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Historia, tradición y diversión

Río Negro ofrece varias opciones para quienes se acerquen en verano. Un recorrido por el frigorífico Anglo, ecoaventura cerca de Nuevo Berlín y el encanto de San Javier.

El frigorífico Anglo es una de las mayores atracciones. Foto: Daniel Rojas
En San Javier las tradiciones se mantienen. Foto: Daniel Rojas
El avistamiento de aves es una de las atracciones del área de Nuevo Berlín. Foto: Daniel Rojas
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17 ene 2016

Daniel Rojas

El centro del país tiene varias opciones para disfrutar en verano. Y en particular Río Negro ofrece una mixtura de paisajes, costumbres y actividades que lo hacen un destino atípico pero muy recomendable en estas fechas.

Para empezar, un clásico: el frigorífico Anglo. Fue a partir de la Liebig´s, después Anglo, que el mundo modificó algunos paradigmas vinculados a la alimentación. También constituyó el punto de partida que cambió el tiempo que la mujer occidental le dedicaba necesariamente a la cocina.

El frigorífico, que fue fundado en 1865, fue la primera multinacional de alimentos en la historia de la humanidad, donde se desarrolló el revolucionario extracto de carne y posteriormente el corned beef que inundaron las góndolas de Europa para cambiar definitivamente costumbres de consumo a fines del siglo XIX y principios del XX.

Los visitantes pueden visitar en Fray Bentos el coloso industrial que se mantiene en pie. Es el único en el mundo que se conserva en su estado original, lo que fue considerado por Unesco para nominarlo como Patrimonio Cultural e Industrial.

En una visita con guías bilingües el turista quedará fascinado al recorrer las añejas instalaciones que oficiaron "de cocina del mundo" para las fuerzas aliadas durante la Primera y Segunda Guerra Mundial.

En el museo de la Revolución Industrial conocerán piezas únicas que formaron parte del desembarco de la Revolución Industrial en el Río de la Plata. Podrán ver la primera lamparilla eléctrica que se encendió en el Uruguay (justamente en la fábrica) y hasta un ternero con dos cabezas que se conserva a la perfección.

Las oficinas, de estilo inglés, quedaron de la misma forma que el último día de trabajo. El turista encontrará el área administrativa como si la fábrica hubiera cerrado ayer. Allí se exhiben escritorios, máquinas de época, todo lo cual constituye un mágico paseo que transporta hacia el pasado.

Ecoaventura.

Un clásico del verano en la zona es el festival Desde la Costa, que se realiza tradicionalmente en enero en Nuevo Berlín pero que este año, debido a la creciente del Río Uruguay, se postergó para el próximo mes. Justo frente a esa localidad comienza el área protegida de islas y esteros, que ofrecen paisajes donde se privilegia el contacto con la naturaleza.

Un grupo de vecinos conforma una comisión local que trabaja en experiencias de ecoaventura sobre el sendero La Yeguada, un sitio de recurrente ocupación indígena. "Al caminar por el sendero se destacan cinco estaciones que rinden tributo a nuestro pasado y a lo que es nuestra fauna y flora" explicó a Domingo el maestro Walter Acland, una de las tantas personas que trabajan desinteresadamente para hacer conocer las bondades de su pueblo.

Puntas de piedra, la zona del cementerio, el centro arqueológico y un mangrullo que asoma sobre el monte como un centro de observación de aves, son escalas casi obligatorias para el visitante que camina acompañado de dos guías que con entusiasmo explican cada elemento que distingue al lugar.

"La recorrida se complementa con la cascada del indio que está en un campo privado al que se accede sin problemas y que era empleado por los nativos para cruzar hasta un albardón que fue utilizado por las distintas tribus que fueron sucediéndose en esta zona", cuenta Acland.

Investigaciones arqueológicas permiten determinar que la ocupación prehispánica se remonta, al menos, a 1.700 años. "Los primeros grupos fueron de guenoas y boanes y después fueron sucediéndose otras etnias hasta terminar con tribus de guaraníes que vinieron desde el Norte de argentina a través de las islas", indicó el representante del circuito de La Yeguada, quien asegura que hasta hoy se encuentran cacharros por parte de quienes recorren el lugar con detenimiento.

"Tenemos un acervo importante de cientos de piezas que se fueron recolectando desde 1969 en adelante. En ese entonces se trasladó a Fray Bentos para su clasificación y exposición en el Museo de Historia Natural. Luego fue guardado y encajonado, pero por fortuna, Nuevo Berlín pudo recuperarlo hace un año", explicó Acland.

Además, el Ministerio de Turismo cedió dos canoas para que el sendero de la Yeguada también pueda recorrerse por agua, pero también, pensando en el desarrollo del turismo fluvial, la cartera adquirió una lancha para doce pasajeros que próximamente explotará un operador local con la intención de promover el "corredor de los pájaros pintados". Era un requerimiento de muchos turistas que llegaban a Nuevo Berlín y no tenían forma de acceder a lo que ofrece el río Uruguay.

Todo esto se complementará con un programa del ministerio de Turismo y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) diseñado para desarrollar estaciones fluviales como hoy existe en Villa Soriano. "Mediante una inversión de unos 300 mil dólares se inaugurará en pocas semanas más un espacio que contará con cafetería, baños, duchas, venta de artesanías y más adelante tendremos operativa una oficina de información Turística", anunció Acland.

Rusos.

En dirección Norte, aparece la comunidad de San Javier, fundada por inmigrantes rusos que llegaron hace poco más de un siglo a las costas de Puerto Viejo. El pueblo, único en Uruguay, ofrece al visitante la posibilidad de degustar comidas típicas como shaslik (en base a cordero macerado con limón y cebolla), varnikes (empanadas de harina rellenas de ricota) y piroj (tortas generalmente rellenas de dulces de zapallo). Para beber los locales ofrecen el infaltable Kvas, un tradicional vino de miel que convidan con una advertencia: no hay que beberlo rápido ni en grandes cantidades porque el equilibrio se puede perder rápidamente.

Al llegar al balneario donde desembarcaron los primeros pobladores, el visitante encuentra un parador y bungalows municipales administrados desde hace años por Oscar Malarov. Artesanías típicas, algunas incluso importadas y platos tradicionales, son las primeras cosas que ofrece el concesionario a los turistas que quieren conocer más de la cultura rusa.

En ese lugar comienza el extremo Norte del área de Esteros de Farrapos, donde el viajero puede divisar varias especies de aves de un total de 240 que han sido documentadas por ornitólogos. "Últimamente estamos recibiendo muchos rusos que se suman a los franceses, chilenos, norteamericanos y alemanes que llegan interesados en la eco aventura", dice Malarov.

"Es un lugar tranquilo para la gente que quiere descansar o simplemente se hace una escapada para disfrutar de la naturaleza y el canto de los pájaros. Se puede optar por senderos que nos llevan a cuatro ambientes diferentes y que tienen un encanto particular", agrega.

Las recorridas pueden hacerse en solitario o con guía, pero a todos se les repite el mismo mensaje por parte de los guardabosques del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP): "Todo lo que vaya con la persona debe volver". De esa forma se aseguran que el ecosistema no sufra el deterioro a partir de bolsas o papeles que puedan ser dejados como parte de los desechos de cualquier turista. "La gente se va encantada y nos dice que Puerto Viejo es un pequeño paraíso que se disfruta en forma solitaria y en familia. Nosotros tenemos abierto todo el año, porque en determinadas épocas vienen grupos de distintas partes del país que gustan de la buena pesca donde destacan dorados, bogas y bagres". La playa natural certificada cuenta con todos los servicios y existe una zona de camping muy utilizada por la experiencia de convivir con las aves. Quienes opten por los bungalows, no necesitan llevar nada. Eso sí, la recomendación es reservar con tiempo porque son poquitos los lugares disponibles.

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