CIENCIA

Dormir despiertos: ¿se puede controlar lo que soñamos?

Los sueños lúcidos son un fenómeno más común de lo que se cree. Implica ser consciente y hasta poder dirigir las ensoñaciones. Son más frecuentes entre niños y jóvenes. Y, con paciencia, se puede aprender a generarlos.

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Los sueños lúcidos podrían tener un uso terapéutico, sobre todo para tratar las pesadillas recurrentes.

Volar es, quizás, el sueño más recurrente. Extender los brazos y sentir que el cuerpo se eleva y se traslada en el aire es una imagen que suele repetirse en la mente de niños, jóvenes y adultos. Pero, ¿qué pasaría si se pudiera tener el control absoluto de los sueños? ¿Si fuera posible entrar y salir de ellos a voluntad? ¿Si se los pudiera dirigir y moldear? ¿Si empezaran y terminaran en el momento justo que lo dicta la conciencia? Porque aunque todavía haya una legión de escépticos que no lo creen, aquella situación que mostró Leonardo Di Caprio en la película de ciencia ficción El origen, en la que se infiltra en los sueños de sus víctimas para estafarlos, no está tan alejada de la realidad. El germen de esa idea sobre la que el director Christopher Nolan construyó su historia se llama sueños lúcidos y es la capacidad de algunas personas de ser conscientes de que están soñando. "Uno lo ve en las películas y parece que fuera un episodio extremadamente raro, pero no es una cosa rara ni volada, posiblemente muchos de nosotros tenemos sueños lúcidos y no nos damos cuenta", sostiene el director del Laboratorio de Neurobiología del Sueño de la Facultad de Medicina, Pablo Torterolo.

Este fenómeno ocurre durante la etapa del sueño REM (Rapid Eye Movement), cuando la persona atraviesa una suerte de estado intermedio entre la ensoñación y la vigilia. De hecho, algunas investigaciones internacionales demostraron que la corteza prefrontal del cerebro —fundamental en la toma de decisiones ejecutivas y "apagada" o "deprimida" durante los sueños— se vuelve a activar "a un nivel intermedio" en este tipo de situaciones. "Una de las características de la actividad onírica normal es que uno no la controla. Con los sueños lúcidos, que tienen un componente de vigilia, se dice que uno podría hasta cierto punto dirigir lo que se quiere soñar", dice Torterolo. Consultado por el diario español La Vanguardia, el experto en "el arte del yoga de los sueños" Iñaki Martín-Subero, lo resumió así: "En los sueños lúcidos podemos reconocer el sueño como tal, permanecer conscientes dentro de él y cambiar su contenido".

Pese a que han sido estudiados científicamente a través de pruebas y experimentos en los institutos y universidades más prestigiosas del mundo, en Uruguay el tema casi no se ha abordado desde la medicina ni la psicología. Por ahora, se sabe que los adultos rara vez los tienen y que son mucho más frecuentes entre los 10 y 19 años, en especial entre los niños más inteligentes.

A veces, los pequeños empiezan a soñar de una manera lúcida como una forma de autodefensa ante las pesadillas. "Si coincide con una pesadilla, el niño se da cuenta de que está soñando, y si son frecuentes aprenden a cambiar el contenido del sueño. Es una aplicación terapéutica", publicó el diario ABC en un listado de diez "curiosidades" sobre el tema. En tanto, un estudio llevado a cabo por el Instituto Central de Salud Mental de Mannheim, Alemania, concluyó que gran parte de la población ha tenido un sueño lúcido al menos una vez en su vida.

Aprender.

"Me di cuenta de que estaba soñando. Levanté mis brazos y comencé a elevarme (en realidad estaba siendo llevado). Me elevé hacia un cielo negro que se fundía hacia el índigo, el púrpura oscuro, el lavanda, el blanco y después hacia una luz muy brillante. Todo el tiempo durante el cual se me elevaba, había la música más bella que jamás he oído. Parecían voces más que instrumentos. No hay palabras para describir la alegría que sentía", dice un voluntario de Michigan, Estados Unidos, quien prestó su testimonio para el libro Explorando el mundo de los sueños lúcidos, de Stephen LaBerge, uno de los principales expertos en el tema.

Este texto, publicado por primera vez en 1990, es la continuación de Sueños Lúcidos, un libro más teórico a partir del cual alrededor de diez mil personas le escribieron a LaBerge para describirle sus "experiencias y descubrimientos", pidiéndole además "información práctica" sobre el sueño lúcido.

Así, Explorando el Mundo de los Sueños Lúcidos es un plan de auto-enseñanza, algo así como un método paso a paso para aprender a tener sueños lúcidos y usarlos. "Usted puede aprender, a su propio ritmo y con la intensidad que desee, cómo explorar sus sueños lúcidos y cómo usarlos para enriquecer su vida", asegura en uno de los primeros capítulos.

Sin embargo, advierte pocas líneas más adelante el autor, no basta con solo hojear el libro. "Como todo lo demás que merece la pena aprender, los sueños lúcidos requieren esfuerzo. La motivación es un prerrequisito esencial; debe desearlo realmente y conseguir el suficiente tiempo para practicar. Si persevera con los ejercicios y procedimientos, estamos seguros de que incrementará su habilidad a la hora de tener sueños lúcidos", dice este ex-Harvard, ahora a medio camino entre la ciencia y la autoayuda.

Torterolo advierte que si bien los sueños "están diseñados para no ser recordados", con entrenamiento se deberían poder lograr más y mejores sueños lúcidos. En el Laboratorio de Neurobiología de los Sueños no hay un equipo dedicado al tema, pero el trabajo de LaBerge es conocido por haber significado "un gran paso adelante" en la investigación. "Creó un código a través del cual logró que una persona que estaba soñando en la etapa REM fuera capaz de decirle al investigador que estaba teniendo un sueño lúcido mediante un patrón de movimientos oculares", cuenta Torterolo. La alemana Ursula Voss, catedrática de psicología de la Universidad de Bonn, marcó otro mojón: demostró que mediante estipulación externa —como corriente eléctrica, por ejemplo— se puede convertir una actividad onírica normal en un sueño lúcido.

Terapia.

Más allá de la efectividad de estas experiencias a nivel científico, ser dueños y señores de nuestras propias entonaciones puede ser útil para mejorar la calidad de vida en la vigilia, así como para abordar problemas de pesadillas recurrentes o estimular habilidades como la creatividad.

Según Torterolo, podría servir desde el punto terapéutico para trabajar con el estrés postraumático, una patología que genera "efectos importantes" en los sueños. "Una de las características principales del estrés postraumático es la pesadilla del episodio que se vivió. Si se pasó por un accidente, una violación, una guerra… la persona cada vez que se duerme sueña con eso y se despierta. Se despierta por el sueño", explica. "Se habla de que con el sueño lúcido uno puede dirigir sus sueños y que uno podría cambiar el final de la historia y modificarla. En ese sentido, serviría para mejorar el estado emocional de la persona", opina.

Para avanzar hacia su uso terapéutico, un grupo de neurocientíficos del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano en Berlín y el Instituto Max Planck de Psiquiatría, en Munich, compararon las estructuras cerebrales de las personas que tienen sueños lúcidos de forma habitual con las de quienes no los tienen nunca o casi nunca. Lo resultados, que se publicaron en The Journal of Neuroscience, develaron que la corteza prefrontal (el área del cerebro que controla la toma de decisiones, los impulsos y el comportamiento social), es más grande en los soñadores lúcidos. Desde el psicoanálisis, ya se están tejiendo conjeturas: quizás, las personas que tienen sueños lúcidos disfrutan —demasiado— de tener el control de sus acciones, sea despiertos o dormidos.

Un poco de historia, voluntad y tácticas.

El término, que fue acuñado por el psiquiatra Frederik van Eeden, remite al estado de conciencia en el cual una persona tiene la posibilidad de ejercer cierto grado de control sobre sus actos en el sueño, o de manipular o controlar sus experiencias en este.

Las investigaciones sobre sueños lúcidos comenzaron en el siglo XIX. En 1968 la investigadora Celia Green concluyó que esta experiencia se diferenciaba claramente del sueño ordinario. Según la científica Beverly DUrso, muchas personas buscan experimentar sueños lúcidos con la intención de ser capaces de hacer cosas que no pueden hacer en la vida real.

"De acuerdo con mi experiencia y el testimonio de miles de otros soñadores lúcidos, lo sueños lúcidos pueden ser extraordinariamente vívidos, intensos, placenteros y exultantes", dice LaBerge en su libro.

Entrenarse para lograr un sueño lúcido puede llevar hasta seis meses. Según LaBerge, la frecuencia aumenta si las personas aprenden a detectar los contenidos absurdos de los sueños.

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