Viajes

El encanto único de La Provence francesa

El Sur de Francia mezcla lo mejor de la historia con paisajes únicos y excelente gastronomía. En Marsella, Cassis, Arles, Saint Remy y Les Baux de Provence los sentidos no descansan.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El pintoresco puerto de Cassis, en la Provence.

IRMA SCHECK*

La Provence está ubicada en un lugar de privilegio. Con el Mar Mediterráneo a sus pies, se extiende hasta los Alpes y posee un microclima ideal para la pesca y el cultivo de la vid, los olivos y las lavandas. Pero la gastronomía no es su único atractivo, ya que esta región posee una cultura muy arraigada en sus tradiciones, fruto de las distintas civilizaciones que pasaron a lo largo de su historia, y su belleza natural sirvió de inspiración para que grandes artistas como Cézanne y Van Gogh plasmaran pintorescos paisajes.

Nuestra ruta por esta región, que pondría a prueba todos los sentidos, comenzó con la importante ciudad de Marsella, siguió a pocos kilómetros en la encantadora Cassis y continuó por las localidades de Arles y Saint Remy de Provence, para terminar en la bellísima Les Baux des Provence.

La más antigua de Francia.

Marsella fue fundada en el año 600 AC por un marino griego llamado Protis, quien la bautizó Massalia. Es el primer puerto comercial y de cruceros de Francia y una de sus ciudades más bellas. Sus 57 kilómetros de costa y un sol que resplandece 300 días al año permiten disfrutar de sus playas y actividades al aire libre en todo momento. Es la segunda ciudad de Francia y en los últimos diez años se invirtieron más de 660 millones de euros para convertirla en un destino turístico indispensable. La inversión tuvo su rédito: en 2013 fue declarada Capital de la Cultura Europea. Y se nota el porqué.

Marsella conjuga en forma exquisita lo antiguo de su patrimonio histórico con lo moderno de una ciudad pujante. Es que desde 1995 viene aplicando una operación de ordenamiento y desarrollo económico, que ha transformado el aspecto de la ciudad, con la transformación de más de 300 hectáreas en nuevas áreas de edificios diseñados por arquitectos de la talla de Zaha Hadid, Jean Nouvel, Rudy Riccioti y Kengo Kuma. Los contrastes entre su Puerto Viejo y la nueva explanada —donde se encuentra el Pabellón de Espejos—, sus fuertes San Juan y San Nicolás, las catedrales Vieja Mayor y Nueva Menor, el barrio del Panier, el Museo de las civilizaciones del Mediterráneo y la catedral Nuestra Señora de La Garde son citas obligadas para cualquier visitante. En el paseo de La Corniche, un lugar de excelente tradición gastronómica, no se puede dejar de probar la boullabaisse, que comenzó siendo un plato muy popular que preparaban los pescadores y hoy es uno de los platos clásicos de la alta gastronomía francesa. Su secreto es que se cocina con cinco tipos diferentes de pescados y frutos de mar.

Una Bahía encantadora.

A tan solo veinte minutos en auto se encuentra Cassis, un sitio exquisito para bajar las revoluciones de Marsella. En el corazón del Parque Nacional de Calanques, Cassis muestra todo su esplendor. Tiene una hermosa y pintoresca bahía con un pequeño puerto deportivo y de pescadores. En la rambla que lo circunvala se encuentran, dispuestos como si fueran cuentas de un collar muy colorido, los típicos restaurantes que ofrecen a los turistas una variada propuesta gastronómica basada en frutos del mar, olivos y especialmente la vid. Sus vinos blancos y rosados son realmente excelentes. A no perderse el paseo en barquito por Las Calanques, que permite ver de cerca la belleza natural del lugar y apreciar los matices de azules y la transparencia del Mar Mediterráneo.

Es imprescindible una recorrida por el mercado en la plaza principal, donde se puede encontrar puestos de todo tipo: verduras y frutas frescas, aceitunas y aceites de la región, frutos secos, hierbas y especias, jabones, manteles bordados en lino y las infaltables flores que dan una nota de color y hacen del lugar una fiesta para la vista.

La ruta de Van Gogh.

Si estamos en La Provence no podemos dejar de visitar Arles, una ciudad con gran valor histórico, cuyas ruinas son herencia de las civilizaciones griega y romana. Es imperdible el Anfiteatro —que data del 90 AC— y el Teatro Romano. Este antiguo escenario de gladiadores hoy es sede de juegos taurinos. Uno de sus ilustres visitantes fue Pablo Picasso, quien supo nutrirse de las corridas de toros como fuente de inspiración para sus obras.

En Arles fue donde se hospedó Vincent Van Gogh para recuperarse de sus duras afecciones. Allí quedó fascinado con la luz del lugar y el encanto de su entorno, seducido por las ondulaciones de las Alpilles y el Ródano. En Arles, Van Gogh llegó a pintar 300 cuadros en tan sólo quince meses. Muchas de estas obras se reconocen fácilmente al recorrer la ciudad, especialmente la emblemática Le Café La Nuit que se encuentra en una de las placitas de Arles.

Y con Van Gogh nos vamos a la ciudad Saint Remy de Provence, muy cerca de Arles. En el hospicio St Paul de Mausole, el artista también estuvo internado recuperándose de su enfermedad. Vale la pena descubrir los distintos rincones que inspiraron al genio holandés. Saint Remy de Provence es una ciudad pequeña pero muy acogedora. Allí nació el astrólogo Michel de Nostredame, más conocido como Nostradamus, famoso por sus fatalistas predicciones. La gastronomía es inmejorable y sus bombones de frutas son famosos.

Medioevo en la cima.

Para el final quedó la frutilla de la torta: Baux de Provence o Les Baux como lo llaman hoy. En la cima de las colinas Alpilles se encuentra esta pequeña ciudadela medieval, que con 1.500.000 visitantes al año es uno de los puntos más bellos de Francia.

Al ingresar a la ciudadela nos sentimos dentro de una de esas historias que leíamos de niños, repletas de caballeros y princesas. Es fascinante caminar por las callecitas de piedra e ir descubriendo lugares increíbles como la capilla de St Blaisse, la Chapelle de Castrale y las pintorescas casitas de época, donde hoy se venden las típicas artesanías provenzales, entre ellas, los Santons, unas pequeñas figuras de cerámica que representan a los antiguos pobladores de la Provence. No hay que dejar de visitar la cumbre de la fortaleza, donde se encuentran las armas con las que se combatía en la Edad Media. Allí se puede apreciar una catapulta de más de 16 metros de alto que pesa siete toneladas. Para dispararla se necesitaba el esfuerzo de 60 hombres. ¡Realmente impresionante!

Toda esta región es una zona de canteras, formada por piedras calcáreas. De hecho, una de las explicaciones de por qué se llama "Baux" es que aquí se halló la primera piedra denominada bauxita. Todo esto viene a cuento ya que en estas viejas canteras se puede vivir una experiencia de imágenes y sonidos única en el mundo: el espectáculo Carrières de Lumières (Canteras de Luces). Imagínense una cantera cerrada y oscura, donde se proyectan imágenes de los grandes maestros del Renacimiento como Leonardo, Miguel Ángel y Rafael, que van desde el piso de las paredes hasta el techo, acompañadas de la música del Magníficat. Otro espectáculo recomendable en estas imperdibles canteras es El viaje fantástico, basado en Veinte mil leguas de viaje submarino, la famosa obra de Julio Verne.

Una despedida perfecta.

Todo gran viaje necesita una despedida acorde, y así tuvimos la oportunidad de hospedarnos en Baumaniére. El HotelSpa fue el primero reconocido como Chateaux Relais y cuenta con dos restaurantes, jardines, parques, piscinas, huertas, plantaciones de vid y su propia bodega, cuyos vinos son ganadores de premios internacionales.

Según Jean André Charial, propietario del complejo cuya cocina es reconocida con dos estrellas de la guía Michellin, su éxito se basa en contar con productos de calidad, como los que brinda esta generosa región, que son de origen orgánico y le brindan identidad y sabor a los platos.

Es un privilegio comprobar la sensibilidad de este artista culinario y disfrutar la comodidad y el buen gusto de este hotel con tanta historia. Presidentes, reinas, princesas, artistas plásticos, actores y actrices pasaron por ahí y hoy están retratados en las galería de fotos que decoran las paredes del restaurante L Oustau De Baumaniére. Sin duda, el final perfecto. *Invitada por Air France y Atut France a La Provence.

Viajando en una cama.

El largo viaje fue una oportunidad perfecta para estrenar las nuevas cabinas Best de la empresa Air France, que con todas sus comodidades hacen sentir a uno como si estuviera en su propio dormitorio. Las Tres F del servicio: Full Flat, Full Acces and Full Privacy, permiten gozar de absoluta privacidad, accesibilidad y confort. Estos “nidos en el cielo” posibilitan a uno circular sin molestar a nadie y sin que lo molesten a uno. A eso se suma la atención a bordo, que completa un servicio cinco estrellas. Uno de los pasajeros, que en teoria tenía problemas para conciliar el sueño, no pudo evitar confesar al despertar: “Dormí como un angelito”. Esta comodidad fue fundamental al llegar a tierra, dónde comprobamos que los tan famosos efectos del jet lag fueron casi nulos, una ventaja importante considerando el intenso itinerario que nos esperaba por nuestro viaje por La Provence.

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