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Cumplir 70 celebrando a un genio inmortal

El 2 de octubre la Comedia Nacional festejó sus siete décadas con el estreno de Otelo, que irá hasta diciembre. Domingo acompañó al elenco en el ensayo general y durante la función.

El elenco de la Comedia en ensayo general
Andrés Papaleo preparándose para el Bufón
Todo el equipo de Otelo previo al ensayo
Dan Jemmett, inglés que dirige Otelo
Stefanie Neukirch con Heber Vera
Lucio Hernández con Adán Torres
Lucio Hernández como Otelo

El telón se cerró suave, como queriendo no cerrarse. Cayó lentamente sobre el escenario del Teatro Solís y dejó atrás a 14 actores que saludaban junto a su director y que uno, dos, tres minutos antes habían dejado la vida en una de las tragedias más grandes de la historia. "Dejar la vida " funciona, en este caso, como una doble analogía: por un lado, Otelo, como es sabido, es una obra que concluye en la muerte; por el otro, el elenco de la Comedia Nacional representó a Shakespeare con todo lo que tenía. Lo hizo, digamos, depositando el cuerpo, el corazón y todo de sí en la escena.

No era para menos. El lunes 2 de octubre la Comedia Nacional cumplió 70 años de actividad ininterrumpida. Y lo celebró a lo grande, con la puesta en escena de uno de los mayores clásicos del teatro universal, que dirige el inglés Dan Jemmett —considerado un referente de la representación de Shakespeare—. Es la primera vez que el director viene a trabajar a Montevideo y para la ocasión montó una obra que respeta de principio a fin el texto shakesperiano, pero que lo coloca en la absoluta modernidad. Es que la vigencia de las obras del dramaturgo más grande de la historia es indiscutible. "Es un autor eterno y parte de la misión de la Comedia Nacional es mantener vivos y en escena a los grandes nombres del teatro clásico", sostiene Mario Ferreira, actual director de la institución. Por eso, para celebrar su 70 aniversario eligió a Shakespeare. Por eso, simplemente, el lunes 2 de octubre, el telón del Teatro Solís se levantó para que sus actores dieran vida, nada más y nada menos que a Otelo, Yago, Desdémona, Casio y todos los demás personajes de una de las mejores obras jamás escritas.

La previa.

El sábado 30 de setiembre el elenco tuvo su ensayo general. Sobre las 19:00, los actores empezaron a llegar al teatro. Un teatro que, si se lo miraba desde afuera, parecía estar dormido, quieto, calmo. Nadie puede imaginar, hasta no estar allí, que detrás de esa aparente calma que impone el Teatro Solís, el elenco de la Comedia Nacional caminaba por sus pasillos, por sus camarines y por su escenario, preparando todo para su cumpleaños.

Que un elenco estable cumpla 70 años de actividad ininterrumpida no es —no puede ser —un acontecimiento que pueda pasar inadvertido. "Creo que la idea que se tuvo al comienzo de que las disciplinas artísticas estuvieran comisadas por la órbita pública de alguna forma fue visionaria, al entender al ser humano como algo global y no solamente como individuo que lo único que precisa es satisfacer sus necesidades básicas. Las disciplinas artísticas nos ayudan a comprender, a entender el mundo, nos obligan a reflexionar", dice Ferreira sobre la importancia de tener a un elenco estable y remarca que la Comedia Nacional es el único con esas características de toda América Latina. El teatro público en este sentido tiene una función particular que es —de acuerdo a las palabras del director— uno de los principales objetivos de la Comedia: hacer espectáculos de buena calidad, para la mayor cantidad de gente posible.

Los camarines del Teatro Solís son (casi) iguales a los que se ven en las películas: grandes y con espejos rodeados de luces. En uno de ellos, Heber Vera, el encargado de peluquería, peinaba a Stefanie Neukirch, que interpreta a Emilia, con un moño, mientras le daba instrucciones para que luego, hasta el sábado 2 de diciembre, cuando Otelo baje de cartel, la actriz se pueda arreglar el cabello sola. Eso es algo que todos los actores tienen que aprender: a peinarse y a maquillarse solos, o entre ellos. Un poco más lejos, Florencia Zabaleta, que da vida a Desdémona y Natalia Chiarelli, que es Blanca, estaban sentadas en frente a un espejo gigante. Maquillaje, tazas, secador y plancha para el pelo, todo se dispone con un orden imperfecto. Allí, Natalia peinaba un aplique que será el responsable de que Blanca tenga el pelo largo y brillante. Ellas tres son las únicas mujeres del elenco. Es raro verlas tan de cerca; los escenarios, en general hacen que los artistas se vean más grandes y altos de lo que realmente son; el escenario casi siempre enaltece y agranda.

En otro camarín Andrés Papaleo saludó desde lejos, con la cara a medio maquillar para hacer el Bufón. Después, cuando empezó el ensayo, caminó sobre unos tacos fucsias con tanta naturalidad que parecía que había nacido sobre ellos. En el mismo lugar estaban colgadas todas las chaquetas que visten los hombres del elenco; allí, Mariela Villasante, encargada de vestuario, terminaba de ajustar los detalles de las prendas diseñadas por Paula Villalba, vestuarista.

Entrar al Teatro Solís por primera vez es un impacto para cualquier persona. Pero estar sobre su escenario y mirar desde allí a toda la sala principal iluminada y vacía, es una experiencia difícil de explicar; uno tiene la sensación de que ese lugar es perfecto —aunque la perfección no exista— y se siente pequeño ante tanta inmensidad.

Allí, en el escenario, Lucio Hernández, que da vida al Moro de Venecia, estaba sentado en una de las mesas de la escenografía y hablaba con Adán Torres, escenógrafo uruguayo que vive en España y vino para la ocasión. Aún vestido con un pantalón de jean, championes, remera y gorro de lana, Lucio se quedó solo, mirando hacia la platea vacía. Poco después, se levantó y se fue a cambiar para transformarse en Otelo.

Sobre las 19:30 llegó el director Dan Jemmett, que estuvo ensayando con el elenco durante todo agosto, se fue a Francia (donde vive hace años) y volvió una semana antes del estreno. Con los 14 actores vestidos, peinados y maquillados en el escenario, todo el equipo de Otelo se juntó en el centro para sacarse una fotografía. Luego, minutos antes de que empezara el ensayo, cada uno calentó y concentró a su manera. Desde la platea, esta previa se veía como un espectáculo en sí misma: los actores se preparaban para hacer teatro.

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Lunes 2

"La Comedia Nacional ha acompañado la historia de nuestra sociedad (...) Hoy se levanta nuevamente el telón", dijo una voz antes de que empezara la función para celebrar el cumpleaños del elenco estable. "Bienvenidos al teatro", dijo. Las luces aún estaban encendidas. Entre el público estaban los integrantes de la Comedia que no participan del espectáculo, ex integrantes del elenco, como Jorge Bolani que, camisa blanca y pañuelo en el cuello, saludaba afectuoso a algunos de sus colegas. Pero además, eran varios, muchos, los actores y directores que se acercaron para la celebración: Rogelio Gracia, Álvaro Ahunchain, Cecilia Lema, Gustavo Bianchi, Ignacio Estévez y Sergio Blanco, entro otros. Además, en el palco oficial estaban la directora de Cultura de la Intendencia de Montevideo, Mariana Percovich, junto a la ministra de Educación y Cultura, María Julia Muñoz.

Las luces se apagaron. A las 20:09 horas el telón subió una vez más, igual que lo hizo aquel 2 de octubre de 1947, a las 22:45. Esta vez, el encargado de levantarlo fue Diego Arbelo, que interpretó al despiadado Yago. Y, como Yago trama y teje toda la tragedia del texto de Shakespeare, también será el encargado de manejar todo el espacio escénico de la obra dirigida por Jemmett. Encontrando en el público a su cómplice, el Yago de Arbelo es quien arma y desarma, quien pone y dispone, casi como si supiera que al final se saldrá con la suya. Y, justamente, cuando Otelo asesina a Desdémona, en una escena en la que el silencio de la sala es tal que los gritos y el llanto del escenario llegan a ser tan reales como desesperantes, Yago observa desde un costado, como si fuese el director de un plan perfecto. O de una de las obras más perfectas jamás escritas.

"Creo que el fenómeno de los 70 años se da porque del otro lado siempre hubo gente interesada en acercarse y ser partícipe de esto, en ver los espectáculos, y de tener a la Comedia Nacional como un referente", dice Ferreira. Este lunes 2 de octubre, como hace siete décadas, el público la volvió a elegir y aplaudió de pie. Esta vez el aplauso no era solo aplauso; era, también, un brindis de cumpleaños, un "felicidades" y un "vamos por más".

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