años de experiencia, Diplomada en Educación en la Universidad ORT, recuerda que ya en cada grado del preescolar la lectura y la escritura es parte de la vida del alumno y que cada grado establece mínimos esperables. "Es no quiere decir que el niño aprenda en ese lapso de tiempo, a veces precisa un poco más que eso, y en ese sentido la discusión de la repetición viene a interpelar esos criterios". Ella sabe bien lo que son los nervios de los padres cuando creen que sus hijos están quedando rezagados y no saben el porqué. "Para calmar la ansiedad de los padres tratamos de que comprendan cómo el niño desarrolla estos procesos y de qué manera pueden ayudar a sus hijos, tanto en situaciones cotidianas como en hábitos a construir en el hogar" (ver nota aparte).

Cambios.

En todo caso, ¿es un handicap terminar Educación Inicial sin saber leer y escribir? Aunque no sea obligatorio y aunque en los hechos eso no sea la regla, De León entiende que sí lo es. "Hay investigaciones realizadas en la región, y en particular en nuestro país, que demuestran la importancia de la etapa de la Educación Inicial para la adquisición de la escritura y la lectura con un impacto directo en la repetición en primer año".

La psicóloga Barlocci opina que, efectivamente, puede serlo. "Quizá sí lo sea porque el sistema parece esperar eso. Yo te puedo decir que entré a Primaria sin nociones ninguna. Y hoy soy profesional y no perdí ningún examen en la facultad". Palombo, psicopedagoga, no ve que sea handicap a futuro no saber leer y escribir antes de los seis años. "No necesariamente es así, el handicap a futuro se ve en otras cosas, si no identifica grafemas y fonemas. Además, el desarrollo en niños no es homogéneo".

Es difícil darse cuenta si antes era distinto, señala Palombo. Que no fuera obligatorio asistir a Educación Inicial ya marca un cambio grande y hace que los tiempos sean difíciles de comparar. Y si se habla de evolución, ¿las nuevas tecnologías —concretamente las que tienen pantalla táctil, como celulares o tablets— ayudan o no para adquirir habilidades de lectura y escritura? De León, docente, afirma que "las nuevas tecnologías y, en general, el uso de la imagen en el entorno diario del niño, ofrecen más oportunidades de aprendizaje y de estímulo de la curiosidad para comprender y usar la información para resolver problemas". En todo caso, añade, es tarea de los maestros hallar "usos más constructivos" de estas herramientas.

Barlocci descree del fin pedagógico de estas tecnologías. "El niño está quieto, sentado, no hace nada. Y no es cierto que se puedan aprender las letras con jueguitos: podrá ver una a, pero eso no quiere decir que interiorice que hay un grafema unido a un fonema".

En todo caso, la clave pasa por introducirle nociones de lectoescritura a través del juego. "No es obligatorio que aprendan, pero el estímulo hay que hacerlo", resume De León. Al aprendizaje no se le puede poner techo.

HASTA LOS SEIS SOLO JUEGOS, DICE EXPERTO

En 2009 un grupo de expertos liderados por el docente de la Universidad de Cambridge, Robin Alexander, concluyeron que la enseñanza formal debía postergarse hasta los seis años de edad (que en Uruguay sería primer año de Primaria). Esa fue la mayor reflexión sobre la enseñanza preescolar británica en 40 años. Los expertos aseguraron que una educación estructurada en materias es muy temprana para niños de cuatro y cinco años, y que en esa época se les debe ayudar a construir destrezas sociales a través de los juegos, en vez de introducirlos en las letras y los números.

AMBIENTE ALFABETIZADO Y SACARSE PREJUICIOS DE LA CABEZA

Los padres puede ser, por acción u omisión, actores principalísimos en la alfabetización (o no) del niño. Acuciados por la presión social, pueden sentirse obligados a actuar, a cuestionar los tiempos o las actividades del colegio, y hasta a comparar a su hijo con otros pequeños. Los expertos sugieren manejar la situación con normalidad, tranquilidad y tomarlo como si fuera un juego. Esa es la mejor forma en la que aprenden los niños.

"Primero que nada, lo que hay que hacer es sacarse la cabeza eso de cuando antes, mejor. Eso de que si el hijo del vecino aprendió a leer a los cuatro años y medio y el tuyo no es porque es más inteligente. Tampoco lo sería si habla primero, camina primero o deja antes los pañales. Hay que cambiar el chip con eso de la exigencia", enfatiza la psicóloga Silvana Barlocci, terapeuta holística con enfoque sistémico y asesora familiar.

En todo caso, sugiere que con la familia el lenguaje entre en forma lúdica, con rimas y trabalenguas, haciéndole partícipe de las tareas del hogar, que casi todas involucran a la lectura. "Es necesario que experimente el placer del lenguaje, de poder comunicarse. Leerle un cuento y que después lo pueda dibujar. Pero hay que permitirle el juego libre y espontáneo lo más que se pueda".

Por su parte, la licenciada en psicopedagogía Ana Laura Palombo, cuya tesis de Doctorado en Psicología trata sobre la ortografía en escolares, sostiene que crecer en un ambiente alfabetizado es la mejor ayuda posible. "La escuela, de por sí, tiene un gran rol para poder orientar y acompañar a los padres en el proceso de alfabetización de sus hijos. Básicamente, se trata de estimular el gusto por la lectura y la escritura: leerle cuentos, pedirle que nos ayuden a elaborar la lista de las compras, si pregunta por una letra, ayudarlo, incluir juegos que tengan que ver con letras y palabras". El énfasis, resalta, pasa por acompañar los procesos.

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