COMPORTAMIENTO

Cómo criar hijos varones que no sean machistas

Cada vez más familias intentan educar combatiendo los estereotipos de género tradicionales. Los expertos coinciden en que hay que fomentar el juego libre, alentarlos a expresar sus emociones y a “cuidar” al otro.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Hay que fomentar el juego libre, señalan los expertos.

"En mi casa las tareas no se reparten por género sino por afinidad. No dejo pasar ciertas afirmaciones hechas por Joaquín ni dichas por otros hacia él. Cuando él dice que tal color es de nena, le explico que no es así porque los colores son colores y le doy ejemplos concretos sobre, por ejemplo, los tonos que usa su padre para vestirse. Lo hago así aunque implique repetir lo mismo quinientas veces porque la cultura le está trabajando lo contrario todo el tiempo", dice Federica (37), madre de Joaquín de cinco años. Y remata: "Yo quiero que sea un varón, no un macho".

Como Federica y Santiago, su marido, cada vez más familias se plantean una crianza que intenta derribar estereotipos de género, donde hay un concepto clave: la libertad. "Que sea libre para ser lo que quiera y como quiera, sin estar dentro de una caja y sin poner a las mujeres de su vida en una caja", resume Federica.

Si bien en este tema no hay unanimidades, expertos consultados por Domingo coinciden en que la casa y todo lo que allí el niño viva —lo que vea en sus mayores y lo que escuche— es el ámbito que lo marcará con más fuerza en el futuro. "Lo que los niños absorben en los primeros años de vida es lo que de alguna manera van a reproducir cuando puedan ser más autónomos y eso signará sus futuros manejos adolescentes y adultos", plantea Galia Leibovici, psicóloga y psicopedagoga.

Para Ruben Campero, psicólogo y sexólogo, lo primero que el adulto debe hacer es una revisión crítica y reflexiva sobre su propia visión del tema. Eso mismo empezó haciendo Federica: "Intento revisar y pensar las cosas que digo y los mensajes que le doy para desarmar modelos de género que son aprendidos. También miro con atención los cuentos que le leo y que le regalan; no le leo los que hablan de modelos patriarcales, esos donde la princesa es salvada, la mamá cocina y el papá trabaja. Y como es fanático de los superhéroes, intento que tenga muñecas superheroínas mujeres y le hablo de mujeres que también salvan al mundo".

En los últimos años hay avances en el tema, opina la psiquiatra Natalia Trenchi. "No tengo dudas de que vamos acercándonos a la equidad y que hemos avanzado muchísimo. ¿Que aún falta? Muchísimo también. Pero hoy no es una rareza mal vista que las nenas trepen árboles o los varones cocinen. Es cierto que nos falta mucho y que me duele en el alma cuando veo cómo la cultura machista sigue anidando en gente joven, que ni se da cuenta de lo que trasmiten y provocan con gestos y costumbres aparentemente anodinas: madres y padres que festejan cumples de nenas con maquillajes, peinados y manicuría y hasta desfile de modelos; o que ponen obstáculos a la sensibilidad y crecimiento artístico del varón por temor a desviaciones. Eso también lo veo, pero es que siglos de cultura sexista no se borran por decreto".

Hora de jugar.

Cuando Joaquín juega, Federica está atenta a los estereotipos. Hace poco lo vio en el piso con dos dinosaurios que se peleaban y una "dinosauria" que miraba. "Me dijo que el que ganaba se quedaba con ella. Entonces le pregunté si no le parecía que ella tenía derecho a elegir con quién quería estar, de la misma forma que hacen ellos", recuerda.

Plantearse esta modalidad de crianza presentará, casi seguro, conflictos donde muchas veces abuelos, suegros, tíos y amigos dirán cuestiones como que "el rosado es un color de nenas" o que "los varones no juegan con muñecas", señala Campero. Eso le pasó a Mariana (42) cuando junto a su pareja decidieron regalarle a su hijo Pedro una cocina para el segundo cumpleaños. Los comentarios se repetían: ¿Una cocina?; ¿No hay nada que le guste más?; ¡Me imagino que no será rosada!. También enfrentó críticas Silvana (45) cuando sus hijos Sofía (16) y Juan (12) eran más pequeños. "Les cantaba una canción que dice Los colores no tienen sexo ni tampoco las tareas del hogar. Los juguetes eran para los dos, eso implicaba Juan cambiando un bebé o paseándolo en coche. Cuando le decían que era de nenas, Sofía aclaraba: Si yo juego a ser mamá para aprender, Juan también puede aprender a ser padre".

Los especialistas recomiendan no dejar pasar ese tipo de comentarios que fomentan los estereotipos, aunque tampoco es necesario generar un conflicto entre adultos delante del niño. En todo caso, aconseja Leibovici, se le puede transmitir aparte a la persona en cuestión que la familia —entendida como el núcleo más pequeño de padres e hijos— no comparte ese enfoque.

Fuera de casa, en los primeros años de jardín, una característica típica del salón es que se dejan todos los juegos al alcance de los niños: no hay unos para nenas y otros para varones, señala Leibovici. La clave está en dejarlos libres para que se expresen, sistema que además estimula su desarrollo, acota Campero. "Hay estudios que demuestran que los estereotipos de género y los mandatos sobre lo masculino coartan, producen una poda neuronal sobre determinadas posibilidades de creación y de actitud, incluso a nivel vocacional. ¿Por qué varones van hacia determinadas líneas laborales y mujeres hacia otras? Porque evidentemente están estimuladas, no porque haya nada en el cerebro que implique que a las mujeres les gusten ciertas profesiones", señala el experto.

Hora de empatizar.

Más allá de los hechos, el poder de la palabra es clave para crear estereotipos de género. El niño, explica Leibovici, ve lo que sucede pero no necesariamente saca conjeturas, sino que le da una interpretación a cada acción de acuerdo al contexto. "Si mamá cocina no significa que la cocina es de las mujeres, ahora si cuando él quiere ayudar papá o el abuelo le dicen eso es de nenas, esa interpretación es lo que marca el estereotipo", sostiene.

En eso hace énfasis Silvana. En su casa no hay frases como "no llores como una nena", "eso es de nenas" o "no seas maricón" y las tareas domésticas no están vinculadas con el género. "Vale que yo agarre el hacha y corte leña y no llama la atención que mi marido sea el que mejor plancha. Lo mismo aplica para hacer el asado o lavar el auto". En este punto, Leibovici sostiene que "lo mejor que le puede pasar a un niño es sentir que en su casa todos son capaces de hacer las cosas". Y que el mensaje sea que quizás la madre es quien realiza más tal tarea, pero simplemente porque se dio así pero no porque esté "destinada" a hacer eso.

Los ejemplos son básicos, y en eso el lenguaje no verbal también juega un rol central, indica Campero. Como ejemplo menciona situaciones como la familia que termina de comer y espera que la niña se levante primero a ayudar. "Eso hay que desestimularlo, al igual que estimular el cuidado", sostiene. Por eso, varios expertos consideran saludable que los varones jueguen con muñecas, porque imaginar ser papá o cuidador estimula el cerebro y genera empatía. "Es interesante ver varones arrullando una muñeca. Los hombres necesitan ser estimulados a que el cuidado no es solamente ser proveedores, que pueden cuidar de otra manera", agrega.

Otro tema clave es dejarlos sacar sus emociones. "Llorar es tanto femenino como masculino", resume Leibovici. Campero, por su parte, agrega que hay que habilitar el llanto, no el manipulador ni mañoso sino el vinculado con el miedo u otro tipo de emociones que son asociadas con lo femenino y que muchas veces se cree que son "feas" para un varón. "A los varones se los exhorta a que precozmente se comporten como adultos, porque según esa visión la masculinidad no se relaciona con lo infantil. Para esas personas los varones deberían salir de lo infantil porque habría una suerte de peligro feminizante", sostiene. Y eso, dice, es lo que hay que combatir.

El peso que tienen las expectativas.

A principios de junio Claire Cain Miller, periodista de The New York Times, se preguntó cómo criar varones feministas, entendiendo el término como la "igualdad plena" y planteó la consulta a neurólogos, economistas, psicólogos y otros profesionales. A partir de allí construyó algunas recomendaciones: déjelos llorar; déjelos ser ellos mismos; enséñeles a cuidar de sí mismos y a cuidar de los demás; comparta el trabajo; fomente amistades con niñas; lea mucho (en especial historias que rompan el molde del hombre salvador y niñas que precisan ser rescatadas) y festeje su masculinidad.

Madres y padres transmiten estereotipos en la crianza, voluntaria e involuntariamente, señala la psiquiatra Natalia Trenchi en su libro Tus hijos en el día a día. "Las expectativas que tengamos para nuestros hijos se filtran en cada gesto", sostiene. Y agrega más adelante: "No podemos pedir un hijo adulto sensible si lo criamos diciéndole que los hombres no lloran o que es de marica jugar a cosas hogareñas". La experta llama a los adultos a cuidarse al hablar: Por ejemplo, la expresión "gallina con sus pollitos" no incluye que el "gallo es igualmente responsable y amoroso cuidador de sus pollitos".

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te puede interesar
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)