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Ídolos de carne y hueso

Verlos de cerca, sacarse una foto o simplemente lograr tocarle la mano. Conocer a un referente es una experiencia inolvidable.

Camila conoció a Álvaro Recoba cuando tenía 12 años.
Camila conoció a Álvaro Recoba cuando tenía 12 años.
Leticia estudia actuación y Juan Gil Navarro es su referente
Leticia estudia actuación y Juan Gil Navarro es su referente
Cuando Natalia tenía 13 años conoció a Leonardo Sbaraglia, protagonista de Clave de sol. Foto: D. Borrelli
Cuando Natalia tenía 13 años conoció a Leonardo Sbaraglia, protagonista de Clave de sol. Foto: D. Borrelli
Gonzalo, cantante de Boomerang, abriendo el show de los Rolling Stones en Montevideo.
Gonzalo, cantante de Boomerang, abriendo el show de los Rolling Stones en Montevideo.
Josefina en el show que Paul McCartney dio en 2014 en el Centenario
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Lucas cumplió el sueño de conocer a Luis Suárez
Lucas cumplió el sueño de conocer a Luis Suárez
Camila tiene su cuarto repleto de cosas de Nacional
Camila tiene su cuarto repleto de cosas de Nacional

Lloró las dos veces que lo vio y pudo hablar con él. Dice que le temblaban las piernas y las manos y que no pudo decirle ni una palabra. "Me dijeron que grité cuando lo vi, pero yo no me acuerdo. Solo me acuerdo que lloraba mucho, estaba muy emocionada, fue uno de los días más lindos de mi vida". Camila Acevedo (15) tenía 12 años cuando conoció al "Chino" Álvaro Recoba.

"No me acuerdo qué sentí la primera vez que lo vi, pero muchas veces, cuando lo veía y estaba con él me ponía a llorar, no tanto por verlo sino por lo que me transmitía: una confianza y un amor. Aparte me hablaba de un amor al teatro que era increíble y que yo compartía, me emocionaba mucho", dice Leticia González (22), estudiante de actuación, al hablar de Juan Gil Navarro, su ídolo y referente. Dice, también, que cuando lo vio por primera vez, a los 15 años a la salida de un teatro en Buenos Aires, estaba nerviosa pero él le habló con tanta naturalidad que los nervios se fueron rápidamente.

"Parece una frase hecha, pero si los buscás, los sueños se cumplen. Los Stones son mis referentes y veíamos su show después de haber estado hablando con ellos, era algo que yo no podía creer", dice Gonzalo Zipitría (36), cantante de Boomerang, sobre el 16 de febrero de 2016, cuando la banda abrió el show de los Rolling Stones en el Estadio Centenario. Ese mismo día, pocos minutos después de tocar ante una multitud eufórica y ansiosa por ver a los británicos, Gonzalo y todos los miembros de Boomerang se encontraron con sus ídolos en los camarines.

Sea un músico, un actor o un deportista, los ídolos son personas que tienen ciertas características idealizadas e inalcanzables por sus seguidores. "Las personas le dan una dimensión mítica a los ídolos, como si fueran una leyenda", explica el psicólogo Luis Correa. De esta forma, conocerlos en carne y hueso y comprobar que "es un ser tangible, supone un profundo impacto emocional", agrega el psicólogo. Por eso el llanto y los nervios. Por eso el temblor en las piernas. Por eso, conocer a un ídolo, supone cumplir un sueño. Y ellos lo lograron.

Impensado.

El sábado 8 de octubre de 1988 Natalia Szafran había acordado con sus amigas encontrarse a las 17.00 horas afuera del hotel en el que se alojaba el elenco de Clave de sol, tira juvenil argentina que estaba en Montevideo para presentarse en el teatro. "Mis amigas, mis hermanos y yo éramos fanáticos de Clave de sol. Teníamos el álbum de figuritas y cada vez que salían en alguna revista la comprábamos para tener sus fotos", cuenta Natalia. "A la novela la pasaban de tarde en uno de los canales uruguayos, pero me acuerdo que era tanto el fanatismo que cuando lográbamos agarrar en la televisión algún canal argentino, por más que se veía horrible, nos emocionábamos porque podíamos ver capítulos adelantados".

Todos los sábados, Natalia y sus hermanos salían a almorzar con Víctor, su padre. Ese día, le pidieron para ir a algún lugar por Ciudad Vieja, así podrían estar cerca del hotel.

De no haber tenido fotos, es probable y posible que nadie hubiese creído lo que pasó entonces. Mientras iban por la rambla en el Gol rojo de su padre, vieron que dos personas corrían mientras una multitud los perseguía ensimismada en alcanzarlos. Al ver que era Leonardo Sbaraglia, protagonista de la tira, con su novia, el padre de Natalia les abrió la puerta del auto y les dijo que subieran. Cuando Natalia y sus hermanos se dieron cuenta, tenían a Sbaraglia sentado al lado. "Justo ellos estaban yendo a almorzar y a mi padre se le ocurrió invitarlos a comer con nosotros. Ellos aceptaron y pasamos a buscar a la madre de Sbaraglia que venía caminando sin que nadie la reconociera".

En ese entonces, Natalia tenía 13 años y almorzó en el Forte Di Makalle con su familia y Leonardo Sbaraglia. "Yo no caía. El almuerzo fue divino, re-buena onda". Después de fotos y autógrafos, los llevaron de vuelta al hotel y los dejaron por la puerta de atrás. Igualmente, un montón de fanáticas siguieron al auto rojo, pensando que sus ídolos iban en él. En realidad, era el auto del padre de Natalia.

En tres colores.

Camila sabe todo sobre el "Chino" Álvaro Recoba: su cumpleaños, su trayectoria, cómo se llaman sus hijos y los goles más importantes de su carrera. Sin embargo, el gol que más recuerda y con el que más se emocionó —sí, Camila llora con los goles del Chino— fue el del 9 de noviembre de 2014: "El tiro libre a Peñarol. Me acuerdo clarito. Tengo guardado el Ovación del día después con las fotos".

Es hincha de Nacional de toda la vida. Siendo niña, veía a su hermano más grande gritar los goles y a ella le encantaba. "Siempre pedía para Navidad la remera de Nacional y nunca me la regalaban. Hasta que cuando cumplí 12 mi hermano me regaló una de él que tenía como 10 años y todavía la tengo, está re-viejita ahora".

Su cuarto está lleno, repleto, de cosas de Nacional. Hay ocho camisetas, entre ellas, la de la despedida de su ídolo, dos libros de Recoba con su firma, un póster gigante, la primera foto que se sacaron juntos y que después también se la firmó y una carpeta con imágenes, entradas y recortes de diarios. Además, tiene dos tazas con el rostro de Recoba, varios gorros y libros de Nacional.

"Lo conocí el 12 de marzo de 2015", dice, emocionada y entusiasmada al hablar de su ídolo. Camila es de Nueva Helvecia y ese día debía estar en Montevideo para ir al médico. Tenía 12 años y le pidió a su padre que la llevara al Parque Central para al menos sacarse una foto en la puerta. Era la primera vez que Camila iría al estadio de su club. "No sé cómo el jefe de seguridad me dejó entrar y pude pisar la cancha. Justo estaban todos entrenando ahí porque tenían que sacarse fotos con la indumentaria nueva. Me empecé a sacar fotos con todos y en una lo veo al Chino". Camila no se acuerda, pero le dicen que cuando lo vio, gritó. Lo que sí sabe es que lloraba mucho: "Yo siempre lo veía en la tele y ahora estaba ahí en persona y lo podía tocar". Ella no pudo hablarle pero el Chino le preguntó qué edad tenía y le dijo que siguiera estudiando.

Lloró todas las veces que estuvo con él y si lo vuelve a ver, también lloraría. "Siempre me tiemblan las piernas. A veces veo las jugadas que hacía y me pongo a llorar".

¿Después de esa vez volviste a verlo?

—Sí. El 19 de junio de 2016, en la Expo Fútbol. Ese día, el Chino me vio y me dijo: "Hola mi amor", y casi me muero.

Pero la historia no termina allí. El 31 de marzo de 2016 fue, probablemente, uno de los días más emocionantes en la vida de Recoba y uno de los mejores de Camila. "Papá me llevó. Nunca había llorado tanto, fue el día más emocionante de mi vida", cuenta sobre el partido de despedida de su ídolo.

Hace poco menos de un mes Camila cumplió quince años. Su fiesta estuvo decorada en tres colores: rojo, azul y blanco. Detrás de la mesa de la torta, había fotos de los momentos más lindos de su vida. En una de ellas estaba con el Chino Recoba, quien además, estuvo presente de otra forma. "Estábamos mirando un video de fotos y en una papá dice por el micrófono que había alguien que me quería saludar. El Chino me había grabado un video. Nunca lo imaginé". Así, Recoba le habló desde un aeropuerto, le deseó feliz cumpleaños, le dijo que nunca se iba a olvidar del día en que se conocieron y que ojalá se volvieran a cruzar.

El gran show.

"Mi viejo lloró cuando se enteró de que íbamos a ser teloneros de los Stones", cuenta Gonzalo, cantante de Boomerang, sobre uno de los momentos más importantes de su carrera. En realidad, nadie podía creer que abrirían el show en el Estadio Centenario de quienes son sus referentes.

Gonzalo recuerda que empezó a escuchar a los Rolling Stones desde que tiene "noción de ser". Y su padre fue el responsable: "Durante la dictadura mi viejo se encerraba a escuchar vinilos. Cuando yo era chiquito, nos sentaba a mí y a mi hermana a contarnos historias y nos ponía discos todo el tiempo: los Stones, los Beatles, The Who. Me gustaban todos, pero la provocación que tenían los Stones me llamaba mucho la atención, entonces tenían como un plus para mí".

El 16 de febrero de 2016, Gonzalo y los demás integrantes de la banda llegaron al Estadio muy temprano. Hacía calor, pero querían estar concentrados. A medida que el público iba llegando, los nervios aumentaban. "Antes de subir teníamos ganas de salir corriendo, deseábamos que pasara algo que no nos dejara tocar". Pero en cuestión de minutos, cuando subieron al escenario, todo fue distinto. "Lo disfrutamos mucho".

Después de tocar por una hora, mientras se cambiaban, una productora de los Stones les dijo que los ingleses querían conocerlos. "En un minuto bajamos del palco oficial a los vestuarios, fue casi una teletransportación". Entonces, ocurrió lo que Gonzalo nunca había pensado. "Nos metieron en un cuarto, nos dijeron que nos íbamos a sacar una foto y que charláramos relajadamente con ellos". Y los Stones fueron apareciendo de a uno. El primero fue Charlie Watts y el último Mick Jagger, pero con los que más hablaron fue con Keith Richards y Ron Wood. "Yo tenía un montón de cosas para decirles, pensando en la oportunidad de quizás poder cruzarlos, llevamos hasta discos para que nos firmaran. Pero después todo se redujo a una conversación súper relajada y chistosa".

Después los abrazaron, les dijeron lo que significaba para ellos estar allí, se saludaron y los Stones subieron al escenario y empezaron a tocar. "Mientras veía el show, todavía no caía lo me estaba pasando, los vi como sedado".

Un referente.

Cuando Leticia tenía 8 años, se escondía de sus padres para poder mirar Hombres de honor, telenovela argentina que pasaba canal 12. Allí lo vio por primera vez. Después fue en Floricienta, tira juvenil en la que Juan Gil Navarro era el "príncipe" protagonista. "Así empezó todo", dice Leticia.

Tiempo después, viajó con su mamá a Buenos Aires por su cumpleaños de 15 y vieron que Juan estaba en cartelera con una obra de Shakespeare. No lo dudó. "A la salida lo esperé, le conté que yo estudiaba actuación. Pero no fui desde el lugar de te amo, me quiero casar contigo, nada que ver, y él lo notó a eso y empezamos a hablar de la obra y yo quedé deslumbrada. Él me preguntaba por mi carrera y yo tenía 15 años recién cumplidos. A partir de ahí fue amor total".

Pero esa no fue la única vez que lo vio. Un año después, el argentino estuvo viviendo en Uruguay por unos meses, grabando algunos capítulos de la serie Dance, en la que Leticia participaba como extra. A partir de entonces quedaron en contacto y cada vez que él estrenaba una obra, ella viajaba a Buenos Aires con su mamá para verlo en el teatro. "Siempre lo esperaba para saludarlo a la salida y agradecerle las invitaciones. Y un día, que salimos como a las dos de la mañana, él y su mujer nos llevaron al hotel. Cuando quise ver iba sentada en el auto de Juan Gil Navarro". Después, cuando Leticia entró al Instituto de Actuación de Montevideo, tuvo la oportunidad de entrevistarlo para un trabajo de la carrera. "Estaba muy nerviosa, pero estuvimos dos horas y media hablando de la vida, me dio muchos consejos". Hoy Leticia tiene 23 y este año termina su carrera. Al igual que cuando lo vio por primera vez, a los 15 años, Juan Gil Navarro sigue siendo su referente.

En la piel.

Lo conoció cuando estaba en el jardín de infantes. Allí, Josefina Tramontin (23) escuchó por primera vez la canción Yellow Submarine, de los Beatles y, desde entonces, Paul McCartney se transformó en su "motor".

"Me encanta la música y no encuentro a nadie más que tenga lo que tienen los Beatles y Paul", cuenta Josefina. "No me puedo considerar fanática de otra cosa o pensar en algo que me pueda llegar a gustar tanto como ellos". Con respecto a McCartney, dice: "Siento que su música siempre tiene algo para acompañarme, pero más allá de su profesión, comparto con gran interés todo lo que hace y su forma de vida. Digamos que es mi modelo a seguir".

Lo vio cantar en Buenos Aires, en 2010, en Montevideo en 2012 y en 2014, en Francia en 2015 — show al que fue invitada por el guitarrista que acompaña al músico — y en 2016 en Córdoba y la Plata.

Sin embargo, el show de 2014 en el Estadio Centenario fue especial para Josefina. Había sacado una entrada para la fila cinco — o tres, no lo recuerda con exactitud — que no incluía entrar a la prueba de sonido. "Pero yo tenía que entrar, necesitaba entrar". Y lo necesitaba porque días antes había soñado que entraba a la prueba de sonido y después se subía al escenario. Así que vendió su entrada y consiguió otra que la habilitara a ingresar. "Todo el mundo me decía que no tenía sentido, pero yo sabía que me iban a llamar para el escenario".

Durante la prueba de sonido, McCartney leía los carteles de sus fanáticos. "Leía todos, menos el mío, pero yo sentía que me miraba y se reía y durante el show lo mismo". Y así, como si Josefina hubiese adivinado su suerte, fue una de las elegidas para subir al escenario. "No lo podía creer, de a ratos sentía que no podía estar ahí y que no lo iba a aguantar. Es más, llegué a pensar en no subir, pero era porque estaba muy nerviosa. Me temblaban las piernas horriblemente. Le quería decir muchísimas cosas pero en el momento no me salía nada". En el medio de tanta emoción McCartney le firmó la espalda, que ella no dudó en tatuarse. Desde ese día y para siempre, Josefina tiene a su ídolo en la piel.

Cuando los sueños se hacen realidad.

Los integrantes de Boomerang, Gonzalo Zipitria, Pablo Mendoza, Nicolás Rodríguez, Luis Angelero, Bruno Tortorella y Federico Eguren, no esperaban ser los elegidos para abrir el histórico show de los Rolling Stones en el Estadio Centenario en 2016. "Fue increíble. No puedo describirlo con palabras, porque las sensaciones que te vienen el cuerpo son inexplicables", dice Gonzalo, cantante de la banda, sobre el anuncio oficial de que la producción de los ingleses los habían elegido a ellos para ser los teloneros. Tampoco imaginaban conocerlos ni hablar con ellos justo antes de que se subieran al escenario. "Fue como conocer a mis referentes de toda la vida. Yo crecí con ellos, sentía que los conocía sin conocerlos, de tanto escuchar sus discos, leer sus libros, seguirlos", agrega el cantante. Así, ese día, entre nervios y emoción, Gonzalo y toda la banda, cumplieron un sueño: compartir escenario con los Stones.

El sueño de la foto con Luis Suárez.

Es frecuente que los jugadores de la Selección generen fanatismo en niños y jóvenes que los siguen. Una foto, un autógrafo o simplemente tocarles la mano, pareciera ser el sueño de muchos. Y también era el de Lucas. El 24 de marzo de 2016, el niño salió en la tapa de Ovación, intentando saludar a Luis Suárez en el aeropuerto de Carrasco, previo a que la Selección partiera hacia Brasil. Pero la gran cantidad de personas que esperaba por los celestes, no le permitió a Suárez saludar a todos. Unos días después, el salteño le envió un video a Lucas pidiéndole perdón: "Campeón, ¿cómo te va? ¿Todo bien? Primero era para pedirte perdón por no haberte saludado el otro día, pasa que había muchos niños y solo pude saludar a algunos". Además, le prometía a Lucas que cuando la Selección volviera, lo invitaba al Complejo Celeste. "Te prometo que te hacemos un lugar para que vengas, nos saludamos y nos sacamos una foto", le dijo Suárez. Poco tiempo después, Lucas y su familia pudieron entrar al complejo para saludar y sacarse fotos con el ídolo de la selección.

Adolescencia: cuando los ídolos ayudan a construir la identidad.

La elección de los ídolos "es un complejo identitario", explica el psicólogo Luis Correa. Así, lo más común es que el fanatismo, en muchos casos, sea más frecuente y fuerte durante la adolescencia. "Es una etapa de reconfiguración identitaria", sostiene Correa. Además, en ese momento de la vida, hay cambios muy fuertes, especialmente en el desarrollo sexual y el esquema corporal, que ubican al adolescente en una situación de perplejidad, en la que se ponen en cuestión los valores impuestos por la familia. "Todo eso configura un estado de debilidad y vulnerabilidad emocional que lleva a que busquen nuevas figuras a seguir", dice el psicólogo. De esta forma, el ídolo, durante la adolescencia, se reviste de las mismas características idealizadas que un niño le atribuye a sus padres y eso genera una admiración profunda. "Cuando llega la adolescencia, la figura paterna entra en cuestión y hay una necesidad de encontrar a alguien que sabe y puede y que hace las cosas bien", agrega Correa. Y aclara que "no hay que olvidar que los ídolos son una construcción social y cultural. La sociedad siempre ha construido ídolos e imágenes para la identificación".

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