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El íntimo placer de poder estar vibrando juntos (o no)

A la hora de obtener más goce sexual, las mujeres buscan más conexión con la pareja y los hombres son más prácticos. El uso de juguetes eróticos puede potenciar sensaciones. En pareja, es importante que haya consenso.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Lo importante es despojarse de creencias y prejuicios, dicen especialistas. (Foto: Google)

LEONEL GARCÍA

El horario de más clientela, dice Mauricio Pintos, es al final del día: entre las 17 y las 20. El trabajo aumenta, asegura este vendedor del sex shop Private, por Convención, abierto desde 1996, cuando se acerca el fin de semana. Y, como en todo el país, recién despierta de ese letargo iniciado en Navidad y que termina en Turismo. Un vibrador sin forma de pene, pide el primer cliente de la "temporada alta", el lunes, y Mauricio se acerca a atenderlo. Cajas que se abren, breve diálogo, breve asesoramiento, opción escogida: un anillo vibratorio, estimulador para el clítoris, de silicona semi-rígida, 36 dólares. El hombre también pregunta por lencería erótica, paga y se va. Si bien entran parejas o mujeres solas, entre siete y ocho de cada 10 clientes de Private son hombres, calcula Mauricio. Los productos que tienen más salida son los videos porno y los vibradores. "Siempre dicen que lo vienen a usar ‘para aquella’, para compartir", dice. "Luego cada cual le da el uso que le da la gana". Mauricio —ahí desde hace 16 años— es un tipo de pocas palabras. Contesta lo justo y nada más. En este rubro la discreción es fundamental.

Las fuentes de placer van cambiando en hombres y mujeres con los años, afirma el sexólogo Santiago Cedrés, presidente de la Sociedad Uruguaya de Sexología. Primero se descubren en soledad, luego al otro, luego la iniciación, luego el orgasmo, luego... comienza a ser más patente porqué ellas son de Venus y ellos de Marte: "Con el tiempo el placer cobra mayor protagonismo. En general, las mujeres buscan aquello que las conecte con su pareja, acondicionando el ambiente, preparando el escenario para estimular los sentidos. Los hombres se preocupan más por las prácticas que por la forma. Demandan más sexo oral y comienzan a explorar con la penetración anal".

Presente en Uruguay desde 2009, Boutique Erótica tiene 15 sucursales y otros 17 puntos de venta. Aquí la inmensa mayoría de la clientela, 70%, es femenina. La mayoría de las que van ya están iniciadas en eso de la juguetería erótica, así que buscan sensaciones distintas: una de ellas, muy lúdica, quiere esposas o dados; otra, un aceite lubricante saborizado (los hay desde $ 299); una tercera va derecho a la lencería sexy. En todo caso, es más habitual que ahí el novato sea el hombre. De acuerdo con Eduardo Manzino, su director, el orden de intereses masculinos sería este: productos para usar en pareja (vibradores, afrodisíacos, anillos para el pene, fetiches, juguetes anales), productos para mejorar su desempeño (agrandadores o engrosadores del pene, retardadores de la eyaculación, estimulantes o anillos erectores) y productos para la masturbación (películas, revistas, vaginas o muñecas inflables de hasta 6.000 pesos). En ellas en cambio, el mayor interés está —lejos— en los vibradores (en todas sus presentaciones), luego la cosmética íntima (lubricantes, cremas, perfumes) y, en tercer lugar, lencería y fantasías.

"Para una de cada dos mujeres, el mayor estímulo sexual de su vida lo obtienen de los vibradores", asegura Manzino. Al vibrador, inventado por el médico británico Joseph Granville en la década de 1880, para tratar una la llamada entonces "histeria femenina", lo define como "el primer electrodoméstico que llegó a manos de las mujeres; y desde entonces nada ha superado su benéfica e imprescindible función". En uno de cada tres hombres, agrega, el efecto es igual. "Pero el tener que ponerlo en contacto con la próstata por la vía anal deja a muchos por el camino de esa experiencia. Eso explica, en parte, que sean las mujeres las que más visitan al sex shop, además de tener aspiraciones en lo sexual y en la conexión con el otro mucho más elevadas que las de los hombres".

El "para compartir" es una tendencia que muchos especialistas promueven en el juego sexual. En Private, el más vendido es el Jelly Fantasy, un "clásico de clásicos" de velocidad regulable, 20 centímetros de longitud, semi-rígido y 56 dólares de precio. Hay otros de formas más realistas, que incluyen venas marcadas, de varios (grandes) tamaños, inspirados en actores porno tan dotados como James Deen o Dean Flynn, por hasta 116 dólares. Para quien se intimide jugando con semejantes artefactos (o se inhibe: "¿Cómo corno igualo esto?"), hay vibradores mucho más discretos o de aspecto más "amigable". Por 28 dólares se consiguen estimuladores de clítoris con forma de ratón, tortuga o mono, inofensivos a la vista. Aunque se diga de jugar en pareja, hay elementos de uso inevitablemente individual; por 30 dólares puede conseguirse una vagina vibrante, de látex, textura y color similar a la piel, cuya caja no deja lugar a dudas: "Amiga para la palma". El mundo de la masturbación incluye réplicas de la pelvis de la estrella XXX Kobe Tai a 240 dólares. "Si está acá es porque se vende", resume Mauricio, con la razón del artillero.

Los juguetes sexuales ayudan siempre y cuando exista acuerdo para su uso, dice el psiquiatra y sexólogo argentino Walter Ghedin. De hecho, este médico —autor de varios libros sobre sexualidad— los ha llegado a recomendar. "Lo importante es que sea de común acuerdo, no algo forzado. Yo he indicado su uso como una variante más en las parejas, e incluso en mujeres solas para ayudarlas en la masturbación. Los hombres suelen darle un valor negativo, sobre todo si no hay acuerdo (en la pareja). Está la creencia de que suplantan algo; no suplantan nada, es una herramienta más para mejorar la sensación de placer". No es una recomendación universal, precisa. En una personalidad temerosa o sádica, puede estar contraindicado. "No es bueno para alguien con alguna fobia sexual. Ahí lo que hay que hacer es vencer el miedo" y no limitarlo a un aparato de autogoce.

Cedrés opina que el éxito de estos aparatos cesa cuando termina su "efecto novedoso". También pone énfasis en que su uso tiene que estar de la mano con un acuerdo entre los participantes. No hay solución mágica si hay miedo. "Difícilmente se pueda incorporar un juguete sexual cuando hay inhibiciones (sexuales), ya que es fundamental la comunicación al respecto".

Un habitué saluda a Mauricio y se zambulle en la zona de los videos. Elige un par de películas y se va. Más tarde, otro cliente repite la ceremonia. Aún así, el comerciante dice que desde que se popularizó Internet, la venta y alquiler de películas porno bajó notoriamente. Temprano en la tarde no suelen coincidir dos clientes. Si eso pasara, lo más común es que espere pacientemente su turno y llame aparte al vendedor, discreto como el solo. "Alguno te contará que tiene problemas de erección, o te dice al pasar que la mujer es medio frígida, pero nada más. Además, no somos médicos ni psicólogos. Y esto tampoco es un confesionario".

Los hombres van más al sexólogo que las mujeres al inicio de su vida sexual, dice Cedrés. Ellas empiezan a expresar sus inquietudes luego de los 30, agrega. Eso también explica las distintas preocupaciones de unos y otras: ellos, el mantener una erección y controlar la eyaculación; ellas, por la falta de deseo y el temor de no sentirse atractivas. Pero en algo terminan coincidiendo.

"Cuando el hombre se despoja de sus creencias, de que siempre tiene que estar listo, erecto, como rindiendo examen, ahí disfruta su sexualidad", concluye Ghedin. "Y lo mismo la mujer: cuando se despoja de la idea de que experimentar la equipara a una puta, ahí se libera del todo", agrega. Para lograr eso, es indiferente si hay o no algún chiche con qué jugar.

UNA CLIENTELA QUE CRECE AÑO TRAS AÑO

- "En países como Australia o Estados Unidos, el 80% de los adultos lleva su vida sexual y amorosa pasando mensualmente por un sex shop. En Uruguay... estamos muy por debajo de esos porcentajes", sostiene Eduardo Manzino, director de Boutique Erótica. "El uruguayo es resistente a los cambios pero en la dirección positiva. Crece año a año el volumen de personas que viene y se está aproximando un poco más de hombres". Según dice, el grueso de su clientela tiene entre 20 y 50 años, con predominio de mujeres, parejas y gays. "Swingers, BDSM (sado), pansexuales y quienes viven del sexo son visitantes asiduos".

- Desde hace años, un vibrador llamado We Vibe adquirió fama mundial como "salvador de matrimonios". Ultra liviano y hecho de silicona flexible, estimula el clítoris y el punto G de las mujeres permitiendo al mismo tiempo la penetración del hombre y jactándose de garantizar el multiorgasmo. La versión 4 de este aparato sale $ 16 mil.

- Si se vende, hay clientes. La Boutique Erótica tiene en su web juguetes inflables con forma de cabra o cerda: 1.399 pesos.

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