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Que se escuchen los poetas

En 2015 se realizó el primer slam de poesía oral en Montevideo. Esta movida under busca generar un espacio de expresión para cualquier persona que escriba.

Los estudiantes de la Facultad de Psicología organizaron un slam de poesía, Foto: F. Ponzetto.
Los estudiantes de la Facultad de Psicología organizaron un slam de poesía, Foto: F. Ponzetto.
Cada poeta tiene que leer o decir un texto propio. Foto: Paola Scagliotti
Cada poeta tiene que leer o decir un texto propio. Foto: Paola Scagliotti
Cada vez más jóvenes se animan a mostrar sus textos. Foto: Paola Scagliotti
Cada vez más jóvenes se animan a mostrar sus textos. Foto: Paola Scagliotti
Los slams de poesía tienen las reglas del boxeo. Foto: Paola Scagliotti
Los slams de poesía tienen las reglas del boxeo. Foto: Paola Scagliotti

Es viernes y son alrededor de las ocho y media de la noche. Afuera llueve. Además de algún estudiante que camina por los pasillos un poco solitarios, en la Facultad de Psicología de la Universidad de la República, no hay demasiado movimiento. Sin embargo, casi todas las personas en ese lugar están concentradas en la cantina. Allí sí, la facultad pareciera tener vida propia o respirar un aire propio. Más o menos unos 40 jóvenes están sentados alrededor de las mesas. A medida que van llegando, se sientan en el piso. Afuera llueve y hace frío, pero allí no importa. Ni se nota.

Algunos de los jóvenes tienen en sus manos papeles y libretas. Una chica lee algo en voz baja y otra le toma el tiempo con el cronómetro del celular. Otros están en silencio y otros pasan papeles como buscando encontrar el poema exacto, el elegido para la competencia.

Es que, aunque por fuera de los slams que se organizan mes a mes en algún bar de Montevideo, algunos alumnos que integran el Centro de Estudiantes Universitarios de Psicología quisieron realizar uno interno, que llamaron "Psicoslam de poesía", una movida entre jóvenes de la faculta, con la misma lógica de los torneos de poesía oral.

Un slam de poesía es, básicamente, un a competencia con un formato y una forma definida: los poetas disponen de un tiempo máximo de 3 minutos y 20 segundos — lo que dura un round de boxeo — , tienen que estar de pie, leer un texto propio y no deben utilizar objetos extras. Lo único que está en juego es el poeta, su cuerpo y su voz.

Así, los torneos orales constituyen un espacio de expresión, con las mismas reglas que un slam de poesía.

De esta forma, la cantina de la facultad se estaba por transformar en una suerte de ring de boxeo en el que los jóvenes competirán leyendo y actuando sus poemas en dos rondas, de las que saldrán tres ganadores.

Vestida de negro y con el pelo suelto, Ivix es la primera participante en leer. Le seguirán Lucas y Valentina. Algunos curiosos que pasan por la cantina se asoman, escuchan. Unos se quedan, buscan algún rincón vacío, se sientan. Otros escuchan un poema y se van.

El público, algunos lectores y otros escuchas, hacen silencio y la voz del que lee o recita llena el ambiente. Cuando terminan, llegan los aplausos y los gritos y la ovación. Mientras escuchan, algunos miran al poeta, otros hacia abajo y otros cierran los ojos. "¿Por qué te amo si no me diste razones?", suenan las palabras en la voz de una participante que le pone el cuerpo a sus versos.

El jurado es elegido al azar entre los integrantes del público —otra regla del slam— y tendrán que puntuar a cada uno de los participantes que lea, para así elegir a ocho que pasen a la segunda ronda y luego, a tres ganadores.

Guillermina Sartor, una joven de 21 años que tiene experiencia en slams de poesía oral, fue, junto a Agustín Torres y el centro de estudiantes, una de las organizadoras de la jornada. Además, como no podía ser de otra manera, leyó su poema.

La primera vez que Guillermina participó en una instancia como esta fue en Buenos Aires, a mediados de 2016. "En Montevideo me había acercado a escuchar y ayudar en la organización, pero nunca me había animado a leer", dice. Y, aunque la improvisación tiene lugar en este tipo de competencias, Guillermina siempre prefiere llevar sus textos escritos y recitarlos.

Con las reglas del boxeo.

Hace aproximadamente tres años que Pabloski Pedrazzi (32) empezó a organizar slams de poesía oral. Estaba en Madrid cuando de casualidad pasó por un bar en el que había un torneo de poetas. "Entré y me pareció un formato genial. Esa vez no leí, solo escuché", cuenta este actor que prefiere ocultar su nombre verdadero detrás de su identidad artística. "Ni bien llegué me fui a Buenos Aires a ver qué tal la movida allá", agrega. Fue así cómo Pabloski decidió que quería traer este formato de competencia a Uruguay. Empezó a moverse solo. Consultó en bares, contó cómo era la movida, se comunicó con la central de slams en Francia, donde se organiza algo así como la copa del mundo de slams de poesía oral, también habló con gente de Argentina y de México. De esta forma, en 2015 se realizó en Montevideo el primer slam de poesía oral y Pabloski se transformó en el coordinador de Slam de Poesía Oral de Uruguay, Montevideo.

Guillermina, que ha participado en la organización de algunos, explica a los slams como "un torneo de poetas — alrededor de 15 o 20 — que se enfrentan a través de la lectura o recitado de sus textos, durante un tiempo de 3 minutos y 20 segundos".

El slam está inspirado, como cuenta Pabloski, en las presentaciones de poetas que se realizaban en el club Get Me High Lounge de Chicago a mediados de los 80. "Debido a un incidente que ocurrió, el organizador de ese recital de poesía, reta al que generó el problema a una competencia de 10 rounds de poesía. Entonces buscaron ese formato: leer 10 textos cada uno y que la gente juzgue, y utilizaron las reglas del boxeo: cada round dura hasta 3 minutos 20 segundos y se hace en el formato de un cuadrilátero", explica el actor.

Pero, los slams no son una simple competencia de poetas; tienen un objetivo social y primordial, como cuenta Pabloski: "Devolver la palabra a la comunidad. El slam es la consecuencia de un proceso inevitable, en el sentido de que hubo un vacío de la poesía acá en Uruguay desde el 80, que fueron como las últimas generaciones que hacían performance poéticas, después, en ese campo, quedó vacío. Ahora los jóvenes aprovechamos eso, tomamos ese espacio, y no lo podemos abandonar".

De esta forma, en los torneos de poesía que se realizan en Montevideo participan personas desde "los 15 hasta los 78 años, más o menos" y eso, según Pabloski, genera que en un mismo espacio de repente lea su texto una chica de 15 y a continuación lea Alberto Restuccia. "Esto es abierto a cualquier persona que escriba un texto poético. Es un espacio que no está limitado a quienes se entiendan escritores. La propuesta busca ese encuentro de experiencias", sostiene Guillermina. Por esta razón, el slam reúne a varias generaciones: desde autores consagrados, poetas del under actual y escritores emergentes que encuentran un lugar donde expresarse.

Estos torneos, en tanto, son parte "de una movida más bien under", explica Pabloski. "Me gusta definirlo por ahí. Salió de los bajos de California y se mantiene en los bajos de varias partes del mundo. El slam lo que tiene es que nunca se vendió como una nueva forma, de hecho, nos han planteado de hacerlo permanente en determinados lugares institucionales y hemos dicho que no. Porque mantenerlo en los bares y en lugares no institucionales es la manera de atraer público, que es lo necesitamos en la poesía, que alguien nos escuche, y además así hay más gente que pierde la vergüenza y se anima a leer".

Por esa razón, en Montevideo los torneos se desarrollan principalmente en bares, una vez por mes. Además, han realizado slams en el Museo Zorrilla, en la librería Escaramuza y en la Biblioteca Nacional. De esta forma, los ganadores de los slams que se hacen a lo largo del año en la capital y distintas partes del interior del país, como ha sucedido en Las Piedras, Tacuarembó o Carmelo, luego compiten en un slam nacional. Además, en 2016, integrado al Filba, festival internacional de literatura, que se realizó a la par en Chile, Argentina y Uruguay, se realizó un slam entre los ganadores nacionales de los tres países. Allí, los poetas uruguayos hablaron, leyeron y ganaron.

ESPACIO EN LA RADIO.

Un torneo que abrió las puertas del papel a los jóvenes.

A comienzos de 2017, el programa de Océano FM Todo pasa, en conjunto con Pabloski Pedrazzi y Slam Montevideo, organizó un torneo de slam. Para la instancia, seleccionaron a 12 poetas que ya habían participado y "tenían claro el tempo" de la dinámica, que compitieron hasta llegar a la final, entre Guillermina Sartor y Agustín Lucas. Además, Martín Fernández, al frente de la editorial Hum, sugirió algunos nombres para la selección. Es que, al final del torneo, Hum editaría un libro con los textos de todos los escritores participantes. "Cuando nos eligen para que le diéramos una mano fue porque nosotros en nuestro historial hemos publicado mucha poesía, si bien para mí hoy no somos referentes en el tema, yo no quiero dejar de publicar poesía. Sé que un libro así nunca va a ser un hit, pero nos parece importante que exista", dice Fernández. Sin embargo, en cierto punto, es optimista: "A nivel comercial me consta que va a vender mucho más un autor nuevo que sale con toda la garra que uno ya tiene dos o tres libros arriba, a los 20 le pones mucho huevo. Yo lo único que les pedí fue heterogeneidad de gente, de generaciones". Así, se encuentran trabajando en la edición de un libro que contiene una heterogeneidad de poetas y poesías.

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