Viajes

Egipto busca mostrar sus maravillas al mundo

Luego de una fuerte caída del turismo, El Cairo busca recuperarse con obras faraónicas, como el Gran Museo Egipcio, e importantes inversiones, pero sobre todo con perseverancia y promoción.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Egipto es un país con múltiples postales para sus visitantes

"Todos estos por veinte dólares", dice gritando, una y otra vez, mientras apila diez bolsas con monedas y estampillas egipcias. Apenas segundos antes, ofrecía sólo dos bolsas por el mismo precio. Son las 10.30 de la mañana en Guiza, en las afueras del Cairo, y el vendedor insiste más de lo habitual. Prácticamente no se ve a nadie en el complejo que alberga las célebres pirámides de Egipto, aunque la mayor de ellas sea la más grande de toda la historia faraónica y la única de las siete maravillas del mundo antiguo que sigue en pie.

Atrás quedó el récord de 15 millones de visitantes por año registrado en 2010. Eso fue meses antes de la Primavera Árabe, una serie de protestas populares que revolucionaron la región y provocaron la caída de Hosni Mubarak, al frente del gobierno durante tres décadas. El país lucha desde entonces por combatir el extremismo islámico y alcanzar la estabilidad política.

Las autoridades egipcias, sin embargo, son optimistas. Aseguran que el éxodo masivo comenzó a revertirse en los últimos meses, y trabajan sin descanso en proyectos —literalmente— faraónicos. No es la primera crisis que atraviesa esta cultura milenaria, habituada como ninguna a mirar hacia el futuro.

A dos kilómetros de las pirámides levantadas hace 4500 años, un grupo de expertos restaura miles de piezas de la tumba de Tutankamón nunca antes exhibidas. Serán parte del valioso patrimonio que alojará el Gran Museo Egipcio, el más grande del mundo dedicado a una sola civilización, que aspira a recibir cinco millones de visitantes por año. El proyecto realizado por el estudio irlandés Heneghan Peng Architects, de 45.000 metros cuadrados con vista a las pirámides, tendrá espacio para exhibir unos 100.000 objetos antiguos.

"Se inaugurará en 2022 si logramos reunir los fondos necesarios para terminarlo. Hoy es más importante que nunca proteger el patrimonio de la humanidad, especialmente después de lo que ha ocurrido en Siria", dice Tarek Sayed Tawfik, director del museo. Se refiere al saqueo arqueológico impulsado por el grupo extremista Estado Islámico (EI) y denunciado por la Unesco.

Egipto sintió ese riesgo demasiado cerca el 28 de enero de 2011, cuando varios saqueadores se llevaron 70 piezas del Museo Egipcio ubicado en el centro del Cairo, frente a la convulsionada plaza Tahrir, mientras un edificio vecino ardía en llamas. La población reaccionó formando un un cordón humano alrededor de la institución que alberga las momias mejor conservadas de los faraones y la tumba y los tesoros de Tutankamón; sólo la máscara funeraria del faraón, realizada 1350 años A.C., es un objeto de 11 kilos de oro y piedras preciosas de indescriptible belleza.

Promesas de una nueva era.

Una belleza similar se observa desde uno de los edificios más altos en El Cairo. Hay que pagar 20.000 dólares la noche para ver el Nilo desde esta Suite Real de 650 metros cuadrados, en el piso 20 del hotel Marriott, elegida por clientes famosos como Richard Gere. Se ubica en una de las dos torres anexas al Palacio Gezirah construido en 1869 para la inauguración del Canal de Suez, vía de navegación para el comercio global que une el Mediterráneo con el Mar Rojo. En agosto pasado, tras una obra de ampliación terminada en apenas un año, fue presentado por el actual presidente Abdel Fattah al-Sisi como "un regalo de Egipto para el mundo".

La estrategia para reimpulsar la economía local incluye también una campaña de publicidad para recuperar el turismo, la tercera fuente de ingresos del país, que cayó un 40% desde 2010. Recién en julio de 2015, asegura el gobierno, las cifras comenzaron a repuntar. "Será un turning point, marcará una nueva era", promete Khaled Ramy, ministro de Turismo de Egipto, a un grupo de periodistas de distintos países.

La comitiva pasea en un felluca, barco de madera a vela, por las tranquilas aguas del Nilo. Desde pocos metros de distancia nos vigilan policías vestidos con remeras Dolce & Gabbana. El almuerzo a bordo, de frente a la brisa fresca que sopla desde la costa de El Cairo, surte efecto: hasta aquí no llegan los bocinazos que traen ecos de la vida urbana a la capital egipcia, que 2000 años atrás ofreció refugio a la Sagrada Familia y hoy recibe a los turistas con escáneres y perros guardianes en cada hotel.

"Lo más importante es enviar al mundo un mensaje de confianza", opina Cesare Rouchdy, director regional de marketing del Hotel Four Seasons, mientras ofrece vino Scherezade y recomienda vivir la experiencia felluca al atardecer, con una cena para dos y música en vivo. "El 2015 fue estable respecto del anterior, y en marzo una conferencia internacional trajo inversores en busca de oportunidades —agrega—. Los turistas regresarán en forma gradual cuando los negocios comiencen a crecer." Los vecinos de Medio Oriente, según Rouchdy, serán los primeros en volver. Luego vendrán los europeos, los latinoamericanos y los estadounidenses, en ese orden. Por último los asiáticos, más tradicionales, que reservan con mucho tiempo de antelación.

Luxor, morada de faraones.

A una hora de vuelo de El Cairo, en Luxor, otro bote navega por el único río del país. La temperatura comienza a bajar y las luces destacan los célebres templos de Luxor y Karnak, unidos por la impactante Avenida de las Esfinges, de casi tres kilómetros de largo. Es el momento ideal para que los visitantes puedan conocer la historia de esta ciudad, capital del Antiguo Egipto por más de mil años.

Entonces fue elegida por muchos faraones como residencia para su vida después de la muerte. Cavada bajo el desértico Valle de los Reyes se encuentra entre más de cincuenta similares la tumba de Tutankamón, la única hallada por los arqueólogos con sus tesoros intactos. No tuvo la misma suerte el templo construido por Hatchipsut, una de las pocas mujeres que llegaron a faraonas, ya que su sucesor mandó a borrar todas las imágenes que representaran a la madrastra que le había usurpado el trono.

"Parece una telenovela mexicana", bromea una de las periodistas del grupo mientras el guía relata intrigantes historias de poder, corrupción, mentiras, robos y traición. Un combo irresistible que según el gobernador local, Mohamed Badr, atraerá más turistas cuando Luxor mejore su infraestructura. "Incluso proyectamos instalar un teleférico sobre el Nilo y un estadio de fútbol para que entrenen grandes equipos", comenta en un susurro, sentado en el jardín de un palacio construido en 1886 que hoy integra la cadena Sofitel, a pocos minutos de una paradisíaca sede del Hilton. "Tenemos a los principales hoteles de lujo, pero necesitamos además un centro comercial con vida nocturna, con buenos bares y restaurantes", dice Badr, quien se jacta de haber destrabado en pocos meses el canal burocrático para atraer inversores y modernizar esta antigua ciudad sagrada.

Sharm El Sheikh, destino de paz.

Los pájaros trinan entre las flores del Four Seasons de Sharm El Seikh, un cálido Jardín del Edén sobre el Mar Rojo, donde es posible alojarse por 380 dólares la noche. Parece obvio por qué se asocia con la paz a esta ciudad, la más visitada de Egipto, aunque no es sólo por la vida tranquila y submarina que atrae a los buzos más expertos del mundo. También aquí se alojaron varias cumbres internacionales destinadas a solucionar el histórico conflicto entre israelíes y palestinos.

Nada hace recordar los atentados que hace una década dejaron 90 muertos en distintos puntos de la ciudad. Los resorts continúan multiplicándose en este destino con buen clima garantizado: aquí llueve apenas dos días al año.

Después de una tarde dedicada a los deportes náuticos, la noche nos encuentra sentados sobre alfombras alrededor de una mesa en el desierto de la península del Sinaí. En esta típica cena beduina nos rodean camellos dispuestos a pasearnos bajo las estrellas, narguiles listos para fumar tabaco y una bailarina que nos invita a sumarnos a su provocadora danza del vientre. "Si uno piensa en estar seguro no sale de su casa", dice otra integrante de la comitiva invitada, que vive en Nueva York. "Hay que animarse a vivir —agrega—. De esto se trata vivir". 

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