SALUD

Lo que las uñas dicen

Carta de presentación de una persona, también son reflejo de diversas enfermedades sistémicas. Así, por salud o belleza cada vez más gente le dedica tiempo y dinero a cuidarlas.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Son el reflejo de muchas enfermedades sistémicas.

Se cortan. Se pintan. Se liman. Se esculpen. Pero las uñas son mucho más que un detalle decorativo en la terminación de los dedos. Parte clave de los anexos de la piel —igual que el pelo y las glándulas sudorípadas— estas estructuras compuestas de queratina y con consistencia dura, cumplen una función de protección y colaboran en la prensión, el sentido del tacto y la motricidad fina. Pero para los dermatólogos tienen, sobre todo, otra utilidad: son el asiento de patologías específicas que las alteran y también el reflejo de muchas enfermedades sistémicas.

Es que la lámina de queratina es la parte visible, pero la uña es un aparato complejo constituido por varias piezas: la matriz —que es donde crece—, el lecho —donde reposa—, los pliegues que la rodean y el hiponiquio, que es el tejido que se encuentra debajo del borde libre de la uña, explica el dermatólogo y columista de Domingo Pablo Pera Pirotto. El nombre científico de este aparato es ungueal y "cualquiera de sus elementos se puede ver afectado".

Así, cardiopatías, enfermedades pulmonares o del sistema digestivo, deficiencias vitamínicas o problemas de la tiroides pueden afectar la anatomía, estructura y coloración de las uñas. Según Pera Pirotto, ciertas enfermedades que afectan la cantidad de oxígeno en la sangre —sea por trastornos cardíacos o pulmonares— son las responsables de los llamados "dedos hipocráticos", en los cuales la última falange aumenta de tamaño y las uñas quedan muy curvadas. Asimismo algunos tipos de anemia provocan una incurvación cóncava conocida como coilonquia.

Pero quizá lo más frecuente es que se vean afectadas por las enfermedades dermatológicas, como la psoriasis o los hongos. El primer caso, señala Pera Pirotto, es cuando se observan láminas ungueales engrosadas, "con cambio de coloración en forma de mancha de aceite y con múltiples pequeñas depresiones". Los hongos, por su parte, son una consulta reiterada, más que nada en lo relativo a los pies. "Muchas veces se trata de personas sudan en exceso y deben estar muchas horas del día con calzados muy cerrados", comenta. En estos casos el tratamiento se hace mediante fármacos antimicóticos por vía oral durante varios meses, hasta que la totalidad de la lámina crezca sana.

Como sucede con todas las partes de la piel, la alimentación es uno de los factores que más incide en la calidad y el estado de salud de las uñas. Así, tenerlas frágiles (finas y quebradizas) en general responde a déficits nutricionales, como falta de vitaminas y minerales, lo mismo que ocurre con el cabello. Al contrario, las uñas fuertes suelen ser consecuencia de llevar una dieta balanceada y rica en alimentos que contengan, por ejemplo, algunas de las vitaminas del complejo B, además de minerales como hierro, zinc y selenio. "Pero como muchas veces la dieta únicamente no basta", opina el dermatólogo, "es muy frecuente en la práctica médica la indicación de comprimidos que están formulados con estos componentes para mejorarlas".

Hábitos.

Más allá de las enfermedades, la práctica más común asociada a esta parte del cuerpo es la onicofagia, nombre científico para el (mal) hábito de comerse las uñas. Además de los efectos estéticos, esta conducta que refleja ansiedad o estrés también tiene consecuencias médicas, ya que cuando se realiza de forma crónica provoca un traumatismo constante y puede alterar la anatomía de las uñas. "Incluso la piel de la zona puede inflamarse e infectarse causando gran dolor", agrega Pera Pirotto.

En todas sus variantes es experta Noemí, que empezó con el hábito de niña y logró abandonarlo recién en la adolescencia, a pura fuerza de voluntad. Recuerda que se comía las uñas cada vez que estaba ansiosa: cuando estudiaba, antes de cada escrito o incluso mientras miraba una película. Además, por esa época estudiaba piano, instrumento que requiere tener las uñas cortas para poder tocar. "Mi debilidad era que al estar cortas me las mordía y terminaba comiéndomelas mal, al punto de quedar en carne viva. Y yo le echaba la culpa a la profesora, que me decía ¿Y yo que tengo que ver?". A los 15 Noemí tomó una decisión e ideó un método propio. "Empecé con una uña... me la pintaba con brillo para no mordérmela. Y de a poco hasta que dejé que las diez crecieran. Pero eso sí, ahora me como los pellejitos…todo no se puede", dice y se ríe.

Belleza.

Por salud o por estética, cada vez es más frecuente que mujeres y hombres cuiden sus uñas. "Las manos son una carta de presentación, se habla con ellas... Y los pies, no solo es cuestión de belleza, es también un tema de higiene, de cuidado personal", opina Inés Ubillos Caics, propietaria de U de Uñas, un spa exclusivo que abrió en Montevideo en 2005, cuando el nail art daba sus primeros pasos. Para Ubillos, fanática de "hacerse las uñas" — "durante años iba a la peluquería todos los viernes a las 19.30, era mi premio después de trabajar toda la semana"— la clave del éxito en este rubro pasa por la higiene y por jerarquizar el rol de quien trabaja sobre las manos. "Apostamos a la salud de la uña. Primero hacemos un diagnóstico, así aplicamos lo que mejor se ajuste a tus necesidades. No es una fábrica de hacer uñas, porque cada uno tiene sus particularidades".

De todos modos, los uruguayos todavía son conservadores a la hora de elegir entre la cada vez más amplia gama de tratamientos. En su local de Pocitos Nuevo, lo que más se pide es la manicuría clásica —para la cual tienen más de 300 colores— mientras crece el número de clientas que elige el esmaltado permanente en gel, más caro pero que dura unas tres semanas sin saltarse ni perder brillo. "Se cura con una lámpara led y queda seco inmediatamente".

Radicada en Uruguay hace casi un año y medio, la venezolana Camila González encontró en su hobbie una salida laboral. En un espacio de la peluquería Rubias y Morenas, en el Centro, se dedica sobre todo a las uñas esculpidas en acrílico, una técnica útil cuando las uñas naturales están muy cortas o dañadas. "Con este recurso he ayudado a que varias clientas dejen de comerse las uñas, porque se va logrando que esta crezca debajo del acrílico". Para no dañar la placa existente, el secreto es "texturizar sin limar en exceso". Esta técnica requiere un mantenimiento cada 15 días para evitar desprendimientos y posibles hongos.

Aunque el público sigue siendo mayoritariamente femenino, cada vez más hombres se animan a hacerse manos y pies. González atiende sobre todo empresarios que "quieren tener las manos impecables a la hora de cerrar un negocio", mientras que Ubillos recibe también muchos deportistas, que apuestan sobre todo al cuidado de las uñas de los pies. "Cada vez se animan más. ¡Y además son los más fieles!", revela.

De garras, cutícula y queratina.

Las uñas están formadas principalmente por células muertas endurecidas que contienen queratina, una proteína fibrosa que el cuerpo produce de manera natural. Originalmente cumplían sobre todo una función de protección y prensión, siendo el equivalente a las garras que tiene todo mamífero, explica el dermatólogo Pablo Pera Pirotto. "Sucede que el ser humano ha ido perdiendo funciones como las de defensa, o para procurarse alimentación, por ejemplo".

Para que estén sanas, el dermatólogo recomienda evitar "someterlas a productos detergentes o traumatismos", así como "intentar conservar la cutícula", que funciona como una especie de barrera que evita la entrada de hongos y bacterias. Un problema frecuente es cuando se encarnan, una alteración anatómica por lo general hereditaria que mejora con curaciones locales pero cuyo tratamiento definitivo es quirúrgico.

La ansiedad detrás del hábito.

El hábito de comerse o morderse las uñas, cuyo nombre científico es onicofagia, no es una enfermedad pero tampoco es una costumbre totalmente sana. Común en niños y adultos, en la mayoría de las ocasiones tiene un origen ansioso. Así, situaciones de estrés, nerviosismo, angustia o insatisfacción personal provocan que esta costumbre se intensifique, generando así un círculo vicioso difícil de romper. Además de las infecciones y el dolor, sus consecuencias son estéticas en las manos, los labios y, a veces, también en los dientes.

Opciones al alcance de la mano.

Hoy, el mercado uruguayo ofrece desde servicios de manicuría tradicional hasta uñas en gel o acrílico, según el gusto y la necesidad. Los precios varían desde 250 pesos la opción más económica hasta alrededor de 2.000, cuando son en acrílico. Con esta técnica, el profesional lima la uña existente para que quede porosa y sobre ella aplica el producto. Para Camila González, que trabaja en un espacio de Rubias y Morenas, esta técnica es beneficiosa cuando los clientes se comen las uñas y entre quienes quieren lucir diseños elaborados. Prefiere no utilizarla con adolescentes.

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