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Historias de Copas

Entretelones, victorias y derrotas, dentro y fuera de la cancha, del más viejo torneo de selecciones.

Uruguay vence a Argentina en la Copa América de 1987.
Uruguay vence a Argentina en la Copa América de 1987.
El Paraguay de la Copa América 2011 llegó a la final sin ganar un partido.
El Paraguay de la Copa América 2011 llegó a la final sin ganar un partido.
Diego Maradona: 3 copas, 12 partidos, 4 goles, 0 títulos.
Diego Maradona: 3 copas, 12 partidos, 4 goles, 0 títulos.
Pelé solo jugó una copa; fue figura pero no le dio para ser campeón.
Pelé solo jugó una copa; fue figura pero no le dio para ser campeón.
Venezuela y su primera incursión en la Copa, en 1967.
Venezuela y su primera incursión en la Copa, en 1967.
Francescoli y el título en la última copa que organizó Uruguay, en 1995.
Francescoli y el título en la última copa que organizó Uruguay, en 1995.
Daniel Passarella no quería gais en sus equipos.
Daniel Passarella no quería gais en sus equipos.
La violencia casi impide la realización del torneo de 2001 en Colombia.
La violencia casi impide la realización del torneo de 2001 en Colombia.
Uruguay 1967, un equipo campeón y raspador.
Uruguay 1967, un equipo campeón y raspador.
La actual copa en Chile está tejiendo nuevas historias.
La actual copa en Chile está tejiendo nuevas historias.

Los números dicen que la Copa América que se está jugando es la número 44, que Uruguay la ganó quince veces, que Chile la organizó siete, y que es el torneo de selecciones más antiguo en disputa. Y la memoria y los archivos traen historias de disturbios entre hinchas hace casi un siglo, de viajes en tren, barco o mula, de equipos donde estaban prohibidos los negros (o los homosexuales), de concentraciones frías o tensas, de derrotas por meter un cambio de más, o de episodios del pasado no tan distintos a los del presente. Si veinte años no son nada, 99 sí dan para todo.

Salvando la plata

Los "inadaptados de siempre" son viejos como el fútbol. Ya fueron protagonistas en el primer Sudamericano, en Argentina y en 1916. El partido decisivo entre los locales y Uruguay iba a jugarse el 16 de julio en Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (GEBA). Pero la gran expectativa, la rivalidad naciente y la sobreventa de entradas hicieron lo suyo. Con las gradas desbordadas y gente al lado de la cancha, era obvio que nada bueno podía pasar. El partido se suspendió a los cinco minutos y se desató el caos. Las tres tribunas populares de madera fueron prendidas fuego y las boleterías arrojadas a un arroyo. Según el libro Copa América increíble, del periodista argentino Oscar Barnade, un directivo de GEBA salvó los 15 mil pesos de la recaudación "envolviendo la valija del dinero en una bandera". El partido se completó al otro día en la cancha de Racing Club; el empate 0-0 clasificó a Uruguay como el primer campeón.

Relojes de consuelo

Perú sorteaba y sorteaba sin Hugo Sotil, uno de sus astros, las fases de la Copa América de 1975, primera en llamarse así en vez de Campeonato Sudamericano y primera en no tener sede fija. El "Cholo" Sotil jugaba en el Barcelona español, club que no lo dejaba unirse a su selección. Para la finalísima ante Colombia, el 28 de octubre en Venezuela, Sotil no aguantó más y se escapó en avión a Caracas. Claro que por más crack que fuera, a los peruanos, que habían hecho una gran campaña, poca gracia les hacía que viniera un "paracaidista" a jugar en el momento cumbre. "Así es que no tuvo mejor idea que llevar finos relojes de pulsera de regalo para los jugadores y el técnico Marcos Calderón, y con eso aplacó nacientes molestias", cuenta a Domingo Elkin Sotelo, periodista de El Comercio de Lima. "La jugada le salió redonda: fue titular y anotó el gol del triunfo de Perú campeón".

Vinotinto aurinegra

Venezuela, otrora "cenicienta", debutó en estas lides en enero de 1967, en el Sudamericano de Montevideo que fue el último en el modo "todos contra todos". Su debut no fue con la "vinotinto" actual, ni con ninguna casaca propia sino con la amarilla y negra de Peñarol. Eso se debe a que su indumentaria de entonces, roja, se confundía con la de su rival, Chile. Al no tener equipos de alternativa, los caribeños debieron apelar a lo que tenían más a mano. Peñarol era campeón de América y el Mundo, pero eso no era transmisible: Venezuela cayó 2-0.

Americanos raros

Desde Ecuador '93, se estila que la Conmebol invite selecciones de otras confederaciones para que el torneo tenga 12 integrantes. Casi siempre el convite va a equipos de la Concacaf, para que la denominación —Copa América— siga teniendo sentido. La excepción fue Japón en Paraguay 99. Siempre se dijo que no hubo otro factor que el económico para justificar tan exótica presencia. ¿Alguien imagina un Japón campeón de América? De todas formas, estuvieron lejos: no pasaron su zona, perdieron dos partidos y apenas empataron con Bolivia. ¿Su goleador? Un brasileño nacionalizado: Wagner Lopes.

Saltando el alambre

Tras tres ediciones, en la Copa América Argentina '87 se volvió a la sede fija. Uruguay salió campeón tras acceder directo a semifinales, como indicaba el reglamento, por ser campeón defensor. Ahí derrotaron a los locales, flamantes monarcas del mundo, con Diego Maradona en su mejor momento. Uruguay venía de un pésimo mundial en México 86 y estaba casi desahuciado. "Directamente nos daban por muertos", recuerda a Domingo Antonio Alzamendi, uno de los cuatro "repatriados" de esa selección, basada en el joven Peñarol que pronto ganaría la Libertadores. "En la concentración de CAFO (debajo de la Tribuna Ámsterdam) nos congelábamos. Dormíamos vestidos porque hacía un frío bárbaro". No fue el único contratiempo: un día se durmió el portero de la cercana cancha de Miramar Misiones, donde la selección entrenaba, y los jugadores debieron saltar muros y alambradas para practicar. El Complejo Celeste no era entonces ni un proyecto. Y el desaguisado organizativo que implicaba que un país saliera campeón tras jugar apenas dos partidos no volvió a repetirse.

Chévere, qué chévere

Más allá de su título continental de 2001, la Colombia de 1993 es recordada como la mejor de su historia, sobre todo por la paliza que le dio a Argentina por eliminatorias. En la Copa América de ese año en Ecuador ya había mostrado un anticipo. Se decía que los colombianos reflejaban en la cancha el desparpajo y despreocupación que tenían para vivir. Su técnico, Orlando Maturana, fue visto tranquilamente jugándose varios plenos en el casino del Hotel Boulevard de Guayaquil, donde se alojaban los suyos, la víspera del partido de cuartos ante Uruguay (que vencieron por penales). Se decía que el delantero Faustino Asprilla, que jugaba en el Parma italiano, era capaz de patinarse 4.500 dólares en una noche de juerga.

La vuelta a Santiago en 40 días

Todo era mucho más lejos hace casi un siglo. Uruguay demoró once días en ir de Montevideo a Lima —en tren y barco— para jugar el Sudamericano de 1935. Pero peor la pasó Chile en 1919. Ese año, el torneo continental se jugó en Rio de Janeiro. La ida se hizo en plazo, pero el retorno se complicó. De Rio a Buenos Aires viajaron en barco y de ahí a Mendoza en tren. Pero en ese invierno los Andes sufrieron nevadas con pocos precedentes y el cruce ferroviario estaba bloqueado. Los jugadores, imposibilitados de costearse una estadía, no tuvieron otra salida que cruzar las montañas en mulas. La delegación volvió a Santiago 40 días luego de zarpar en Rio, donde recibió doce goles en tres partidos y acabó en el último lugar, puesto al que estuvieron abonados hasta la décima edición, en su casa y en 1926.

Mucho caos

Siempre se habla de lo improvisadas que parecían las organizaciones de los primeros torneos. Sin embargo, la Copa América Colombia 2001 fue un caos. La violencia de los grupos guerrilleros de izquierda y los paramilitares de derecha, con el estallido de coches bomba en Medellín, Cali y Pereira, casi la hacen zozobrar. El 30 de junio, conmovida por el secuestro de un dirigente colombiano, la Conmebol anuncia que la Copa se posterga un año. Presiones de los patrocinadores —más que cualquier otra cosa— hacen que el 5 de julio se revierta esa decisión y que el torneo comience como estaba previsto, solo seis días después. Paralelamente se disputaban las eliminatorias para Corea-Japón 2002, lo que hizo que las selecciones apelaran a planteles de alternativa, lo que le quitó mucho atractivo a la competencia. Argentina, que era el equipo más fuerte del continente, ni siquiera participó, escudándose en la violencia que reinaba en Colombia. Con tales antecedentes, que cuatro paracaidistas cayeran sobre el césped del Campín de Bogotá, minutos después de comenzada la final entre los dueños de casa y México, le heló el corazón a un pueblo: pero eso se debió a una mala sincronización en el cronograma de la ceremonia de clausura.

Playa nocturna

Jugar sin sede fija hizo que en las ediciones de 1975, 1979 y 1983 se vivieran climas enrarecidos en la Copa América, más típicos de las viejas Copas Libertadores que de un augusto torneo de selecciones. ¿Eso qué quiere decir? Pedreas al ómnibus de la delegación cuando iba a entrenar y mujeres en los hoteles donde se alojaban los equipos para desconcentrar a los jugadores. Todo eso debió soportar Uruguay antes de jugar la segunda final ante Brasil en Bahía, el 4 de noviembre de 1983. El partido terminó 1 a 1 y, como la Celeste había ganado 2 a 0 en el Centenario, la Copa volvió a Montevideo. El director técnico Omar Borrás se dio el gusto y aprovechó la noche de la consagración para darse un baño en una playa cercana al Hotel Othon Palace. Lo hizo acompañado de diez guardias ametralladora en mano. Era peligrosa la noche bahiana, mucho más para extranjeros con ánimo de festejar a costa de los dueños de casa.

Nada de gais

"No sé si tengo que contestar… No estoy con tiempo para responder estupideces". Era jueves 13 de julio de 1995 y el técnico de la selección argentina, Daniel Passarella, se mostraba ofuscado en la conferencia previa al partido contra Estados Unidos en Paysandú, en la última copa organizada por Uruguay. Le habían preguntado si era cierto que había un homosexual en el plantel que dirigía. Hacía poco, Passarella había asegurado que no convocaría a un jugador gay —adelantándose nueve años a la misma polémica que aquí protagonizaría Jorge Fossati—, lo que motivó las iras de los colectivos LGTB (sigla aún no popularizada). "Este es un país democrático y yo no estoy en contra de los gais, simplemente que en mi trabajo no lo permitiría", aclaró —oscureciendo— el Kaiser. "¡Hablemos de fútbol, muchachos!", cerró. Al otro día, Estados Unidos sorprendía y ganaba 3-0.

Un partido, un viaje

Buenos Aires está acá nomás, es cierto; pero concentrar en esta orilla para viajar a cada partido parece un exceso. Eso hizo Uruguay para el Sudamericano de 1946. La preparación celeste fue en Juan Lacaze, Colonia, y no fue pacífica. Según el libro La crónica celeste, de Luis Prats, en un entrenamiento José Antonio "Carajito" Vázquez agarró a trompadas a Sixto Possamai, "curiosamente, compañero suyo en Peñarol", incidente por el cual fue separado del plantel y cesado el "encargado de la concentración" (algo así como técnico) Aníbal Tejada. Quedarse en casa no le sentó bien a la selección: ganó dos partidos y perdió tres.

Vasco fulminado

Entre la cruzada anti-gay de Passarella, la mano de Tulio contra Argentina, la canción oficial del Pájaro Canzani, la copa alzada por Enzo Francescoli, estadios remodelados y luego subutilizados, el torneo de Uruguay de 1995 dejó mucho para el recuerdo. Xabier Azkargorta era un vasco que había clasificado a Bolivia a un mundial luego de 44 años, cimentando su fama de milagrero, y había sido contratado para brindarle a Chile los laureles históricamente negados. Los resultados lo sentenciaron: 1-2 frente a Estados Unidos en el debut y 0-4 ante Argentina en la segunda fecha. Las críticas de la prensa chilena fueron encarnizadas. Para peor, el vasco no tenía filtros: "A mis jugadores les faltaron hormonas para ganar los partidos", expresó, y se terminó de poner a los suyos en contra. Todo eso le terminó pasando factura y sufrió un severo episodio neurológico que le hizo perder momentáneamente el habla, la visión y la memoria, y lo dejó postrado en una habitación del Sanatorio Modelo de Paysandú. La dirigencia del fútbol chileno dio su diagnóstico: el técnico se enfermó por la "insolencia" de la prensa. El último partido de Chile en esa Copa lo dirigió Ignacio Prieto: fue empate 2-2 con Bolivia.

Brasil sin negros

Si Pelé hubiera actuado en los primeros años de la década de 1920, no hubiera jugado en su selección. En Brasil, el fútbol tuvo un origen aristocrático y no fue hasta 1919, cuando vencieron en el Sudamericano, que se tornó realmente popular. El presidente Epitacio Pessoa quiso que el combinado diera la mejor imagen del país en el exterior; esa imagen no incluía jugadores negros. Así fueron a los sudamericanos de 1920 y 1921, donde fracasaron. Para 1922, cuando la Copa volvía a organizarse en Brasil y no había lugar para más papelones, el mandatario dio marcha atrás. Brasil volvió a ser campeón.

Perdió por los cambios

El Sudamericano de 1953, organizado por Paraguay, se jugó en Lima porque en aquel país no había infraestructura. Local y "local" protagonizaron un caso inédito: Paraguay perdió ante Perú porque su técnico, Manuel Fleitas Solich, realizó un cambio más de los permitidos; cuatro y no tres. ¿Cómo pasó eso? Nadie aún lo sabe. "Es el único caso en la historia del fútbol que un equipo pierde por ese motivo", asegura a Domingo Gabriel Cazenave, jefe de deportes del ABC de Asunción. Aún así, Paraguay fue campeón.

Serlo y parecerlo...

Perú y Brasil debieron definir por sorteo el finalista de la Copa América 1975. Dos papeles con los nombres de los países fueron colocados en una urna. Una quinceañera fue designada para meter la mano y escoger al vencedor: Perú. La joven era Verónica Salinas, peruana, hija del entonces presidente de la Conmebol, Teófilo Salinas, también peruano... "No me consta, pero la leyenda dice que Salinas puso a enfriar la balota antes del sorteo y la niña tomó la más fría", comentó en 2009 Percy Rojas, entonces delantero, al periódico peruano Depor. Las cosas raras en la Confederación son muy anteriores a Nicolás Leoz y Eugenio Figueredo.

Pobres finalistas

Empatando los tres partidos de su serie, y sorteando mediante penales cuartos y semis, Paraguay fue finalista de la última Copa América, Argentina 2011. Eso llevó al diario madrileño El País a publicar en su edición del 21 de julio de ese año un artículo titulado El teorema imposible de Paraguay: cómo poder salir campeón sin ganar un mísero partido. Fue una versión "mejorada" de una insólita actuación uruguaya, la de Paraguay 1999, en la que la Celeste llegó al encuentro decisivo clasificando como mejor tercero en su grupo (ganando un partido y perdiendo dos), y también superando cuartos de final y semifinales por penales. Marcelo Zalayeta era la figura de esa selección dirigida por Víctor Púa, que también contaba con Andrés Fleurquin, Fabián Pumar, Inti Podestá y Federico Magallanes. Claro que el fútbol suele ser justo y ambos equipos fueron arrasados en sus respectivas finales por igual marcador: 3-0; a ese juvenil Uruguay lo vapuleó el Brasil de Ronaldo, Ronaldinho y Rivaldo, y a ese reciente Paraguay el Uruguay de Luis Suárez y Diego Forlán, vigente campeón.

PLANTEL CON FERIA PROPIA

Álvaro Gutiérrez, técnico del Nacional flamante campeón uruguayo, integró la Celeste en tres copas: Chile '91, Ecuador '93 y Uruguay '95. Daniel Sánchez, hoy colega y compañero de selección en las dos primeras, lo recuerda como un individuo que, guitarra en mano, unía mucho al grupo. Gutiérrez ríe y asegura que nunca tocó la guitarra durante las copas (sí lo hizo junto al Pájaro Canzani para celebrar el título en 1995). En cambio, rememora la estadía en Ambato durante la fase inicial del torneo de 1993. "Estábamos en un hotel colonial, patio grande al medio y galerías. Y como en esa ciudad no había mucho movimiento comercial, los artesanos, cientos, se instalaban en el patio. ¡Te levantabas y parecía la feria de Tristán Narvaja! ¡Y todos estaban para vendernos a nosotros!". El hoy técnico campeón, entonces un volante más recio que dúctil, fue uno de los exitosos pateadores en la definición por penales de la final del '95 ante Brasil. "No recuerdo un Centenario tan en silencio como cuando fui a tirar...", se ríe.

CINCO MINUTOS Y NADA MÁS...

Pablo León era el último suplente de la selección paraguaya en el Sudamericano de 1953; tanto así, que fungía de aguatero de sus compañeros. Cuando el decisivo partido contra Brasil terminaba 1-1, y ante la constatación que era el único delantero en el banco, el técnico lo mandó a la cancha a los 85 minutos. Ahí marcó el gol de la victoria, crucial para el título. León nunca más jugó para su selección.

PEQUEÑAS GRANDES HISTORIAS DE LA CELESTE EN LA COPA AMÉRICA

-Uruguay es el mayor ganador de la Copa América con 15 títulos. También es el que más copas jugó. Antes de su actual participación, estuvo en 41 de los 43 torneos anteriores. Solo faltó a los sudamericanos de Argentina en 1925 y de Bolivia 1963.

-El primer partido de Uruguay por la Copa América fue el 2 de julio de 1916 en Buenos Aires y ante Chile. Se ganó 4-0. Chile reclamó los puntos aduciendo la presencia de "dos africanos" (Juan Delgado e Isabelino Gradín) en la alineación uruguaya, lo que fue deshechado. La Celeste fue pionera en la integración racial en el continente.

-El arquero Roberto Chery murió —literalmente— por la Celeste. En el Sudamericano de Rio de Janeiro de 1919, Chery hizo un gran esfuerzo para evitar un gol chileno. Ese esfuerzo le provocó un estrangulamiento de hernia que le causó la muerte, tras 13 días de agonía en un hospital carioca.

-En esa edición, Uruguay jugó el que es considerado el partido más largo de la historia de la Copa: 150 minutos para quebrar un empate. Fue en la final ante Brasil. Uruguay perdió 1-0 tras los 90 y cuatro tiempos suplementarios de quince.

-Fernando Morena erró dos penales en un partido ante Colombia, por la Copa de 1975. Ese récord fue quebrado por el argentino Martín Palermo en Paraguay 99, que falló tres, casualmente ante Colombia.

LOS MEJORES DEL MUNDO NO PUDIERON ALZAR ESTA COPA

Siempre se ha dicho que los dos mejores jugadores que dio el continente antes de la irrupción de Leo Messi, Pelé y Diego Maradona, nunca ganaron la Copa América. Es cierto, pero los casos fueron distintos. Maradona jugó tres copas América (la de 1979 sin sede fija, la de 1987 en Argentina y la de 1989 en Brasil), estuvo en 12 partidos y metió cuatro goles. Su mejor posición fue un tercer puesto en el 89. Pelé solo jugó un Sudamericano, el de Argentina 1959, del cual fue tanto goleador (ocho tantos en seis partidos) y mejor jugador como activísimo protagonista de una recordada trifulca contra los uruguayos. Brasil, que venía de ser campeón del mundo el año anterior en Suecia, terminó invicto, pero salió segundo a un punto de los locales. En el debut, Brasil le ganaba 2 a 0 a Perú cuando el técnico reemplazó a Pelé por Almir. Según le dijo al portal laterceratv el periodista chileno Luis Urrutia, "Chomsky", autor del libro Anecdotario de Copa América, el entrenador tomó esa decisión "porque pensó que el partido estaba ganado". Ese exceso de confianza fue fatal. Perú terminó empatando el partido y le quitó a los brasileños el punto con el que habrían forzado una definición.

ANTECEDENTES POCO ILUSTRES

Hoy absolutamente olvidados, en la Copa América Colombia 2001 Uruguay protagonizó dos episodios que serían antecedentes de otros mucho más recordados en un (entonces) futuro cercano. Y los dos ocurrirían en el mismo partido: la victoria en cuartos de final ante Costa Rica, por 2-1. Si Sebastián Abreu "picó" un penal ante Ghana en el Mundial de Sudáfrica 2010, aquí Rodrigo Lemos hizo lo mismo para marcar el transitorio empate. Y si Luis Suárez fue señalado como racista en Inglaterra, Paulo Wanchope, excelente delantero tico de raza negra, acusó a todo el plantel celeste de proferirles insultos de ese mismo tono.

Las reacciones no se hicieron esperar: Diego Pérez dijo que lo denunciado era "insólito" y Andrés Martínez aseguró que los insultos proferidos eran "cosas que se dicen dentro de una cancha". Joe Bizera fue más tajante: "Si así fuera, estaríamos agrediendo a nuestros propios compañeros de color". Solo faltó la foto de alguno abrazando a un niño negro...

DIPLOMÁTICOS DE SIEMPRE

Las declaraciones de Egidio Arévalo Ríos respecto a la virginidad chilena en materia de títulos no son algo nuevo. En el pasado, varios uruguayos hicieron gala de diplomacia. El Sudamericano de 1967 se definió en la última fecha, cuando la Celeste venció a Argentina 1-0. Según las crónicas de la época, la clave de la victoria fue, más allá del solitario gol de Pedro Rocha, el mar de patadas en el que los locales hicieron naufragar a sus vecinos del Plata.

Carlos Paz, un vehemente volante de Racing, fue el encargado de sacarle las ganas de jugar a Oscar Más, peligroso puntero visitante, ante la pasividad (o el miedo) del árbitro. "Y... mire... los argentinos son muy señoritas... Conversan mucho, se quejan demasiado y varios se arrugaron", le dijo Paz a la revista argentina El Gráfico luego de ese partido. En esas épocas, las connotaciones más violentas de la garra charrúa eran tomadas como algo natural, alentadas (por propios) o aceptadas con resignación (por extraños).

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