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Corazones contentos

La Red Plato Lleno desembarca en Uruguay para iniciar la campaña que tiene como consigna #LaComidaNoSeTira. Un grupo de voluntarios ya ha hecho varios “rescates”.

Las voluntarias de la Red Plato Lleno de Montevideo en el Centro Quebracho.

La comida no se tira. Una premisa que reinó, y lo sigue haciendo, en los hogares desde siempre. Aunque según las estadísticas de la FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura de Naciones Unidas) en América Latina son arrojadas al día 348 mil toneladas de desperdicios, el grueso de ellos alimentos. Con la intención de revertir estos números nació una organización de voluntarios en varias ciudades de la región y ahora en Montevideo. Se trata de la Red Plato Lleno, una iniciativa que surgió en Buenos Aires y se fue extendiendo a otras ciudades.

"¿Por qué no podemos hacer esto?", se preguntó Adriana Cristante, una arquitecta de 56 años, la primera vez que oyó hablar de la red en la vecina orilla. El planteo era relativamente sencillo: un grupo de voluntarios organizados en una red en contacto con empresas del rubro gastronómico u organizadores de eventos, de un lado, y del otro instituciones sociales o educativas con necesidad de alimentos tales como merenderos, clubes deportivos, centros de enseñanza. "La idea es que no se trata de comida sobrante, sino de alimentos no consumidos", explica Cristante. Y maneja un ejemplo muy gráfico: los organizadores de un evento llevan comida calculada para 120 personas pero solo concurren 80. "Entonces nos llaman a nosotros y, a su vez, nosotros llamamos a los posibles receptores y les preguntamos si están en condiciones de recibir los alimentos, si tienen cómo conservarlos o eventualmente recalentarlos", explica.

Y así funciona Red Plato Lleno. En Montevideo las actividades apenas están comenzando, los integrantes de la red ya han llevado a cabo cinco operaciones de "rescate" —como le llaman ellos— en forma exitosa.

Cómo funciona.

Adriana Cristante puso manos a la obra después de hacerse la pregunta disparadora. Contaba con una ventaja para ello, ya era una voluntaria activa de la Fundación Canguro y conocía a mucha gente bien dispuesta.

Comenzó a navegar por la página web de la organización con sede en la vecina orilla —www.platolleno.org— en busca de mayor información.

"En poco tiempo pude conseguir ocho voluntarios y cuando llegué a esa masa crítica dije bueno, ahora sí podemos empezar a trabajar. Me puse en contacto con la gente de la red en Buenos Aires y enseguida nos recibieron con entusiasmo", cuenta Cristante.

Luego de la comunicación telefónica con uno de los responsables de la red, este le envió las copias en PDF con los protocolos de actuación.

"Con estos manuales empezamos a trabajar y a prepararnos para el primer rescate", dice Cristante. El primer paso fue contactarse con el Banco de Alimentos del Uruguay, una organización creada hace un par de años y que tiene por cometido recuperar los alimentos que circulan en el mercado y que por ser excedentes serían destruidos.

El 28 de agosto pasado los voluntarios tuvieron su primera operación de rescate. El donante era una panadería de Solymar que tenía un excedente de pan y bizcochos. "Era fin de mes y habían horneado más de lo que podían vender", recuerdan.

El contacto con el Banco de Alimentos les permitió dar rápidamente con un receptor. Se trataba del Centro Juvenil y Deportivo Quebracho, que se encuentra sobre la rotonda que une las rutas 101 y 102, al que concurren jóvenes luego de su horario de clase. "Ese día tuvieron la sorpresa de una merienda con todo", recuerda Adriana.

El segundo rescate ocurrió unos días después y el beneficiario fue un merendero ubicado en Solymar Norte. Fue el 2 de octubre y también pudieron llevarles a los niños que concurren cada día al Club Los Alfareros una considerable cantidad de refrigerios.

Entre el 16 y el 27 de octubre tuvieron lugar otras tres intervenciones. "En todas esas acciones logramos rescatar 65 kilos de frutas y verduras frescas", recuerda la coordinadora del grupo. En estos casos los beneficiarios fueron la Escuela 108 de Solymar Norte; nuevamente el Centro Quebracho y el centro de rehabilitación de adicciones Villa Armonía.

"Si lo comparamos con las cantidades que ya llevan rescatados en Argentina parecen totalmente menores, pero esperamos que cuando la actividad alcance mayor difusión sean rescates más grandes", argumenta Cristante.

El origen.

Rafael Barrio es el coordinador de la Red Plato Lleno en Buenos Aires y, de hecho, el principal impulsor de la iniciativa. "Esto surge el 4 de julio de 2013, éramos siete amigos de toda la vida, muchos de los cuales trabajábamos en eventos y veíamos la cantidad de alimentos que terminaban en la basura, así que un buen día decidimos hacer algo", cuenta.

Empezaron a moverse con sus contactos, a los primeros que consultaron fueron a las empresas de catering con las que solían tener relación. "¿Tenés algún excedente?, les preguntábamos", recuerda. Y así comenzaron a armar la red.

De ese modo se fueron agregando nombres a la lista y a trazar el mapa de conexiones entre oferentes y receptores. "Fue un proceso muy lento, porque sobre todo se trata de generar confianza entre quienes ofrecen los alimentos y quienes los reciben", explica Barrio.

Una de las preocupaciones mayores de la red es que todo el proceso sea transparente y brinde garantías para todos. "Si quien ofrece el alimento quiere permanecer en el anonimato, nosotros lo respetamos, pero nos aseguramos de que llegue en buena forma al receptor", señala.

El protocolo de actuación es estricto: uso de barbijo, gorra, guantes y delantales, cuidar de la cadena de frío si el alimento lo requiere, o de la temperatura adecuada para su recalentamiento, asegurarse de que el receptor tenga condiciones para procesarlo y, por último, redactar un informe para el donante.

"Nosotros hemos hecho una campaña siempre más orientada hacia la abundancia del alimento, no a la falta, y eso nos ha permitido generar más conciencia de la necesidad de distribuirlo mejor y no tirarlo", asegura Barrio.

La experiencia comenzó a replicarse en otras ciudades argentinas además de la capital: Posadas, Mendoza, San Martín de los Andes, Neuquén. Y también fuera de fronteras: Cartagena de Indias (Colombia), Costa Rica y San Pablo (Brasil). "Para nosotros fue una sorpresa encontrarnos con Prato Cheio, una organización que ya existía desde 2003 y que cuando nos pusimos en contacto con ellos se nos unieron de inmediato a la red, adaptándose a nuestras reglas", recuerda Rafael Barrio.

Una lucha contra el despilfarro.

La Red Plato Lleno pretende moverse con criterios de total transparencia y si no rinde los informes requeridos en forma semestral "automáticamente deja de ser parte" de esta iniciativa y se le solicita que deje de utilizar el nombre. La organización también es cuidadosa con los términos. "Respecto a la comunicación que cada Plato Lleno realiza, solo dejamos asentado que no estamos de acuerdo con comunicar que Plato Lleno es un Proyecto Solidario, entendido como lucha contra el hambre. Nos parece una verdadera falta de respeto para con quienes realmente luchan contra el hambre, como todos los receptores y comedores que conocemos", expresa la nota que explica la naturaleza del proyecto y su orientación. La Red, en cambio, prefiere que se la identifique con la lucha contra el desperdicio y el despilfarro de la comida, premisas que maneja con donantes y receptores.

Unas reglas claras y precisas.

La Red Plato Lleno tiene una serie de reglas que mantiene a toda costa. La primera es que no se trata de una actividad lucrativa, su único principio es la lucha contra el desperdicio. En cuanto a los voluntarios, estos deben trabajar en la manipulación de alimentos debidamente equipados con guardapolvos, gorra, barbijos y guantes. Los voluntarios que operan en Montevideo están haciendo el curso en manipulación de alimentos que imparte la Intendencia, con el objeto de recibir el carné de habilitación que expide la comuna.

Lo que ha logrado salvar la red.

Las acciones de rescate de la Red Plato Lleno han permitido que decenas e incluso cientos de toneladas de alimentos no fueran arrojados a la basura. Según los balances en Buenos Aires se rescató un total de 12,1 toneladas; en Posadas 0,5 toneladas; en San Martín de los Andes 0,8 toneladas; en Mendoza 3,8 toneladas; en Cartagena de Indias (Colombia) 1,5 toneladas; en Costa Rica 0,7 toneladas, y en San Pablo (Brasil) 118,3 toneladas. Esta última ciudad viene desarrollando el proyecto desde 2003 con ese nombre y se unió a la red en 2013.

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