Comportamiento

La generosidad es un hábito innato

La creencia de que los niños son más egoístas y poco interesados en los demás es desmentida en un estudio. Pero si la solidaridad no se estimula, se puede perder.

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Mientras el niño va creciendo, muestra un incremento de la generosidad

Dar y compartir sin esperar necesariamente nada a cambio no solo es un eslogan apropiado para tarjetas de regalo o repetido en fechas especiales como Navidad, siempre asociada al espíritu solidario. En realidad, la generosidad estaría presente siempre en cada persona y desde muy pequeños. Sin embargo, también es increíblemente fácil que se diluya con el tiempo. Para que este rasgo se fortalezca y permanezca, debe ser estimulado.

"Los niños tienen la reputación de ser egoístas y no muy generosos. Pero estudios recientes han demostrado que incluso los bebés son sensibles a las inequidades y que los preescolares ya tienen la habilidad de actuar en beneficio de otros. Mientras el niño va creciendo muestra también un incremento de generosidad", explica al diario chileno El Mercurio el neurocientífico francés Jean Decety.

Como profesor de psicología y psiquiatría en la Universidad de Chicago, Estados Unidos, Decety lleva años estudiando el tema, y recientemente publicó un nuevo estudio —en diciembre pasado en la revista especializada Current Biology—, en el que sugiere que en la edad preescolar las conductas generosas requieren de un proceso de pensamiento controlado.

"A los niños les toma más realizar una evaluación moral automática y, por ende, actuar con generosidad y compartir", pero no les es imposible, precisa.

Para descubrir de dónde viene la generosidad, Decety y sus colegas analizaron la actividad cerebral de un grupo de 57 niños de 3 a 5 años mientras observaban dibujos animados que promovían actitudes positivas y otras negativas.

Luego les dieron 10 imágenes autoadhesivas como regalo. El truco vino después: se les preguntó si deseaban regalar alguno de sus stickers a otro niño que no tenía ninguno. En promedio, los chicos del experimento compartieron un máximo de dos de sus autoadhesivos (en esas edades la generosidad no está aún muy desarrollada), sobre todo después de ver los cortos animados con acciones positivas. Sus ondas neuronales indicaban que los juicios morales que habían hecho dependían de una combinación de un procesamiento automático previo mientras observaban los videos donde aparecían escenas de ayuda o en las que se perjudicaba a alguien (ejemplo), más una reevaluación posterior y más reflexiva de esas escenas.

Los resultados son esperanzadores para los padres que tratan de razonar con los más pequeños para hacerles más generosos. A la larga esta paciente labor tiene sus frutos, como acaba de demostrar la neurociencia.

De hecho, la conclusión del estudio proporciona una evidencia de que animar a los niños a reflexionar sobre el comportamiento moral de otros fomenta la generosidad.

El tema del desarrollo moral, de la generosidad y la cooperación ha tenido un auge en los últimos diez a quince años, como explica el psicólogo Felipe Lecannelier, director académico del Centro de Apego y Regulación Emocional (CARE), de la chilena Universidad del Desarrollo. "Las teorías tradicionales del desarrollo infantil planteaban que el niño inicia su vida en una etapa de egocentrismo, y posteriormente, debido a las influencias de la familia y la cultura, aprendía la generosidad, la empatía y la cooperación", agrega.

Pero la evidencia actual muestra que ocurre lo opuesto: la cooperación y la generosidad son aspectos implícitos, naturales y automáticos en el ser humano. "La aproximación actual es que más bien se desaprende la generosidad, por ciertas condiciones ambientales y familiares", dice Lecannelier.

La tarea es, entonces, fomentar esta conducta innata. Y nada mejor que con el ejemplo. "Ciertas épocas, como la navideña, pueden ser una buena instancia para inculcar en los hijos el hábito de dar —sugiere Decety—. Al alentar en ellos una reflexión sobre el comportamiento moral con otros, podemos ser capaces de fomentar la generosidad".

Lecannelier recuerda que en los temas de la crianza importa más la coherencia de lo que uno hace con lo que uno dice. "Un padre puede decirle a su hijo muchas veces que tiene que ser generoso, pero si el niño no observa eso en la cotidianidad de la conducta paterna, no tendrá el efecto deseado".

Asimismo, hay que evitar conductas que jueguen en contra. "Si el padre se propone enseñar al niño a que sea generoso (o si está constantemente reforzando positivamente con regalos, por ejemplo), podría provocar el efecto contrario", puntualiza el psicólogo.

Reflexión es determinante

"La evaluación moral en niños en edad preescolar, igual que ocurre en los adultos, es un proceso complejo construido a partir tanto de la emoción como del pensamiento", explica Jean Decety, profesor de psicología y psiquiatría de la Universidad de Chicago. "Sin embargo, hemos visto que sólo las diferencias en los marcadores neuronales (ondas cerebrales) de este último proceso (reflexión) predicen generosidad real de los niños", sostiene el líder de la investigación.

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