Nombres

Disparen sobre la diva de los almuerzos

Mirtha Legrand se convirtió en la voz de los anti kirchneristas en el momento más apasionado del debate político argentino.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Mirtha Legrand

LUIS PRATS

Lo dice cualquier libro escolar: Argentina limita al Oeste con Chile, al Norte con Bolivia y Paraguay, al Este con Brasil y Uruguay. Los manuales de política hablan de otra frontera, invisible pero profunda y alambrada, que recorre todo el país. Separa por ejemplo el aristocrático Barrio Norte de La Matanza, un distrito bonaerense de nombre intranquilizador y más poblado que Montevideo; también pone en dos mundos diferentes a provincias como Córdoba y Formosa. En el pasado, la distancia inconmensurable era entre peronistas y gorilas. Hoy se habla de los K y los anti K, separados por la grieta.

Hace pocos días, Mirtha Legrand sorprendió a sus comensales televisados. Comenzó criticando a la presidenta Cristina Fernández por "caprichosa" y "autoritaria". Y finalmente metió el dedo en la grieta: "Creo que es una dictadura lo que estamos viviendo", afirmó, convencida.

No era la primera vez que la diva de los almuerzos realizaba un comentario urticante. En su larga carrera se acostumbró a estar en el centro de la escena. Pero esta vez llegó hasta el nudo del debate político más álgido. Las repercusiones fueron inmediatas y amplias. A favor y en contra.

Pocos días después elevó la apuesta, cuando leyó al aire un comentario de un lector de Clarín, que reclamaba una alianza entre los candidatos opositores Mauricio Macri y Sergio Massa para vencer en octubre al postulante oficialista Daniel Scioli, como se unieron en el pasado Churchill y Roosevelt con Stalin para frenar a Hitler. Uno de sus invitados, el periodista Mario Massaccesi, le advirtió sobre el desatino de la comparación. La presentadora se molestó y recurrió a su salida habitual en estos casos: "Vamos al corte", reclamó.

Mirtha Legrand tiene 75 años de carrera en el espectáculo, con más de 30 películas, una decena de obras de teatro, varias participaciones en series y casi medio siglo de entrevistas por televisión. La gran mayoría de los argentinos de hoy nacieron y crecieron viéndola compartir su mesa con políticos, artistas, empresarios y deportistas. En ese período atravesó sin despeinarse numerosas polémicas, aunque esta vez parece ser diferente, porque se convirtió en la voz más dura de los anti K.

La respuesta menos despiadada fue "que se retire de una vez", aludiendo a su larguísima trayectoria. Su edad representó durante largo tiempo uno de los mayores misterios del país. Todo el mundo sabe que se llama Rosa Martínez. Las alternativas de su vida conyugal con Daniel Tinayre fueron un secreto a voces. Pero el año de su nacimiento era motivo de especulaciones y cálculos, hasta que su hermano mayor José lo reveló en una entrevista hace dos años: "En honor a la verdad, yo soy de 1925 y mis hermanas de 1927", confesó.

Dos hermanas.

Mirtha, en realidad Rosa, nació en un pueblito santafesino llamado Villa Cañás. Con ella vino al mundo su gemela María Aurelia. Y juntas comenzaron a tomar clases de baile y canto, pensando en una carrera artística.

Cuando murió su padre, en 1936, la familia se radicó en Buenos Aires, donde las hermanas continuaron con su vocación. En la Argentina de aquel tiempo, los sueños solían tocarse con la realidad y también con los mitos. Cuentan que hubo un concurso de belleza, que Rosa lo ganó y el propio presidente de la Nación, Roberto Ortiz, la condecoró.

Eso le valió una módica fama, que el director Luis César Amadori aprovechó para contratarla bajo el nombre Rosita Luque para actuar como extra junto a su hermana en la película Hay que educar a Niní, con la legendaria humorista Niní Marshal. Corría 1940...

Alguna magia tenían las gemelas, todavía adolescentes, porque siguieron más películas, con carteles cada vez mayores, ya como "las hermanas Legrand", Mirtha y Silvia, bautismo pergeñado por su representante, Antonio Cerebello.

En 1944, Silvia se casó con un militar y se alejó del espectáculo y hasta de la vida pública. Un año más tarde, la que pasó por el altar fue Mirtha, pero su destino fue diferente. Su esposo era un destacado director de cine franco argentino, Daniel Tinayre, clave en la carrera posterior de la muchacha. A partir de ese momento ella cambió las comedias por los temas dramáticos.

A mediados de la década de 1960 Legrand se alejó del cine. Unos años más tarde volvió al primer plano con el ciclo televisivo Almorzando con las estrellas. Pronto fue un éxito y pasó a llamarse Almorzando con Mirtha Legrand.

La historia oficial la cuenta como una idea de Alejandro Romay, el poderoso dueño de Canal 9, cuando Mirtha le comentó su interés por conducir un programa sin libreto y con invitados. Hace poco, la presentadora Pinky afirmó que la anfitriona original de los almuerzos iba a ser ella, pero Tinayre había convencido a Romay de colocar a su esposa.

Desde aquel 1968 el programa se mantiene casi intacto, con pocas interrupciones (una de ellas se debió a un fugaz retorno a la actuación con la serie La dueña, de 2011) y algunos cambios de canal.

Polémicas.

En sus almuerzos, Legrand nunca se privó de interrogar sin miramientos a sus entrevistados, como cuando demandó al entonces gobernador de Buenos Aires Eduardo Duhalde sobre si tenía vínculos con el narcotráfico, o cuando le preguntó al diseñador Roberto Piazza si no había peligro de que una pareja de homosexuales violara a un hijo adoptado (lo cual le obligó a pedir disculpas al otro día). Y a veces cuestionó abiertamente a sus invitados, como ocurrió con la actriz Cecilia Rosetto por ser "demasiado de izquierda". Sus críticos le señalan que no se mostró tan inquisidora durante los años de la dictadura.

Al mismo tiempo, la diva mantuvo un total hermetismo sobre sus asuntos. Jamás hizo comentarios sobre las supuestas infidelidades de Tinayre; no hubo pelea pública y menos divorcio. Tampoco mencionó nunca la homosexualidad de su hijo Daniel o el tormentoso matrimonio de su hija Marcela con un playboy.

Los misterios de su edad, sus costumbres de señora de alta sociedad, su interés por estar informada (aunque ello implique curiosidad por lo ajeno y discreción por lo propio), formaron siempre parte de su imagen de superestrella en el variopinto firmamento argentino, y hasta contribuyeron a crearla. Pero al meter el dedo en la grieta cambió la perspectiva.

"Si mucha gente habla en contra del gobierno y a nadie la atacan tanto como a mí. ¿Por qué será?", se quejó ella. "¿Qué me van a hacer? ¿Me van a sacar de la televisión? ¿Me van a prohibir? Nada de eso va a suceder. Yo digo lo que pienso y lo voy a seguir haciendo. No tengo miedo", dijo. Habrá que esperar nuevas etapas de la discusión política al borde de un exquisito plato.

Criticado, parodiado, censurado.

Pese a que se trata del programa más longevo de la televisión argentina, Almorzando con Mirtha Legrand no tuvo una emisión continua desde su creación en 1968. A veces por situaciones de la propia conductora, como la muerte de su esposo. Otras, por bajo rating, aunque al final siempre encontró un canal de cable para emitirlo, incluso con otros formatos. Durante el gobierno de Raúl Alfonsín (1983-1989) quedó fuera del aire. Ella dice que por "censura" presidencial, en tiempos en que la TV estaba en manos del Estado. Pero hubo otros casos: en 1972 Alejandro Romay la apartó por hablar demasiado de política, contra sus órdenes, y dos años más tarde Isabel Perón la hizo echar de Canal 13 por preguntar a sus invitados si en aquel momento solo trabajaban los actores peronistas.

Casi por cábala, ella acostumbra preguntarse ante cámaras, cada fin de año, si estará de nuevo la próxima temporada.

También se conocieron parodias. La actriz argentina Haydée Padilla hizo Almorfando con La Chona en la década de 1970. En su papel cómico de La Chona, recibía a invitados "de verdad", aunque a diferencia de la Legrand, Padilla tomaba mate. También se recuerda al personaje Chichita de Cacho de la Cruz y sus almuerzos televisados en Uruguay.

Legrand y el Uruguay.

Mirtha Legrand tiene una casa de veraneo frente a la playa de José Ignacio, aunque hace tiempo que no la visita. Sin embargo, afirmó que podría venir a vivir al Uruguay si este año vuelve a ganar el oficialismo y la Presidencia la llega a ocupar alguna vez el postulante a vice, el ultrakirchnerista Carlos Zannini. La diva fue una presencia habitual en los festivales de cine de Punta del Este. De aquellos tiempos, esta foto: junto a China Zorrilla y Cristina Morán durante una recepción.

Premios de oro y platino.

En 1992, Mirtha Legrand recibió el premio Martín Fierro de Oro en homenaje a su trayectoria. Fue la segunda vez que se atribuía esta estatuilla especial después de la creación de la ceremonia en 1959. Pero como la carrera de Mirtha continuó, a los organizadores les pareció poca retribución y en 2009 le entregaron el primer Martín Fierro de Platino. Un año más tarde le tocó a la otra diva rubia argentina, Susana Giménez.

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