JORGE DENEVI

"El éxito está envenenando por completo a la sociedad"

Referente del teatro uruguayo, participó en mil programas de tevé y lleva 160 obras dirigidas. En breve estrena con la Comedia y planea tomarse un necesario paréntesis.

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Jorge Denevi es uno de los referentes del teatro nacional. Foto: F. Flores.

No lleva la cuenta de cuántas obras dirigió en su vida. Decidió redondear en 160 a partir de un currículum que un crítico le armó hace unos años. "Empecé a dirigir a los 24 y desde ahí no he parado hasta ahora. Hubo años en los que dirigí cinco obras, así que imaginate", dice Jorge Denevi (72), sentado en uno de los sillones del living de su casa. Un living que respira y destila arte a simple vista.

Resulta imposible hablar de Denevi sin hablar de teatro, de televisión y de cine. Y resulta imposible porque incluso él mismo no puede pensarse de otra forma que no sea haciendo su trabajo. "No hay mi vida fuera del trabajo", dice el director. "Está todo centrado alrededor de eso, esa es mi vida, todo lo que yo planifico y hago es alrededor del trabajo". Y cuando lo dice alguien que dirigió ese número de obras en poco menos de cincuenta años, no queda otra opción que creerle. Pero Denevi reafirma su idea: "Casi no considero dejar de trabajar. Mi estado más feliz es dormirme a la noche sabiendo que a las siete de la mañana voy a estar trabajando de alguna manera en algo. Esa es mi felicidad. No quiero no trabajar".

Nació en Montevideo. Es padre de cuatro hijos y fanático del fútbol. Es de Racing, "que otra vez va último en la tabla". Mira fútbol para alejarse del trabajo pero no mira televisión, más que "algún programa de la BBC". Es un "cinéfilo apasionado" pero no va al cine. Mira un cine "difícil de conseguir". Trabajó en la televisión por 40 años pero no volvería a hacerlo. Protagonizó dos películas pero ha rechazado unos cuantos proyectos cinematográficos que le han ofrecido últimamente. Es actor, director y productor aunque es probable que no alcance con tres sustantivos y unas cuantas definiciones para hablar de Denevi.

Al frente

Actualmente tiene en cartel Farsa en el dormitorio, una obra del inglés Alan Ayckbourn que dirige en El Galpón. Además, está en pleno ensayo de La travesía, del catalán Josép María Miró, que estrenará el 11 de marzo dirigiendo al elenco de la Comedia Nacional. Una es una comedia y la otra es un drama, si bien se había propuesto no dirigir ese tipo de obras durante este año. Así, La travesía trata, según el director, sobre la crisis existencial que tiene una monja respecto al tema de los refugiados. "Es una obra en la cual tenés que adentrarte en una temática y dirigirla desde esa realidad y eso es muy duro, digo, conocer de primera mano el tema. La verdad es que tuve que investigar sobre cómo era el trabajo con los refugiados y me quedé asombrado. Lamento lo que era mi ignorancia al respecto de lo que significan en este momento para el mundo entero los campos de refugiados", cuenta y deja en evidencia que está involucrado totalmente con la obra, a pesar del drama y a pesar de su voluntad de alejarse de él.

— ¿Qué tiene que tener una obra actualmente para que usted quiera dirigirla?

— Vos sabés que no lo sé. A mí me tocan profundamente las obras que dirijo y el año pasado tuve un año muy duro en cuanto a las temáticas. Cuando dirijo empiezo a investigar sobre el autor, sobre las condiciones en las que escribió, sobre su pensamiento. No sé. A mí me gusta decir que las obras siempre lo eligen a uno. Es decir, que no se sabe cómo, pero mágicamente, aunque no creo en la magia, te aparece con lo que justo tenías en la mente y estabas pensando, y eso te pega de tal manera que decís, pero yo tengo que hacer esta obra. Entonces busco la manera de hacerla porque es como que me llama. De pronto, leo una obra que me gusta pero no la hago, porque no tiene nada que ver conmigo. Es un proceso raro, medio extraño.

Y esa es la razón por la que se propuso "darse un tiempo" después de terminar con la Comedia Nacional: "Mi proyecto es hacer un paréntesis de dos, tres, o cuatro meses sin hacer nada. Estoy ansioso esperando ese momento. Quiero meditar un poco. ¿Sabés lo que pasa?, que últimamente he estado con un proyecto y otro que me está esperando, y la verdad es que no me es muy saludable eso en este momento".

Sin embargo, es consciente de que podría aparecer un proyecto que tirara abajo todos sus planes.

Las tablas

Se formó en la escuela Club de Teatro, en la que tuvo a docentes como Nelly Goitiño, Roberto Fontana o Dahd Sfeir. Ahora, con más de cincuenta años de experiencia, Denevi entiende que como hombre de teatro tiene una responsabilidad que implica hacerse cargo de lo que piensa y dice. "Pero no es una responsabilidad a priori, es decir, el razonamiento no es hacer una obra pensando en algo que esté mal y cambiarlo. No es de esa manera. Es una responsabilidad espiritual. El teatro no cambia nada, salvo internamente, como todo arte".

¿Se ha banalizado esa responsabilidad del teatro?

— El teatro se banaliza cuando se hace una cosa política, cuando solo se utiliza para dar un mensaje político, cuando es un panfleto. Yo he visto y he hecho ese tipo de espectáculos, de los cuales me avergüenzo.

— ¿Se arrepiente de ellos?

Sí. Arrepentirse es inútil, porque ya está hecho, lo que hace es hacerte cambiar la cabeza, esa es una forma de arrepentirse, creo ser mejor.

Denevi es autocrítico con su trabajo. "No fui un buen director de la Comedia Nacional", dice sobre su tiempo al frente de ese elenco estable, en 2007. Reconoce que en ese momento no estaba preparado: "No creo que haya manejado ni mínimamente bien todo eso. Además, no estaba preparado para lo que es manejar el enjambre ese, desde el punto de vista de lo que es la burocracia. Yo no sé trabajar así", sostiene. Y después agrega: "Fue una época muy mala mía. Yo estaba muy borracho todo el tiempo. Fue una época de alcoholismo rematado. No supe manejarlo ni estaba en condiciones de hacerlo. Duré poco y creo que duré demasiado".

¿El alcoholismo lo afectó solo a nivel laboral?

Sí, creo que sí, pero no estoy muy seguro. Tampoco me arrepiento, eh. No me gustan los arrepentidos con estas cosas. Hasta lo recomendaría un poco, porque en otros aspectos, te da una lucidez para algunas cosas.

¿En qué sentido?

Las personas sobrias no son las mejores personas, es mentira eso. No sé, no es que yo recomiende estar alcoholizado ni drogado. Tengo que portarme políticamente correcto. Lo digo desde el punto de vista interior. Pero todo eso de ser un ciudadano correcto, no fume, no tome, cruce con luz verde, no coma carne roja, me rompe un poco las pelotas.

En la pantalla

Hizo 1.000 programas de televisión. Con ese número no se equivoca. Empezó a trabajar en la pantalla a los 23 años. Su debut fue como actor en Jaujarana, un programa humorístico que se emitía por canal 11, de Buenos Aires. "Fue una época muy buena para mí porque tomé mucho contacto con el teatro en Buenos Aires, lo que contribuyó mucho a mi formación".

En Argentina trabajó también para Canal 9. En Uruguay, estuvo detrás de éxitos de como Telecataplúm, Plop, El teléfono, entre otros. De esta forma, la televisión fue su lugar durante 40 años. "Yo viví de la televisión, no es que me hice rico, nadie lo hace en la televisión uruguaya".

¿Qué es el éxito para usted?

Es una palabra detestable y terrible. Es raro porque yo he vivido mi vida en un medio en el cual tenía que tenerlo. No yo, sino el material que hacía, pero ese material también implica un éxito personal. Como forma de vida está envenenando completamente a la sociedad. No se puede trabajar por el triunfo, por el éxito, hay que trabajar por otras cosas.

Después de dos horas, sigue sentado en su living y, como todo actor, habla con palabras pero también con las manos. El arte se respira aún más que al comienzo. Si se presta atención, detrás de un mueble repleto de libros, un cuadro con el retrato de Charles Chaplin asoma, como queriendo escuchar al director.

La relación con el cine

Jorge Denevi protagonizó dos películas uruguayas: El ingeniero (2012), dirigida por Diego Arsuaga, en la que compartió elenco con su maestro, Berto Fontana. Allí interpretaba al ingeniero Erramuspe, un director técnico retirado que al final de su vida decide contarle a un periodista un secreto que mantuvo durante mucho tiempo. Además, el año pasado protagonizó Las toninas van al Este, dirigida por Gonzalo Delgado y Verónica Perrotta, en la que encarnó a Miguel Ángel García Mazziott, figura gay y decadente de la farándula del Río de la Plata.

"Fueron experiencias bárbaras", dice el actor sobre ambas películas. "Fue un grupo de gente humanamente genial en ambos casos. El cine para mí es una experiencia muy distinta, pero yo pasé muy bien. Además, en los dos casos, fue un trabajo muy partiendo de lo artístico. Fueron ambos trabajos muy serios", explica.

Últimamente ha rechazado varios proyectos porque no le gustaron los libretos. "Y la verdad que no tenía ganas de someterme al sacrificio físico que significa hacer una película". Sin embargo, a fin de año empezará a trabajar en Pequeños fantasmas, del director Marcelo Puglia.

SUS COSAS

Sus maestros

"Mi gran maestro fue Berto Fontana", dice Denevi. "Fue quien me dio todas las formas, las ideas, la disciplina, los conceptos sobre teatro. Después, como todo buen maestro, me largó solo". Además, recuerda a la alemana Bayerthal: "La considero mi otra base, era extraordinaria".

Su autor 

Alan Ayckbourn es uno de sus dramaturgos preferidos. De hecho, ha dirigido diez de sus obras, entre ellas, Farsa en el dormitorio, Las conquistas de Norman y Miedos privados en lugares públicos. "Plantea un poco las cosas como yo las siento. En el medio de una comedia hace todo un planteamiento serio de ciertas temáticas", dice.

Su hobby

Aunque nunca estudió, Denevi lee y traduce textos del inglés. "Me propuse leer a Shakespeare en inglés", cuenta. Esa lectura terminó en la traducción de la obra Trabajos de amor perdidos: "Es probable que jamás la haga. Traduzco por empecinamiento. Me gusta, es mi diversión".

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