EL PERSONAJE I martín Inthamoussú

"El éxito artístico es si el público te elige"

Llegó a la danza casi que de casualidad y la convirtió en su vida y su profesión. Hoy, como director de las escuelas del Sodre y con compañía propia, apuesta a bailar a sala llena.

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"El capital humano lo tenemos, ahora hay que potenciarlo", dice Martín Inthamoussú. Foto: Fernando Ponzetto.

DANIELA BLUTH

En el bolso adolescente de Martín Inthamoussú convivían un traje de taekwondo y sus zapatillas de ballet. A los 15, Martín, el mayor de tres hermanos, era el encargado de llevar a la menor de la casa, Daniela, a la academia de danza del barrio. Tantas veces se quedó a mirar —y a hacer— la clase desde afuera, que un día la profesora lo invitó a pasar. "Y me animé", recuerda hoy, a los 37, uno de los bailarines profesionales más reconocidos de Uruguay. Hasta ese momento había ido a un taller de expresión artística y tomado clases de teatro en El Galpón. Pero su formación más corporal provenía de las artes marciales, donde se destacaba por la elasticidad y la postura. El siguiente mojón fue presentarse a la prueba de admisión para la Escuela Nacional de Danza del Sodre. "Mi hermana la iba a hacer y la profesora me sugirió que yo fuera también. Fuimos, dimos la prueba, yo entré y mi hermana no. Obviamente ella hoy no es bailarina, pero es vestuarista de teatro y danza. Mi otro hermano es músico... todos agarramos para las artes".

Salvo su abuelo materno, en la familia no había artistas. Pero era una casa abierta, donde lo que se pregonaba era dedicarse a lo que a cada uno más le gustara. Y hacer de eso la profesión. En ese sentido, su padre, un ingeniero riguroso, siempre marcó el camino. "Hoy es nuestro fan número uno. Le encanta. Que tus padres te ayuden a ver el arte como una profesión y una salida laboral y no como un hobby, es un gran apoyo, sobre todo para un niño o un adolescente... no pasa tan seguido", dice. Así, Martín terminó la Escuela, viajó con una beca a Holanda, trabajó en Italia y Alemania y, muchos años y más escenarios después, volvió a Uruguay, donde el 2015 le trajo estar en la dirección de las Escuelas de Formación Artística del Sodre y crear su propia compañía de danza, un cuerpo estable de diez bailarines residente en el Teatro Victoria.

—¿Por qué decidiste volver?

—Hay varios factores, uno es la familia. Soy re familiero y extrañaba pila, últimamente todavía más. Mi pareja, Guille, es uruguayo, a él no le importaba ir para allá (por Europa), pero yo tenía idealizada esa idea de quiero estar y vivir en Uruguay. Él me decía que me iba a arrepentir a las dos semanas, se reía de mí porque yo era tan alemán... mi forma de organizarme, de preguntar por los planes para dentro de seis meses, me decía que me iba a dar contra la pared. ¡Pero igual decidí volver! Cuando tomé esa decisión coincidió que Julio Bocca me había convocado para dirigir al Ballet Nacional por primera vez, cuando trabajé con Jorge Drexler. Fue como decir: Mirá, hay una compañía que está funcionando bien, tiene las condiciones para el desarrollo de la danza. Y ahí me pregunté: ¿Pero qué pasa con la danza independiente? Vi que también había mucho por hacer, no existía una compañía de danza contemporánea, eran grupos que se juntaban para proyectos puntuales. Y me dije: Es ahora o nunca.

Cambios.

A Martín nunca le importó ser el diferente. Ni ahora ni antes. Entrar a la Escuela Nacional de Danza y sus ocho horas de estudio lo obligó a cambiar de liceo y de turno. La única opción era ir al nocturno. "No quería dejar de estudiar porque tenía el chip de si esto no es necesito poder hacer algo. Ese fue el gran sacrificio que hice". Bastante menor en edad que sus compañeros, era "el mimado" de la clase. "Mi madre tenía pánico de que fuera al nocturno. Pero como era el más chico me llevaban, me traían, me iban a ver". Gracias a que terminó sexto de liceo pudo postularse a una beca para estudiar la Licenciatura en Artes Escénicas en Amsterdam y especializarse en danza contemporánea. "Hice un solo, lo grabé en VHS, lo mandé a Holanda y al tiempito llegó a mi casa una carta diciendo que estaba invitado a estudiar allá", recuerda.

Holanda sin dudas marcó un antes y un después en lo profesional y lo personal. De vivir con sus padres pasó a estar solo en una de las ciudades más cosmopolitas de Europa. Para minimizar el salto se instaló en la casa de una conocida de conocidos que tomaba mate y escuchaba música popular uruguaya. Fue en esos dos años que Martín tuvo su primera pareja y, en una de las visitas a Montevideo, decidió contarles a sus padres que era homosexual. Trajo un largo discurso preparado que finalmente no tuvo que hacer. "Les dije que les tenía que contar algo muy importante. Y cuando se los dije me hicieron sentir que no era una cosa crucial. Creo que ellos ya lo sabían... tengo unos padres re pro. Pensé que esto se iba a caer a pedazos, pero nada que ver".

A Guillermo Alberti, su pareja desde hace cinco años y marido desde hace dos, lo conoció a través de una amiga en común. Si no hubiera sido por la televisión —fue panelista de Esta boca es mía y coconductor en Verano Perfecto— quizá su historia personal nunca hubiera visto la luz. Pero la vio, y cobró notoriedad.

—La televisión te convirtió, definitivamente, en una figura pública. ¿Cómo vivís tu homosexualidad y encarás el activismo?

—Lo vivo con total naturalidad porque mi vida adulta comenzó en otro país, en una sociedad con otros valores y cuando vine me los traje conmigo. El activismo no lo vivo desde la lucha, jamás fui a la Marcha de la Diversidad. No tengo nada en contra, pero en este momento no es la manera en la que yo quiero vivir el activismo. En mi caso pasa por otro lado, que es hablarlo abiertamente con quien tenga ganas de hacerlo. Acá hay gente que te dice que no se anima a ir de la mano con su pareja. Es cierto, yo lo hago porque soy una persona pública y a nadie le sorprende. Pero a veces siento que nosotros mismos nos imaginamos un mundo de agresión porque está construido así en la sociedad, pero cuando vos lo empezás a vivir con naturalidad, la gente lo empieza a tomar con naturalidad también. Y si a alguien no le gusta, es parte del aprendizaje. En ese sentido las leyes van más rápido que la sociedad. Cuando sale la Ley de Matrimonio Igualitario no quiere decir que la sociedad esté pronta para eso.

Colectivo.

Lunes, miércoles y viernes a las doce Martín toma clase de crossfit. Martes, jueves y sábado hace pilates, yoga o natación. Son dos horas de entrenamiento seis días por semana. Y eso que ahora casi no pisa el escenario, mueve los hilos desde atrás. "Es mucho para alguien que no baila", admite. Pero forma parte de su rutina y su sentirse bien.

Aunque ocupa un cargo público, el bailarín está lejos del mecanismo de marcar tarjeta y cumplir horarios. Su proyecto pasa por otro lado. "No siento el cliché del empleado público en el que te imaginás a un gordo sentado en una oficina... nada que ver, todos me dicen que nunca hicieron tantas funciones ni tantos talleres fuera de la puerta". En estos meses de trabajo armó el equipo y reorganizó la propuesta académica. "Apostamos a que los chicos que egresen puedan bailar en cualquier compañía del mundo o cantar en cualquier ópera. El capital humano lo tenemos, ahora hay que potenciarlo". Por estos días, las escuelas celebraron sus 40 años con una Misa criolla que reunió más de cien alumnos en escena. El 2 de enero, abrirán la temporada de verano en la Fundación Atchugarry.

Con la compañía que lleva su nombre, Martín —ex Complot, junto a Gabriel Calderón y Mariana Percovich— también tiene agenda llena. Acaba de terminar la temporada de Irresponsable y ya comienza a preparar una versión contemporánea de El lago de los cisnes, con estreno en 2016. Más allá de los proyectos, la preocupación es siempre la misma: lo colectivo sobre lo individual. "Lo individual se potencia a través de lo colectivo. Y cuando construimos ese entramado todos salimos favorecidos".

Conquistar al público, y no a la crítica especializada, es su otra gran apuesta. "(Walter) Reyno le decía el honorable... y tenía razón. Pueden escribir la mejor crítica del mundo, pero si el honorable no te compra la entrada sos un fracaso. El éxito artístico es si el público te elige, cree en tu propuesta y te valora. Yo trabajo para que la sala esté llena, no hay nada de malo en eso, aunque acá hay miedo de decirlo".

—¿Estás en la retirada del escenario?

—No hay nada que se le parezca a subir al escenario y hacer la función. Pero ahora estoy disfrutando mucho más de estar dirigiendo que en escena. Capaz que en un año quiero volver. Hoy estoy bien en este lugar, es donde tengo que estar.

SUS COSAS

Sus series

A Martín le cuesta quedarse quieto. Cuando lo hace es para mirar alguna serie política en Netflix. "Me encantan las series políticas, House of Cards, Scandal, Homeland, esas las sigo a full", cuenta. También disfruta los documentales, sobre todo las biografías. Casi ni mira la televisión abierta. La excepción es Código País, del 12.

Un referente

En la danza, su "referente máximo" es Julio Bocca, con quien tiene un vínculo profesional y personal. "En gestión de la danza no hay nadie que entienda como él. Pasar de tener más gente en el escenario que en el público a vender 20 mil entradas por temporada... eso habla de una muy buena gestión. Él sabe qué hacer y cómo hacerlo, es un faro".

Su vestidor

Le gusta la ropa en general, pero su "debilidad" son los zapatos y championes. Imposible recordar cuántos pares tiene, pero la certeza es que son muchos. Su vestidor, admite, "está por explotar". "Me encanta la moda y seguir lo que están haciendo los diseñadores, esto también habla del arte".

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