eL PERSONAJE I Christian Cary

"Hay que poner alma y corazón a lo que hacés"

Pese a que recién agarró una guitarra a los 13 años, a los 20 ya era profesor. Hoy, líder de La Triple Nelson, padre y amante del Buceo, prefiere el sentimiento a la técnica.

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"No creo en eso del mejor o peor, sino en quien labura". Foto: Leonardo Carreño

LEONEL GARCÍA

La calle Resistencia está en esa zona difusa entre Malvín y Buceo, decisión final que suele depender más del corazón del vecino que de otra cosa. El de Christian Cary (38) no duda: Buceo; como la casa natal en Asamblea y Ambrosio Velasco; como los picados infantiles por Plutarco; como el título del primer disco de La Triple Nelson, su banda, del año 2001; como la rambla a ocho cuadras, esa que no quiso dejar de ver cuando le sugirieron, a él y a sus compañeros, radicarse en Buenos Aires para hacerse "ricos y famosos". Finalmente, como la casa en la que ahora vive: cómoda para él, su esposa, sus tres hijos y con un habitáculo independiente ubicado atrás, ideal para ensayar, dar clases y hacer saltar los techos.

"Este es mi lugar. A veces pruebo equipos. Pobres vecinos, creo que se oía hasta en la Aguada", dice el músico, jugueteando primero con los sonidos medievales de un merlín, un "pariente" del dulcimer, y luego rasgando una Gibson Les Paul negra, la que tendrá junto a él, como una extensión de su cuerpo, durante casi toda la entrevista. "Para el rock es la mejor. Es un tractor que te lleva para adelante como loco", dice de esta viola adquirida el año pasado en Atlanta, Estados Unidos, durante una gira con la banda. Su otra joya, una Fender Stratocaster, "perfecta para el blues", está bien guardada. Ahí nomás, entre afiches, instrumentos, amplificadores y cables, están sus primeras guitarras: una Sentchordi (acústica) y una Octavo y Garrido. "Estaba hecha paté y la recuperé ahora. ¿Si era buena? No, pero para mí era la mejor del mundo. Mi viejo me la compró cuando tenía 15 años".

Su padre, Walter Cary, fue bajista y cantante en Cold Coffee, una banda del primario rock nacional. Él y sus abuelos —pianistas de tocar de oído— le inculcaron el amor por la música, cuando tenía once años. Hoy su hijo mayor, Lucas (18), sube al escenario a tocar con él. Y él ya se ha convertido en uno de los guitarristas más reconocidos del país, también cantante de una banda muy activa que está armando su noveno disco y que ha ganado siete premios Graffiti, luego de haber compartido tablas con artistas como John Hammond, Scott Henderson, Miguel Botafogo, Divididos, Jaime Roos, Ruben Rada, No Te Va Gustar o la Filarmónica de Montevideo. "No creo eso del mejor o el peor, sí creo que hay gente que labura y trabaja constantemente para obtener reconocimiento". Mucha agua pasó bajo el puente, lo suficiente como para poder vivir de lo que le gusta, como músico, docente y productor. ¿O no? "Hace 18 años que intento vivir de la música, y en los últimos cinco... a veces llego a fin de mes".

Inicios.

Christian comenzó de niño con el piano, escuchando tocar Para Elisa a sus abuelos. Pronto descubrió que una guitarra era más fácil de cargar. A los 13 años le pidió a un amigo, Jorge, que le enseñara tres acordes: la, re y mi. "Ahí comencé a enamorarme de la viola en forma enfermiza y nunca paré". Siete años después, a los 20, ya daba clases. Para entonces ya vivía con Xiliana, a quien conoció tocando teclados con una vieja banda en un cumpleaños de 15 y había nacido Lucas. Eso fue un llamado a la responsabilidad. "Fue muy de golpe, una sorpresa. No tenía la madurez necesaria. Y es en esas situaciones que te hacés hombre o te hacés hombre". Luego llegarían Pía (11) y Lara (8). Christian, que supo ser paseador de perros, cadete de farmacia, repartidor de cigarrillos y hasta clarinetista en la Banda de la Marina ("Todo el mundo tiene cuestiones negras en su vida", se ríe), decidió hacer que su sueño tuviera forma.

La Triple Nelson, banda que formó en 1998 junto al bajista Fernando "Paco" Pintos y el baterista Ruben Ottonello, que a los dos años ganó el concurso Probandas 2000 de Canal 10, entre 500 participantes, fue la forma escogida. Su nacimiento fue paralelo al fin de un proyecto anterior, Punto Rojo, un grupo de blues que llegó a tener once miembros y en el que Christian hacía de todo y más. "Sin quererlo, soy de ponerme mucho las cosas al hombro, no espero, hago las cosas yo solo. Y me estaba desgastando, ¡era como tener diez hermanos! Yo era el que más sabía y no sabía nada, le tenía que pasar piques al del bajo, al del saxo... Entonces, decidí armar un trío con gente a la que no tuviera que decirle nada".

Christian acompaña sus recuerdos musicales rasgando su Les Paul. En su PC aparece el grupo en vivo en el Estadio Único de La Plata, abriendo para NTVG ante casi 50 mil personas. Eso fue el año pasado. En 2005 y 2006 habían tocado ante audiencias mayores en los Pilsen Rock de Durazno. Han recorrido América Latina y han llegado a Europa y Estados Unidos. Para entonces ya sabían lo que era volver de tocar en el Cabo Polonio sin un peso, lo que quedó inmortalizado en su canción Billete, con la que se presentaron en el Probandas. "Un conocido de Paco nos dijo de ir a tocar. ¡Era el sueño de todo músico! Luego de bañarnos en la playa, jugar al voleibol y aprontar todo, el tipo nos dice que no tenía dinero. ¡Loco, estamos a 300 kilómetros de Montevideo, tenemos familias que esperan plata! Al final decidimos quedarnos y decirle que nos consiguiera otros toques". En otra ocasión, casi murió electrocutado en el escenario (ver aparte). Mucho antes de las multitudes, supieron tocar para cuatro tipos en un sótano de Pocitos. "Dos eran una pareja apretando que nos daba cero bola y los otros dos eran amigos que estaban convencidos de que estaban en Wembley, ¡como nosotros!".

Ahí se resumía parte de su filosofía: tocar siempre como si hubiera veinte mil personas adelante. Esa misma noche, quien fuera su manager les dijo de grabar un disco. "No teníamos ni temas, dos o tres. Entonces agarramos canciones de Punto Rojo versionadas a trío". Entonces y ahora la propuesta de la Triple se basaba mucho en el virtuosismo, potencia y feeling de sus integrantes.

"Priorizo el sentimiento a la técnica. Obvio que la técnica es importante, pero cuando comencé, sin profesor, ya hacía estiramientos de cuerda larguísimos. No había Internet y había que aprender de los discos, una y otra vez. Yo le enseño a mis alumnos que hay que tenerle cariño al instrumento y que la música les va a servir para la vida, para toda la vida. No solo se trata de pasar por arriba de las notas. Hay que ponerle alma y corazón a lo que hacés para que le llegue al otro".

Emociones.

En estos tiempos, donde a veces se puede llegar a fin de mes, tienen grandes gratificaciones. "En los últimos shows nos están pasando las mejores cosas: la gente canta tus canciones, se emociona, o te dice que lo inspiraste para ponerle el nombre a un hijo, o agarra las canciones y las lleva para el lado que quieren. Me pasa con canciones de amor que les escribí a mi señora, a mis hijas...". Enseguida nombra a Pa Luquita, inspirada en su primogénito, Y sigo, para su abuela, la conmovedora Para abrazarte, pensada en Pía...

Por Pía, Christian participó del colectivo Villazul, un disco pensado para ayudar a niños con trastorno del espectro autista (TEA), ideado por Fabián Marquisio y del que son parte músicos como Malena Muyala, Fernando Cabrera, Rada, Alejandro Balbis, Claudio Taddei, Emiliano Brancciari o Jorge Nasser. "Me gustó mucho la idea y siempre se puede ayudar. Yo soy partidario de que se hable de estas cosas. Lo mejor que te puede pasar, siempre, es ser padre", dice con énfasis. La música, como él dice, sirve para la vida.

Paco Pintos sigue al firme, Rafael Ugo es el actual baterista, y la Triple pasó a ser "un trío de cuatro". Ignacio Labrada, su primo hermano, pasó a ocuparse de los teclados. Eso fue una consecuencia de los recitales de 2010 junto a la Filarmónica. "Ahí le encontramos el gustito a buscarle un sonido distinto a nuestras canciones. ¡Nacho hace de Filarmónica! Parecerá una pavada, pero en un powertrio, donde tenés que estar al frente todo el tiempo, darle paso a él para que haga un solo, así yo puedo agarrar una toalla para secarme y dejar de tocar y cantar por unos minutos, es glorioso", dice el músico, curiosamente, sin separarse de su Les Paul.

Cables nunca más.

Hay quien dice, tras vivir una experiencia cercana a la muerte, que ve la luz al final del túnel. Christian Cary, en cambio, escuchó una música celestial, que lo llevaba "casi de la mano". Eso fue en El Viejo Jack, en Parque Miramar. El guitarrista tomó un alargue "sin patitas" y enchufó consola, guitarra, luces y todo. "Cuando tomé el micrófono quedé pegado. Empecé a sentir que me moría y nadie se daba cuenta. Estaban las chicas de las mesas, el encargado y mis compañeros. Había quedado como riéndome, duro. Atiné a dejarme caer arriba de la batería. Paco (Pintos) me mira y se ríe, (Ruben) Ottonello me putea todo, hasta que se dieron cuenta que algo pasaba. El encargado desenchufó todos los cables y yo sentí como cuando se apaga una heladera, me aflojé todo. Y eso es lo único que me acuerdo. Dicen que quedé con los ojos abiertos, mirando al infinito. Estaban pasando AC/DC y yo comencé a escuchar otra música, súper relajante, que me llevaba... No tenía pulso, ¡estaba muerto! Cosa increíble, Paco había visto en la tele tres días atrás una cosa de reanimación. ¡Entonces el tipo sabía qué hacer! Estuve 12 horas internado". Eso fue en 2000. Desde entonces, usa instrumentos inalámbricos.

SUS COSAS.

Su auto.

Aunque ahora tiene otro, siente especial adoración por el Chevrolet Caprice de 1968 que heredó de su padre. "Me llevó a todos lados, a muchos veranos en La Paloma con la familia. Metías una casa entera ahí adentro". Su padre le dijo que lo venda; él no quiere saber nada.

Su guitarra.

"¿Querés una guitarra buena? ¡Ponete a trabajar!", le dijo Xiliana, su mujer, a Christian. Y fue tan convincente que él se metió a cadete siete meses en la farmacia de Colonia y Tristán Narvaja. Con lo ganado se compró su Fender Stratocaster 40 aniversario (1994). Se la trajo un amigo de su padre desde EE.UU. "Era la de mis sueños".

Sus recuerdos.

Su barrio, Buceo, está presente. Y su infancia jugando al fútbol (o a las escondidas, pique-cordón o bicicleta) por calle Plutarco (foto) también. "Vivía con mis amigos. Yo era, como antes decían las madres, un niño callejero. No había tantos autos, podías pasar el día en la calle".

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