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Don Francisco, entre la posteridad y el retiro

A los 74 años, y en la última etapa de su carrera, el conductor Mario Kreutzberger habla de sus planes para dejar la pantalla, cuenta que se ha puesto más religioso y reflexiona sobre su vejez.

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"En este negocio, sin ego no se funciona", dice Don Francisco.

Mario Kreutzberger, Don Francisco, sentado en una mesa del hotel Sheraton chileno, dice: "Uno, difícilmente, está preparado para dejar algo que quiere mucho o para no aparecer. Yo sé que esto para ti es difícil de entender, porque son etapas distintas. Yo he tenido tu edad, y tú no has tenido la mía".

Es verano. Su rostro se ve descansado, pero su edad y el fantasma del retiro siempre están ahí. Su pelo está gris y unas pocas canas empiezan a aparecer. "Cada cierto tiempo me lo tengo que teñir, pero espera dos semanas y verás que va a estar gris de nuevo. Yo lo tengo blanco blanco", dice, mientras hace un gesto y muestra las raíces de su cabellera, blancas. El 28 de diciembre cumplió 74 años.

"Cuando empecé en la tele, durante 10 años tuve muchísimas más críticas que alabanzas, y escuché a la crítica y aprendí de ella. Y mejoré. Por eso, hoy con las críticas que se hacen a la Teletón (evento televisivo que en Chile es conducido por él), pienso que hay que escucharlas y mejorar. Pero hay que saber dilucidar cuáles son bien intencionadas y cuáles no. Creo que se puede mejorar, porque esto hay que mantenerlo, es bueno para Chile".

Mario Kreutzberger toma entre 8 y 10 pastillas diarias, para la diabetes, para la tiroides. Dejó la carne, algo que nunca pensó que iba a poder hacer. Ya no puede viajar tan seguido, porque le cuesta recuperarse. Y no puede llegar y trabajar enseguida, como lo hizo por más de 50 años.

Conductor de Sábado Gigante, está en algo así como la quinta etapa de su carrera televisiva. Haciendo una reseña de qué es lo que antes estuvo dispuesto a hacer para lograr el éxito en televisión, es evidente que ahora está menos dispuesto.

"Es que todo depende de la etapa de la vida en la que estés —explica— porque hay que adaptarse, eso es normal, pero no tanto tampoco. En la primera etapa uno está dispuesto a aceptar lo que venga, porque uno piensa tengo que entrar en esto; en la segunda etapa, a lo que venga, porque tengo que crecer; en la tercera etapa, no tanto a lo que venga, porque ya tengo algo que perder, que son los 30 años de nombre que he construido; en la cuarta etapa, mira, sí voy a tratar de adaptarme lo mejor que pueda; pero en la otra etapa tú dices, ¿sabes?, he vivido todas las etapas anteriores y quizá yo pueda hacer un mayor aporte en otra cosa, aunque no tenga la misma efectividad, aunque no sea tan exitoso, y ahí vuelve a existir esta lucha interna entre el hombre y sus circunstancias".

El retiro

"Mucha gente pregunta bueno, y tú, ¿cuándo te vas a retirar?. Y yo quisiera retirarme un segundo antes de cuando me tenga que retirar por obligación. Retirarme para mí va a ser muy doloroso, porque esto ha sido mi vida, mi pasión. La comunicación es mi pasión. Entonces, si me van a retirar, me va a doler mucho más que si yo me retiro a tiempo. Por lo tanto, mi lucha desde hace mucho es: cuándo es el momento".

—¿Y qué cosas deben pasar para que tome la decisión?

—Mi responsabilidad es dejar encaminada la Teletón con una generación diferente, porque lo más importante que he hecho en la vida es construir mi familia, con mi esposa acabamos de cumplir 52 años de matrimonio. Y el segundo gran proyecto es la Teletón.

—Es muy vanidosa la gente de la televisión. ¿Qué tan vanidoso es usted?

—En este negocio, sin ego no se funciona.

Hace años, Mario Kreutzberger contó en una entrevista que había salido de vacaciones y se había aburrido. Que no estaba acostumbrado a no tener nada que hacer. Que su rutina incluía que le pasaran un papel con todas las cosas que tenía que hacer en el día. Esa vez, para no arruinar las vacaciones, pidió que le enviaran un papelito donde decía: 9:30, levantarse; 10.30, salir; y así todo el día. Hoy, la historia es distinta.

"Mi sueño, para cuando ya no trabaje en la tele, es hacer más viajes de placer. En general, solo he hecho viajes de trabajo: viajé por 166 países haciendo la Cámara viajera. El año pasado recorrí Chiloé con mi señora y una pareja amiga, y al mes siguiente con mis nietos hice un recorrido por todo el norte. Y antes hice un crucero de una semana por todos los puertos de Croacia. Cosas que no hacía".

Además, comenzó a celebrar el shabbat, la ceremonia judía, todos los viernes en la noche. En la ciudad que esté, Santiago o Miami, reúne a un grupo, de 10 a 15 personas, a hablar del Antiguo Testamento y comentarlo, de acuerdo a las creencias de los invitados. "No he sido nunca religioso, soy agnóstico; antes pensaba que significaba que uno era ateo, pero cuando leo la Biblia, pienso que si es divina, muchísimo mejor, pero si no es divina, lo que esos hombres escribieron hace 3.300 años es extraordinario y es aplicable al día de hoy".

—A partir de esto, ¿ha habido gente que se acerca a usted a pedirle consejos?

—Siempre se me ha acercado mucha gente para eso, no solo ahora. De hecho, alguna vez tuve la idea de hacer un libro que se llamara Conversaciones a gran altura, que serían las que he tenido arriba de los aviones, que son muchísimas. Es que, esto no lo he contado, tengo conversaciones con la gente y a través de percepciones voy descubriendo cosas. No soy vidente, pero me doy cuenta de lo que les pasa a las personas, cuando un tema les toca.

—Y cuando un tema le toca a usted, ¿con quién llora las penas?

—Soy bastante solitario, pero muy buen amigo de mí mismo. No sé si todos hablan consigo mismo, pero yo sí. Tengo mucho tiempo para hablar conmigo en la noche, cuando me voy a dormir.

Un buen papá

Mario Kreutzberger dice que no miente. Que no le gusta dar una impresión que no es la que él tiene de sí mismo. Por eso cuenta que ha ido varias veces al psicólogo y al psiquiatra. La primera vez fue cuando sus hijos fueron al psiquiatra y dibujaron a la familia. Él, que era un gigante en la televisión chilena, para ellos era más pequeño que una pulga, y se estaba casi cayendo de la hoja.

"Parecía, por ciertas cosas, que yo faltaba en la casa. Este trabajo era bastante loco, y antes más. Yo era la Coca-Cola en el desierto, y la televisión era estelar, estelar. Le teníamos que dedicar mucho tiempo. Y yo, además, viajaba a hacer la Cámara viajera, eso me tomaba tres meses al año. Me impresionó mucho en ese entonces que ellos pensaran que yo no estaba mucho. Le pregunté al psiquiatra qué podía hacer yo. Me dijo: Usted tiene que demostrar que, en algún momento, les da preferencia a sus hijos. Y me sugirió que un día a la semana se los dedicara completamente. Así nacieron los martes especiales, donde terminaba de trabajar a las 12 del día. Íbamos a almorzar donde ellos querían. Resultó excelente, hasta hoy ellos se acuerdan. Duró dos o tres años".

—¿Cree que fue un buen papá?

—Si se trata de tiempo, y de calidad del tiempo, no fui buen papá. Si se trata de afecto, fui buen papá. Yo no era un taxi que los llevaba a todas partes, era una ambulancia, cuando había una emergencia yo estaba ahí, pero eso no era suficiente.

Su hijo menor, Francisco, quien trabaja como productor, una vez le regaló un frasco vacío para un cumpleaños, con un papel adentro. El papel decía: "Papá, tú tienes todo, no hay nada que te pueda regalar, lo único que te falta es tiempo".

—Si volviera a vivir, ¿qué cambiaría?

—Es que no se puede medir así. Esa pregunta es una mentira, porque al final te podría contestar cualquier cosa. Es filosofía barata. La vida hay que vivirla y se va modificando en el camino. *El Mercurio

"En los medios lo positivo no vende"

Frente a la pregunta de si siente que en televisión es igual de exitoso que hace 10 años, el conductor reflexiona sacando sus credenciales. "Es interesante. Acá no se pregunta por cosas positivas, solo por las malas, porque lo bueno no vende, no interesa. Obvio que a los 74 años no puedo ser tan exitoso como lo fui a los 35, cuando tenía la fuerza que hoy no tengo. Pero sigo saliendo primero nacional en Estados Unidos, eso nunca me lo han preguntado. Soy la figura que se ha ganado todos los premios que existen en la tele. No hay ninguno que no me haya ganado. A lo mejor no me los merezco, pero los he ganado, tengo la Estrella en Hollywood, estoy en el Hall de la Fama. La radio, la televisión, los diarios y las revistas están dirigidos a la polémica, y ningún título positivo vende. Y es por eso que este país (Chile) está crispado. Y me preocupa. ¿Me preguntas si tengo el mismo éxito? Te digo: no puedo tener el mismo éxito, porque no tengo el mismo compromiso, el mismo tiempo con Chile. Viajo menos, porque necesito más días de reposo para recuperarme. ¡Pero soy el único tipo que tiene un programa por 52 años en el aire en el mundo! Todavía este programa, que lleva 30 años en Estados Unidos, sale entre primero, segundo y tercero nacional, pero eso no le interesa a nadie acá".

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