Comportamiento

Los ídolos de YouTube

Bromas, juegos y catársis personal son los protagonistas en los videos de los youtubers, el fenómeno juvenil más reciente y exitoso de la era de Internet. Uruguay tiene sus exponentes.

Felix Kjellberg, alias PewDiePie
Felix Kjellberg, alias PewDiePie
Germán Garmendia, un éxito del Chile al mundo.
Germán Garmendia, un éxito del Chile al mundo.
Lindsay Stirling ya estuvo dos veces en Montevideo con entradas agotadas.
Lindsay Stirling ya estuvo dos veces en Montevideo con entradas agotadas.
Dosogas, los youtubers uruguayos más famosos.
Dosogas, los youtubers uruguayos más famosos.

DANIELA BLUTH

Felix Kjellberg, sueco, rubio, ojos celestes, barbita sucia, empezó comentando videojuegos sentado y mirando a la cámara. Hoy, 40 millones de suscriptores después, PewDiePie —como se hace llamar— es una especie de gurú que da consejos sobre cómo mejorar la autoestima y tener más confianza para moverse en la vida. Germán Garmendia, un veinteañero nacido al Norte de Chile, probó suerte en la música pero se consagró en la comedia. Lo hizo gracias a su canal en YouTube HolaSoyGerman, donde sus sketches acumulan más de 2.200 millones de visitas y tiene 24 millones de suscriptores. Pero su éxito trascendió Internet y este año el grupo editorial Penguin Random House editará un libro sobre... él, considerado el joven más influyente en lengua española del ámbito digital. Los integrantes de Dosogas caen en un pozo en pleno 18 de Julio, le hacen cosquillas a alguien que está siendo entrevistado para la televisión y se bañan en una parada de ómnibus. Y todo queda filmado con una pequeña cámara. Mathías Sellanes, Federico Vigevani y Juan Pablo Barbot son los youtubers uruguayos más famosos, con 280.000 suscriptores, 19 millones de reproducciones y miles de fans en Buenos Aires.

Absolutos desconocidos para quienes no pertenecen a su target, situado entre los 12 y los 29 años, los llamados youtubers son el fenómeno más novedoso de la era digital, con canales cuya audiencia cosmopolita se cuenta por millones y productos que, cada vez más, cotizan en el mercado publicitario y les generan ingresos que en los casos más populares también alcanzan los seis ceros. "Se trata de un género nuevo que no estaba presente en ningún otro medio, nace como un producto originario de YouTube", explica el psicólogo especializado en tecnología Roberto Balaguer. "Estamos hablando de gente que simplemente hablaba de cosas que les gustaban a ellos y de forma casi azarosa esta plataforma les permitió que su arte llegara a ser masivo", agrega.

Como todo fenómeno, el de los youtubers también tiene sus reglas. No hay grandes estudios. Ni escenografía. Ni presupuesto de marketing. Ni encargados de la gestión de las redes sociales. Sus protagonistas no quieren ser estrellas. Solo quieren hacer sus videos. Desde su casa. Y hablarle a sus espectadores. Hablarles como si estuvieran ahí, cerca, como si fueran sus amigos. Eso, coinciden quienes lo ven de afuera o viven desde dentro, es lo que engancha a los fans.

Muchos de los youtubers más conocidos empezaron siendo gamers o comentando videojuegos en Internet, para luego ir "tomando cuerpo propio", advierte Balaguer, quien dice sin dudar que se trata de una movida para un público joven, que arranca alrededor de los 12 años y rara vez supera los 30. "Además, apelan a un humor muy especial, muy chabacano, de gags muy simples. Se da el contagio de la risa del propio youtuber, más por la simpatía y no tanto por lo que hace. Está claro que no es Les Luthiers...", opina el experto. También hay quienes apelan a la burla, lo grosero y lo banal. "Hay que reconocer que la primera vez que lo ves no te genera nada, pero después que estás expuesto empezás a sonreír un poco. Te termina haciendo gracia y no podés entender cómo, porque no es un humor inteligente, pero sí capaz que fresco, relativamente sano, muy de clown".

Diversidad y empatía

La violinista, cantante, bailarina y performer estadounidense Lindsey Stirling visitó dos veces Montevideo y se presentó con entradas agotadas en La Trastienda. Además de dos álbumes de estudio y varios singles, se hizo conocida en las redes a través de LindseyStom, un canal en YouTube con más de siete millones de suscriptores y que genera seis millones de dólares en ingresos. Pero además, esta artista de 29 años cuenta con otro canal en el mismo sitio llamado LindseyTime, donde sube videos personales, de las giras y especialmente de Phelba, su fanática número uno, que es ella misma con dos colitas y lentes de nerd, que vive tratando de encontrar a Lindsey pero Gavi, Drew o su guardaespaldas siempre la detienen.

Lindsey ocupa el cuarto puesto en el ranking Forbes de los youtubers más exitosos del año, una compilación que da cuenta del alcance internacional del canal de videos y de sus referentes. El primer puesto lo ocupa el sueco Felix Kjellberg, seguido por los comediantes estadounidenses Smosh y Fine Brothers.

Para Gonzalo Frasca, diseñador de videojuegos e investigador en educación, parte del éxito de los youtubers radica en ofrecer "diversidad". "En un país insignificantemente pequeño como Uruguay, uno se siente muy solo cuando es raro, pero YouTube te permite encontrar gente con afinidades contigo. En una realidad asfixiante, donde los adolescentes no tienen demasiados espacios reales y físicos en la ciudad, se les abre uno virtual", opina.

Hasta hace no tanto tiempo, los ídolos juveniles eran chicos seleccionados y producidos por imperios como Disney, Globo o MTV. Así nacieron desde Las Paquitas de Xuxa hasta Justin Bieber. "Pero YouTube deja claro que cualquier adolescente puede ir, probar hacer un programa y compartirlo. Es mucho más democrático, ves a la gente de tu edad que te está hablando. Por más que a la larga se terminen produciendo, está mucho más cerca de la realidad que los productos enlatados de Hollywood. Y eso ya es muy poderoso", señala Frasca.

Esta dinámica es la que, coincide Balaguer, hace que estos jóvenes se vuelvan personajes de culto. "Los chicos se identifican con ellos, sobre todo porque han conseguido fama haciendo algo donde no hay un guión. Esa capacidad que tienen de comunicar es la que los hace exitosos".

A contramano del furor entre los jóvenes, aparece el rechazo por parte de los adultos que, según Frasca, "no alcanzan ni siquiera a empezar a entender de qué va" el fenómeno. Para los padres, el consejo es no preocuparse demasiado por lo que miran los chiquilines y, en caso de desaprobar el contenido, tratar de entender qué encuentran ellos allí. "Los adultos tenemos dos opciones frente a un problema, prohibimos o educamos. ¿Están enchufadísimos con esto? Bueno, debatamos... da miedo, pero tampoco es tan difícil. Y los adolescentes son mucho más abiertos a discutir, menos fallutos y más inteligentes de lo que la gente cree. Decir que Internet o los youtubers son una mierda es como decir que la música es una mierda, es tan tan grande que uno no puede tener ese nivel de arrogancia".

Felix Kjellberg

Empezó hace cinco años haciendo lo que más le gustaba hacer: videos sobre videojuegos. Y en 2015 la revista Forbes lo colocó a la cabeza del ranking de los youtubers más exitosos del año pasado. Se hace llamar PewDiePie, supera los 40 millones de suscriptores y en 2014 ganó 12 millones de dólares.

Germán Garmendia

Este chileno nacido en 1990 colgó su primer video en YouTube en 2011. Hoy supera los 24,8 millones de suscriptores y las 2.200 millones de visitas. En 2014 recibió el premio al Ícono Digital de los MTV Millennial Awards. Además de videos de humor, tiene un canal sobre videojuegos (JuegaGerman).

El trío Dosogas

Mathías Sellanes, Federico Vigevani y Juan Pablo Barbot son los youtubers uruguayos más conocidos. En general, se graban haciendo bromas —algunas callejeras, otras de mal gusto— con el objetivo de "reírse y hacer reír al público". Tienen más de 280 mil suscriptores y 19 millones de visualizaciones.

Lindsay Stirling

Aunque no calza en el perfil más clásico de lo que es un youtuber, esta violinista, cantante y performer estadounidense ocupa el cuarto puesto del ranking Forbes.

Tiene dos canales de YouTube, en uno difunde su arte (con más de siete millones de suscriptores) y en otro su forma de ser.

Abrir un paquete ante los ojos del mundo

Dentro del fenómeno de los youtubers hay otro más acotado pero no menos exitoso. Se llama unboxing (desenvolver en inglés) y consiste, justamente, en grabarse abriendo un paquete, sea lo que sea, desde un carísimo bolso Chanel hasta un huevito Kinder tomado de la caja del supermercado. Al cierre de esta edición, al escribir la palabra unboxing en YouTube aparecían 29.300.000 resultados, una cifra nada menor para una dinámica que en un principio parece tan acotada.

Más allá del producto en cuestión, la dinámica es siempre la misma. "El planteamiento es tan simple como sorprendente", definió El País de Madrid. Se muestra el producto. La bolsa, el envoltorio, los stickers, el logo. El comprador coloca su smartphone en un punto estratégico. Algunos van contando el proceso, otros simplemente ponen música. Fuera bolsa, fuera envoltorio, fuera etiquetas. La cámara se acerca y se muestran los detalles. A veces (sobre todo en el caso de los bolsos Chanel o Louis Vuitton), hay una catarsis para justificar el carácter imprescindible de la compra. El video dura siete, diez, doce minutos. Queda colgado en YouTube y empiezan a caer los comentarios.

"Es un fenómeno que ha prendido muchísimo en la franja de niños entre 4 y 8 años con los videos que muestran cómo se abren los huevos Kinder", comenta el psicólogo especializado en tecnología Roberto Balaguer. Al buscar unboxing y "Kinder" en YouTube aparecen 1.340.000 resultados.

El unboxing comenzó con el boom de los gadgets tecnológicos y la expectativa que cada lanzamiento generaba en los consumidores de todo el mundo. La revista Engadget fue la primera en utilizar este término en 2004, en un artículo sobre el Nintendo DS. Dos años después la palabra llegó a las redes sociales, cuando un usuario de Flicks publicó las fotos de su nuevo MacPro. El primer video abriendo un teléfono celular llegó poco tiempo más tarde. Y, para sorpresa de muchos, no fue un iPhone, sino un Nokia E61, "que eran los que en aquella época causaban furor", recuerda el periódico español ABC.

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