NOMBRES

Guillermo Francella, el actor que consiguió reinventarse

Después de alcanzar la fama con papeles humorísticos, el argentino dio un vuelco a su carrera que vive como una “búsqueda”. Hoy es reconocido por sus roles dramáticos en films como El secreto de sus ojos y El clan.

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Guillermo Francella se anima a interpretar papeles distintos.

Guillermo Francella (61), uno de los actores más populares de Argentina, es tan fanático del fútbol que en 2005, cuando firmó contrato por dos años para el musical Los productores —junto a Enrique Pinti—, estableció como condición que no haría funciones durante un mes en 2006, porque iría al Mundial de Alemania. "Me dijeron: Falta tanto, que ahí lo veremos". Pero yo le había prometido a mi hijo Nicolás que iríamos juntos al Mundial, luego de verlo llorar muy chiquito cuando Argentina quedó eliminada en primera ronda en Corea-Japón 2002. La obra fue un éxito avasallador y cuando llegó la fecha, la gente del musical se vio en aprietos: no querían parar. Pero tuvieron que respetar mi condición y por un mes partí con mi hijo. Fue un sueño", recuerda el actor, aclarando que también fue a los mundiales de Sudáfrica 2010, Brasil 2014 y ahora que irá a Rusia 2018, siempre junto a su hijo.

Esa conexión igual la tuvo él con su padre, quien en la mañana trabajaba como empleado bancario y por las tardes era profesor de pesas del club Racing de Avellaneda. Él lo llevaba al estadio y esa pasión por el equipo le queda hasta hoy: suele ir a ver a su "Racing querido".

Si su carrera fuera un partido de fútbol, en el primer tiempo Francella se consagró como el actor de comedia más popular de Argentina gracias a obras de teatro, películas y programas de televisión que explotaban sus gestos y risa, casi siempre en la forma de dos clases de arquetipos: el clásico "chanta argentino" y el hombre vuelto loco por las mujeres.

Dalo por hecho, Brigada cola y La familia Benvenuto pertenecen a esa época, como el exitoso programa Poné a Francella, y el papel protagónico en la versión en español de la serie Casado con hijos. Pero, en el segundo tiempo, su carrera tuvo un giro a partir de la película Rudo y cursi, que protagonizaron Gael García Bernal y Diego Luna, en 2008, y en la cual Francella interpretó a un buscatalentos de futbolistas.

"Me dijeron que tenía que hacer una audición, y las personas conocidas no estamos muy acostumbradas a las audiciones, pero me pedían ver si calzaba para este rol. A estas alturas, que alguien venga a juzgar mi expresión con la mano en la pera no me daba muchas ganas. Pero con Cuarón todo fue distinto. Hice la audición, tuve la suerte de ser elegido y resultó una experiencia fantástica".

El director del filme, Carlos Cuarón, diría posteriormente que para él, Francella era "un Don Nadie" antes de conocerlo. Pero le gustó la audición, así como a los tres productores ejecutivos: Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y Alejandro González Iñarritu. Con la venia del trío de cineastas más importantes de México, el actor interpretó un papel distinto al acostumbrado. Poco después, Juan José Campanella lo llamaría para El secreto de sus ojos. Tampoco era su primera opción. Dudaba de que la gente en el cine se riera al verlo. Y su rol, Pablo Sandoval —amigo y ayudante del personaje interpretado por Ricardo Darín—, debía provocar todo lo contrario: empatía y angustia por su alcoholismo. Y, como si se tratara de un karma en la vida de Francella, el fútbol sería el motor del brillante plano secuencia en que él junto a Darín van al estadio a buscar al principal sospechoso de la historia: un fanático del Racing.

"Quería zafar un poco de lo que venía haciendo. Este segundo tiempo en mi carrera lo vivo como una búsqueda. Entiendo que a los productores les resultaba efectivo que siguiera en una línea cómica, pero sabía que podía hacer otras cosas, tocando otros contenidos. Pero siempre vuelvo a la comedia. Amo la comedia con locura. Pero también me gusta hacer otro tipo de proyectos que me generen una movilidad como actor.

—¿Qué le pareció la versión hollywoodense de El secreto de sus ojos?

—No me gustó mucho, porque fue diferente a una obra que había ganado un Oscar. La adaptaron, la cambiaron, la hicieron rara. No sentí que hubiera química, que la cámara generara lo mismo, porque Julia Roberts hizo dos roles al mismo tiempo, el mío y el de Pablo Rago. Tampoco vi un vínculo entre Nicole Kidman y Chiwetel Ejiofor. ¡Y el final! Cambiaron nada más ni nada menos que el final. Una locura.

Dos años después del éxito de El secreto de sus ojos, Campanella volvió a llamarlo para protagonizar la serie El hombre de tu vida. Ya con el respeto de la crítica, no fue raro que más tarde el cineasta Pablo Trapero lo quisiera como el patriarca de la familia Puccio en El clan, basada en una familia argentina que en 1982, durante la dictadura, secuestraba a familiares de empresarios y los llevaba a su casa, para chantajearlos con dinero, y luego los ejecutaba. "Yo vivía en el barrio de San Isidro, caminé centenar de veces por afuera de la puerta de esa casa sin saber que el delito estaba ahí adentro. Algo espantoso. Cuando me dieron el libreto, me sentí orgulloso de que Pablo me convocara y me confiara semejante rol".

—Cuarón, Campanella, Trapero, ¿por qué cree que tardaron tanto en llamarlo esta clase de directores?

—Creo que tuvo que ver con que los autores, que también dirigen, escriben una historia con un personaje y que lo represente un artista híper popular es un riesgo: tienen miedo que distraiga con su sola imagen. Porque cuando aparezco en pantalla se genera algo muy puntual. Al comienzo ocurrió eso, pero creo que ya pasé esa prueba, y cada vez con mejores resultados. Empezaron a confiar en que puedo hacerlo bien. Ahora quiero dirigir, pero es una idea muy inicial: alguna historia muy íntima que estoy comenzando a elegir. A estas alturas, probar es algo que me entusiasma.

Palazo en la cabeza.

Francella no siempre quiso ser actor. Estudió periodismo y ejerció tres meses como redactor en la revista Gente. Solo entonces se animó a estudiar arte dramático y presentó varias obras de teatro que fueron un fracaso. "Iban solo familiares y amigos", dice. Su padre, Ricardo, solo alcanzó a ver su primer montaje.

—El que no alcanzara a ver el éxito que vino después, ¿cuánto lo afectó?

—Imaginate, él era muy joven (murió a los 60 años). Me vio muy poquito, en un comercial de Cinzano y en una obra de teatro fuera del circuito comercial. Lamentablemente, todo lo que vino después no lo pudo ver. Me acuerdo de que vio el comercial en un cine y cuando salió, fue a un teléfono público y me llamó muy emocionado. Con mi mamá se peleaban para hablarme.

Un año más tarde de la muerte de su padre, Francella logró su primer contrato como actor en televisión y a fines de los 90 conoció a una azafata 10 años menor que él, Marynés Breña, con la que lleva 27 años casado y tienen dos hijos, Nicolás (26) y Johanna (22).

—Mi papá no conoció a sus nietos, tampoco a mi esposa. Con él tenía un vínculo extraordinario, que hasta el día de hoy, después de tantos años, me sigue haciendo falta. Lo extraño muchísimo, muchísimo.

—¿Y qué tipo de padre ha sido usted con sus hijos?

—Uno muy presente. Trabajé mucho cuando eran chiquitos, pero siempre detuve lo que fuera para estar con ellos, para llegar al acto escolar, para escucharlos. Y los veo: son educados, muy respetuosos. No sabés el orgullo que me da. Mis dos hijos son actores y están haciendo una carrera hermosa. 

Cuando compartió un mojito con Fidel.

Poné a Francella tenía diez mil personajes distintos: el masajista, el hospital, los cuñados, muchos gags, y La nena, que causó polémica cuando Telefé repuso el programa en 2013 causó polémica y malestar. "La nena le gustaba a todos, a los chicos, pero también a las muchachas, porque era un viejo libidinoso, pero todo lo tenía en su mente.
Jamás la tocó, ella era brava y se trataba de buscar el humor desde ahí. Por algo el programa fue un éxito descomunal acá en Argentina y en todo Latinoamérica. En Cuba, juro, me recibieron como jefe de Estado. Fue inolvidable, terminé hablando a solas con Fidel Castro una hora y cuarto", relata el actor argentino. Incluso, contó que Fidel Castro le dijo que era fanático del programa y que incluso señaló: "¿Tú estás consciente de lo que significa hacer feliz a un pueblo? Tú haces feliz a mi pueblo". Ese es uno de los momentos que Francella marca como "inolvidable" de su carrera. "Luego tuvimos una charla hermosísima. Yo andaba en La Habana por un festival de cine argentino, era diciembre de 2003 y me decían que el Comandante quería conocerme, y el último día vinieron a buscarme al hotel, para conocerlo. Tomamos unos mojitos. Él era tan interesante y hablamos de Cuba y el gobierno argentino, de la profesión de actor y de cómo veía yo la isla. Él, con mucho humor".

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