VEA LA FOTOGALERÍA

Entre la guerra y la esperanza

Paula Bronstein dejó todo por su pasión: fotografiar el lado más humano de las zonas de conflicto.

Paula Bronstein ganó el World Press Photo del año pasado en la categoría Vida Actual.
Paula Bronstein ganó el World Press Photo del año pasado en la categoría Vida Actual.
Con esta foto, obtuvo el World Press Photo en Vida Cotidiana. Foto: Paula Bronstein
Con esta foto, obtuvo el World Press Photo en Vida Cotidiana. Foto: Paula Bronstein
Esta imagen fue tomada en Aftganistán. Foto: Paula Bronstein
Esta imagen fue tomada en Aftganistán. Foto: Paula Bronstein
Los niños son tema recurrente en sus obras. Foto: Paula Bronstein
Los niños son tema recurrente en sus obras. Foto: Paula Bronstein
Esta imagen fue tomada en Bután. Foto: Paula Bronstein
Esta imagen fue tomada en Bután. Foto: Paula Bronstein
Esta foto está incluida en su libro "Entre la esperanza y el miedo". Foto: Paula Bronstein
Esta foto está incluida en su libro "Entre la esperanza y el miedo". Foto: Paula Bronstein

Hacía más de dos años que la guerra en Afganistán había terminado oficialmente. Ya casi no se nombraba en los noticieros de televisión y la atención internacional estaba puesta en otras zonas de conflicto. Pero en marzo de 2016, Paula Bronstein se topó con una escena: Najiba tenía en brazos a su pequeño sobrino Shabir (2). La mamá de Shabir murió en el mismo atentado que lo hirió. Esa imagen le valió a la fotógrafa estadounidense el primer puesto en el World Press Photo de Vida Cotidiana. Y se convirtió en una muestra más de que la desestabilidad de la vida civil continúa en ese país, llegando incluso a ciudades consideradas pacíficas como la capital Kabul.

"Yo tengo que buscar la forma de encontrar historias que lleven la atención hacia otros temas. Eso es lo que más me gusta: observar por los costados de las grandes noticias. No soy una fotógrafa de guerra. Mi tema es la gente en su vida cotidiana", decía Bronstein al diario La Nación. Y aunque su cámara también ha retratado noticias, desde 2001 su trabajo, según su página oficial, "refleja a una corresponsal dedicada a la guerra humanitaria que busca momentos visuales que nadie más se atrevería a buscar, y que trae una voz a aquellos que no tienen ninguna". En diciembre de ese año, después del atentado a las Torres Gemelas, aterrizó en Afganistán para cubrir la operación militar por encargo de Getty Images, pero pronto decidió girar su objetivo para mostrar la realidad de los civiles.

En 2007, Bronstein, quien ya trabajaba para Getty Images, fue con la periodista Kim Barker a cubrir una historia: una madre que junto a sus dos hijos de 12 y 14 años fumaba heroína en una habitación encerrada y decadente. "Estaba ahí para escribir la historia para The Chicago Tribune. Paula estaba ahí para fotografiar… Cuando el artículo estuvo pronto, pasé a la siguiente historia. Afganistán es así, pero pronto me di cuenta de que Paula había regresado para asegurarse de que la familia iría a rehabilitación", escribió Barker en The New York Times sobre una anécdota que parece repetirse: "No podés simplemente marcharte, me dijo, si documentás algo, tenés la responsabilidad de ayudar".

Con un libro publicado en 2016, la voz de Paula Bronstein, que ya resonaba a través de un trabajo exhaustivo de denuncia social, cobró todavía más volumen. Llegó a las páginas de varios medios internacionales la historia de una mujer que sacrificó su vida personal por algo que más que un trabajo y se volvió una necesidad. Afganistán: entre la esperanza y el miedo resumía 14 años dedicados a cubrir "una guerra brutal y prolongada", con su visión particular que, según sus editores, lograba mostrar la dura realidad de uno de los países más nombrados pero menos comprendidos.

La esperanza, aunque difícil de imaginar, está capturada en momentos tan cotidianos como la preparación para un casamiento, un novio vestido de gala en una limusina, pasando por niños siendo niños con libros o pelotas, rodeados de un paisaje quejumbroso. El miedo, el Afganistán que la convenció para quedarse, puede verse desde los rostros tristes de los protagonistas hasta el sufrimiento que transmiten los retratos de mujeres autoinmoladas.

"Para cada lado que miraras había destrucción por el bombardeo… Definitivamente era un ataque de venganza", relató a The Independent sobre su experiencia como testigo, y sobre el libro expresó: "Se llama Entre la esperanza y el miedo, pero por el momento no hay mucha esperanza".

Correr rápido.

"Fátima, de 19 años, atendida en el Hospital de Herat, por quemaduras en más del 55 por ciento de su cuerpo", dice al pie de una foto tomada por Bronstein en 2006. Es que las historias sobre la autoinmolación de mujeres se convirtieron en uno de los temas que más marcaron su carrera: "Para las mujeres, es la única manera de escapar de una circunstancia desesperante. Están todo el tiempo en la cocina. Ya no quieren ser hermosas. Tal vez fueron casadas en contra de su voluntad a los 14 años. Quizás el marido se fue, o tiene un empleo en otra parte. Están atrapadas en la familia de su esposo, sin educación", reflexionaba la fotógrafa sobre sus imágenes y sobre una realidad de la que fue testigo por tantos años.

Aun entre tanta miseria y tristeza, en sus recorridos por los países asiáticos la reportera encuentra las que llama "historias de amor", como las de niños que pasaron de mendigar en las calles por no poder ir a la escuela a volver a estudiar. Además, a Bronstein le gusta retratar a las personas de su mismo sexo manifestándose y luchando por sus derechos en una de las peores zonas del mundo para las mujeres: desde los mítines políticos hasta las clases improvisadas de lectura para niñas que quieren estudiar.

Para mantenerse tan preparada como sus compañeros que suelen ser cada vez más jóvenes, Bronstein, que hoy tiene 63 años y vive en Bangkok, trata de usar su tiempo libre para hacer actividades que le permitan entrenar: le gusta la montaña y nadar. El deporte estuvo siempre presente en una parte de la vida de una mujer que trabajó como instructora de esquí hasta los 30 años, cuando descubrió su vocación fotoperiodística: "Trato de mantenerme en forma, porque los fotógrafos son mucho más jóvenes que yo. En una cobertura las cosas pueden volverse realmente peligrosas. Y cuando hay que correr, hay que hacerlo rápido".

En lo emocional también está en juego la supervivencia. ¿Su estrategia?: "Trato de mostrar la realidad como la veo. Documento el sufrimiento, y sufro cuando veo tanta destrucción, muerte y dolor. Pero tengo que ser fuerte para estar alerta, narrar la historia y no sentirme afectada", fue la respuesta de una mujer que muchas veces debe lidiar el estar frente a una persona muerta y encontrar el mejor ángulo.

Todo fotógrafo se plantea alguna vez dónde está el límite entre lo privado y lo que las víctimas y los héroes quieren dejar mostrar, pero ante eso, ella reconoce tener como mayor cualidad el poder relacionarse con la gente: "Mi cámara es el medio para vincularme. Y eso se ve en mis fotos. Me relaciono fácilmente. No importa que uno no hable el mismo idioma. Los fotógrafos tenemos otro lenguaje para comunicarnos. Es una especie de danza diferente."

¿Cómo decidió dedicar tantos años a Afganistán? "Fui porque era la noticia del momento", dijo Bronstein en 2008, y años más tarde, tras la publicación de su libro confesó que los afganos la conquistaron porque "son fuertes, resistentes. Pueden lidiar con mucho… y son fuertes porque tienen que serlo, no porque quieran". Desde entonces, vuelve cada vez que puede. "Para mí, este trabajo es una obsesión. Definitivamente, no es sólo una profesión. Hago grandes sacrificios por mi carrera. No tengo hijos, nunca me casé. Mi trabajo es mi pasión, mi amor… Si se les pregunta a los hombres si tienen novia o esposa, la mayoría de ellos dirá que sí. Mientras que para las mujeres es casi imposible tener una relación estable con la clase de vida que llevamos."

Tal entrega lleva a una pregunta que normalmente le plantean a las mujeres que se mueven en un ambiente principalmente masculino, y que con Bronstein no ha sido la excepción: ¿cómo es ser mujer fotoperiodista en zonas de conflicto que, además, se caracterizan por ser machistas? Ella sabe que los límites existen: "No he podido acceder a algunos lugares específicos; mezquitas, por ejemplo." También reconoce las ventajas: "He visitado hospitales y cosas terribles. Mujeres quemadas que seguramente nunca mostrarían sus heridas a un hombre. Pero me doy cuenta de que una es una presencia bastante inusual, y actúo con cuidado".

Con 63 años, más de la mitad dedicados a su carrera e innumerables conflictos y catástrofes vividos, todavía no ha terminado y, como dice en su libro: "Regresaré, motivada e inspirada por esas caras, luchando contra las dificultades, con la esperanza de encontrar un menor número de tragedias".

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Edinson Cavani festejando su gol número 151 con la camiseta del PSG

Cavani no quiere hablar del récord de Zlatan

Max caracteres: 600 (pendientes: 600)