NOMBRES DEL DOMINGO

Diego Maradona: dieciséis años es mucho

El astro vuelve a dedicar largo rato a hablar sobre su persona favorita: él. Y es coherente reconociendo sus contradicciones.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El astro publica un libro sobre su visión de México 1986. (Foto: Google)

LEONEL GARCÍA

Diego Armando Maradona (55), quien alguna vez fue tan grande como el fútbol, vuelve a referirse a su persona favorita: él mismo. Y otra vez lo hace en forma de libro. En 2000 recordó todo su periplo vital, apasionante como pocos, y con la ayuda de los periodistas Ernesto Cherquis Bialo y Daniel Arcucci le dio vida a Yo soy el Diego, quizá la autobiografía más autoindulgente jamás editada. Ahora, cuando se cumplen 30 años de su ascenso al Olimpo del Fútbol, ofrece su segundo opus literario también con el apoyo de Arcucci: Mi Mundial, mi verdad (disponible desde la próxima semana en Uruguay) su propia versión de México ‘86, el evento en el que fue genio, figura y campeón. Desde ahí ya no volvió a ser considerado un mortal más, para bien y para mal.

La vida de Maradona, nacido en Buenos Aires el 30 de octubre de 1960, está llena de episodios que ameritarían por sí mismos un libro, de fútbol, de psicología y de sociología. Fue mendigo y príncipe, héroe y villano, capaz de realizar acciones de una gran nobleza como de chapalear en el fango de las miserias humanas. "Yo he cambiado mucho, es cierto, y muchos hablan de mis contradicciones. Pero en algo no cambié ni me contradije: cuando me decidí a jugarme por una causa, lo hice y lo di todo", dice en un fragmento de su nuevo libro. Y las dedicatorias de ambos textos muestran qué tanto puede cambiar un ser humano en menos de dos décadas.

En 2000 el Diego futbolista ya había quedado atrás y sus primeras experiencias como DT habían dejado mucho que desear. Había visto la parca de cerca en Punta del Este, por su abuso de las drogas. Había viajado a Cuba donde viviría varios años, rehabilitándose de su adicción y profundizando su amistad con Fidel Castro y su causa. Estaba casado con Claudia Villafañe, su amor de la adolescencia, y su representante Guillermo Cóppola seguía siendo su mejor amigo. Para la gran mayoría del público argentino, que hasta ayer nomás había gozado de sus hazañas, seguía siendo un dios pagano al que se le perdonaba todo. Salía a la venta Yo soy el Diego y en sus dedicatorias estaban incluidos: Dalma Nerea y Giannina Dinorah, sus hijas, antes que todo; a "la Claudia", su mujer; a todos sus seis hermanos, nombrándolos; a Carlos Menem, que acababa de dejar la Presidencia en Argentina luego de diez años; a Fidel Castro y a todo el pueblo cubano; a Cóppola; a un tal "Carlos", así a secas, que siempre se especuló que se trataba de Bilardo, su entrenador en México 86 e Italia 90; "y por último, a mi corazón y a Dios".

La realidad de Maradona hoy, vecino de Dubai, donde fue director técnico —sin mayor suceso— y ahora tiene el confuso rol de "embajador deportivo", es bastante complicada de definir. Sus 49 dedicatorias en el último libro dejan claro que 16 años es mucho: chau Claudia, hola Rocío (Oliva) su actual mujer, 30 años más joven; Dalma y Giannina, a quienes otrora mencionaba en cuanta ocasión hubiera, están en el séptimo lugar parapetadas bajo el genérico "a mis hijos" (que son cinco, de cuatro mujeres diferentes). Es obvio que en esto influyó el complicado divorcio Maradona-Villafañe, donde las chicas se pusieron del lado de su madre quien, en una declaración a la Justicia, expresó que la suya fue "una historia de aguantar lo inaguantable, de tolerar lo intolerable y de justificar lo que no tiene justificación". Saluda a sus hermanas; a sus dos hermanos varones los excluye.

También hay una dedicatoria a Fidel Castro. Pero en estos 16 años, su amor a las causas de izquierda parece haber aumentado, ya que también nombra a Raúl (Castro), a Nicolás Maduro, al canciller cubano Rodrigo Malmierca, a las memorias de Chávez y el Che, y a los pueblos originarios. Pero ese amor —vociferado en cuanta instancia puede— no le impide también haberle dedicado el libro a varios príncipes y sheiks de los Emiratos, quienes difícilmente tengan algún tipo de sensibilidad socialista.

Salvo a Héctor Enrique, Diego no menciona a ninguno de sus excompañeros del plantel campeón del mundo (excusa para la redacción del libro) en sus dedicatorias. Se sabe que nunca ha sido muy generoso con la memoria a sus viejos colegas. Al técnico Bilardo también lo eyectó de los saludos. Ambos están enemistados desde luego del Mundial de Sudáfrica 2010, cuando el exastro fue cesado como seleccionador nacional (tarea que cumplió con un irregularidad ya crónica). Sí, en cambio, fue homenajeado César Menotti, archirrival de Bilardo (y que no había disfrutado de ese honor en el primer libro).

De Maradona se puede decir muchas cosas, menos que es un dogmático desde el punto de vista político. Así como en su momento apoyó a Menem y al ultraneoliberal ministro de Economía Domingo Cavallo, luego se lo vio muy cercano a Néstor Kirchner y a Cristina Fernández, ubicados en la otra punta del arco político. Por supuesto, "Cristina", "La Cámpora" y "Moreno" (Guillermo, exsecretario de Comercio del Kirchnerismo) figuran entre los agradecimientos, seguidos por un lacónico "Volveremos".

El último de los agradecimientos de su nuevo libro va para "todos los maradonianos". Se refiere a la Iglesia Maradoniana, un culto en su honor creado el 30 de octubre de 1998 (día de su 38° aniversario), en Rosario, Argentina. Para muchos argentinos, la idolatría no es la misma, horadada por los años, los escándalos mediáticos, los hijos procreados y abandonados y un trapecismo político que muchos ven como gatopardismo y otros mero oportunismo. Basta leer los foros en las noticias que lo mencionan en los medios argentinos: ya no es una deidad intocable. Él, de alguna manera, se sigue sintiendo dios. O D10S, como lo llaman en la Iglesia a su imagen y semejanza.

PELEADO CON TODO EL MUNDO

Diego Maradona Jr. (29), el hijo que Diego tuvo con la italiana Cristina Sinagra, es uno de los participantes de la actual edición de Bailando por un sueño. A diferencia de lo que pasó con sus otros dos hijos extramatrimoniales, el exfutbolista siempre lo negó. Hace pocos días, Giannina Maradona, hoy panelista en un programa de TV, dijo creer en la versión que siempre corrió en la familia de que Diego Jr. en realidad es hijo de Hugo Maradona, hermano de Diego. Esa posibilidad también la deslizó Guillermo Cóppola, su exrepresentante. Como sea, hoy Diego está distanciado de Cóppola, de su hermano Hugo, de su hija Giannina y hasta de Marcelo Tinelli, el conductor del Bailando.

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