SEXUALIDAD

La famosa primera vez

Cómo es iniciarse sexualmente en una realidad compleja y llena de estímulos reales y también virtuales.

adolescentes, amor
El amor y el sexo

Le pasa a la mayoría de los padres: la niña crece, empieza a menstruar, sus pechos se convierten en senos y se acerca el momento en el cual empezará a tener relaciones sexuales. Hay muchas maneras de lidiar con esto para un padre, pero algunas son mejores que otras. "Lo primero es saber que va a ocurrir", dice el psicólogo Luis Correa, actual director del Instituto Los Maristas, quien se declara —además— orgulloso continuador del trabajo de José Luis Correa, pionero en el sistema educativo uruguayo en el tema de la educación sexual.

Más allá de que no es conveniente ignorar el tema, también hay que ser consciente que ya que en la sexualidad se ponen en juego elementos constitutivos de la identidad y el fuero íntimo, importa la educación durante la infancia. "Cuando se llega a la adolescencia, gran parte del partido ya ha sido jugado", elabora el docente. La manera en la que se habla de lo femenino o masculino en el seno familiar durante la infancia, por ejemplo, influirá sobre la sexualidad de los hijos.

Hoy, cuando se constata que la edad promedio de iniciación sexual continúa bajando progresivamente —55% de las mujeres y 67% de los varones se inician sexualmente entre los 15 y los 19 años, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Comportamientos Reproductivos presentada este año— a las preguntas parentales que desde hace años existen se les suman nuevas, como la influencia de Internet y las redes sociales.

Para Correa han habido importantes cambios respecto al comienzo de la vida sexual de ellas: "En general, las chiquilinas tenían más asociado el comienzo de su vida sexual a una suerte de expectativa de proyecto de pareja, de noviazgo. Se era más exigente en cuanto a que su primera vez estuviera asociada a un vínculo afectivo. Hoy ya no es tan así", comenta el experto y agrega que en el presente las jóvenes están "más dispuestas a aceptar una relación sexual ocasional, como experiencia, sin la perspectiva de formar pareja".

Hay una explicación para eso: "Muchas veces, los temores y ansiedades vinculadas al sexo quizás se comprenden mejor en el contexto de una situación: si una chica tiene su primera relación al terminar una fiesta con un chico que conoció ahí, quizá algunos de los subterfugios morales quedan disminuidos frente a Bueno, fue un momento. Fue el alcohol. Me dejé llevar. Para muchas chiquilinas — quizás de una manera no del todo honestas consigo mismas— es una forma de darle lugar a esa experiencia. Quizá en una relación más densa y profunda, se le hace más difícil de encarar, porque luego sigue frecuentando a esa persona".

Pero el educador señala que también para el hombre cambiaron las condiciones. Antes, cuenta, era bastante más común que el primer contacto sexual del varón se diera en el marco de un prostíbulo, con una mujer bastante mayor que él. En la actualidad, agrega, la mayoría de varones jóvenes que él atiende como psicólogo comienzan su vida sexual con una pareja más o menos de su misma edad.

Hoy, entonces, la cosas están un poco más parejas. Entre otras cosas porque ha habido un proceso histórico que ha equiparado algunos derechos para el género femenino, aunque falte (en varios casos bastante) para llegar a una equidad.

Pero para el sexólogo Ruben Campero, ese proceso también tiene sus bemoles: "Hay una gran discusión sobre si los guiones sexuales en clave femenina no quedaron un poco atrapados de la lógica sexual masculina: un ejercicio sexual más temprano en la vida, se accede rápidamente a lo genital. Esto hace a que muchas chiquilinas tengan vergüenza a seguir siendo vírgenes, al menos en ciertos sectores".

Sin embargo, la importancia de la virginidad sigue siendo grande desde el punto de vista de Campero. No tanto a nivel práctico pero sí simbólico. La pérdida de la virginidad señala entre otras cosas el ingreso de la joven al mundo adulto, de "niña" a "mujer".

Para Campero, el machismo imperante hace que la metáfora "Caperucita Roja" siga teniendo vigencia. Se "cuida" más a las niñas que a los varones. "Por alguna razón", afirma el sexólogo, "se piensa que los hombres somos especiales, que no necesitamos que nos cuiden, que nos vamos a arreglar solos". Eso es un mito, dice el especialista. "De hecho, los varones están expuestos a muchas situaciones de violencia, y mueren, también por estas razones: creen que no les va a pasar nada."

Lo importante, en su visión como experto, es educar para que tanto hombres como mujeres puedan "cuidarse" solos como adultos, y esto incluye obviamente a la faceta sexual.

Según el psiquiatra y sexólogo argentino Walter Ghedin, "en la intimidad del hogar o de las aulas, la comunicación —que debería abarcar la sexualidad toda: cuerpos, deseos, emociones, vivencia de género, orientaciones, cuidados, etcétera—, está centrada en el sexo heteronormativo y en los recaudos básicos para el cuidado de enfermedades de transmisión sexual y del embarazo", escribe desde su país. Y agrega que se habla poco de "sexualidad responsable", concepto que para él va más allá de ponerse un preservativo. "Ser responsable es saber que la sexualidad es propia, que no se debe hacer lo que lo hacen los demás para no sentirse raro, o excluido. Es no sentir inhibición o vergüenza cuando la orientación no es heterosexual. Es decidir cuándo, cómo y con quién hacer el amor, y que esa primera experiencia sea consensuada".

Además de lidiar con la presión social eventuales prejuicios o ignorancias familiares, hay que saber desentrañar y traducir los mensajes que llegan a través de los medios e Internet. "Ahí tenemos uno de los problemas asociados a la sexualidad contemporánea", según Correa. "Poco menos que la mujer tiene que ser una vampiresa en la cama, y todos los hombres tienen que ser toros. Los estereotipos hacen mella", dice y Campero coincide: "Sobre todo muchos videos musicales presentan una hipersexualización precoz de las mujeres. Es muy probable que influya sobre cómo ellas construyen su propia subjetividad sexual. Las familias tienen que hacer un trabajo importante, pero a menudo no lo hacen. El Estado tiene una función y un deber muy importante en este tema", concluye Campero. Al respecto de las políticas públicas se consultó a Inmujeres e INJU, quienes no llegaron a responder.

Lecturas para padres con ganas de aprender

Además de ser médico psiquiatra y sexólogo, el argentino Walter Ghedin (a quien ya hemos consultado en Domingo), también es escritor y autor de varios libros sobre temas de sus especialidades, tanto por su cuenta como junto a otros autores. Entre los títulos que Ghedin ya ha publicado están La vagina enlutada (2010), Tipos en la cama (2008), Tipos que huyen (2010) y Sexo y sexualidad: Hacia dónde vamos (2016). Aquí, una lista de literatura que él sugiere para tener más armas a la hora de encarar las incomodidades a la hora de hablar de sexo con los hijos: 

Tu sexo es tuyo — Sylvia de Béjar (2001, Planeta).

La sexualidad y los adolescentes — Miguel Álvarez (2012, Mestas Ediciones).

Guía sexual para adolescentes — Lucía Olivera (2007, Ediciones Lea).

El arte de acompañar niños y adolescentes — Rosana Goyeneche en coautoría con María Teresa Picinini (2011, Letra Viva).

Herramientas para padres — Walter Ghedin y Alejandro Schujman (2015, Lumen).

Consejos para esta etapa

¿Cómo encarar este tema desde el mundo adulto? Acá van algunos tips.

Reflexionar sobre la propia sexualidad y experiencia. "Si nunca existió ningún cuestionamiento sobre la propia sexualidad el mensaje a los jóvenes será parcial y basado en reglas generales" (Walter Ghedin).

Hablar del tema de una manera digna. No banalizarlo ni hablarlo en términos chabacanos. También, como dice Luis Correa, no camuflarlo. "Cuando se habla de sexualidad, estamos hablando de eso".

Ser conscientes de lo que se habla cotidianamente en la familia: "Si hablamos despectivamente del sexo, o de una mujer porque es muy libre sexualmente, esas cosas calan". (Correa)

No estar cerrado a la ayuda y los consejos: "Los papás, sobre todo aquellos primerizos, necesitan rodearse de terceros que ayuden con sus testimonios a entender qué es esto de criar a un hijo" (Ghedin).

No todo es coito: "Perfectamente la iniciación sexual puede ser un beso. Sentir que tienen que tener relaciones sexuales genitales y coitales para poder oficializar la posibilidad de tener relaciones sexuales, los lleva a hacer cosas que no quieren (Campero)".

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