CABEZA DE TURCO

Cola con tatuaje

Yo nunca entenderé las modas. Es algo que me supera porque no me da la comprensión. Y le pongo buena onda, tengo mirada abierta, pero hay asuntos que no capto.

Me desespera no entender de dónde vienen algunos comportamientos sociales. Este temita de "los tatuajes" no lo comprendo demasiado. Soy de la época en que el tatuaje lo tenía Popeye, luego —en serio— se lo veía a algún marinero en el puerto de Montevideo, más tarde los encontré en Europa y ahora se lo veo a todo el mundo. Es más, veo más gente con tatuajes que sin ellos. Me siento raro.

Soy sincero: algunos tatuajes lindos, sobrios, moderados, me parecen un toque simpático que alguna gente se los hace y me gustan. Pero la mayoría, la inmensa mayoría me parecen un acto de locura, sumatorias de mal gusto extremo y mamarrachos varios. Primero, soy cobarde, cuando me sacan sangre estoy tres días haciéndome la cabeza ante semejante vejación. Imaginate eso de someterme a una picana eléctrica varias horas para meterte esa tinta allí adentro de mi cuerpo. No soy valiente. Punto. Segundo, hay gente que se tatúa buena parte del cuerpo y que parecen cobras. En Argentina nadie le dice nada a Tinelli porque todos le temen o querrán trabajar para él, que se yo. Como a mí me importa un bledo Tinelli —que para mí es igual que mi tío Hugo que se fue a Europa de garufa y perdimos rastro de él— me pregunto: ¿qué le pasa a ese pibe que solo le queda la planta de los pies para tatuarse? ¿Está bien?

¡Eyyyy! ¡Eso está fuera de control flaco! Lo advierte cualquiera. Si lo hace un filipino lo miramos con distancia y temor (y hasta discriminación por parte de muchos) pero como lo hace "Marce" nadie dice nada, o lo que es peor, todos aplauden como focas cuando les tiran un pescadito pero en el fondo todos se preguntan lo mismo que yo (Y miren que respeto al Tinelli empresario, comunicador y todo eso, pero sus tatuajes me resultan extremistas. Me huelen a autoflagelación o grito desesperado de ayuda. Y no soy Rolón pero me resulta obvio que está gritando algo por medio de sus tatuajes).

Es sencillo: no nacimos para estar tatuados de los pies a la cabeza. Eso no es natural. Además los tatuajes de gente adulta, pasados los cuarenta años, resultan tenuemente patéticos, la piel empieza a estar vencida y el tatuaje parece un bichito de humedad arrugadito como ñoqui berreta. Ni que hablar de los idiotas que se tatúan el nombre de las novias (y novios) que luego los plantan y tienen que andar por la vida con esa sentencia de muerte instalada allí en el pecho o en la colita. O los que se dibujaban a Maradona antes que delirara todos los días su dosis cotidiana. O los tatuajes de los distintos dioses de las más diversas religiones que resultan intimidatorios por el mal gusto de muchos tatuadores que imaginan al todopoderoso con un rictus vampiresco. Imaginación berreta.

Estaba comiendo en un lugar y una lindísima mujer apareció por allí, no era local, ni porteña, era del Norte y tenía un tatuaje de Buda. Ya no me pude concentrar más en la comida. El Buda me miraba. ¿Y si un día pierde la fe en esa creencia? La gente no razona demasiado que un tatuaje es para toda la vida. Es un signo de estos tiempos en los que se vive el presente de manera efímera. Por eso, supongo, se tatúa tanta gente: dale, me copa, hacelo, vamo y tá. Por eso se vive a una velocidad alucinante, y me encanta que sea así, odio la letanía (y la uruguaya más aún) pero este asunto de tatuarnos cualquier cosa me parece angustiante y poco estético. El cuerpo no está para que le metamos agresiones innecesarias, ya bastante lo daña el medio ambiente, bastante que nos vestimos con ropas de plástico, bastante que comemos transgénicos como para que además nos tatuemos al santo botón. Cuando lo pintoresco se empieza a transformar en un comportamiento patológico masivo es que vamos mal. Porque eso es lo que critico: el extremismo del tatuaje en gran parte de la superficie del cuerpo termina anulando lo que pretende embellecer. Toda una metáfora por cierto. El cuerpo está para vivirlo no para esconderlo adentro de un tatuaje. (Espero que mis hijos no lean esta nota, porque con tal de llevarme la contra son capaces de tatuarse a Pepe tomando mate. Me suicido).

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