EL PERSONAJE I EDUARDO ACEVEDO

"El fútbol no es justo, tenemos que entenderlo"

Como jugador ganó la Copa América en el 83 y estuvo en la selección del Mundial 86. Sacó campeón a tres equipos uruguayos distintos y hoy sueña con dirigir en Europa.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Eduardo Acevedo salió campeón con Cerro, Nacional y Defensor. Foto: F. Flores.

Está parado a un lado de la cancha. Tiene a sus jugadores divididos en dos cuadros. Cuenta los pases, da indicaciones, marca con un silbato qué equipo saca. "Para adelante", dice. Es viernes y el entrenamiento de Defensor Sporting en el estadio Luis Franzini está terminando. Después de los tiros al arco, Eduardo Acevedo (57) le fija los horarios a cada uno de los jugadores, los mismos que el pasado sábado 13 de mayo, se consagraron campeones del Torneo Apertura 2017.

"Yo siempre dije que el día que viniera a Defensor era para salir campeón", sostiene tras la práctica. Es que, fue con Defensor que el técnico obtuvo su primer título a nivel profesional como jugador, en 1981. "Me crié acá, me formé en este club. Y quería que como jugador y como técnico hubiera un granito mío acá. Yo le tengo un agradecimiento muy grande a Defensor, y salir campeón era clave. Me hubiese sentido muy mal si pasaba por acá desapercibido, no quería eso. Mi reto era salir campeón".

Aunque para Eduardo el campeonato logrado es solo el inicio del camino, se muestra satisfecho y contento: "Vamos en la dirección correcta".

Como técnico, en realidad, lo que le importa es salir campeón con cada equipo con el que trabaje. Así lo hizo en Uruguay con sus tres cuadros: Cerro y Nacional en 2009 y Defensor en 2017. "No concibo otra manera de entender al fútbol. Para mí cada torneo en el que dirijo es la Champions League. En cada partido, para mí mi equipo es el mejor del mundo, porque si no lo siento así, estoy desubicado, y me parece que para desubicarme ya no tengo edad".

Tercero de 10.

Eduardo es más que el técnico que sacó campeón al primer equipo que le dio ese título como jugador. Es, en primera instancia, el tercero de 10 hermanos: cinco varones y cinco mujeres. "Íbamos ganado los hombres cinco a tres y en la hora nos metieron un cinco a cuatro y después un cinco a cinco".

Nació en Montevideo, en el barrio Palermo. Después se mudó a Gestido y Brito del Pino, en Pocitos. "Allí papá hizo la casa y nos criamos los 10 ahí".

Con una infancia jugando en la vereda "hasta que se prendieran las luces", como les decía su madre, Eduardo se recuerda pateando una pelota desde que tiene uso de razón. Y, por supuesto, jugando y cuidando a sus hermanos. "Creo que ser de una familia tan grande te genera más unión. Porque uno ayuda al otro, el otro ayuda al otro y así por 10. A veces nos dicen que somos un clan. Y es cierto, tenemos nuestras peleas pero al otro día estamos todos abrazados".

Siempre supo que quería jugar al fútbol, pero también tuvo claro que tenía que estudiar. "Yo no concebía mi vida sin jugar al fútbol, soñaba con jugar, pero sabía que los estudios eran la base para todas las cosas. Además, mis padres hicieron un esfuerzo bárbaro para mandarnos al colegio que nos mandaron, el Elbio Fernández".

Terminó el liceo y se inscribió en la Facultad de Economía, aunque hoy reconoce que le erró en la elección y tendría que haber estudiado psicología. "Me encanta leer sobre psicología, todo lo que le puedo robar a mi hijo Agustín, que es psicólogo, lo leo. Me gusta hablar con él sobre psicología, escuchar, más que nada".

— ¿Como entrenador eso lo ayuda?

—Sí, claro. Ahora como técnico estoy del otro lado del mostrador, y nunca me puedo olvidar de lo que piensa un jugador. Tengo que anticiparme, sé lo que siente y lo que vive. Y sobre todo tengo que saber que cada uno de los 25 jugadores que tengo es distinto y necesita un trato diferente.

El sueño del 83 y el 86.

A los 17 años fue a probarse en Defensor. "Era una prueba en la cancha de Misiones y de quinientos y pico de pibes quedamos seis". A partir de entonces su vida se volvió demasiado intensa para un joven de su edad. Además de estar terminando el liceo y entrenar con Defensor Sporting, empezó a trabajar en un estudio jurídico. "Por un problema económico en mi casa, los tres más grandes tuvimos que salir a trabajar. En esa época tenía días de 18 horas, pero siempre estaba con una alegría y una ilusión especialmente grande".

Así, jugó en Defensor entre 1977 y 1986. En el medio de este proceso surgió la citación a la Selección uruguaya, y entonces se vio obligado a "bajar un poco la intensidad". Por supuesto, como todo futbolista, jugar con la camiseta de su país era su gran sueño. "Ver la cara de mi padre, la de mis hermanos, el apoyo de mi esposa cuando me citaron fue increíble".

— Con la selección ganó la Copa América del 83. ¿Cuál es la sensación de ser campeón con Uruguay?

—Es imposible de describir. Yo lo único que sé es que dimos la vuelta olímpica ante 110 mil personas brasileras que quedaron mudas, y que cuando entré al vestuario, miré a mis compañeros, me fui a la ducha, me tiré al piso y me puse a llorar. Esa fue la sensación. Pero no fue un llanto premeditado. Me salió el llanto como de acá —se toca el pecho —, de golpe. Son sensaciones que no se van a repetir nunca. Cada vez que te ponés la camiseta de la Selección uruguaya es una sensación de grandeza tan grande que no hay otras cosas que se equiparen con ella.

Haber jugado un mundial fue "brutal, lo más grande" que vivió. "En el 86 clasificamos al mundial después de dos mundiales a los que Uruguay no iba". Y ese, en México, sería recordado por dos partidos. Contra Dinamarca, por la fase de grupos, en el que Uruguay cayó por 6 tantos contra 1. "En ese entonces no podías mirar videos de los jugadores, no había Internet. Pero ojo, la pasamos muy mal por ir al frente, por querer ganar, por eso mi respeto a cada uno de mis compañeros".

Y, además, al zaguero también le quedó grabado cómo fue haber jugado contra Maradona, con quien se cruzó en el partido por octavos frente a la Selección argentina: "No me gusta comparar épocas, porque no se pueden comparar, pero Maradona fue lo más grande que yo vi en la cancha".

También en el 86, Defensor Sporting lo cedió a préstamo al Deportivo La Coruña, de España. "En Europa me di cuenta de que sabía muy poco sobre lo profesional. Cuando yo llegué, los jugadores no te comían una fritura, una comida rápida, y aunque yo no era de esas cosas, acá igual antes del partido se comía carne".

Luego se fue a jugar a México, en donde vivió 11 años y es el país al que considera su "segunda casa". Cuando en 1992 le surgió la posibilidad de un pase a Japón, estuvo tres meses resolviendo con su familia si se iba o no. "Antes siempre habíamos estado juntos los cuatro — su esposa Marisa, y sus hijos, Agustín y Camila— pero ahora Agustín ya empezaba primero de escuela". Se fue solo y ellos viajaban cada dos meses y se quedaban 20 días. Y aunque recuerda su pasaje por allí como una "experiencia bárbara", cuando tuvo la posibilidad de renovar el contrato, decidió volver a Uruguay. "Preferí estar con mi familia".

Actualmente se siente bien en donde está. Le gustaría volver a dirigir en México y sueña con ser el entrenador de algún cuadro europeo.

—Ahora el fútbol está mucho más controlado por la tecnología, ¿cree que esté perdiendo parte de su esencia con tantos controles?

—Sí, no me gusta nada. Si en todas las jugaditas que el juez no ve nos vamos a guiar por una cámara, el juez pasa a ser una figura nominal. Pasa que las reglas las están haciendo los europeos, que son mucho más fríos y menos pasionales que nosotros. Para algo están los jueces, si no se dan cuenta, no se dan cuenta y listo. Están buscando que en el fútbol no haya errores, y eso es imposible, porque en la vida hay errores, entonces, si se los quitamos al fútbol, ¿de qué vamos a hablar mañana? Quieren que el fútbol sea justo, y es el único deporte en el que menos potente puede ganarle al más potente. El fútbol no es justo, tenemos que entender eso.

El último campeón

"Muy intenso". Así define Eduardo Acevedo a la definición del Torneo Apertura, en el que su equipo, Defensor Sporting, salió campeón tras ganarle a Fénix por 2 tantos contra 1. "Lo que más me interesaba era llegar al partido contra Nacional con nuestras posibilidades y no depender de nadie en el último partido, porque es muy difícil en el fútbol depender de otros resultados".

Eduardo asumió en Defensor con una sola meta: ganar el torneo, sacar campeón al equipo que lo formó como jugador. "Tenía claro que ese era mi reto. Pero tenía que contar con la confianza y la tranquilidad de los dirigentes para el proceso de poder encontrar al equipo. Porque Defensor venía de una transición muy complicada en la que se habían ido siete jugadores".

Si bien salir campeón con Defensor fue especial, Eduardo dice que vivió de manera distinta cada campeonato logrado con otros equipos. "La sensación de ser campeón es muy difícil de explicar, es la misma sensación de un gol, es difícil de definir. Yo disfruté muchísimo y tengo un agradecimiento siempre con todos los cuadros que me sacaron campeón. Pero no comparo entre ellos porque las sensaciones te las dan los momentos, los contextos, la edad".

Sus cosas.

El primer título.

"De ese título no me voy a olvidar nunca", dice Eduardo sobre el primer campeonato que ganó como jugador en Primera División. Fue con Defensor Sporting en 1981. "Yo era parte de un cuadro bárbaro. Pero al ganar en primera es como que quedás en la historia del club y eso era lo que quería en ese momento".

Su segunda casa.

Cuando no es por trabajo, Eduardo y su esposa viajan a México a pasear y visitar amigos. "Allí conocí mi segundo país", dice. "El ritmo de vida, los amigos que tengo, cómo me hicieron sentir cuando estuve viviendo allí. Yo adoro Uruguay, estoy acá, tengo a mi familia acá, pero si me tuviera que ir a vivir a otro país sería a México, ni lo dudo".

La selección.

Sobre dirigir a la Selección uruguaya, Eduardo asegura que no es un tema que lo ocupe hoy. "Estamos muy bien representados. El maestro Tabárez cambió la mentalidad de lo que es la selección. Sí sueño con esas cosas, pero sé que hay muchos buenos técnicos para el cargo. La vida y Dios te van colocando donde tenés que estar".

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te puede interesar
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)