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El poder femenino conquistó la tevé

Kerry Washington, la protagonista de Scandal, está vinculada a la Casa Blanca también en la vida real. Es feminista y admira a Michelle Obama.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Kerry Washington

"No deseo que nadie quiera ser como yo, sino que cada uno descubra su verdadero ser", dice Kerry Washington. Habla pausado, articulando cada palabra con la intención de que no se malinterprete. Reflexiona, se aleja de ese tono impulsivo y frenético que hizo de Olivia Pope, la asesora de la Casa Blanca en Scandal, una de las mujeres íconos en los Estados Unidos. "Amo su agresividad —dice de Olivia, el personaje que encarna en la popular serie que emite Sony—, es una de esas mujeres que no se rinde fácilmente, siempre busca soluciones, aunque a veces parezca que no las tiene a la mano. Con los años ha cambiado. Al comienzo era como una superheroína que hacía todo, iba a todos lados, pero con el tiempo se dio cuenta de que es humana y vulnerable."

La idea de ser un modelo a seguir le incomoda, pero no puede negar que su nombre sea un claro referente en la lucha por los derechos de las mujeres y una firme defensora de la comunidad LGBT. No sólo se describe como feminista, sino también como una womanist (término acuñado por la escritora Alice Walker, autora de El color púrpura, para definir el feminismo negro). "Si luchan por encontrar la mejor versión de sí mismos serán más felices que si intentan ser otra persona. Y eso es lo que yo trato de hacer: saber qué es importante para mí", dice la mujer que fue considerada por la revista People como una de las 100 personas más influyentes de 2014.

Al igual que Pope, Kerry mantiene una estrecha relación con la Casa Blanca. En la serie interpreta a una asesora en gestión de crisis —inspirada en Judy Smith, experta en este terreno en Washington—, en tanto que en la vida real forma parte del Comité de Artes y Humanidades de la Casa Blanca, donde trabaja codo a codo con Barack y Michelle Obama.

Nació en el Bronx, el 31 de enero de 1977. Hija única de un agente de bienes raíces y de una maestra de educación primaria. De ellos heredó la conciencia social y la importancia del compromiso político. Con sólo 13 años, Kerry fue testigo del discurso que Nelson Mandela ofreció el 21 de junio de 1990 tras ser liberado. Allí entendió el significado de la palabra igualdad y el valor de la democracia. Aquellas palabras calaron fuertemente en su manera de encarar la vida. Por eso resulta frecuente escucharla hablar de lo que significó para ella votar por primera vez. "Fue como tener mi fiesta de los dulces 16".

Su fiel compromiso con la administración de Barack Obama —a quien apoyó en las dos campañas— la llevó a enfrentar un estadio repleto en una de las Convenciones Nacionales Demócratas donde pronunció con fuerza: "Hoy en día hay personas que intentan quitarnos los derechos que nuestras madres, abuelas y bisabuelas lucharon y consiguieron. Nuestro derecho a voto, nuestro derecho a elegir, una educación de calidad asequible, igual paga, acceso a servicios de salud; nosotros, el pueblo no podemos permitirlo".

Con cierta ironía confesó a la revista Marie Claire que por no creerse bonita se propuso ser una chica inteligente para lograr destacarse. Pese a ser aceptada en Yale, decidió ingresar a la Universidad George Washington donde obtuvo una licenciatura con honores en Antropología y Sociología. Antes de que eso ocurriera asistió a la escuela Spence, una academia de elite femenina en Upper East Side de Manhattan donde comenzó a involucrarse con diversas causas, como la de usar una cinta roja para despertar conciencia sobre el sida.

Actualmente está involucrada en varias causas sociales. Es miembro activo de V-Day, un movimiento global que genera conciencia sobre la violencia contra las mujeres y las niñas. "Creo en la igualdad y que ninguna persona merece algo más que otra. Ese es el espíritu que lleva cada uno de los personajes que he interpretado y el trabajo político que encaro".

Recientemente participó junto a Michelle Obama y Sarah Jessica Parker en la iniciativa Joining Force, que ayuda a los veteranos de guerra. "La primera dama es la que lleva adelante esta comisión. Es una de las personas que más respeto, independientemente de su cargo, es uno de mis seres humanos favoritos, es una mujer espectacular a la que admiro sin titubear"

No fue hasta la mitad de su licenciatura en Sociología y Antropología que decidió que la actuación también podía ser parte de su vida y se apuntó en el Michael Howard Studios en Nueva York, donde consiguió el título de actriz. Tras varias apariciones en comedias, en 2004 alcanzó llamar la atención como Della Beatrice Robinson, la segunda esposa de Ray Charles en la biopic que le valió a Jamie Foxx el Oscar como mejor actor. Poco a poco comenzó a consolidarse como una requerida actriz de reparto en grandes producciones, como El último rey de Escocia, hasta llegar a Django sin cadenas, la película de Quentin Tarantino donde volvió a compartir escenas con Foxx.

La televisión le brindó la oportunidad de participar en diferentes series —NYPD, Boston Legal y La ley y el orden— y hasta dar su salto en Broadway para participar en una obra de David Mamet. Pero no sería hasta 2012 que Kerry tocaría el cielo. El momento llegó con Scandal, la serie creada por Shonda Rhimes que le brindó la oportunidad de transformarse en Olivia Pope, una protagonista afroamericana cuya identidad no está definida por su color de piel y que, según la revista Time, presentó un nuevo arquetipo televisivo: combina el coraje y la compasión, la fuerza y la vulnerabilidad, la pasión, la disciplina y la lealtad.

Que Kerry se transformara en una mujer negra protagonista de una serie en horario central empujó a los medios a referirse a la creación de Shonda Rhimes (la misma de Grey's Anatomy y Private Practice) como el primer programa de televisión posracial en la era Obama. "No creo en eso de posracial. Es como decir que debemos vivir en un mundo posgénero. A mí me encanta ser mujer y ser negra, es lo que soy", dijo la actriz a The Guardian.

Más allá de toda discusión racial, Scandal consiguió posicionar a su personaje entre mujeres de todo el mundo, sin importar raza ni condición social, como ningún otro show lo hizo. "Me considero feminista. Me encanta esa definición, que es la creencia que las mujeres merecen igualdad de derechos, igualdad de acceso, y Shonda bien lo sabe. ¿Por qué no tener el poder?".

Nunca soñó con ser una persona famosa, al contrario. Pero hoy encuentra en la exposición un medio para decir en voz alta los valores en los que cree. "Vengo de una clase media trabajadora, de una familia que apostó por mi formación académica, jamás imaginé ocupar un espacio como éste. Siempre me gustó actuar, pero no quería ser famosa. No quería ser sólo una chica de tapa". Bien lejos está de serlo. Su nombre está abrazado al compromiso, como el que asumió recientemente al apoyar junto a otras estrellas de Hollywood a la exsecretaria de Estado y ex primera dama Hillary Clinton a la candidatura del Partido Demócrata para la presidencia de los Estados Unidos en 2016.

Un ícono de la moda y el deporte.

Cuidadosa y de perfil bajo en cuanto a su vida privada, Kerry Washington se casó en secreto en junio de 2013 con el jugador de la NFL Nnamdi Asomugha. En abril de 2014 recibieron a Isabelle, la beba que cambió por completo su vida y hasta su modo de trabajar. "Mi personaje en Scandal no sufrió ningún cambio, por lo que fue un reto simular esa transformación física y emocional. Un actor trabaja y se expresa con el cuerpo y el mío estaba en una sintonía diferente al de Olivia".

Al mismo tiempo, Washington se posicionó como un ícono de la moda. Trajes y vestidos de Armani, Max Mara, Dolce & Gabbana y Donna Karan, entre otros, la hicieron merecedora del título de ser una de las personas más elegantes y bellas del espectáculo. La audiencia femenina está obsesionada con el estilo Olivia Pope y centenares de blogs siguen de cerca cada episodio para ofrecer análisis y variantes a los modelos presentados.

Kerry también se sumó a la campaña de Michelle Obama contra el sedentarismo. En su vida, pilates es una pieza fundamental. Además practica baile, senderismo y usa la elíptica. "No sólo se trata de mantener una imagen corporal, el ejercicio permite el encuentro y el bienestar con uno mismo, más allá de las presiones que nos impone la sociedad".

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