FERNANDO SANTULLO

"El hip hop habla de lo que no se informa"

Es sociólogo, periodista y músico, compone potentes canciones, estuvo nominado al Grammy Latino y grabó con la agrupación rioplatense Bajofondo.

Fernando Santullo

Es un cronista de la calle, o al menos así se siente cuando compone canciones de hip hop. Es un sociólogo urgente cuando escribe artículos periodísticos. Fue líder de una de las bandas pioneras del rock uruguayo de la década de 1990, El Peyote Asesino, y luego consolidó una carrera como solista. Ahora, de regreso en Montevideo, Fernando Santullo prepara un nuevo disco, mientras escribe con un ojo puesto en la agenda política y el otro "en la esquina".

Barcelona, Castelldefels, México DF, Montevideo, han sido las ciudades en las que ha ido trazando su trama vital a lo largo de las últimas tres décadas. Una vida errante sobre la que Santullo construyó la identidad de sus canciones duras, realistas, provocadoras y callejeras.

Hace unos pocos días regresó a Montevideo con la idea de permanecer por más tiempo en su ciudad natal. Aunque todavía tiene motivos de sobra para volver esporádicamente a Barcelona. "Mi hija va a entrar a la universidad, por suerte va a estudiar ciencias, no el mamarracho de ciencias sociales o artes, entonces claro, mi plan es seguir yendo un par de veces al año y estar un tiempito con ella", explica.

En Montevideo vive con su pareja, la actriz y comunicadora Noelia Campo y su hijo, el contrapeso sentimental que ahora le hace sentir la necesidad de estar más tiempo aquí.

CRECER EN EL EXILIO

Tenía ocho años cuando llegó con sus padres y su hermana Laura, de seis, a Ciudad de México. Era 1976, Uruguay se había vuelto irrespirable para miles y miles de personas enfrentadas al peor dilema: vivir libres en un país libre, o vivir presos en un país preso.

"Mi madre es española, nacida en Galicia, y cuando llegamos a México una de las referencias que tenía era la de los españoles republicanos que habían llegado a exiliarse allí", recuerda Santullo.

Habían pasado 40 años de la Guerra Civil española, pero en la capital mexicana todavía resonaban canciones de la gesta republicana mezcladas con las de la revolución mexicana. Una parte del exilio uruguayo tenía a algunos de sus más grandes referentes artísticos consigo. Alfredo Zitarrosa y Daniel Viglietti fueron apenas las caras más visibles de una comunidad en el exilio que, como los Santullo, hallaron un refugio en la fraternidad mexicana.

Gracias a esos contactos la madre de Fernando pronto halló trabajo como correctora de estilo en la editorial Roca. Luego su padre lo hizo como vendedor, finalmente estaban establecidos en el DF. Allí continuó la escuela junto a su hermana, el menor de los tres hermanos, Rodolfo, llegaría en 1979 y viviría sus primeros años como mexicano, pero terminaría siendo uruguayo "a rabiar" poco después.

"Nosotros fuimos a una escuela y a un liceo que fue fundado por exalumnos de instituciones de los españoles republicanos. Entonces, por un lado, como el exilio uruguayo era mucha gente vinculada a la cultura, la gente del Teatro El Galpón, Zitarrosa, Viglietti, el asunto cultural estaba ahí en la vuelta. Por un lado eso y por otro lado que mis padres son gente muy educada, que siempre le concedió un valor muy alto al hecho cultural", recuerda.

Y así, entre lecturas y música popular uruguaya, crecieron los tres chicos que de adultos compartirían su amor por las letras y la música contemporánea.

Fernando terminó secundaria en México y al año siguiente regresó con su familia a Montevideo.

"Llegué en invierno del 85 y me quería morir, porque unos meses atrás yo vivía rodeado de amigos en el DF y llegué acá en agosto y hacía un frío terrible", señala. Mientras el país intentaba sacudirse de encima los restos de la dictadura, Santullo intentaba amoldarse a una nueva realidad. Un país que apenas recordaba y en el que debía empezar a construir su nueva vida.

Comenzó a estudiar, consiguió un trabajo. En 1990 volvió a México. "Decidí que quería ir a México porque quería conocerlo sin la mirada de mis padres", dice. También viajó a Nueva York, donde tomó contacto con el género musical que terminaría por atraparlo: el hip hop.

Dos años después, está de regreso en Montevideo y es a partir de entonces que comienza su despegue. Con Juan Campodónico conforman una banda que rompe los esquemas del pujante movimiento rockero uruguayo, El Peyote Asesino.

Desde entonces la carrera musical de Santullo evolucionó a posiciones poco frecuentes en el medio uruguayo. Con Peyote publicó dos discos, hoy considerados de culto en la música contemporánea nacional. La banda se disolvió en 1999. Paralelamente, como ocurrió desde entonces, Santullo compartió la música con el periodismo. Trabajó para varios medios, actualmente tiene una columna semanal en Búsqueda.

En 2005 los músicos de la mítica agrupación Bajofondo, de la que Gustavo Santaolalla es su cara más visible, invitan a Santullo a participar en uno de sus discos, Mar Dulce. Uno de los dos temas que graba para esa edición, El mareo, alcanza a ser nominado al Grammy Latino en 2008 a la Mejor Canción Alternativa y es interpretada por otro ícono de la música rioplatense como lo fue Gustavo Cerati.

Así llega una de las mejores obras del músico uruguayo. En 2010 el disco Bajofondo Presenta: Santullo, gana el premio Iris al Mejor Disco del Año (2009) y obtiene el Premio Graffiti al Mejor Disco de Música Electrónica del mismo año.

Desde entonces Santullo se ha presentado con regularidad en escenarios tanto de Uruguay como de Argentina, compartiendo escenario con bandas de la talla de Faith No More, The Black Keys, Babasónicos, entre otros.

Este año, mientras prepara un nuevo disco, presentó un clip con un potente tema en el que vuelve a lo mejor del hip hop, Mal día. "Esa letra la escribimos a medias con Walas Menoni, un DJ y productor de Salto. Él estaba haciendo un disco con varios invitados y me dijo que le gustaría hacer una canción conmigo", cuenta Santullo.

El disco se publicó, pero la canción le gustó tanto que decidió volver a hacerla con su banda.

—¿Qué conexiones hay entre la crónica periodística y el hip hop?

—El hip hop tiene mucho de crónica urbana, especialmente el más tradicional, no el de ahora que te habla de cadenas de oro y de yates, pero el hip hop más político que es el que más me gusta, apareció en la calle y apareció como relato de la esquina, contando cosas cotidianas, pero también cosas que están jodidas. Algo interesante que te da este género es que no tenés que ser un poeta en el sentido tradicional, podés echar mano a expresiones coloquiales. De alguna manera escribir en periodismo tiene un poco de eso también, no todo el tiempo querés encajar la frase más elegante sino que de repente querés la que describe mejor una situación equis, la más corta entre A y B. La letra de hip hop admite eso, de hecho hay una frase muy famosa de Chuck D, el líder de Public Enemy, que decía "el rap es la CNN de la América negra", y hay algo de eso en la narrativa del hip hop, de narrar algo que no está siendo informado por los canales habituales.

Crónica urbana, relato de la esquina, del barrio, fórmulas, en definitiva que de algún modo vuelven a trasuntar aquella frase atribuida a León Tolstoi: "pinta tu aldea y pintarás el mundo".

"Lo que ocurre es que las realidades urbanas son muy parecidas, la ciudad como material de una crónica tiene elementos en común se trate de Barcelona, de Montevideo, de México o de Nueva York. Podés pararte a mirar de la misma forma a esas ciudades y algo podés decir a través del lenguaje del hip hop", reflexiona.

Viajero obligado de una intricada trama urbana, Santullo respira con marcado aire montevideano en sus letras potentes, desgarradas por momentos, con las que muchos jóvenes se identifican y sienten una voz de la conciencia que les habla en primera persona.

LOS CHICOS DEL BARRIO

Unión y Respeto Hip Hop Crew, reúne a un grupo de jóvenes de Ciudad del Plata (San José) que encontraron en este género musical una forma de expresión integral. El grupo es coordinado por Gastón, un chico del barrio fanático del hip hop; El Chino, otro joven que enseña a bailar a reclusos en la cárcel de Santiago Vázquez, y Caty, una estudiante de magisterio que coordina los talleres para jóvenes. Con ellos Fernando Santullo grabó el videoclip para su tema Lo que debo. "Para todos esos pibes el debate sobre si el hip hop era propio o ajeno no existe, ellos ya se lo apropiaron", sostiene el artista. El grupo de jóvenes encara el género musical como una herramienta de aproximación social que les permite compartir experiencias con otros jóvenes de la periferia de Montevideo. Me encuentro, oscuro/ Un cielo de color azul cianuro/ Y en esta nube densa/ de aire impuro./ Recalculo mi deriva/ Y recalifico las alternativas/ Que al final se ven todas fuleras/ Y es que la fiesta solo es la fiesta. / Cuando se mira de afuera / Se que debo hacer todo/ lo que debo/ Para dibujar con fuego el cielo, dice la letra del tema que canta mientras se mueve en una coreografía callejera sobre el paisaje de Santiago Vázquez.

SUS COSAS

FUTBOLERO. No es hincha de ningún cuadro uruguayo, mucho menos de los grandes. "A los cuadros grandes los veo como matones", dice. De la liga española que ve con devoción futbolera se inclina por el Villarreal. También le gusta el básquetbol, sigue la NBA, y otro deporte menos popular en Uruguay como el handball o balonmano.

PASEO EN BICI. Solía salir diariamente en Castelldefels hasta que le robaron la bicicleta. Ahora que regresó a Montevideo aspira a volver a los paseos en bici, apenas consiga una. "Por lo que he visto ahora la ciudad está un poco mejor preparada para las bicicletas, pero el mejor lugar para andar sigue siendo la rambla", opina.

NOVELAS POLICIALES. El gusto por las novelas policiales es su vicio desde tiempos de estudiante. "Me gusta mucho Ian Rankin, del que leí casi todo. Ahora descubrí una autora que se llama Sarah Paretsky que me tiene colgado. También me gustan algunas de Denis Lehane", comenta el músico.


Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)