CLAUDIA UMPIÉRREZ

"El fútbol me dio las mejores cosas de la vida"

El césped y la pelota forman parte de su historia desde la cuna. Primero fue jugadora y ahora es árbitra. Abogada de profesión, disfruta salir a la cancha a hacer justicia.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Antes no había tanta polémica porque no había tantas cámaras", dice Claudia Umpiérrez.

DANIELA BLUTH

Los lunes son días difíciles para Claudia Umpiérrez (33). "Los peores para estar en la oficina. ¡Me los pediría libre!", dice a las risas la primera mujer en arbitrar un partido de fútbol profesional en Uruguay. Abogada de profesión, actualmente administrativa en el Banco de Seguros del Estado (BSE), ya se hizo costumbre que sus compañeros le pregunten sobre alguna jugada dudosa o ese penal que no se cobró. "La idea siempre es ‘desasnar’, como dicen algunos, sobre cosas técnicas, hasta he llevado el reglamento para mostrarles. Pero también hay lunes que digo: ‘No hablo, hoy no me pregunten porque no hablo’".

Y no es que a Claudia no le guste el fútbol. Todo lo contrario, le apasiona. Pero estar del otro lado del mostrador, ser juez y no ser parte, tiene sus costos. "Es imposible que te queden ganas de ser hincha de nadie, porque nadie hincha por vos", dice esta mujer futbolera desde la cuna. Su tío fue jugador de la selección juvenil de Uruguay e hizo carrera en Francia —Rubén "Pico" Umpiérrez—, su padre trabajó como entrenador con la selección de Maldonado y Pan de Azúcar —Julio César Umpiérrez— y su marido también es árbitro —Gabriel Popovits, juez FIFA—. Sin embargo, en su casa solo se miran los encuentros de la Celeste, y a veces ni siquiera eso. "No puedo ver los partidos en casa con la familia o los amigos porque al primero que insulta al árbitro lo echo de mi casa. Es un colega, podría ser yo... Mientras cada uno está fanatizado por su cuadro yo sufro por el compañero que está arbitrando, expuesto a ese insulto gratuito... entonces sentarme a verlo nooo, paso mal, realmente paso mal".

Justamente, en eso pensó el padre de Claudia cuando la única nena de la casa (tiene un hermano mayor y otro menor) le manifestó su intención de estudiar para árbitro. Tantas horas como compinche de entrenamientos, giras por el interior y banco de suplentes habían hecho lo suyo. "Como entrenador él sabía todos los insultos y las quejas que recibían los árbitros. No me veía en esa figura, me decía no creo que te guste, pero.... Claudia hizo el primer intento a los 16 años, pero por ser menor de edad no pudo inscribirse. Una vez en Montevideo, ya estudiando Derecho en la Universidad de la República, se enteró por el informativo que la Escuela de Árbitros abría su curso. "Entré a probar para ver si me gustaba y ya no me fui más". Eso fue en 2003.

Desde entonces ha alternado trabajos varios con el arbitraje. En los últimos siete años aprobó la prueba para ser árbitra internacional FIFA, tuvo su primera competición internacional, dirigió un partido en el estadio Centenario por primera vez, fue seleccionada para la Copa Mundial Femenina de Fútbol en Canadá y, en enero de 2016, se convirtió en la primera mujer en dirigir en primera categoría en Uruguay. Entremedio, se divorció de su primer marido, la amistad con Popovits se convirtió en amor y nació Naomi, de dos años.

—A simple vista parece que el Derecho y el arbitraje tienen una vocación de justicia en común. ¿Qué opinás?

—Puede venir por ese lado, el tema de la justicia siempre ha estado muy arraigado en mí. Creo que el árbitro de fútbol intenta dar lo mejor, hacer justicia y sancionar lo que ve en ese momento, aunque después de repente viendo un video te das cuenta de que lo que decidiste fue equivocado. Nadie es perfecto. No vas a encontrar un árbitro que no tenga un error.

—¿Cómo vivís el tema de los insultos?

—A mí lo que me molesta y me duele es cuando se toca la honorabilidad de los árbitros en general. Uno va a la cancha a hacer lo mejor. Cuando uno se equivoca y se analiza dejando entrever que puede haber cosas raras me duele, porque nosotros tenemos toda una familia atrás, no somos solo nosotros. Creo en la libertad de expresión, pero a veces se pasa un poquito el límite cuando se dice este robó, ese nos metió la mano en el bolsillo. Estoy segura de que nadie va a la cancha pensando hoy voy a cobrar dos penales o no voy a cobrar dos penales. Uno va y sanciona lo que ve en la cancha, después lo mirás en la tele y decís cómo no lo vi y tenés que trabajar haciendo la autocrítica preguntándote por qué no lo vi, dónde estaba parado, qué me pasó…

—¿Y se hace la autocrítica?

—Yo creo que sí, yo la hago. Te citan, se ven los videos, existe esa instancia, lo que pasa que esa noticia no vende. No existe que los árbitros no tenemos autocrítica, sí la tenemos, pero ¿cuál es la idea? ¿qué salga al otro día y diga en un titular de un diario no vi…? No podés salir a explicar, ya está, es evidente que se equivocó, que tomó una decisión que no era. Hoy con la tele se ve todo. Antes no había tanta polémica porque no había tantas cámaras. Era lo que el árbitro cobró y listo. También había otros códigos, lo que pasaba en la cancha quedaba en la cancha, eso también un poco se ha perdido.

Exigencia.

En un ambiente todavía eminentemente masculino, Claudia también recibe otro tipo de insultos, los machistas. En su primer partido, no había arrancado el encuentro y ya le estaban gritando: "Claudia, andá a lavar los platos". Ella dice que se lo toma con humor. Y suena sincera. "Si bien hay hombres que son machistas y que todavía les cuesta ver a una mujer en este rol y a este nivel, creo que en general el público se está acostumbrando. El grito no debería estar, pero es parte del folclore, la gente va y tiene que insultar a alguien. Y si es mujer todavía mejor".

Las canchas chicas —donde las alegrías y tristezas de la hinchada se sienten de cerca— y el rol de asistente —en la línea y bandera en mano— son terreno fértil para gritos y reclamos. ¿El más frecuente? Acusarla de no saber la ley del offside. También están los galanes, que aprovechan cada tarjeta roja o amarilla para tirarse un lance. "La gente te grita cosas originales. Cuando estás sacando una tarjeta algunos te soplan el teléfono y te dicen anotalo mi amor, por favor. La gente se divierte en la cancha, mientras sea así, sin violencia, no me molesta".

Cuando no está en el césped ni detrás de su escritorio en el BSE, Claudia está entrenando, tarea que ocupa casi todo su tiempo "libre". Para lograr un estado físico óptimo, debe practicar un mínimo de cinco días a la semana. Su rutina incluye dos días de ejercicios de alta intensidad en el estadio José Nasazzi y tres veces por su cuenta en el Parque Batlle, cerca de su casa. Según sus cálculos, los árbitros son quienes más corren durante un partido. "Los jugadores se mantienen en su zona y tienen un par de piques de velocidad, pero el árbitro no tiene descanso, corremos unos once kilómetros. Por eso, la preparación es cada vez más intensa. Si entrenás como antes, que eran dos veces por semana, no podés dirigir el fútbol profesional", opina.

Con el embarazo de Naomi, engordó casi 20 quilos y se ganó el rezongo de su médico. Después del parto, al entrenamiento sumó una nutricionista. "Arbitré embarazada hasta los cuatro meses, ahí no engordé nada, pero después me mató la ansiedad, estar sin hacer nada, y comía por los tres". Dieta y ejercicio mediante, a los seis meses ya estaba nuevamente en la cancha. Este año, además, sumó un curso de inglés online, requisito cuasi imprescindible para arbitrar fuera de fronteras. Son gastos que, dice, siempre salen de su bolsillo.

—¿Se puede vivir solo del arbitraje?

—No, no da para vivir. Siempre fue como un requisito del Colegio que los árbitros no vivieran solo del arbitraje. Es mejor que tu principal ingreso no sea ese. Y además con ese ingreso no podés vivir, no podés mantener una familia, tener hijos, llevarlos a la escuela. La gente tiene la idea de que nosotros ganamos cien mil pesos por mes. Pero no se hace plata con el arbitraje, ganás lo que dirigís. Recién ahora se regularizó con la AUF una base fija por si no tuviste partidos. De repente los árbitros a nivel internacional que tienen otra actividad, o nosotras con los torneos internacionales, ahí sí podés hacer la diferencia, pero no con el fútbol a nivel local.

—¿Te arrepentís de haberte metido?

—El fútbol me dio las cosas más importantes de mi vida. Me dio a mi hija, me permitió viajar a lugares increíbles como Azerbaiján y, por lo económico, me ayudó a terminar la carrera, que era mi objetivo principal. Te da momentos buenos y de los otros, pero siempre son más lo primeros.

También supo jugar.

Desde la ventana de la casa de sus abuelos en Pan de Azúcar, donde pasó su infancia, solo se veía la cancha del club Estación, del que su abuela era propietaria. "Ahí jugaban mis tías, unas amigas del barrio y yo también", recuerda con una sonrisa. "¡Imposible no jugar! Con ese cuadro íbamos para todos lados, recuerdo varios campeonatos en San Ramón". Se podría decir que el fútbol siempre estuvo en la sangre y la rutina de Claudia Umpiérrez. En la adolescencia, muchas veces prefirió ir a una práctica con su padre que a bailar con amigas. "En algún momento me tocó optar y decir este fin de semana no salgo y me voy con mi padre. No quería perderme de estar ahí, viajar en el ómnibus con los jugadores, era la hincha número uno". Cuando se mudó a Atlántida jugó en Progreso y al instalarse en Montevideo la invitaron a sumarse a Rampla. "Rampla vivía un tiempo de auge, había ganado varios campeonatos, pero era imposible porque yo estaba en el Centro e iba a Facultad, me quedaba muy a trasmano y todavía era todo a pulmón, como es hasta ahora". Nunca fue la rara ni la discriminaron por "machona". Aún hoy sus amigas la invitan a sumarse a algún partido. "Ahora no puedo jugar porque si me lesiono me matan".

SUS COSAS.

Pan de Azúcar.

Aunque nació en Capurro, es Pan de Azúcar, en Maldonado, su lugar en el mundo. Allí, en una casa frente a la cancha del club Estación, cuadro del barrio y centro de toda reunión social, pasó parte de su infancia y la adolescencia. "Siento que todo toda mi formación está ahí".

El Centenario.

La primera vez que arbitró en el Estadio Centenario se le erizó la piel. Fue en un partido de Tercera División Peñarol-Defensor y los cuatro árbitros fueron mujeres. Pero en su historia también pesa la herencia. "Pienso que mi tío jugó ahí y que es patrimonio del fútbol mundial, siempre tengo la sensación de qué honor estar acá".

Juegos Olímpicos.

El 28 de julio Claudia estará en Rio de Janeiro lista para arbitrar el campeonato de fútbol femenino de los JJOO. No sabe cuánto durará su estadía, aunque tiene el antecedente de haber llegado a la final en Canadá 2015. "Siempre dicen que te regalan un partido y vos tenés que ganarte el resto".

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