EL PERSONAJE I CECILIA CURBELO

"Escribir es capitalizar las cosas que te pasan"

Soñaba con ser corresponsal de guerra y se convirtió en autora de bestsellers para adolescentes. Es protagonista de grandes batallas, pero las gratificaciones son muchas más.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Me han llegado a decir que con mis libros les salvé la vida", cuenta la escritora. Foto: Marcelo Bonjour.

DANIELA BLUTH

Cada tanto, a Cecilia Curbelo (41) le da por quemar todos sus papeles. Es su forma de cerrar una etapa y empezar otra. "Siempre fui así... ¡Y cuando cierro, lo hago de verdad!". La primera vez fue en la adolescencia. En aquel entonces ardieron sus cuadernos repletos de frases célebres y letras de canciones. También la agenda cargada de papelitos y los poemas para el chico que le gustaba que nunca llegó a enviar. La última fue hace pocos meses, cuando prendió fuego la historia de su próximo libro y comenzó de cero con Aunque él no esté, una novela que cuenta la historia de Bruno y marca un nuevo rumbo en la carrera de la autora para adolescentes más vendida en Uruguay. "Ese libro surgió a partir de un sueño, nunca me había pasado, pero se me aparecieron dos hermanos y me contaron de la muerte de su papá. Cuando desperté necesitaba saber qué pasaba con la vida de estos chiquilines".

Así de impulsiva y segura, Curbelo puso fin a la "serie decisiones", que incluye éxitos como La decisión de Camila, Las dos caras de Sofía y La búsqueda de Lucía —que le valieron ser Libro de Oro entre 2012 y 2015— y emprendió una nueva búsqueda. Por primera vez su protagonista fue varón y la portada del libro tuvo una imagen masculina. Es que aunque no le molestan los rótulos, la inquietaba que su literatura fuera vista como un producto exclusivamente femenino. "Está comprobado estadísticamente que me leen muchos varones, pero lo esconden porque sienten vergüenza de decir estoy leyendo a Ceci Curbelo. Creo que la literatura no tiene género, el dolor que siente una chiquilina cuando se divorcian sus padres también lo siente un varón, pero lo expresa de una manera distinta. Por eso mismo sentí que hasta ahí había llegado con la otra serie y me puse un nuevo desafío. En ese momento no podía hacer más que escribir la historia de Bruno".

Pero aquella inquietud no fue lo único que la llevó a cambiar. Diego, su esposo desde hace 20 años y padre de su hija Rocío (14) acababa de superar un cáncer que casi le costó la vida. Y aunque sus libros no son autobiográficos, esta vez —más que otras— la realidad permeó la fantasía. "En su momento no lo pude asociar, lo entendí después. Cuando salimos de la operación, de la rehabilitación y cuando ya estuvo todo bien, fue como que mi cuerpo se relajó... Y ahí apareció el sueño", cuenta sobre el origen de su última novela, que gira en torno al tema del duelo.

—¿Cuánto tienen de vos los personajes de tus libros?

—Algunos pueden tener algo de mí, pero no hay ninguno que me pinte al cien por ciento. Creo que todo lo que escribimos tiene algo de nosotros. Es capitalizar lo que te pasa, como las ochenta mil cosas que me pasaron. Fui víctima de violencia en el noviazgo a los 16 años, golpeada en el piso a las patadas, y creo que lo capitalizo como parte de un aprendizaje. Uno tiene que saber decir no, tiene que saber actuar... no me gusta el rol de víctima. Me tocó vivirlo, pero ¿por qué? Porque hoy lo puedo capitalizar desde otro lado y generar algo que está bueno. Hay mucha gente que se siente sola porque cree que es la única a la que le pasan cosas. Y no. A través de una novela podés mostrar que hay alguien más que se siente igual.

Experiencias.

Hoy dedicada de lleno al universo teen, recuerda su adolescencia como una etapa dolorosa de la vida. No solo sufrió violencia en el noviazgo, también fue víctima de bullying en tiempos en que las instituciones "no le daban importancia" o incluso "lo tapaban". Haber pasado por esas situaciones, dice, le allanaron el camino de la empatía. Y, desde la escritura, le resulta más sencillo ponerse en el lugar del otro.

Con una vocación clara por las letras —"en el liceo me iba muy mal en matemáticas, química, física y biología"—, se anotó en la Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Católica con el sueño de convertirse en corresponsal de guerra. "Era una idea muy volada, típica de cuando estás arrancando la vida y creés que podés ser un superhéroe", recuerda entre risas. "Después me di cuenta de que no es una profesión para cualquiera, que tenés que tener un temple determinado, poder convivir con el dolor ajeno... y yo no lo podría hacer".

Pasó al mundo de la comunicación corporativa, pero tampoco la sedujo. "Trabajé en una multinacional donde, tras un proceso de selección muy duro, me dijeron que les molestaba que yo fuera una persona risueña porque esa no era la imagen de la empresa", cuenta. Fue secretaria, telefonista, vendedora de juguetes y portera en el jardín de infantes al que iba su hija. La escritora nació de la conjunción de todas esas situaciones y la perseverancia. "Cuando iba a trabajar en el ómnibus siempre llevaba un cuaderno donde escribía notas de cómo veía el mundo a través del humor. Y en un momento empecé a publicarlas, de forma honoraria, en Montevideo.com". Al tiempo, esas columnas se convirtieron en libro. Y el gusto por ver el trabajo publicado la llevó a más.

Pidió un préstamo bancario de 13 mil pesos y editó su primera revista. "La diagramó un amigo y la repartíamos con mi esposo y mi hija chica puerta a puerta". Impresa en papel de diario, incluía artículos de interés general escritos por amigos de distintas profesiones. "Un día llegamos a casa y teníamos los pies en carne viva. Pero son esas cosas las que te van formando como ser humano". Contra todo pronóstico, las ganancias de la publicación le permitieron pagar el préstamo y "volcar el excedente" en la edición de su primer libro, Mujeres simples (2005).

Un aviso en el diario la tentó con la idea de convertirse en correctora de la revista Padres e hijos, de El País. De allí pasó a El Escolar y al poco tiempo nació Upss!, donde como editora empezó a conocer de cerca el mundo de los adolescentes. En poco tiempo, su casilla de correo electrónico estaba saturada de mensajes de personas entre nueve y 16 años. Y todos decían algo parecido a "me encanta la revista y es lo único que leo". Inevitablemente, sintió que tenía un nuevo desafío: encontrar una historia que los reflejara y que, quizá, alguno leyera. "Pensé: Si por lo menos a uno puedo darle el gusto por la lectura siento que cumplí". Así nació La decisión de Camila, en 2011.

Desde entonces, con sus libros recorrió temas como la bulimia y la anorexia, la violencia, el bullying, los conflictos con los padres, el divorcio, los celos y las adicciones. Para algunos precisó investigar más que para otros. "El mismo texto que voy creando es el que me va diciendo si necesito información. Hay cosas que parecen muy tontas, pero si no las sabés la trama queda inverosímil y la temática aplastada". Además del duelo, Aunque él no esté aborda el tema del consumo de pasta base. "Pedí entrevistas con psiquiatras que se especializan en ese tipo de adicción, psicólogos que hacen trabajo social y también con adictos, para que me cuenten qué los llevó a eso. Lo que más me costaba entender era el porqué".

—En tiempos de redes sociales y tanta exposición mediática, ¿cómo marcás un límite con los lectores?

—Todos los días recibo mails, cartas manuscritas y chocolates de chicos, padres, docentes, maestros... Y lo que te cuentan en esos mensajes a veces es muy difícil de contestar, porque yo no soy psicóloga, soy una mujer, una madre, una persona que tuvo la suerte de llegar a los 40 años... Me han llegado historias muy violentas, donde los chiquilines no pueden acudir a ningún familiar. Lo que trato de hacer es derivar el caso para que puedan hacer la denuncia correspondiente. Eso es lo máximo que puedo hacer.

—Y en el otro extremo, ¿qué es lo más lindo que te han dicho?

—Es muy difícil hacer un racconto, pero es gracias a esos mensajes que uno sigue adelante. Me han llegado a decir que les salvé la vida, que se estaban cortando, que se iban a matar. Que a partir del comportamiento de un personaje de alguna novela lograron hablar con sus padres y ver la vida de otra forma. Esos mensajes me llegan mucho. A veces pienso: ¿Será cierto?. Porque es muy fuerte que te responsabilicen de la vida, de la decisión de seguir viviendo. De ahí para abajo, me han dicho todo lo que te imagines.

Su mundo creativo

Cada vez que empieza a escribir un nuevo libro, Cecilia Curbelo avisa en su casa que no está. O en realidad está, pero metida en su escritorio y enfrascada en la escritura. "Me encierro y paso 12 o 13 horas, a veces Diego me lleva un café o algo de comer, porque yo pierdo la noción del tiempo, me meto en otro mundo. No tengo horarios y me gusta que así sea, porque es la forma de no perder el hilo", dice. Lo primero que hace es "definir lo que serían los capítulos", una especie de esquema general que minimiza el riesgo de desvíos, aunque siempre ocurren, admite. En esa etapa, además de pasar muchas horas frente a la computadora, duerme muy mal. "Me cuesta porque se te mezclan los personajes y sus conflictos internos, o te saltan ideas o cuestiones del argumento que no condicen", explica. Para ello, desde hace años tiene un cuaderno —antes en la mesa de luz y ahora en el baño para no despertar a su esposo— donde anota cada detalle. Sus libros están publicados en diez países, entre ellos México y España. En 2012 recibió el premio Bartolomé Hidalgo como Revelación y fue cuatro años consecutivos Libro de Oro. "Los premios los recibo y los agradezco, pero para mí el reconocimiento pasa por otro lado".

SUS COSAS

Su lugar

Hace tres años Cecilia y Diego compraron "un terrenito" en Bella Vista donde levantaron una casa de apenas 20 metros cuadrados. Allí va la escritora cada vez que puede, sola o acompañada. "Ese es nuestro lugar... No tiene nada, pero veo la sierra, veo vacas y soy feliz"

Su receta

A Cecilia Curbelo le encanta cocinar. Igual que con los libros, las recetas siempre suman algo de su propia imaginación. Fanática de "lo salado", uno de sus mejores platos es el borek, una torta armenia de cuatro quesos, herencia de su familia materna. Además, admite que le gusta mucho la comida chatarra, con las papas fritas a la cabeza.

Su autor

Si tiene que nombrar una escritora que la deslumbre elige a la estadounidense ganadora del Nobel de Literatura en 1938 Pearl S. Buck. "Sus obras son increíbles por cómo define a sus personajes, parece que les sentís hasta el aliento". El año pasado calcula que leyó unos 150 títulos.

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