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El láser, una idea de hace cien años

Hace casi 100 años Albert Einstein publicó un artículo científico llamado La Teoría Cuántica de la Radiación, en el que determinaba la base teórica para lo que varias décadas más tarde sería la tecnología láser.

Láser es el acrónimo de los términos en inglés Light Amplification by Stimulated Emission of Radiation (en español, Amplificación de la Luz mediante la Emisión Estimulada de Radiación), es decir que se trata de fuentes de emisión de luz de alta intensidad, que transcurren en una única longitud de onda, que viaja en un haz o rayo coherente.

Hoy se utiliza ampliamente en las más diversas actividades del ser humano, tanto productivas o comerciales como también en la vida diaria hogareña: basta recordar que dispositivos electrónicos como los lectores de DVD o CDs se basan en el láser. Pero es indudable el avance que ha significado para el desarrollo de la medicina, sobre todo en ciertas especialidades como la cirugía, la oftalmología y sobre todo en la dermatología.

Entre los láser más usados están por ejemplo los de CO2, que se utilizan para tratar cicatrices de acné, eliminar lesiones premalignas de la piel e incluso para atenuar arrugas finas o irregularidades cutáneas. El Dye Láser se aplica sobre hemangiomas y otro tipo de lesiones vasculares. Con el Neodimio-YAG se pueden obtener buenos resultados en algunos casos en los que se busca eliminar tatuajes, y el láser de diodo, por su parte, es efectivo para la remoción de pelos y vellos corporales.

Si bien se suele mencionar dentro de este grupo a la luz pulsada intensa (IPL), asta no es técnicamente un tipo de láser, ya que emite luces que no son coherentes, en un rango que va desde los 500 a los 1.200 nanómetros. Esto permite que con un mismo aparato, intercambiando filtros se pueda aplicar con precisión para eliminar manchas solares, pequeñas dilataciones vasculares, para depilación prolongada o para estimular la producción de colágeno a nivel de la dermis.

De todas formas, no está de más recordar que esta, como todas las tecnologías médicas, pude ser muy beneficiosa siempre y cuando sea utilizada correctamente por el ser humano encargado de su aplicación. Esto significa que el médico debe estar entrenado para elegir qué tipo de láser debe utilizarse, a qué potencia y por cuánto tiempo, aplicando con criterio y responsabilidad sus conocimientos en cada caso en particular.

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