TENDENCIAS

Irse de vacaciones con el personal trainer de invitado

Maratones, viajesde trabajo o descanso: cada vez más gente se lleva a su profesor para continuar la preparación física lejos de casa. ¿Necesidad real o dependencia? Docentes y alumnos hablan de su experiencia.

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En vacaciones esta tendencia alcanza su mayor demanda.

Vamos a Nueva York? Yo te invito", soltó, casi sin preaviso, mientras se secaba el sudor de su frente. Para Víctor Rodríguez la propuesta, que lo agarró medio de sorpresa, no salió de su pareja ni de sus amigos: fue de uno de los tantos alumnos que este profesor de educación física y experimentado andinista entrena. La invitación, claro, no era de carácter turístico: la idea era que Víctor acompañara a Myller Maccari, su alumno, a correr la famosa maratón de esa ciudad, una de las preferidas de los runners dentro del exigente calendario anual de carreras de 42 K.

Víctor no solo fue a Nueva York; también estuvo en Chicago y tiene confirmado el próximo destino: la capital de Alemania. "Ya estamos inscriptos. Para Myller Berlín es especial porque ha estado allá y tuvo que abandonar la carrera porque se lastimó. Le quedó un sabor amargo y ahora va por la revancha", avisa Víctor, director de VTR Entrenamiento en Argentina. Él es uno de los tantos personal trainers que viajan por distintas ciudades con sus alumnos para entrenarlos y prepararlos física y psicológicamente para un evento tan exigente como una maratón a miles de kilómetros de casa.

Pero la tendencia no solo está presente en el running —sector que ha explotado en los últimos años—, sino que también se extiende a todo el mundo del fitness y, en vacaciones, alcanza uno de sus momentos de mayor demanda: cada vez es más frecuente llevarse al entrenador personal a la playa o al lugar de vacaciones elegido para no interrumpir la puesta apunto física ni siquiera en tiempo de descanso.

Ya no llama la atención en los gimnasios de las torres más exclusivas de la costa argentina y uruguaya ver a la gente entrenando junto con su personal trainer. "Muchos los traen desde Buenos Aires porque quieren entrenar con su profesor de siempre y otros los contratan acá", afirma uno de los encargados del gimnasio con vista al mar de una exclusiva torre en Punta del Este.

Desde hace 25 años, Daniel Tangona, el entrenador personal elegido por empresarios y gente del showbiz, se instala en el balneario uruguayo desde fines de diciembre y se reparte entre sus alumnos personales de Buenos Aires y los huéspedes que llegan al Conrad Resort, donde da clases durante todo enero. "Todos mis clientes vienen acá y tengo que estar para ellos. Me llaman para que los entrene porque saben que en enero se destruye lo que construiste durante todo el año. Por supuesto que ellos pueden hacer la rutina solos porque la saben de memoria. Pero se motivan más cuando están con su entrenador. La mayoría te necesita al lado."

Como si fuera parte de su rutina veraniega, Tangona carga su camioneta con todo lo necesario para armar un gimnasio a la orilla del mar o en el jardín de la casa donde se están quedando. Si el alumno se aloja en alguna de las imponentes torres con gimnasio, constata que allí tenga todo lo que su cliente necesite para el entrenamiento.

"Para estos tipos que son presidentes de empresas y viven subidos a un avión, entrenar es su momento de tranquilidad e introspección —sostiene Tangona, autor de Las excusas engordan—. Yo busco contenerlos, los escucho, los aconsejo. Con muchos se genera una relación de confianza. Y ellos saben que para mí el entrenamiento va mucho más allá de sacar musculito o pegar lomo. Lo mío es una propuesta holística, integral y con el foco puesto en la salud".

Claro que el verano es una época propicia para cometer todo tipo de excesos: "Vas a comer mucho afuera, te sirven el primer plato a la una de la mañana, tenés eventos y te acostás a cualquier hora, dormís mal... Se hacen un montón de desarreglos y yo estoy ahí para ordenarlos y motivarlos. El 70% de la población es sedentaria, no tiene el hábito de entrenar y menos aún en vacaciones. Pero si un mes no hiciste nada empezás el año con la energía baja. Y gente como (Cristiano) Rattazzi, o Gonzalo Vila, el CEO de Dunlop, no pueden darse ese lujo", dice sin concesiones el personal trainer que, entre otros gustos personales, formó parte del equipo de trabajo de Tiger Woods cuando el golfista estuvo en Argentina, allá por el comienzo del nuevo milenio.

Pero más allá de las vacaciones, muchos empresarios suben a sus entrenadores personales al avión que los llevará a alguna reunión de trabajo fuera del país. Para el arquitecto Horacio Ludigliani, dueño de una constructora con desarrollos inmobiliarios en Argentina, Uruguay y Miami, llevar a Tangona en sus viajes de trabajo se ha vuelto una necesidad: "Cuando viajo lo llevo conmigo. Tengo 52 años, hace seis que me entrena y soy un convencido de que para triunfar en los negocios tenés que estar sano —plantea—. Es fundamental que los ejecutivos hagan actividad física porque te despeja el cerebro. El cuerpo solo te lo pide. Llevarlo es una necesidad porque no solo te entrena, te ordena con la comida y te acompaña. Con él hablo desde problemas de salud a los personales, es un compañero", dice Ludigliani, que hace kitesurf, juega al golf y pilotea aviones.

"Si te llevan y te suben a su avión es porque tenés un valor agregado", sostiene Tangona, que asegura que realizar ejercicio físico antes de una conferencia o una reunión laboral baja el estrés y suma claridad mental. "Los circuitos se activan. Se oxigenan y uno tiene una mejor respuesta. Si a eso le sumás que además les ordeno las comidas y procuro que descansen bien, la ecuación cierra", dice el conocido personal trainer, hijo de la primera Momia, uno de los recordados personajes de Titanes en el ring.

¿Un seguro contra la pereza?

En la costa argentina, la tendencia de no dejar la puesta a punto ni aún en vacaciones se replica con igual modelo: llevar o contratar a un entrenador personal como si se sacara un seguro contra la inactividad. Silvina Garibotto, de 41 años es profesora de Educación Física. Se instaló en Mar del Plata durante todo enero junto con su pareja, Sebastián Cirrincione, un empresario de 40 años de Saavedra. Fanática del running, Silvina entrena en Buenos Aires con un grupo de corredores coordinado por Oscar Cortinez. "Me traje un plan de entrenamiento que me preparó Oscar, pero aun así quise buscar uno. Junto con Sebastián resolvimos contactar y tener un preparador físico porque así sabíamos que nos íbamos a organizar mejor con los tiempos y tener un seguimiento cercano para no perder ni intensidad ni disciplina en el entrenamiento".

El fantasma de perder en sólo 30 días todo lo logrado en un año sobrevolaba a la pareja, que participa de carreras de 10, 15 y 21 kilómetros. El año pasado también corrieron los 42K de Buenos Aires. "Con un entrenador personal uno logra una mejor organización, tanto en la preparación como en la vida personal de cada uno, aún en vacaciones", asegura Silvina. "Tener esa presencia cercana, estar acompañado a la hora de correr y ejercitar, también es una motivación adicional. No es lo mismo correr solo que con alguien que te está exigiendo".

Silvina dice que cuatro veces por semana entrena junto a Leonardo Malgor —reconocido preparador de varios de los atletas olímpicos que participaron de Río 2016— y dos días realiza la rutina que le indicó su personal trainer de Buenos Aires. El séptimo día es de descanso o relax total o con algún que otro trabajo regenerativo. "Tener un entrenador personal y un plan de entrenamiento aleja el riesgo de la fiaca o la pereza y disipa esas dudas que a veces te genera tener que salir solo a correr. Aquí sabés que alguien te espera a tal hora y que hay que responder a una exigencia".

¿Cuál es el perfil de los alumnos fitness?

Aunque nunca le tocó viajar para acompañar a algún alumno, Richard Biurrum, director de Smart Moves Entrenamiento Funcional, confirma que quienes llevan al entrenador a todos lados se dividen en dos grandes grupos: "Están los que no tienen una gran fuerza de voluntad y terminan dependiendo del profesor para entrenar. Y están los que no tienen problema de entrenar solos pero se dan cuenta de la diferencia entre entrenar por su cuenta y hacerlo con alguien que sabe y te conoce —sostiene—. En las dos situaciones se genera cierta dependencia. El que entrena con personal trainer generalmente no le gusta entrenar solo por una cuestión de pereza, aburrimiento o falta de voluntad. Un 70% necesita del estímulo del profesor para lograr la regularidad".

Bastante más incisivo, Pablo Hernán Ainetta, director de Neotraining, suma dentro de los dos grupos a los que "se quieren mostrar". "Se puede prescindir de tu entrador en vacaciones. Pero estás en el gimnasio del edificio en el que te quedás y ves que el de al lado lo tiene y entonces también lo querés. Es una cuestión de status social —asegura—. La lógica cuando te vas de vacaciones y no querés cortar es pedir un plan a tu entrenador y a lo sumo hacer un seguimiento a distancia por teléfono o WhatsApp", dice Ainetta.

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