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Las jóvenes batutas

Directores de orquesta: una carrera exigente, que reclama talento y dedicación, con escasa salida laboral, pero que atrae a un grupo de uruguayos.

Daniel Hasaj en plena dirección (Foto: Gerardo Pérez)
Daniel Hasaj en plena dirección (Foto: Gerardo Pérez)
Martín García, catedrático de Dirección de Orquestas (Foto: Ariel Colmegna)
Martín García, catedrático de Dirección de Orquestas (Foto: Ariel Colmegna)
Bruno González, a punto de graduarse (Foto: Ariel Colmegna)
Bruno González, a punto de graduarse (Foto: Ariel Colmegna)
Mariana González será la primera mujer egresada de la licenciatura (Foto: Ariel Colmegna)
Mariana González será la primera mujer egresada de la licenciatura (Foto: Ariel Colmegna)
Esteban Louise, director de orquesta y del Coro del Sodre (Foto: gentileza Esteban Louise)
Esteban Louise, director de orquesta y del Coro del Sodre (Foto: gentileza Esteban Louise)
El niño prodigio Pierino Gamba dirige una orquesta.
El niño prodigio Pierino Gamba dirige una orquesta.

LUIS PRATS

"Dirigir es interpretar. Cuando dirigís una obra, tenés que hacerla tuya, como si la estuvieras componiendo vos". Daniel Hasaj (29) escuchó el consejo de Piero Gamba durante un curso en el conservatorio Falleri Balzo y no lo olvidó.

Gamba es un nombre mayor en su profesión, que inició de niño y lo llevó a las grandes salas de todo el mundo (ver aparte). En el imaginario uruguayo, es casi sinónimo de director de orquesta. Por eso vale su palabra para resumir una actividad que todos identifican, pocos saben describir en su totalidad y muy pocos pueden ejercer.

Hasaj, como Esteban Louise, Bruno González o Mariana González, son directores de orquesta uruguayos, graduados o a punto de serlo, de no más de 30 años. Son jóvenes para su profesión, que exige el control de todo lo que ocurre en una orquesta. Y deben convencer a los músicos —algunos quizás con más años de trayectoria que los directores de vida—que lo que se disponen a ejecutar es la mejor versión de la obra.

Su salida laboral es limitada en este país: hay escasas orquestas y cada orquesta tiene un solo director. Seguramente por eso todos cumplen otra actividad vinculada con la música. Quienes inician la Licenciatura en Dirección de Orquesta en la Escuela Universitaria de Música lo saben. Incluso porque no arrancan de cero: un severo examen de admisión certifica que poseen aptitudes que no están al alcance de muchos, como saber leer una partitura orquestal.

"No hay una fórmula para ser director de orquesta", afirma Martín García, quien además de director es el catedrático de la licenciatura. "La actividad es lo suficientemente inasible como para definirla. Si bien se desarrolla en el terreno de la música, es extra musical porque no se toca ningún instrumento: se trabaja con el sonido que producen otros. Y está muy ligada a la esencia misma de la persona: hay tantas formas de dirigir como directores", dice.

La profesión es relativamente nueva, pues apareció ya iniciado el siglo XIX, cuando se establecieron las grandes orquestas. Antes era una función compartida entre miembros de la propia agrupación. Beethoven solía comunicarse por medio de gestos con los músicos durante las ejecuciones de sus obras: quizás fue el primero en el oficio.

"La actividad del director consiste en comunicar una voluntad educada. En las clases ayudamos a formar esa voluntad y que los alumnos adquieran las herramientas para expresarla", indica García.

A diferencia de los instrumentos, la dirección de orquesta no se puede practicar en casa. El estudio detallado de la obra a dirigir es clave, pero nada reemplaza a la práctica con una orquesta, el gran desafío para quienes aspiran a seguir esta profesión. "Pero es un círculo: si no tengo experiencia no dirijo y si no dirijo no tengo experiencia", admite.

Pasión.

El vínculo de Esteban Louise (30) con las partituras comenzó a sus cinco años, en talleres de iniciación. A los 14 lo tuvo claro: quería ser músico. Y tres años más tarde, resolvió que lo suyo sería la dirección orquestal y de coros. Fue el único de su familia en transitar ese camino, ya que su padre es trabajador del transporte y su madre profesora de Biología. Hoy comparte la labor al frente de orquestas con la dirección estable del Coro del Sodre. Precisamente, participó en esta nota vía mail desde Europa, donde viajó para un certamen de coros.

"Desde que comencé a estudiar me apasionó la tarea del director, el estudio de las obras, la comprensión de las mismas y la interpretación personal que uno le debe agregar basándose en el estilo y estudio de cada elemento de la trama sinfónica", explica. En la Escuela Municipal de Música se formó como instrumentista (viola) y en la Escuela Universitaria obtuvo la licenciatura en dirección.

A los 20 se paró por primera vez frente a una orquesta para dirigir una producción de La verbena de la Paloma. Y asegura que nunca se siente nervioso por la tarea, ni siquiera aquella primera vez.

"Es un momento único de conexión y complicidad con el coro o la orquesta, que me genera una gran tranquilidad", asegura. Aunque admite que es una "gran responsabilidad", más allá de la edad de quien lleve la batuta: "El director es el responsable de lo bueno o lo malo de una interpretación. Es un peso que hay que llevar sin complejos. Pero que realmente existe".

¿Qué se necesita para dirigir una orquesta en forma adecuada? "Como en todos los órdenes: formación, compromiso, pasión y amar lo que uno hace", responde Louise.

Tradición.

Daniel Hasaj proviene de una familia de músicos. Su padre, Fernando, fue un destacadísimo violinista. Su madre, Gladys Margounato, interpretaba flauta. Y su hermana, Carolina, toca el violín también en forma profesional. El muchacho, entonces, casi automáticamente decidió estudiar flauta. Pero también le atraía la dirección. "Como mi padre trabajaba como solista y mi madre en la orquesta del Sodre era habitual en casa ir a conciertos o verlos por televisión. Fue algo casi natural", asegura.

Y los amigos ¿qué opinaban de su compinche músico? "Mi círculo de amigos más cercano sabe que estoy tocando en orquestas desde muy joven, así que están curados de espanto. Antes de entrar a la Escuela Universitaria estudié unos años de batería. Todo sirve para algo. Facilitó algo saber percusión, como también violín. Mi padre me dio algunas clases", cuenta.

El joven director habla en su casa, entre un piano de cola que ocupa medio living y una biblioteca de libros y discos. Algunos nombres parecen alejarse de los conciertos sinfónicos: Beatles, Sinatra, Piazzola. "Yo escucho un poco de todo —explica—. La Escuela Universitaria tenía una materia maravillosa, Repertorio, que te obligaba a escuchar cosas muy alejadas de las que conocías. Por ejemplo, la música popular de pueblos perdidos".

Cuando cursaba la licenciatura, integró la orquesta juvenil del Ministerio de Educación y dirigió por primera vez: fue la Obertura de Gluck, en la Catedral metropolitana.

Asegura que más allá de las diferencias de edad con los músicos, la dirección es un tema de confianza. "Los músicos tienen que confiar en lo que dice el director. Y cuando estás parado ahí adelante, te la tenés que ganar. Soy optimista en que la orquesta puede confiar en que las cosas van a salir bien cuando dirijo. ¿Nervios? Sí, seguramente… El hecho de que estás de espaldas al público ayuda un poco. Pero tengo menos nervios dirigiendo que tocando", cuenta. Y agrega que se registran situaciones que podrían dar para un tratado de psicología en los intérpretes de orquesta.

Para llevar a los músicos es necesario tener tacto, indica. "Hay errores que salen por casualidad, pero si en un ensayo se repiten tres o cuatro veces es necesario parar y revisar qué está pasando", señala. Lo ideal, agrega, es preparar un concierto durante una semana, pero la última vez solo tuvo dos días.

Desafío.

También Bruno González (29) viene de una familia de músicos: su padre era profesor de contrabajo y tenía un taller de instrumentos, su madre toca guitarra y flauta, su abuela fue pianista y cantante. Sin embargo, en su infancia él no se sintió atraído, hasta que a los 12 años comenzó con una batería. A los 14 empezó con la viola, pronto conoció la orquesta juvenil y se vinculó.

"Al conocer orquestas me dieron cada vez más ganas de ver qué pasaba en el lugar del director. Se pasa de leer una partitura, una voz sola, a seguir muchas voces haciendo cosas diferentes. Al principio me parecía imposible poder escuchar todo al mismo tiempo. Hay que atender los sonidos graves, los agudos, los timbres de cada instrumento, entender la escritura de las partituras. Son muchas cosas para prestar atención. Y los músicos tienen que entender al director, porque existe una diferencia entre lo que te parece que estás haciendo como director y lo que ve cada músico. Eso ya es un desafío", afirma.

Admite que se sigue poniendo nervioso al dirigir. "A veces hay que ser un poco malo, ponerse serio… Es como ser actor, hay que hacer de cuenta que estás haciendo una película", comenta.

"Cuando empecé, enseguida me di cuenta de que para practicar necesitaba una orquesta. Cuando se escucha una grabación, uno puede hacer de cuenta que dirige, pero en realidad vos estás siguiendo a la orquesta y no la orquesta a vos. Busqué estudiantes en la misma situación que yo, que tocaran instrumentos. Así armamos una orquesta de estudiantes, algunos de ellos principiantes, y fuimos avanzando, haciendo obras cada vez más complejas" recuerda. Ensayaban en el Club de Residentes de Soriano, ya con público, integrado por familiares y gente del club.

Su carrera se fue haciendo con pequeños pasos. Formó después la camerata Da Capo, que significa "desde el comienzo". En 2015 ese grupo se trasladó a la Municipal para formar la orquesta académica Luis Sambucetti, que realizó varias presentaciones. Además, creó la camerata Assai, ya con músicos profesionales o semiprofesionales e hicieron obras más importantes.

Otra oportunidad de dirigir se presentó hace unos días con la ópera La flauta mágica, junto a una orquesta pequeña y una agrupación de cantantes, Objetivo Lírico. La puesta en escena era vanguardista, por lo cual todos los artistas se presentaron con ropa deportiva. La informalidad no le gustó mucho pero lo atrajo la idea de dirigir una ópera. "Fue una tremenda experiencia. Hay que estar muy seguro para que todo fluya, para que los cantantes vayan bien. Y tengo poca experiencia con el canto. Por eso empecé a estudiar dirección de coro", relata.

Bruno todavía no egresó del curso, pero ya dirigió algunos fragmentos de obras importantes, con profesionales prestigiosos como Piero Gamba y David del Pino Klinge. "Todo es experiencia, por eso quiero dirigir todo lo que pueda", enfatiza.

También mantiene su oficio tocando en el cuarteto Aramis —una de sus compañeras es Carolina Hasaj, hermana de Daniel— además de hacerlo en la Ossodre y la Filarmónica. "Es muy disfrutable, pero dirigir lleva mucho tiempo. Hay que prepararse, estudiar, saber cómo se tocan los otros instrumentos. Primero los de cuerdas, que era lo mío. Luego los de viento. Por eso estudié oboe en la Escuela Municipal. Componer y arreglar son otros aspectos. Nunca lo hice, pero son parte de lo mismo y algún día tendré que hacerlo. Una cosa te facilita la otra", repasa.

Todavía tiene la batería. Y sigue escuchando todo tipo de música, hasta cumbias. "Me satura mucho de lo mismo. Incluso si es música clásica. Hay que variar", asegura.

Pionera.

Dos personas forjaron la vocación de Mariana González: su profesora de piano y Beethoven. A los 28 años le quedan dos materias (Instrumentación IV y Análisis IV) y ya dirigió varias veces, aunque en gran medida gracias a su esfuerzo por formar ensambles (orquestas más pequeñas).

"Me encanta la orquesta. Lo considero un instrumento con posibilidades infinitas, más que cualquier instrumento solista. La posibilidad de transmitir algo con una orquesta es un desafío", explica.

Trabaja como archivista en la Banda Sinfónica Municipal, toca el clarinete en un cuarteto de vientos y sabe también piano. En realidad, todo comenzó con el piano. En su familia no hay ningún músico (no tiene parentesco con Bruno), pero pudo ingresar en la escuela de música Virgilio Scarabelli Alberti. "Allí, la profesora María de los Ángeles Sosa me incentivó, me dijo que tenía talento y disciplina. Y luego de la escuela seguí tomando clases con ella", recuerda.

Siempre muy interesada en el funcionamiento de las orquestas, comenzó a estudiar composición. "Beethoven me marcó, me hizo decidir seguir dirección orquestal. Entré a leer partituras de orquesta y me conmovió descifrarlas". Como sabía piano y estaba cursando composición, Mariana tenía los conocimientos básicos para superar la prueba de admisión, aunque le costó también todo un verano de estudio.

González reconoce que a nivel global existen pocas mujeres al frente de orquestas aunque asegura que "eso está cambiando de a poco". En Uruguay, puede mencionarse a Renée Pietrafesa. Mariana es la única estudiante mujer a punto de graduarse en la Licenciatura. Tuvo una compañera, Sofía Scheps, que prefirió seguir Composición. Hubo alguna otra que empezó o concurrió como oyente, pero sin la constancia que exige la carrera.

"Como en muchas otras disciplinas, la manera en que se trabaja es masculina. La profesión tiene una impronta más masculina. Hay una forma de ser más sensible, habitual en la mujer, que no está del todo legitimada", comenta.

Quiere recibirse y dirigir, aunque sabe que la experiencia es esencial y cuesta tener oportunidades. "Lo malo de la carrera es que no tenemos una orquesta para practicar. Nos da conocimientos pero poca práctica. Me vi obligada a armar este ensamble, hablar con los músicos, conseguir una sala y muchas otras cosas. Por motivos de tiempo, vinculados con lo laboral, no he podido rendir las materias que me quedan. Pero mi trabajo de archivista de la Banda Sinfónica me sirve. Tiene mucho que ver con la música. Manejo las partituras, organizo las tareas. Es una función para un músico. Trabajo con Martín Jorge, director de la Banda, y con los músicos. Escucho los ensayos. Ya estoy conociendo el funcionamiento de una orquesta", afirma, llena de ilusiones.

Las mismas ilusiones que comienzan a cumplir sus jóvenes colegas. Como Hasaj, quien el viernes 27 dirigió la Sinfónica del Sodre en el auditorio Nelly Goitiño, con un repertorio de Weber y Schuman (foto de apertura).

De traje común y corbata roja, lejos del frac que a veces identifica a las estrellas de su oficio, Daniel saludó los aplausos del público con formales reverencias y se retiró del escenario luego de recibir un ramo de flores. Unos minutos después, ya en el acceso de la sala por 18 de Julio, saludó a su madre y le regaló el ramo.

Pierino, inspirador y referente.

En diciembre, el maestro Piero Gamba cumplirá 80 años de una vida rica en realizaciones. Pero hubo un tiempo en que fue Pierino, niño prodigio que dirigía orquestas todavía de pantalón corto, como vestían entonces los chicos de su edad. Su primera presentación ante el público la realizó a los nueve años, en la Ópera de Roma, con la ejecución de la Quinta Sinfonía de Beethoven. Y desde entonces no abandonó la música, a través de siete décadas de actuación. Si bien nació en Roma en 1936 y reside en Estados Unidos, visitó Uruguay muchas veces, vivió un tiempo aquí y estuvo al frente de la Orquesta Sinfónica del Sodre en dos períodos. En setenta años de carrera, se presentó en más de 300 ciudades de 40 países diferentes y ofreció cerca de 4.000 conciertos con 125 orquestas. Fue designado director honorario de por vida por nueve orquestas sinfónicas alrededor del mundo. Todo un referente para los jóvenes que quieren seguir su camino.

Una exigente carrera de cuatro años.

La Licenciatura en Dirección de Orquesta de la Escuela Universitaria de Música tiene cuatro años de duración. Se realiza una prueba de admisión porque es necesario que el estudiante sepa desde el primer día leer una partitura orquestal, lo que no es sencillo porque allí aparecen las partituras de todos los instrumentos. También debe tener manejo del piano.

"En general, los alumnos son un poco mayores que los que estudian otras carreras musicales, porque ya vienen con estudios teóricos y conocimiento de instrumentos. Ahora tengo cinco alumnos y algunos otros que vienen como oyentes para adquirir los conocimientos básicos antes de empezar la carrera", explica Martín García.

Las clases incluyen teoría y práctica. Para esta última se cuenta con dos pianos en los cuales se deben tocar todas las notas de la orquesta. Antes había también un quinteto de cuerdas residente, que permitía al alumno lograr una vivencia más cercana al trabajo de una orquesta.

Docente:  "La profesión implica el yo en toda su magnitud".

Para el catedrático de Dirección de Orquesta Martín García, la primera condición para ejercer esta profesión es "tener una voluntad muy grande". Pero eso no garantiza el éxito, como tampoco el talento, la dedicación o el estudio por sí solos, advierte. "La dirección exige moldear la voluntad, los nervios, el temple. Y hay gente que no es capaz de manejar eso. La presión se multiplica por mil porque estás parado delante de 100 profesionales", explica.

"La profesión implica el yo en toda su magnitud. Hay que ser un poco egocéntrico, porque uno tiene que estar dispuesto a ser el centro de todo, con sus ventajas y sus desventajas. Pero también implica un agudo sentido crítico, porque requiere capacidad de discernir y autoanálisis. En las clases intentamos promover esas capacidades, sin idealizar la profesión, que tiene mucho de oficio", asegura.

Para el público, la parte más visible del trabajo del director son los gestos que realiza con sus manos y el movimiento de la batuta frente a los músicos. "Esa es la parte más superficial del trabajo. Pero abajo hay un trabajo muy profundo de estudio e internalización de la música", enfatiza García.

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