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La ilusión de la Villa Teresa

Una institución humilde y casi amateur debuta en la Primera del fútbol. Los vecinos viven un sueño y hablan de magia y solidaridad.

La copa del tercer ascenso, esa que certifica que Villa Teresa, "El Villa", pasa a integrar la elite del "fóbal", sale a lucir su pinta por su barrio, enclavado entre Sayago, Nuevo París y Belvedere, sobre una Nissan pick up roja. Junto a ella están el secretario Domingo Franco, el delegado Gabriel Díaz, Jorge Mentaste, el "Cabeza" Nito y Federico Techera. Estos tres últimos son socios-hinchas-parroquianos dispuestos tanto a tomarse una en la cantina del "clú" todos los mediodías posibles, como a ayudar a la institución de avenida Islas Canarias en lo que sea: acarrear bidones, lavar ropa, organizar una rifa solidaria o sacar a pasear la copa más importante de sus 74 años de historia oficial. Ellos no pueden más de felicidad. El barrio humilde también. Y se nota. No es para menos: hasta ayer nomás, en 2011, jugaban en la Segunda División Amateur, la vieja "C"; y desde el pasado 13 de junio, el fútbol uruguayo, glorioso, pasional y sufrido, tiene nuevo protagonista en Primera División.

Ese día El Villa —pasional y sufrido, nomás— derrotó a Boston River por penales y ganó la definición de la Segunda División Profesional por el último ascenso a la "A". El campeonato de Primera que comienza el 15 de agosto lo tendrá presente, conociendo los céspedes del Centenario, del Parque Central y (quizá) del flamante estadio de Peñarol. Y este barrio periférico y obrero, de casas bajas (ninguna suntuosa, pocas precarias, muchas humildes, varias coquetas), galpones, cooperativas y fábricas (o esqueletos de), de solo dos líneas de ómnibus que ingresan (la 409 de Coetc y la L24 de Come a la que algunos aseguran no haber visto jamás), del omnipresente rojo y blanco de la camiseta pintado en los postes, "sencillo/problemático/tranquilo/vulnerable/trabajador/inseguro como cualquier otro" (según el vecino en cuestión), se revolucionó.

"Sí, barrio", subrayan los vecinos para resaltar sus límites: Carlos María de Pena, las vías férreas, María Orticoechea y los accesos los más "expansionistas"; Orticoechea, Garzón, Islas Canarias y Yugoeslavia los más modestos. Dicen que cada vez que alguien habla del "Villa Teresa de Nuevo París" a alguien de la hinchada le viene un espasmo de glotis.

La parada obligada del raid copero es a las puertas de la Escuela 122, la Islas Canarias, en cuyas columnas de entrada por Garzón aún se lee "Villa Teresa" tallado en piedra. Otrora fue una enorme casa quinta que terminó bautizando al barrio. "Disculpen, ¿me puedo sacar una foto con la copa?". El que habla es Diego Iglesias, un cincuentón robusto y de lentes, que fue jugador del club en los 90 y estaba arreglando las ruedas de su auto en el taller de enfrente cuando no resistió la tentación. "Me mudé a La Teja, pero siempre seguí al cuadro", explica. La que también sale a la calle, con lentes con cordel e impecable túnica, es Gabriela Garay: estricta maestra dentro de la 122, fanática afuera. Bueno, adentro también...

"Yo por el club hago todo lo que puedo. Primero que nada, soy hincha y voy a la cancha todos los partidos. Hago socios, ¡hago lo que haya que hacer! Cuando ascendimos acá fue una revolución, ¡si todos los chicos son de la zona! El club colabora con los festivales de la escuela donando camisetas para rifar y presta el predio frente a la sede". Ella tiene 48 años de edad, 36 de vecina del barrio y 20 de maestra en la 122, donde el hincha del Villa seguro pasa con sobresaliente. "Mi marido, mis suegros, mis hijos, todos somos de Villa Teresa... Desde hace un mes (se refiere al ascenso) estamos como en un sueño, no lo podemos creer...".

Por acá todo el mundo parece haber tenido algo que ver con el club. "El guardia de este supermercado (que se llama Viter; no hace falta explicar por qué) jugó acá. El dueño del Abitab de al lado también...", cuenta Gabriel Díaz. Y así, mil casos. La copa se pasea por la plaza en construcción por la calle Isidro Pérez de Roxas y por la policlínica cercana. Ahí hay grafiteado un escudo del club y la sigla L.B.D.C., "Los borrachos del camión", con el que la hinchada del Villa reivindica su tradición camionera y etílica, que la actual dirigencia busca morigerar. La copa es tocada, mirada y admirada por todos los transeúntes que recorren las calles del barrio, un suburbano mediodía invernal. Y como la maestra Gabriela, muchos aún no despiertan. "Yo todavía no lo puedo explicar. Hace un tiempo nos preguntaban: ¿Qué pasa si ascienden?. Y yo les contestaba: Te lo voy a contestar cuando pase la borrachera". El que ríe es José González, un jubilado del Sodre de 73 años que es el tesorero del club ("Él es el que maneja la plata, ¿no ven la cara de feliz que tiene?", ironizan sus compañeros de directiva). "¿Si sigue la borrachera? Y... está un poco amainada", se vuelve a reír.

Arraigo.

"El hincha del Villa está arraigado en el barrio. El Villa es la imagen del barrio", resume Díaz. El delegado ante la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), jubilado gráfico, tiene 65 años y también fue técnico y cobrador del club. "Menos presidente, fui de todo". La hinchada, dice, y lo secundan el secretario Franco y el tesorero González, es pasional y solidaria, siempre dispuesta a poner el hombro en un club de barrio, sin cancha ni página web, y con una sede de piso de portland lustrado en desnivel que parece más que nada una excusa para la cantina. Ahí está acarreando indumentaria de entrenamiento Alberto Moreno (64), el equipier, otrora un recio zaguero que logró el ascenso de "Extra" a "Intermedia" en 1975 (algo así como de la D a la C), a quien hoy le cuesta hablar del Villa sin emocionarse. "Por el club hago lo que sea, de equipier, corto el pasto o le hago la comida a los jugadores. Para mí es un sentimiento, algo sagrado".

Y a la cantina, con baño afuera, con banderines, trofeos y fotos históricas, con la obligatoria imagen de Gardel, con heladera, cocina y ventilador salidos de la máquina del tiempo, con beberajes de todo tipo, color y graduación y sin el menor atisbo de comida, solo le falta un gato pachorriento para cumplir todos los requisitos de verdadera sede social de un club barrial amateur. Es lógico: eso ha sido el Villa el 85% de su vida. Y aparenta que nada cambiará mucho.

Es también una hinchada con cánticos tales como "Soy, soy, soy, soy Villa Teresa/ No se hagan los vivo' o le rompemo' la cabeza", jactándose de su fama pesada, con incidentes como el que ocurrió ante Basáñez en el torneo de la "B" de 1992, que muchos trataron como un ajuste de cuentas entre parcialidades rivales, que terminó con un muerto y culminó con una larga huelga de futbolistas profesionales. "Ese canto lo inventaron los gurises", minimiza González. "Antes había otro: 'El Villa siempre primero/ de los cuadros cachiporreros'", se ríe. El aura de hinchada bravía es de vieja data, cuando llenaban seis o siete camiones de gente para alentar al cuadro en las ligas barriales o al ingresar en la AUF, hace medio siglo exacto, en 1965. Incluso la sigla L.B.D.C. está pintada en la sede.

El discurso oficial dice que eso es pasado. "Seguramente sería la idiosincracia del club en aquel tiempo, quizá los problemas hasta los generábamos nosotros. Es una mochila que a veces cuesta...", señala Díaz. "Hoy la tarea nuestra ha sido limpiar esa imagen en la AUF, en los medios, en la empresa que maneja el fútbol... Tenfield. Hoy sabemos cómo tranquilizar a los exaltados y te diría que ese problema no lo tenemos más. Pasa que los gurises a veces se desvían un poquito, algunos vienen con bombos y se creen tigres... pero nada dramático", afirma el delegado. "Pero esa misma gurisada va a refaccionar la cancha de Bella Vista, donde vamos a ser locales en Primera. Pasa que a veces la pasión le gana a la razón".

Villa Teresa no tiene cancha y el predio ubicado enfrente a la sede —donde entrena la cuarta y la quinta, y donde hay una casona más adaptada para el ciclismo, donde el club ha tenido buenas figuraciones— fue donado por un hincha histórico, Tito Colombo, que al no tener hijos legó sus propiedades al club amado, donde iba hasta a cortarse el pelo. Cada tanto surge un mecenas que salva la petisa. Con el ascenso consumado, un "allegado" costeó de su bolsillo la primera pretemporada del club de su vida: 10 días en Piriápolis. Esto es maná del cielo para un club cuyo presupuesto mensual, según estima Díaz, saltó de 20 mil dólares a 75 mil. Delicias de subir de categoría. "A nosotros no nos gerencia nadie. Tenemos el apoyo de Tenfield, que hoy es de 30 mil dólares y tenemos la expectativa de que sea de 40... Siempre hay una ayuda de la AUF... ahí llegaríamos a 50. ¡Y lo otro lo tenemos que arreglar como sea!".

Domingo Franco, de 77 años, también jubilado, cuenta orgulloso que en dos semanas el padrón aumentó en 180 individuos. "El barrio está apoyando, que es lo importante". Claro, "la" pregunta es cuántos de los 2.000 socios —los mayores pagan un "piso" de $ 150 al mes— cumplen puntualmente. Los números no cierran si no hay ayuda externa. En las últimas semanas se ha dicho que Gustavo Torena, más conocido como el Pato Celeste, socio desde hace más de 30 años, asumiría como presidente para aprovechar sus "contactos" a alto nivel. También se mencionó que cracks como Antonio Pacheco o Álvaro Recoba, terminarían quemando aquí sus últimos cartuchos.

Según el actual presidente, Martín Sierra, empleado en la sección cuadros de Remates Castells y que a sus 34 años se lo considera el mandatario más joven de la AUF, nada de eso es cierto. "Torena está simplemente dando una mano, colabora (económicamente), de repente arrima algún sponsor. Y de lo de Recoba y Pacheco no sé nada, al menos que la tratativa la haya hecho alguien sin comunicarse conmigo, cosa que no creo...". Al cierre de esta edición no había novedades. Como sea, algo tienen el barrio, el club o los colores, para que alguien tan ajeno como Gustavo Serafini, alias El Gucci (cantante tropical, vecino de Palermo y fanático de Nacional para más datos), acabe siendo socio, hincha y sponsor: "El Villa tiene una magia... Si no lo vivís, no lo entendés".

Solidario.

Los parroquianos en la cantina insisten en invitar la vuelta. La parrillada, de nombre "Tranquilo el Rope", está apagada, reservada para días más lindos. El hall de ingreso a la sede tiene, además de fotos, trofeos y piso en desnivel, una ausencia importante: una imagen de la reciente proeza. Los dirigentes —que dicen que esto último se solucionará en breve— lamentan que no es mucho lo que el club hace por el barrio. "A lo sumo prestamos el predio para los eventos de la escuela, a un cuadro de fútbol femenino de Cutcsa (que tiene una planta al lado de la sede), para que hagan gimnasia los gurises del Portal Amarillo (que está a tres cuadras), organizamos algunos eventos carnavaleros...", enumera el secretario Franco. "Al socio y al barrio no le podemos dar mucho porque no tenemos. Pero tenemos otros valores: este es un club muy humilde pero muy solidario", añade Díaz.

La palabra solidaridad está en boca de todos. El "Cabeza" Nito cuenta que se organiza una comida en apoyo a un vecino que se opera. González menciona la campaña que realizan —incluyendo cuenta en Abitab— para solventar el caro tratamiento de un socio, Sebastián Gagliano, afectado por una hepatitis C. En siete días el club organizará el Día del Niño para los chicos de la zona (el 9, no el 16), cuya población aumentó exponencialmente con el cierre de las fábricas y el surgimiento de cooperativas. Los festivales, las rifas y las ventas de ropa, comida y bebida son constantes.

Hace falta más, opina Vito Beato (52), a quien el periodista de Ovación José Mastandrea llamó "el Ferguson uruguayo", ya que desde hace ocho años es el técnico del Villa. Lo dirigió cuando faltaban pelotas para entrenar y en estas épocas de pretemporada en Piriápolis. Con él como jugador, el club logró el ascenso a la "B" en 1984; con él como técnico, subió a Segunda en 2011 y a Primera hace mes y medio. Es prócer y es vecino: tiene su ferretería a siete cuadras de la sede. "El barrio creció y el club debe pensar en estructurarse más y no solo en el fútbol, sino en otras disciplinas. Hoy no sirve como aglutinador social". Y cuando nombra posibles refuerzos no suena (o no larga prenda de) ningún apellido ilustre.

"¿Y si te digo que dentro de un año clasificamos a la Copa Sudamericana? ¿Por qué te reís? ¡Si apuntamos a eso no descendemos! ¡Es así de fácil!", dice —muy serio— Gabriel Díaz. En el club, por ahora, se vive la resaca que sigue a la borrachera del ascenso. "Ahora vamos a hacer el mismo trabajo, con la misma humildad que antes", subraya Franco, socio desde 1953, en épocas de ligas barriales, camiones y ser taura entre cuadros cachiporreros, venerado por sus compañeros de directiva. "Tenemos otras obligaciones, pero siempre mantendremos nuestro carisma amateur". En la cantina se hace un silencio solemne. Salud.

UNA HISTORIA DE 74 AÑOS

Si bien la fecha oficial de nacimiento es el 1° de junio de 1941, veteranos dirigentes dicen que el club surgió en 1938 y que lo que ocurrió ese día fue la obtención de la personería jurídica. Luego de años en las ligas barriales en 1965 saltó a la AUF. Salvo por una decena de años que estuvo en la "B", adonde ascendió tres veces (1984, 1999 y 2011), siempre estuvo entre la tercera y la cuarta categoría.

Entre 2001 y 2006 el Villa formó parte de otra institución, Alianza, junto a su archirrival Salus y Huracán del Paso de la Arena. El proyecto no cuajó.

En ciclismo le ha ido bien: dos de sus competidores ganaron la Vuelta Ciclista en 2004 (Jorge Giacinti) y 2006 (Guillermo Brunetta) y otro obtuvo Rutas de América en 2003 (Miguel Direna).

EL VILLA ESTÁ PRESENTE EN LAS REDES

El club no tiene en funcionamiento un website oficial. Sí tiene cuenta en Facebook (Villa Teresa Villa Teresa) con 625 amigos y en Twitter (@villateresaofi) con 217 seguidores (las de Nacional y Peñarol tienen, respectivamente, 82.400 y 79.000). El primer equipo entrena en el complejo de Los Cuervos y, según el encargado de prensa Sebastián Acevedo, al cierre se buscaba arreglar con un médico y un lugar para concentrar.

EL GUCCI FUE SPONSOR Y SE CONVIRTIÓ EN CÁBALA EN LOS PLAYOFFS

En la mitad del pecho la camiseta de Villa Teresa tenía estampado durante los playoffs por el tercer ascenso: "Gucci y su banda. Asesinos del sabor".

"La experiencia fue divina. Yo conocí al Villa por un pibe, el Tano, en un baile hace dos años en La Casona de Campbell. A la salida me regaló un gorrito. ¡Yo ni sabía qué era Villa Teresa! Pero desde entonces, en todos los toques empezó aparecer gente del Villa".

Hace un año, en una actuación en unas viviendas por Millán, un grupo de hinchas le regalaron una remera que decía: "El Gucci es del Villa". Ir a ver al equipo ya era casi una obligación moral.

"Con el Tano nos hicimos hermanos de la vida y hace poco me dice: 'Mirá, el Villa está en el horno y si no nos ayudás no podemos jugar los playoffs'. Yo le dije 'quedate tranquilo, contás conmigo' y solo le pedí dos remeras y que me hicieran socio vitalicio. Colaboré con 20 mil pesos".

El Gucci fue a ver al equipo y se convirtió casi en cábala. Siempre que fue el cuadro festejó. "Ahora tengo un dilema: ¿qué hago cuando jueguen el Villa y el Bolso? ¿Sabés que pasa? ¡El Villa me atrapó!".

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