Cabeza de Turco

Por favor no me inviten

Okey, okey, okey, soy un poco antisocial pero tengo fundamentos para ello. Es una interpretación de la vida fruto de años soportando estupideces varias, por eso llega el día en que uno se cansa, no aguanta más y tira la toalla. Me rebelo y no voy nunca más una fiesta de Fin de Año en ambientes laborales.

WASHINGTON ABDALA

Paso a explicarme: me embola la fiestita de Fin de Año con los compañeritos del trabajo. No me hace bien al alma, me deprime, me angustia y la paso mal. No tienen la culpa los compañeritos, todos ellos tan solidarios y fraternos. No, ellos también son unos desgraciados que van por obligación a semejante convocatoria. En realidad el asunto de todos los preparativos es lo que me enloquece. Eso de pretender ser agradable conmigo —toda gente a la que nunca le importé un comino— me jode, me recalienta digamos. En realidad me ofende (¿cuantos amigos de verdad tenés en el trabajo? Viste…poquitos, la mayoría no nos importan). Solo si estabas soltero y te querías tirar un tute, te servía la benemérita "fiestita" de Fin de Año antes del año 2000. Pero hoy está el WhatsApp, que es seguro, que tiene poco margen de "quemazón" y listo el pollo. Si hay onda, todo se procesa por allí. ¿Qué necesidad de andar haciendo papelones? Odio, además, ver los alcahuetes merodeando alrededor del jefe cual orugas infectas drogadas con Grappamiel Vesubio. Me hace mal ver a las chicas ofrecer sus bondades al bajo precio del poder. Me humilla ser testigo de todo eso. Y me deprime ver a los lobeznos hambrientos ante cualquier estímulo carnal una vez que traspasan cierto umbral alcohólico que les hace divisar un oasis donde hay un cumbres borrascosas. Porque en esas fiestitas decadentes (todas las reuniones de trabajo que pretenden ser "fiestas" son decadentes) suceden estas cosas.

En fin, ni les cuento cuando aparece el jefe en escena, con la corbata atada en la cabeza y haciendo manito con la secretaria que lo tuvo tostando todo el año. Y uno tiene que poner cara de "no estoy viendo esto". Me perdonan pero paso, no tengo necesidad de ser cómplice de toda esa escenificación berreta.

Un punto aparte merece el regalito del "amigo imaginario". Siempre te toca un nabo crónico que te obsequia un saca-corchos chino o unos posavasos de plástico duro comprados en el quiosquito de la esquina. Ni que hablar de la clásica jarrita comprada en TA-TA. Huyamos de todo esto. Prefiero no tener ningún amigo a soportar este imaginario de cuarta.

Y lo genial del asunto es que los cronopios y cronopias son los mismos que todos los años arman la misma movida. No aprenden los especímenes. Todos los años se ocupan de congregar humanos para ser vejados, o sea, se ocupan de estropearte una noche de diciembre con proverbial éxito. Y lo logran. ¡Joder!

Y ni hablar de esas fiestitas de Fin de Año en la que cae una "scola do samba" uruguaya, o "mariachis" de acá nomás, de Sayago (regordetes de panchos de "La Pasiva" nomás). Eso ya es el acabose y todos sienten que tienen que salir a bailar en algo casi orgiástico. Grecia nos corrompió con sus dioses y sus fiestas. Y, allí, te ves metido en esa sudadera inmoral, con gente borracha, saltando como en la Amsterdam con personas al borde de la locura. Es casi un vestuario de la A.C.J. cuando el olor luego de un partidito de fútbol-cinco fue intenso y esos aromas inundan el ambiente.

Otro clásico de las fiestitas es cuando aparece un estandapista (juro que solo una vez lo hice por un pedido especial) y te tenés que reír un poco para que el tipo no haga papelones (triste). Y nadie le da bola al tipo y solo el que lo contrató se ríe a lo loco —para justificar su chotada— mientras la mayoría de la gente se seduce, come, se toquetea, mira el reloj, lo ignora, hace ruido o lo observa con desprecio grosero al pobre infeliz que habla pavadas.

O sea, es sencillo: o están conmigo o están contra mí. Yo odio la fiestita de Fin de Año y me dispongo a resistir contra ella amotinado como pueda. No voy. No me inviten en todos los lados donde trabajo porque no iré a ninguna. Aprovecho la oportunidad que me brinda radio Sport y dejo constancia de ello. He dicho.

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